EL TREN DE HITLER
Hasta el más pequeño tornillo estaba ya
diseñado en el III Reich para la construcción del tren más
grande del mundo. Un empleado de los Ferrocarriles de la
República Federal, ha encontrado el proyecto olvidado y dado a
conocer al público.
El empleado de los ferrocarriles alemanes no daba crédito a lo
que veían sus ojos. El Consejero Superior de los ferrocarriles
federales, Anton Joachimsthaler, de 5O años, encontró por
casualidad los croquis, planes, dibujos y diseños de los
trabajos previos a la construcción de un proyecto gigantesco. Se
trataba del Gran Ferrocarril de Hitler.
Después de una larga búsqueda que duró tres años, en los
archivos de la RFA y de la RDA, del estudio de croquis de los
antiguos organizadores, diseñadores e ingenieros de los
ferrocarriles del Reich, y de las conversaciones mantenidas con
sobrevivientes de aquella época; Joachimsthaler supo entonces
sobre dichos proyectos y sobre la historia del Gran Tren , más
de lo que puedan saber los lOO funcionarios y los 80 ingenieros
empleados en la construcción de locomotoras y vagones de la
industria alemana.
En un libro de difusión informativa, Joachimsthaler contempla el
proyecto planeado por Hitler, que debía unir Europa con el
hierro de sus vías de doble ancho, desde los Urales al
Atlántico y que, debido a las hostilidades existentes, fue
considerado entonces también útil para la guerra y por tanto de
máximo secreto.
Hitler era, ante todo, un amante del automóvil, pues según
decía, era el medio de locomoción terrestre del futuro. El
ferrocarril no despertaba en él mucho entusiasmo. Era una
reliquia de tiempos pasados. Por lo tanto, si el ferrocarril
quería superarse a sí mino, sólo tenía un camino: crecer por
encima de su ya clásico ancho de vías de 1 .435 cms, para
buscar un nuevo tipo de tren según el tamaño de la nueva
Nación Europa. La propuesta de ensanchar las vías a 3 metros,
se concreto en el Ministro del Reich para armamentos y
municiones, Fritz Todt. Tras las primeras y victoriosas acciones
militares en Rusia, en el verano de 1941, habían hablado sobre
ello Hitler y Fritz Todt. De acuerdo con las autopistas más
anchas planeadas para el oeste, se deseaba también la
construcción de ferrocarriles más anchos, planeados para viajes
de pasajeros transeuropeos y el transporte masivo de mercancías
desde Ucrania hasta la Alta Silesia. El Fuhrer estaba encantado
con 1a idea. "Lo que yo quiero es ser un maestro de la
construcción. Soy mariscal de campo y guerrero contra mi
voluntad" -dijo Hitler-. En las monumentales edificaciones
artísticas, arquitectónicas y viales de las planeadas nuevas
ciudades alemanas, vio Hitler "la más importante
contribución a la definitiva consolidación do nuestra
victoria". Y el ferrocarril de vía ancha debía -como medio
de comunicación social igualitario-, unir las ciudades en esta
Gran Alemania, con la construcción de nuevas e inmensas obras
maestras arquitectónicas como estaciones.
Mentalmente Hitler ya se había imaginado su super-ferrocarril,
viajando como un rayo a través de Europa, entrando en la ya
planificada Estación-Cúpula de Munich, lo mismo que en
Hamburgo, Nuremberg y Berlín. Los viajeros debían no sólo
disfrutar de la rapidez, confort, eficacia y puntualidad de los
ferrocarriles del Reich, sino además, sentir bajo estas obras
arquitectónicas en las estaciones el poder creador del
Nacionalsocialismo.
Apenas Hitler hubo autorizado el proyecto, cientos de ingenieros,
técnicos y burócratas se pusieron a trabajar fervorosamente, en
la idea. La psicosis de la vía de doble ancho había empezado.
Al poco tiempo, ya se hablaba con toda seriedad de vías de 3'7,
4 y 5 metros de ancho. En mayo de 1942, .1 Ministerio de
Transportes del Reich recibió la decisión del Führer de
planificar de forma.definitiva el nuevo ferrocarril de vía ancha
con todos los restantes vehículos. solo6 meses después, tenía
sobre su mesa los datos. básicos para un ferrocarril como no lo
había visto el mundo nunca antes todo estaba calculado: medidas,
fuerzas de viento, resistencia, seguridad y suspensión, según
todo lo cual, los especialistas planearon una anchura óptima de
3 metros, idea que fue aceptada por Hitler.
El citado tren, no sólo debía tener un ancho doble al normal y
ser dos veces más
largo que los trenes normales, sino que además, los vagones
debían poseer un piso superior, de forma que ¡8 vagones de los
normales habrían cabido en uno de los nuevos!.
Ese poder de concentración permitía también unas cantidades en
viajeros que asustaban a los mismos planificadores del
ferrocarril. Ellos preferían conformarse con un doble o triple
número de asientos. Pero el planeado tren de 8 vagones sobre
vía ancha ofrecía 1.728 asientos. Y eso que en uno de los
vagones debían ser almacenados autos, equipajes y sacas de.
correos. El tren normal de entonces sólo podía acoger, según
la instalación, de 648 a 72oviajeros.
En el piso superior del último vagón, debía instalarse un
salón de vista panorámica. los viajeros, en Primera y Segunda
clase, hubiesen podido viajar, en aquélla época, a una
velocidad de 250 Kms por hora, sentados en confortables sillones
y disfrutando de una vista global del paisaje. En el vagón de
Primera clase, únicamente mirando por la ventana se habrían
acordado los viajeros que estaban en un tren. Las comodidades
eran de hotel de lujo. Suelo alfombrado, marquetería,
decoración de buen gusto y, además, mesa de peluquero con
taburete, toilette, lavabo y ducha. En los coches-cama, una
pulida mesa de madera para el caballero, los máximos detalles
para las señoras y un espacio de 11 metros cuadrados. Era, sin
duda, una suite hotelera volante, digna de viajeros poseedores de
una gran cultura y. civismo. El tradicional lujo de un
transatlántico, convertido en realidad en el comedor para los
viajeros de Primera y Segunda clase del nuevo tren del Reich. En
este restaurante, con cabida para 130 personas, y de 5 metros de
alto, se hubiera encontrado una carta con lo más selecto. El
personal de cocina se ocupa del orden y la limpieza.
La red de trenes existente podía quedar intocable, según los
planes. El tren de vía ancha debía complementar con su red
transcontinental las líneas ya existentes. Existían ya planes
para lanzar vías a través de todo el continente europeo, hasta
la estación de destino en Rostov, sobre el Don, sobre Kiev,
Breslau y Berlín, hacia Hamburgo, etc. Otra trayectoria se
dirigía hacia Estambul, pasando por Belgrado, Viena y Munich
para dirigirse luego a París.
En noviembre de 1941 entraban los soldados alemanes en Rostov.
Sólo un año más tarde, se presentó en la direccion de
transportes del Reich instalada allí, un perito para las vías
anchas. Su misión:
Iniciar los trabajos para el nuevo tren, inspeccionar la zona y
acordar medidas a tomar.
ARTICULO DE LA
REVISTA DE CEDADE nº139