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En los
años que precedieron la toma del poder, el
N.S.D.A.P. disponía de dos organizaciones
paramilitares: las "Secciones de
Asalto" («Sturm Abteilung» o
"S.A."); y los "Grupos de
Protección («Schutz Staffel» o
"S.S."). Como lo indican, por sus
respectivos nombres, la "SA" había
sido creada para la lucha callejera contra las
brigadas armadas del Frente Rojo y la policía de
la República de Weimar, mientras que la
"SS", tenía como misión proteger a
los jefes, las reuniones y los locales del
Movimiento. Por supuesto, en esta primera fase
del proceso revolucionario, la ofensiva era mucho
más importante que la defensa y la SA
desempeñaba un papel preponderante.
La
situación cambió una vez alcanzado el Poder. Ya
no había nada más que conquistar mediante la
fuerza y por las armas. Por el contrario, ahora
era imprescindible asegurarse la protección, no
ya solamente del Partido, sino también del
Estado; y, de modo más general, de la
Revolución. La SA tuvo que ceder el paso a la
SS, lo que algunos de sus jefes no aceptaron de
buena gana. Esta situación desembocó en la
misma "Noche de los Cuchillos Largos",
en la cual HITLER sofocó violentamente, con la
SS, un conato de sublevación encabezado por
ROEHM, Gregor STRASSER y otros. Esto aseguró, de
un modo definitivo, la supremacía del
"Cuerpo Negro" («Schwarze Korps»),
dentro del Partido y del Estado. Supremacía esta
tanto más efectiva en cuanto que HITLER confió
además en el mando supremo de la policía, al
mismo «Reichsführer-SS» Heinrich HIMMLER. De
esta forma, la fuerza de seguridad del propio
Estado pasó a depender de la sólida fuerza de
seguridad del Movimiento.
Cuando
Alemania, ante la guerra que visiblemente
parecía se aproximaba, ya empezó a rearmarse,
sólo contaba con ese ejército de cien mil
hombres mal armados que el "Tratado de
Versalles" le había permitido conservar.
Pero, éso sí, serían cien mil hombres
magníficamente instruidos, donde los meros
soldados rasos tenían una preparación similar a
la de un buen suboficial de otro país, y así
habían sido seleccionados y bien formados, por
el anterior gobierno democrático... Muchos
oficiales, por otra parte, habían recibido su
mejor instrucción en la Unión Soviética. Por
más que se hubieran reincorporado oficiales y
suboficiales de la Primera Guerra Mundial, casi
todos rozando los 50 años de edad, la nueva
«Wehrmacht» (Poder armado), encuadraba a
muchísimos hombres cuya lealtad política era
altamente dudosa. Fue el fundamental motivo que
obligará a HITLER a crear la "SS";
como un ejército paralelo y muy fiel con el que
pudiera contar en cualquier circunstancia: Las
«Waffen SS» (SS armadas).
Y
por cierto, no se trataba, ni de movilizar a los
miembros de las «Allgemeine SS» (SS generales;
es decir, la SS del tiempo de paz),
indiscriminadamente, ni muchísimo menos,
constituir con ellos una especie de
"policía militar", sino por el
contrario de formar un cuerpo de élite, que
reuniendo una eficacia excepcional en el campo de
batalla a un óptimo ímpetu ideológico (el
derivado de su sincera identificación con el
Nacionalsocialismo), sirviera como de "punta
de lanza" para la entera nación armada.
Semejante ejército sólo podía constituirse con
voluntarios, pero duramente seleccionados en
función de su biotipo, su concepción del mundo,
su edad y ya tras ello, sometidos a un
entrenamiento despiadado. Por éso, la historia
militar de la Segunda Guerra Mundial, es una
clara evidencia de lo que se logró en este
campo.
El
enorme conflicto de 1939 apareció, en un primer
momento, como otro más, del tipo clásico. Un
«casus belli», provocado por la diplomacia
inglesa en una frontera de Polonia; la
declaración de guerra al «Reich» por parte de
Gran Bretaña y Francia, fue en virtud del juego
de sus alianzas y luego una campaña militar que
opuso a los ejércitos nacionales de ambos
bandos. El pacto de no agresión, firmado entre
Alemania y la Unión Soviética, reforzaba esta
impresión. El Japón, aliado de los países del
Eje, mediante el pacto «Antikomintern», no se
había movido. Los Estados Unidos tampoco habían
intervenido. Aún, ni siquiera el ejército
alemán, después de la campaña de Francia,
había intentado cruzar el canal de la Mancha
para ocupar una Gran Bretaña, ahora
manifiestamente indefensa... Dicho con otras
palabras, todo parecía indicar que Alemania
combatía meramente para repeler una agresión
provocada por la querella del corredor de
Dantzig. Pero las cosas cambiaron cuando, el 22
de junio de 1941, se desencadenó la
"Operación Barbarroja". La
«Wehrmacht» se adentró en territorio
soviético. Aquí, ya no se trataba de un
"conflicto entre naciones" típico, que
defendían o aparentaban defender sus legítimos
intereses, sino de un choque de bandos
ideológicamente ahora bien definidos: por un
lado, los países demoplutocráticos, liderados
por los Estados Unidos, con su aliado marxista;
por el otro, una Europa nueva y revolucionaria,
encabezada por Alemania. Ya resultaba difícil
permanecer neutral.
En
casi todos los países del viejo continente
entonces había desde tiempo antes de la guerra,
movimientos o partidos que, por su doctrina,
tenían bastante en común con el
Nacional-Socialismo alemán. Muy varios
antisemitas, anticomunistas, anticapitalistas y
antidemocráticos, aspiraban a establecer
regímenes más o menos revolucionarios y a la
vez, nacionalistas y socialistas. Algunos de
ellos -como los de Italia y España-, estaban el
poder. Hasta, no sin reservas, se encontraban en
el mismo bando que Alemania. Otros, como Rumanía
con su "Guardia de Hierro",
simpatizaban muy abiertamente con la política de
Berlín. Otros más, como Bélgica, con el
"Rex", estaban tironeados entre dos
diferentes lealtades, la territorial y la
ideológica. Y no faltaban los que, en virtud de
su nacionalismo, manifestaban un antigermanismo
rabioso, y en especial la "Acción
Francesa"; aunque cuya doctrina, vía
Italia, había influido de modo marcado en el
Nacional-Socialismo alemán.
Había,
en fin, diferentes movimientos nacionales cuyas
posiciones ideológicas no estaban aún
claramente definidas, pero que aspiran a la
independencia de sus países, sometidos a un
poder extranjero que les oprime (el
"V.N.V." flamenco, en Bélgica; o la
"Ustascha" croata, en Yugoslavia); y
por éso no vacilarían en plegarse a los
postulados doctrinarios de quienes les dieran la
libertad.
Las
inquietudes suscitadas por el "Pacto
Hitler-Stalin", con los comprensibles
escrúpulos nacionales, que paralizaban entonces
a los movimientos y partidos del tipo
nacional-socialista, en los países no aliados de
Alemania, se desvanecieron en junio de 1941. Ya
no se trataba de saber por dónde debía correr
una frontera muy discutida ni, en los países que
Alemania acababa de vencer, estar alimentando
revanchismos militares de otra época sino de
combatir todos reunidos y aceptando el liderazgo
impuesto por la historia, contra el enemigo
común y de echar así los cimientos de la futura
Europa unida que pregonaba la propaganda alemana
(a veces, no sin segundas intenciones, en estos
primeros momentos). En toda Europa occidental
(menos en Portugal, por las presiones de Gran
Bretaña, y en Irlanda, por razones
geográficas), los Estados o Movimientos crearon
legiones de voluntarios que se pusieron a las
órdenes del alto mando alemán. Simbólicamente,
justo la primera de ellas fue la
"L.V.F." (o sea la "Legión de los
Voluntarios Franceses contra el
Bolchevismo"). Luego, no tardaron en
constituirse las unidades formadas por los
prisioneros de guerra soviéticos (pertenecientes
a las diversas nacionalidades de la U.R.S.S.;
sometidas por ella) muchos de los cuales se
rindieron y habían entregado sin combate;
precisamente con el propósito de alistarse en el
Ejército Alemán. Así la "Legión
Armenia", la "Legión Tártara" y
varios regimientos de cosacos, etc., etc.; y
ésto sin hablar de los ucranianos, como de los
rusos propiamente dichos. Esto a pesar de las
vacilaciones y, a veces, de la total incoherencia
de las autoridades alemanas, que fluctuaban entre
una "política de nacionalidades", que
tendía a dividir el antiguo Imperio Ruso, y el
apoyo a los nacionalistas panrusos del General
VLASOW... Mencionemos aún los «Schutzkorps»,
formados en Servia, pero con rusos blancos, y
donde se alcanzaron los efectivos de una
división.
De
todas estas unidades, dos tenían, desde el punto
de vista jurídico, un estatuto especial, pues
habían sido creadas por unos Estados soberanos:
la "Legión de los Voluntarios Franceses
contra el Bolchevismo", y la "División
Azul" española. Las demás estaban
constituidas en países ya ocupados por el
ejército alemán, y sólo dependían de este
último. Pero este matiz en lo legal desaparecía
en el terreno práctico; puesto que, todas
resultaban incorporadas en la «Wehrmacht» como
regimientos regulares.
?Decir
que el "O.K.W." (Gran Estado Mayor
Alemán), se alegró mucho de la llegada de esos
voluntarios extranjeros sería un neto abuso de
palabra... Si la incorporación de los que
hablaban algún idioma germánico no suscitó
mayores aprensiones, no paso lo mismo con los
franceses y los valones. El Alto Mando Militar
Alemán era radicalmente pan-germanista, no
nacionalsocialista; así, para él, la mera
lingüística primaba, evidentemente, sobre la
raza. No muy diferente, por otro lado, era la
evidente actitud de muchos altos funcionarios del
Estado e, inclusive, de altos jefes del Partido.
¿Cómo explicar, si no, que Alemania haya
retenido, hasta el final no sólo a 2.500.000
prisioneros de guerra franceses, sino también a
los mismos valones, cuando liberó de inmediato a
los flamencos? La frase que se atribuía al
General VON BRAUCHITSCH que por aquel entonces
era comandante en jefe de la «Wehrmacht», sea
la hubiera pronunciado o no, era:
"¿Franceses?. Les haremos descargar bolsas
de papas" y ésto reflejaba perfectamente la
mentalidad imperante. ¿No había sido el
reclutamiento para la "L.V.F."
concienzudamente frenado por la embajada alemana
en París; e incluso solapadamente saboteado por
el Servicio de Sanidad de la «Wehrmacht»?. Nada
más comprensible, por lo demás. Porque todos
los oficiales superiores del ejército alemán,
excombatientes de la Primera Guerra Mundial,
sólo veían en esta Segunda una simple revancha
patriótica. Y así, "Europa" no pasaba
para ellos, de ser "un hábil falso invento
del diabólico Dr. GOEBBELS".
No
así, por cierto, el «SS-Reichsführer»,
Heinrich HIMMLER, que sí que creía en Europa.
Una Europa, sin duda, bajo conducción alemana,
pero una Europa federativa, y en la cual, cada
comunidad de raza aria tendría los mismos
derechos y obligaciones que todas las demás.
HIMMLER en persona y muy de cerca, seguía la
actuación de las legiones de voluntarios
extranjeros y, en especial, de las que no
pertenecían al "mundo de habla
germana". Quedó estupefacto cuando
comprobó el comunicado del Ejército Rojo:
"En el río Bobr, unas unidades blindadas
pertenecientes al segundo frente de Rusia Blanca
han tropezado con la resistencia encarnizada de
dos bravas divisiones francesas". ¿Dos
divisiones francesas? ¡Tres compañías de la
"L.V.F." y que durante tres días,
habían detenido el avance de todo un ejército!.
HIMMLER
quería hacer a esta gran Europa. ¿Por qué no
empezar con forjar un gran ejército europeo?.
¿Por qué no abrir las filas de las «Waffen
SS» para todos los voluntarios, aunque no
alemanes pero del mundo occidental, unidos por
una raza, una civilización, y una historia
comunes?. HIMMLER no ignoraba, por cierto, que
iba a tropezar con muchas resistencias, en su
mismo Estado Mayor. Con los escandinavos y hasta
con los holandeses y flamencos, no había habido
problemas: eran "especies de alemanes".
Con los bosníacos, tampoco sería difícil: su
país ya había formado parte del imperio
austrohúngaro. Pero, ¿y con los ex-enemigos?
HIMMLER no temía las resistencias y hasta estaba
acostumbrado a quebrarlas... Decidió, pues,
constituir la "brigada de asalto
francesa". Ya hacía tiempo que Joseph
DARNAND, jefe de la Milicia Francesa -una
organización paramilitar ya creada por el
mariscal PETAIN- se lo había pedido.
Un
año va pasando, y desde ese mes de septiembre de
1943 que vió nacer la «Sturmbrigade
Frankreich», se constituyen otras más,
rápidamente, como unidades diferenciadas. Pero
el gran cambio se da en 1944, como consecuencia
del atentado contra el «Führer»... Altos jefes
del ejército regular han tomado parte en la
traición. Con ello, la «Wehrmacht» ya no es
segura al «Reich». HITLER sólo puede contar
incondicionalmente con las «Waffen SS»;
también con las unidades de no alemanes, pero
voluntarios y que combaten por sus ideales
nacionalsocialistas. HIMMLER rápidamente
aprovechará la oportunidad: Presenta al
«Führer», que lo firma sin vacilar, un decreto
por el que pasan a la «Waffen SS» todas las
unidades no alemanas de la «Wehrmacht», salvo
las que se constituyen con voluntarios oriundos
de la Unión Soviética, y para las que esta
incorporación será selectiva. Se reagrupan, por
nacionalidad, a elementos dispersos. Así se
reúnen la "L.V.F." (Regimiento 638, de
la «Wehrmacht»), la "Brigada de Asalto
Francia" con unidades de la "Milicia
Francesa", replegadas en Alemania, en la
llamada "División de Granaderos Blindados
de las Waffen SS Carlomagno". Inclusive, se
incorporan en las «Waffen SS», unidades
militares propias y procedentes de países antes
aliados -Italia, Hungría, Rumania-, cuyos
gobiernos han caído o vacilado.
A
fines de 1944, al lado de dieciséis divisiones
alemanas, la «Waffen SS», comporta tres
divisiones de «Volkdeutsche» (son la «Prinz
Eugen» o "VII División Alpina"; la
«Maria Theresia» o "XXII División de
Caballería" y la «Karstjager», "XXIV
División Alpina), y diecisiete de otro origen:
dos son predominantemente escandinavas (la
«Wiking» o "V División Blindada", y
«Nordland» u "XI División
Blindada"), dos croatas, formadas con
musulmanes de Bosnia (la «Handschar» o
"XIII División Alpina", y la «Kama»
o "XXII División"), una ucraniana
(«Galizien» o "XIV División"), dos
letonas (la «Lettland» o "XV
División" y la «Latvia» o "XIX
División"), una estonia («Estland» o
"XX División"), una albanesa (la
«Skanderbeg» o "XXI 21º División
Alpina"), tres húngaras (la «Hunyadi» o
"XXV División", la «Hungaria» o
"XXVI División", con? una tercera
División en formación, sin nombre ni número
oficial), una flamenca (la «Langemarck» o
"XXVII División"), una valona (la
«Wallonie» o "XXVIII División"), una
italiana (la «Italia», como la "XXIX
División"), una rutena (la «Sigling»
-antes, denominada como la «Weissruthenien»-, o
"XXX División"), una francesa, pero
que incorpora, además, a miles de españoles de
la «Legión Azul», producto de la
"División Azul" o 250 División de la
«Wehrmacht», tras desaparecer oficialmente la
ayuda del régimen franquista al «Reich» (la
«Charlemagne» o "XXXIII División"),
y dos holandesas (la «Nederland» o "XXIII
División" y la «Landstorm Nederland» o
"XXXIV División").
A
esas grandes unidades, hay que agregar otras
unidades que son igualmente de las «Waffen SS»,
como una "Brigada de Asalto",
rusa-blanca; un "Batallón de
Esquiadores", noruego; un "Batallón
Servio", un "Batallón" de
griegos, dos "Batallones" de
rumanos", dos "Batallones" de
búlgaros, un "Batallón" de bretones,
además de las "Legiones de Voluntarios
Caucasianos", una "Legión Hindú"
y numerosos "Einsatzgruppen" de muy
distintas nacionalidades (y, a menudo,
multinacionales). Sin hablar ya de las tres
"Divisiones Montadas", de caballería
cosaca que gozarían, en las «Waffen SS», de un
estatuto especial y «sui generis».
Merece
una mención aparte la gran «Sankt Kreuz» de
polacos, una "Brigada" (aunque en
realidad un regimiento), y constituida por
prisioneros, hechos tras la sublevación de
Varsovia. Cuando se vieron abandonados a su
suerte por los ejércitos soviéticos, detenidos
y voluntariamente inactivos al otro lado del
Vístula, muchísimos de estos combatientes
polacos habían comprendido, en el último
momento, cuáles eran sus peores enemigos y tras
ello, como las «Waffen SS» les abrió sus
filas, se encuadraron dentro de ellas y en ellas
que lucharon hasta el final de la guerra.
A
principios de mayo de 1945, justo antes del
final, todas las unidades militares del
"Cuerpo Negro" contaban con alrededor
de 400.000 combatientes; pero, de estos, más de
la mitad no eran alemanes. Así, del millón de
hombres que, a lo largo de la guerra sirvieron en
las «Waffen SS», 400.000 eran alemanes del
«Reich» y 300.000 «Volkdeutsche» (los
"racialmente alemanes"), mientras que
300.000 pertenecían a otras naciones arias. Esto
dicho en números redondos, sumamente
aproximativos. NOTA.- La proporción existente
entre solicitantes y admitidos a las «Waffen
SS», no superó jamás al 10%; o sea, 9 de cada
10, no lograban ingresar en ésta élite.
SOLDADOS POLÍTICOS
Desde
el punto de vista militar, las unidades de la
«Waffen SS» se distinguían por su
extraordinaria agresividad y eficacia. Tales
características provenían, en primer lugar, de
una severa selección de los hombres. Así, todos
ellos eran muy jóvenes y de constitución
robusta. Pero después, el duro entrenamiento al
que se les sometía -aquel viejo «drill» de los
ejércitos de Luis XV, adoptado por Federico
Guillermo-, eliminaba de ellos a los menos
resistentes, tanto desde el punto moral como
físico; y convertía a los demás en verdaderos
atletas olímpicos, de músculos tensos, y
siempre listos para saltar hacia adelante...
Pero, sobre todo, se trataba de convencidos
voluntarios. Sólo ya a partir de 1945, fueron
incorporados en las unidades alemanas hombres
conscriptos pero muy bien elegidos y que además
tenían muy poderosos motivos para combatir.
Es
ésta una tropa de élite, mejor instruida y
mejor armada que las demás unidades clásicas de
la «Wehrmacht», la «Waffen SS» siempre
ocupaba en combate las posiciones de mayor
peligro y sus jefes reivindicaban, para ella, el
gran honor de encabezar todos los ataques. Los
Estados Mayores la respetaban, por cierto, pero
sin que esto excluyera alguna tirantez cuyos
motivos eran varios. Por un lado, existía alguna
envidia ante "los privilegios" de que
gozaba en cuanto a armamento. Por otro, cierto
desprecio por sus oficiales, con formación
técnica que resultaba, académicamente, en
comparación, un tanto deficiente. Por fin, el
rechazo normal, provocado por el "espíritu
de cuerpo", de todo este modo de vida y de
combatir, típicos de la «Waffen SS», demasiado
diferente del clásico que formaba parte de las
tradiciones del ejército alemán. Por su parte,
los hombres de la «Waffen-SS» tendían a
considerar como "burgueses" a los
soldados regulares de la «Wehrmacht»; que, por
cierto, cumplían muy bien con su deber, aunque,
en conjunto, con un ímpetu y un grado de
eficacia inferiores a los de ellos.
Los
oficiales de la «Waffen-SS tenían procedencias
sumamente diversas. Algunos conservaban los
mismos grados alcanzados antes, en la
«Allgemeine SS» y tan sólo un período de
instrucción bélica muy intensa y acelerada,
había precedido a su incorporación real, de
hecho, en una unidad combatiente. Para otros
voluntarios, sin esos antecedentes paramilitares
en la «Allgemeine SS», no se les reconocían
los grados anteriormente obtenidos, por ellos, en
sus respectivos ejércitos nacionales, y ésto
cualquiera que fuese su nacionalidad. Así, se
mandaba a los seleccionados y que cumplían los
requisitos establecidos, fueran o no oficiales
anteriormente, como simples cadetes a escuelas
especiales, siendo la más célebre la de Bad
Tölz. Esto hasta 1943. Posteriormente, hubo
excepciones que, después, se multiplicaron
rápidamente: no era posible enviar a un coronel,
a un comandante u oficial de carrera de un
ejército serio, cubierto de condecoraciones
ganadas en combate, pasar tres meses a
"arrastrarse en el barro", a las
órdenes de un suboficial instructor de
veintidós años. Los comandos especiales y de
élite, por su parte, exigían un tipo de hombre
específico que se hubiera plegado bien
difícilmente a una disciplina
"tropera" y antinómica con lo que se
les exigiría después. Bastante más tarde, ya
cuando se incorporaron a las «Waffen-SS», otros
combatientes de unidades de la «Wehrmacht»
(algunas de ellas alemanas, pero muchas más que
no lo eran), hubo que reconocer los grados de sus
oficiales, para reconvertirlos en unos similares,
dentro de la «Waffen SS». Pero, lo que se les
pedía a los cuadros de mando, no era tan sólo
tener una adecuada formación académica y
demostrable por lo demás, sino caracter,
capacidad de mando y coraje. Esa política de
exigencias daba los mejores resultados. Los
militares de los Estados Mayores no conseguían
entender como se las "podía arreglar"
un comandante de ejército, como Sepp DIETRICH y
al que tildaban de ser "oficial de
barricada", para desempeñarse de un modo
más eficaz que muchos generales diplomados.
Para
decir la verdad, dentro de la «Waffen-SS», el
grado era casi lo de menos. En las unidades
alemanas de la SS, la jerarquía estaba calcada
de la que ya se estilaba, tradicionalmente, en
los ejércitos regulares; tan sólo que, en
éstas, los oficiales sirven con el grado
inferior al que por norma, les hubiera
correspondido a su función. Así, una División
estaba al mando de un General de Brigada y no uno
de División; y un Batallón, queda a las
órdenes de un capitán, etc., etc... Eso era, en
la teoría; ya que, en la realidad y como regla
general, no se ascendía en campaña. Además,
como el "plazo de vida promedio" para
un oficial SS en el frente era de tres meses,
allí era muy común encontrar toda una
Compañía al mando de un sargento. En las
unidades no alemanas de la SS aún era mucho
mayor la pobreza en estrellas. Nadie, en ellas,
procede de la «Allgemeine SS» y no tenía un
grado político anterior, para reconvertirlo en
grado militar; además, por razón de edad, pocos
eran los oficiales superiores que se habían
alistado... Por otro lado, y a pesar de la idea
de HIMMLER, el espíritu pangermanista no estaba
del todo ausente en el «SS-Hauptamt» (Oficina
que hace funciones de Estado Mayor en las SS),
donde se regateaban muchos ascensos a los
"extranjeros". Así, León DEGRELLE, el
Comandante de la División «Valonia», sirvió
con el grado de Mayor, obtenido anteriormente a
la incorporación de la unidad en la «Waffen-SS,
casi hasta el final de la contienda mundial.
Cuando el Coronel PUAUD, oficial de carrera del
Ejército Francés y Comandante de la
"L.V.F.", fue nombrado por su gobierno
General de Brigada y comandante de la División
«Carlomagno», se desenterró, para no darle la
jerarquía equivalente -el de «Brigadeführer»-
un viejo grado casi olvidado -el de
«Oberführer»-, de la «Allgemeine SS»?
Algunos «Einsatzgruppen» y durante dos años y
más estuvieron al mando del mismo
«Unterstumführer» (literalmente, equivaldría
al de Subteniente en un ejército regular; y era,
en realidad, sólo el segundo grado de la
jerarquía, para oficiales «Waffen SS»).
Ya
lo hemos dicho: el grado era lo de menos. El
tratamiento de "camarada" que se
mantuvo y daban entre sí aquellos oficiales SS,
expresaba claramente una sólida fraternidad que,
lejos de ir en desmedro del respeto, por el
contrario lo reforzaba. Incluso, la distancia
entre todos los oficiales, suboficiales y
soldados, se marcaba mucho menos que en los
ejércitos profesionales, donde es herencia de
una época en que aquellos eran nobles
voluntarios y la tropa estaba formada de
mercenarios, cuando no por forzosos enrolados.
Pero, en la «Waffen SS» el oficial comía y
dormía con sus hombres, estando en campaña. En
combate, siempre ocuparía el lugar de mayor
peligro y encabezaba todos los asaltos.
Pero
esa tal camaradería no provocaba el menor
relajamiento de la disciplina. Considerada desde
afuera, es vista como la más feroz; cuando, por
parte de los voluntarios, es algo espontáneo. Y
así, muchas faltas leves se sancionan con
castigos colectivos; mientras que otras faltas
graves, como las contra la disciplina, con el
internamiento en un campo de concentración
especial donde el culpable particular, encontraba
la oportunidad de corregirse. Las faltas más
graves, que lo son contra la seguridad o el honor
común (incluyen robo, saqueo, violencias
gratuitas y violación), se castigan con la
muerte. Esta gran severidad dura y despiadada
pero libremente aceptada, era contrapartida a
pagar por el honor de pertenecer a un cuerpo de
élite.
Cuerpo
de élite. Más la «Waffen-SS» no lo era sólo
desde el mero punto de vista militar, sino, más
bien, toda esta capacidad combativa era la
consecuencia de su carácter de milicia
política. Los alemanes, movilizados de cualquier
modo y al optar por ella,? demostraban su fervor
nacionalsocialista; y lo hacían dentro del marco
tradicional y, casi diríamos,
"convencional" de su nación. Pero, los
voluntarios de otros países, éstos que hubieran
podido permanecer tranquilamente en su casa,
manifestaban así, voluntad especial para
combatir y, eventualmente, de morir, por una
causa revolucionaria que implicaba, no sólo una
función de futuro, sino también la superación
de viejos hábitos y viejos sentimientos.
Desde
hacía más de ciento cincuenta años, tras la
Revolución Francesa, los europeos estaban
acostumbrados a vivir y a combatir en el marco de
dinastias y meras naciones, a menudo
artificiales, que se enfrentaban periódicamente
por cuestiones de supremacías, de frontera o de
competencia económica. El nacionalismo jacobino
había suplantado aquellos antiguos vínculos
feudales y destruido el pluralismo cultural y en
particular, lingüístico, que le daba a aquella
Europa anterior a la mal llamada
"Revolución Francesa" (ya que, en
realidad, fue sólo una subversión), esa
incomparable civilización, a la vez una y
variada. Las anexiones a Francia del territorio
de Alsacia, realizada, en el siglo XVII, por Luis
XIV; y de Lorena, por Luis XV, en el siglo XVIII,
habían significado, para estas
"provincias", un mero cambio de
soberano. Pero después en 1871, por el
contrario, la reincorporación de Alsacia y
Lorena al Imperio alemán, había sido un
verdadero "despedazamiento" para
Francia; por que, aquel gran patriotismo francés
ya no se refería a una cierta "tierra de
los padres", a lo que se vuelve a llamar,
hoy día, la patria carnal, sino a un ente
mítico inventado, sobre la base de
"realidades" nobles pero muy parciales,
por ideólogos racionalistas. Así, en 1939,
todos los europeos, en mayor o menor medida,
habían recibido desde la escuela primaria que
tanto había contribuido a imponerlo, la impronta
de este especial patriotismo "laico y
obligatorio". Entonces en el año 1914,
nadie se escapaba de los efectos del ambiente
sentimental así creado, que era igual tanto los
socialistas internacionalistas de ambos lados del
Rhin, que habían respondido con entusiasmo, al
llamado de movilización, como para los
nacionalistas que, aún renegando de todas las
ideas democráticas, no por eso dejaban de actuar
así; y no podían obrar de otra manera, so pena
de rechazar las condiciones impuestas por la
historia, en el marco de unas artificiales
fronteras, trazadas o, por lo menos, hechas
sacrosantas por la burguesía liberal. Así
MAURRAS, maestro de «Acción Francesa», echaba
de menos el Imperio Romano y la Cristiandad
medieval; y pregonaba, aquí para Francia, un
federalismo que reivindicaba unas autonomías
regionales, pero, al mismo tiempo, vituperaba a
una Alemania con mucho más odio que razones. En
el «Mein Kampf», HITLER tampoco expresaba
"profundos sentimientos de ternura",
exactamente, para con Francia...
En
1941 la situación ya no era la del siglo XIX,
por cierto. La Europa de las Naciones, que medio
siglo antes hacía la ley en el mundo entero,
estaba amenazada en su misma existencia por dos
potencias en plena expansión: la Unión
Soviética, al este; y los Estados Unidos, al
oeste. Potencias rivales, éstas, pero aliadas,
que no escondían su propósito de dominación
mundial. Como en los Campos Cataláunicos, ante
los hunos, o en España ante los árabes, que no
remontan Poitiers, Europa debía unirse, aún por
encima de los malos recuerdos e incluso de
legítimos antagonismos locales. Los hombres de
la «Waffen-SS» habían entendido bien ésto,
desde el principio... Pero no fueron a pelear
para defender una Europa que ya no existía, ni
menos algunos de sus hermosos restos, sino para
reconstruir, sobre la base de la herencia
plenamente asumida a una comunidad multinacional
y que, gracias a nuevas estructuras adaptadas a
las exigencias de la historia, pudiera ser dueña
de su destino. Por eso, los voluntarios no eran,
ni unos mercenarios indiferentes, ni conscriptos
impelidos por un rancio patriotismo sentimental,
sino soldados políticos.
SANGRE Y SUELO
¿Qué
es Europa, para el hombre de la «Waffen SS»?.
Para éste Europa es, ante todo, una verdadera
comunidad racial. Bien podrán los antropólogos
seguir discutiendo, sin una solución a la vista,
para saber por fin si los seres humanos tienen un
"origen común", o sea, constituyen una
especie; o si, por el contrario, proceden de unas
"corrientes evolutivas distintas"; y
por lo tanto, forman "especies
múltiples". Pero lo que aquí interesa es
comprobar que, desde los lejanos albores de la
prehistoria, ya existen conocidos conjuntos
endogámicos y provistos de una dotación
genética común. Así, la gran familia humana de
la especie blanca se divide en dos razas
principales -arios y semitas-; y la raza aria
agrupa a tres subrazas fundamentales: nórdicos,
alpinos y mediterráneos... Bien podrán los
científicos indicarnos que, y hasta demostrarnos
como, en el transcurso de estos muchos milenios
pasados, pueden algunos genes de amarillos
haberse introducido y perpetuado en dotaciones
hereditarias propias de alpinos y nórdicos; y
como genes semitas, lo han logrado en la de los
mediterráneos. Bien podrán, con mucha razón,
hacernos notar como, desde hace siglos y con un
ritmo cada vez más acelerado, las tres subrazas
arias se van mezclando. Todo ésto es sumamente
interesante, desde el punto de vista académico,
pero realmente no afecta a la cuestión, ya que
un conjunto racial se define, no en función de
su fidelidad a su lejano origen, sino por los
caracteres que hacen reconocibles a sus
individuos dentro de un grado de homogeneidad de
su dotación hereditaria.
Es
así como toda la población europea actual
evidencia tener un sustrato genético que
determina sin duda su diferencia con las
diferentes comunidades raciales no arias.
Además, las variaciones que se evidencian en su
seno son secundarias, aunque susceptibles de una
valoración comparativa, pero resultando sernos
provechosas ya que abren mayor abanico de
potencialidades que el más limitado y procedente
de una completa uniformidad genética. Pero tan
feliz situación se da sólo en la medida en que
los caracteres genéticos diferenciales son
complementarios y no antagónicos.
De
ahí que toda mezcla con elementos alógenos
incompatibles sea siempre negativa. Así, éstas
que tuvieron lugar en el pasado causaron claras
decadencias (por ejemplo, la del Imperio Romano)
y ya no se puede remediar. Pero sí dependerá de
nosotros impedir toda nueva mestización masiva.
Ahora bien, Europa alberga, desde hace cientos de
años, a dos conjuntos raciales alógenos: uno
que no tiene la mayor importancia, en razón de
su bajo nivel social, y tendencia endogámica, es
el de los gitanos; otro es el de los, en sus
diferentes ramas, judíos, resulta mucho más
peligroso por su capacidad de infiltración por
rama femenina y su enorme afán de predominio.
Tal era, por lo menos, en los años 40; y en
parte ambos grupos y los riesgos raciales que
traían estaban asumidos. Pero esta situación se
ha ido agravando y haciéndose peligrosa, en
especial, desde el final de la guerra, con la
inmigración de muchedumbres no blancas de otros
continentes.
Mantener
la unidad de sangre de los europeos y la
necesidad de defender esta genuina dotación
genética común contra posibles? mestizaciones,
constituían una base indiscutible del
pensamiento de los voluntarios SS. Lo cual, por
cierto, no implicaba, ni por parte de ellos,
personalmente, ni por parte del "Cuerpo
Negro", hostilidad alguna con respecto a las
demás razas. Queda evidente que ni los uzbekos,
ni los armenios, ni los actuales hindúes son
arios. Sin embargo, unidades de tales
procedencias pertenecían a la «Waffen-SS»; y
en igualdad de condiciones con las europeas.
Allí se respetaban y cultivaban las diferencias
raciales. Lo que no se aceptaba era aquel mundo
gris de bastardos, que pregonaban los celosos
propagandistas del caos étnico. Ni, por
supuesto, el predominio de una raza de parásitos
por sobre las demás.
Tal
profundo respeto por la personalidad racial de
todos los conjuntos humanos tampoco significaba,
sin embargo, la aceptación de una supuesta y
monótona igualdad entre ellos. Aunque se conoce
como todos habían tenido las mismas
oportunidades para progresar, más o menos, en la
Edad de las Cavernas, no todos supieron lograr
aprovecharlas. Unas han creado civilizaciones del
más alto nivel, mientras que otras han vivido
del mismo modo que sus antepasados del
paleolítico, desde aquel entonces; y si hoy las
razas parecen ser algo más "iguales"
es por copia o imposiciones de lo ajeno... Entre
las razas creadoras, la aria se ha destacado
especialmente; a lo largo de los milenios y,
dentro de la raza aria, la subraza nórdica
siempre ha desempeñado un papel preponderante.
Es decir, ni la supremacía aria, ni el liderazgo
nórdico han nacido de las cavilaciones de tal o
cual ideólogo, sino que son simples hechos que
evidencia la historia.
La
sangre (indicando, con poesía, toda la dotación
genética hereditaria de un pueblo), constituye
el factor primordial de su afirmación.
Primordial sí; pero no único. En efecto, tal
dotación esta hecha de potencialidades pero que
se actualizarán o no según las condiciones
externas impuestas por el medio ambiente. De ahí
la importancia de un territorio, con su
situación, su extensión, su clima, etc..., para
permitir o no, la proyección histórica de un
determinado pueblo. De ahí que todo pueblo
genéticamente capaz siempre haya luchado para
adquirir y conservar el territorio que necesitaba
indispensablemente, o sea: su "Espacio
Vital". No sólo el territorio suficiente,
en donde pudiera ubicar cómodamente una
población y encontrar aquellos productos
alimenticios y materias primas imprescindibles,
sino también el que le asegurara disponer de
seguras fronteras de fácil defensa y acceso
libre al mar. Las naciones históricas de Europa
nacieron como fruto de una secular lucha de
pueblos fuertes para conquistar su espacio vital.
Pero
el surgimiento de las nuevas
"superpotencias" obligaba a esas
naciones a olvidar sus pequeños conflictos
territoriales, ya carentes de significado
geopolítico... Esto no era fácil, sin embargo,
pues el raro nacionalismo jacobino había tenido
tiempo, en ciento cincuenta años, de crear en
todas las mentes un nuevo concepto y unos nuevos
sentimientos de Patria, por artificiales que
fueran. Era especialmente difícil para Alemania
cuya unidad cultural siempre había sobrepasado
las fronteras del territorio políticamente ya
unificado. No es por casualidad que la palabra
alemana «Volk» no expresa a un conjunto de
habitantes asentados en determinado territorio
geográfico, así como lo hace "pueblo"
y otros vocablos derivados del «populus»
latino, sino más bien a una comunidad de
tradiciones, de sentimientos, de costumbres, de
idioma, etc... Para dar un ejemplo, un bretón,
un provenzal o un vasco-francés, son unos
pueblos de Francia por obra de un Estado
francés, federador y centralizador, pero no son
franceses. Mientras que prusianos, hanoverianos,
wurtembergueses, etc., eran pueblos alemanes,
mucho antes de que existiera un Estado alemán.
Si
agregamos que el Nacional-Socialismo surgió en
Alemania, como reacción contra el «Tratado de
Versalles» que había quitado al «Reich» gran
parte de su natural territorio, se entenderá muy
fácilmente por qué la política de A. HITLER
fue ambigua en este campo y por qué al mismo
tiempo que anunciaba una Europa futura, se
empeñaba en reconstruir aquella Alemania pasada,
anexionando el Schleswig "danés" y, a
pesar del convenio del "Armisticio de
Compiègne", también Elsatz-Alsacia y
Lorein-Lorena, llegándose, en este último caso,
a expulsar a sus habitantes o repobladores
últimos de habla francesa, gente tan ario, por
cierto, y hasta tan nórdica, como los demás de
habla alemana. «Volk» y «Rasse» eran unos
criterios fácilmente interpretables como
antagónicos. Sólo con una lentitud relativa el
«Führer» y sus colaboradores, fueron aclarando
conceptos y pasando del primero al segundo.
En
la «Waffen-SS» se sufrió la misma evolución,
pero mucho más rápidamente. Si en su Estado
Mayor, el Pangermanismo siguió prepotente hasta
el final, frenando el proceso natural mediante
pequeños vejámenes, con respecto a los
voluntarios no alemanes,? tampoco dejaban de
influir en la mente de estos últimos iguales
resabios del pasado. Casi todos ellos procedían
de "movimientos nacionalistas" y lo
propio de todo nacionalismo era el mantener un
antagonismo artificial con el nacionalismo
vecino. Así, para muchos húngaros
nacionalistas, Rumania seguía siendo el enemigo
por antonomasia; como Servia para muchos croatas
y Valonia para muchos flamencos. Por otro lado,
las unidades no alemanas de la «Wehrmacht» a
menudo habían sufrido, antes de su
transformación en nuevas «Waffen-SS», los
efectos de la hostilidad, no siempre disimulada,
que les manifestaban diversos oficiales alemanes
de vieja formación y para quienes los
voluntarios extranjeros eran realmente una
especie de traidores a sus respectivas patrias...
También, el cambiar de «Spiegel» en el cuello
de la guerrera no podía bastar para eliminar,
del todo y de la noche a la mañana, las reservas
y hasta los resentimientos nacionalistas que
muchos no alemanes, albergaban en la mente, desde
que eran sólo niños, con respecto a las
"cabezas cuadradas".
Pero
tal situación se modificó del todo, a partir de
1943, cuando los voluntarios no alemanes pudieron
entrar directamente incorporados en unidades SS.
Estos, en efecto, recibían toda su instrucción
militar juntos, en varios campos multinacionales
y, también los futuros oficiales y suboficiales,
en escuelas donde alemanes y no alemanes estaban
cuidadosamente mezclados. A esta instrucción,
por otro lado, se agregaba la formación
doctrinaria especial que iba de lo moral a lo
político, siempre basada en la raza. En las
clases de «Weltanchauung» ("Concepción
del Mundo"), se les enseñaba que los arios
siempre habían sido, a lo largo de la Historia,
los Creadores de Civilizaciones; y que las
virtudes de Heroísmo y Servicio al Conjunto
habían resultado los factores de su
superioridad; que gracias al fiel respeto de la
Tradición, y al sincero apego de la Tierra, se
les había permitido superar las peores
adversidades; que comprender bien el
«Führerprinzip» (Sistema de Comportamiento;
donde toda la autoridad debe quedar en manos del
responsable ante los demás), había constituido
el secreto de sus éxitos. Se les definían los
enemigos comunes de Europa: la democracia
niveladora, la plutocracia explotadora, la
masonería corruptora, el marxismo envilecedor y,
sobre todo, el judaísmo que instrumentaba todos
los demás factores de decadencia para afirmar,
en escala del mundo, su supremacía racial.
Nadie,
por cierto, tenía por qué renegar de su
nacionalidad histórica. Pero el hombre de la
«Waffen-SS» sabía que Europa era una en su
esencia, que todos, griegos, romanos, celtas,
germanos y eslavos no habían creado sino formas
diversas, -enriquecedoras por su misma variedad-
de una misma civilización, que también la
Cristiandad medieval, a pesar de las luchas
feudales (y en parte por ellas), había
manifestado, y en el más alto nivel, la unidad
profunda del continente; que tan sólo
llegándose al siglo XVIII, la descastada
burguesía demoplutocrática había logrado
suscitar, entre aquellos pueblos hermanos una
hostilidad artificial. En el marco de la Europa
reunificada, por la cual todos iban a luchar, los
voluntarios SS podían conservar sus preferencias
nacionales: franceses, o bretones, occitanos,
flamencos, etc.; escandinavos, o suecos,
noruegos, daneses; belgas, o flamencos de los
Grandes Países Bajos, o "borgoñones".
La historia decidiría...
La
misma flexibilidad se manifestaba en el orden
religioso. La «Waffen-SS» era decididamente
hostil con el judeocristianismo llorón de la
Reforma y de la democracia cristiana. Algunos de
sus teóricos afirmaban que Jesús sólo había
sido un «rabí» esenio más y toda su prédica
se podía resumir en ese «Sermón de la
Montaña», tan populachero y envilecedor; pero
otros teóricos, amparados en la autoridad de
Houston Stewart CHAMBERLAIN, Jesús fue realmente
un galileo (es decir, un ario); un
nacionalsocialista de su época que había
luchado contra el mundo de los judíos y por
éso, éstos lo habían hecho crucificar; y ya
posteriormente utilizar al judío San Pablo para
que difundiera sus enseñanzas, una vez
deformadas, y poder así, zapar los cimientos
morales y políticos del Imperio Romano. En el
«SS-Hauptamt», había fanáticos paganos
exacerbados que protestaron mucho cuando la
división francesa tomó el nombre de
«Carlomagno». Este emperador franco del
Occidente, y nombrado por el Pontífice de Roma,
dominaba Francia, Germania e Italia en nombre del
Cristianismo, e impuso cruelmente esta fe a todos
sus súbditos, incluyendo a los paganos sajones.
Pero varias unidades no alemanas tenían sus
propios capellanes: eran musulmanes, para las
divisiones croata y albanesa; ortodoxos, para las
divisiones cosacas; y católicos para la
«SS-División Wallonie» y en la «SS- División
Charlemagne». El Capellán General de esta
última era el célebre Monseñor MAYOL DE LUPE,
justo un gran amigo personal del propio HIMMLER y
su consejero; pues bien, aquél reivindicaba, en
cada sermón (la cruz sobre un pecho, cubierto de
condecoraciones militares y pistola «Luger» en
el cinturón), aquel "cristianismo heroico
de la Edad Media, como precursor del
nacionalsocialismo" Tampoco vacilaba en
reunir, tal vez imprudentemente, los nombres de
"nuestro venerado «Führer» con el de
nuestro «Santo Padre» el Papa de Roma".
No
nos engañemos, sin embargo, respecto a tanta
tolerancia. Esencial y verdaderamente, la
«Waffen-SS» en masa era arianista, no
nacionalista; era pagana y no cristiana. Pero sus
jefes eran lo bastante inteligentes como para
saber que una herencia vieja de siglos de una fe
no se puede borrar de la noche a la mañana, y lo
bastante realistas como para no crear complicados
problemas de conciencia a soldados que iban a
morir.
A
morir o a vencer, aún muriendo. A vencer aunque
murieran. A vencer, aunque se perdiese esa guerra
militarmente. Pues la SS no era solamente un
ejército, sino también, sobre todo una santa y
noble Orden de Caballería, destinada a
suministrar sus cuadros para edificar la Europa
de Mañana, a servir de crisol a la Nueva
Aristocracia. Un ejército siempre puede ser
aplastado y olvidado. Una nueva Concepción del
Mundo y de la Vida sólo será por contra,
fecundada, justamente, por la sangre de los
héroes; así, renace, con fuerza y por milenios,
cuando todo parece perdido.
LAS «WAFFEN-SS» GERMANICAS
Cuando
estalló la Segunda Guerra Mundial, la SS sólo
contaba con cuatro unidades de combate
permanentes; el regimiento escolta del
«Führer» («Leibstandarte SS Adolf Hitler»),
cuyo jefe era el ya famoso Joseph (Sepp)
DIETRICH, y los tres primeros regimientos
(«Deutschland», «Germania» y «Der
Führer»), también constituidos sobre la base
de las «Verfügungstruppe» (lo que vale decir
de los "Batallones acuartelados de la SS
paramilitar"), y éso sin hablar de otros
cuatro destacamentos de guardianes especializados
en los campos de concentración
(«Totenkopfverbände»), para antisociales. En
principio los voluntarios de estas unidades eran
todos hombres alemanes. Sin embargo, algunos
pocos extranjeros -como máximo era un centenar-,
ya figuraban en sus filas: suizos, sobre todo,
pero también algunos suecos y hasta cinco
norteamericanos. Constituida oficialmente la
«Waffen-SS» el 2 de marzo de 1940, unos
numerosos voluntarios, no movilizados por la
«Wehrmacht» y procedentes, por lo general, de
la «Allgemeine SS» y de la policía, ampliaron
sus efectivos a cien mil hombres, y resultaron
reagrupados en cuatro divisiones denominadas:
«Leibstandarte», «Das Reich», «Totenkopf» y
«Polizeidivision».
Ya,
en aquel entonces, se había planteado un serio
problema de reclutamiento. La «Wehrmacht» era
consciente del gran peligro que representaba para
la institución militar clásica el ejército
político con que soñaba Heinrich HIMMLER, y por
éso, se opondría terminantemente a que se
incorporaran en las unidades SS hombres
pertenecientes a las clases movilizadas, por
recluta de quintas; pocas, es cierto, en el
primer año de guerra. La «Waffen-SS» sin poder
acoger a estos jóvenes había debido, pues,
recurrir a unos voluntarios demasiado viejos,
aunque estaban bien entrenados, de la
«Allgemeine SS» y a otros voluntarios demasiado
jóvenes de la «Hitlerjugend» y del
«Arbeitsdienst» (Servicio del Trabajo). Eso
evidentemente, no era lo más apropiado, ni
bastaba.
Uno
de los lugartenientes de HIMMLER, Gottlob BERGER,
tuvo entonces una idea cuya aplicación posterior
constituyó el primer paso hacia una
internacionalización geográfica de la
«Waffen-SS». Fuera de las fronteras de la Gran
Alemania, vivían innumerables «Volksdeutsche»
(alemanes de sangre, familia, origen y cultura),
que no eran ciudadanos del «Reich» y escapaban,
por lo tanto, al reclutamiento de la
«Wehrmacht»; así, limitándonos a territorios
europeos, las principales poblaciones de
«Volksdeutsche» estaban en Eslovaquia, en
Croacia, en Polonia, en Hungría, en los Países
Bálticos, en la Unión Soviética (donde
constituían la "República Autónoma de los
Alemanes del Volga"). ¿Por qué no
aceptarlos en la «Waffen-SS»?. No se iban, por
cierto, a oponer señalados jefes
nacionalsocialistas como Rudolf HESS, nacido en
Egipto, o Walter DARRE, nacido argentino, o
ROSEMBERG, «Volksdeutsche», de Reval. Así
nació la «SS-División Prinz Eugen», origen de
que, al final de la guerra, más de 300.000
«Volksdeutsche» habrán servido, al lado de
400.000 «Reichsdeutsche» (incluyendo en estos
últimos a los alsacianos, loreneses,
luxemburgueses, y tiroleses del Sur), en las
unidades del "Cuerpo Negro". Y
también, de más de 300.000 voluntarios que nada
tenían que ver con el «Deutschtum»; o sea, con
la "alemanidad", propiamente dicha.
La
incorporación de estos «Volksdeutsche» en la
«Waffen-SS» no quebraba aun el concepto
cultural de nacionalidad. Muchos de ellos, sin
embargo, pertenecían a grupos separados de la
"Madre Patria", desde hacía muchos
siglos y así hablaban dialectos que se
diferenciaban tanto del alemán moderno como se
diferenciaban el danés o el holandés... Había,
por otro lado, en el norte y el oeste de Europa,
pueblos que hablaban idiomas germánicos y que,
desde el punto de vista racial, eran mucho más
nórdicos que los alemanes bávaros o los
austriacos. De aquella gran «Waffen-SS» alemana
no se tardaría mucho -unos meses, no más-, en
pasar a la «Waffen-SS» germánica.
En
abril de 1940, y por tanto, algo antes aún de la
campaña de Francia, el «SS-Hauptamt» creará
el Regimiento «Nordland», al que afluyen
rápidamente numerosos voluntarios daneses y
noruegos, sin olvidar cientos de suecos, de
suizos, y hasta algunas decenas de británicos,
y, en mayo, el regimiento «Westland»,
constituido por holandeses y flamencos. No se
trata de "unidades nacionales". Sus
miembros no llevan unos distintivos especiales y
será alemán el idioma común de instrucción y
mando. En diciembre de 1940, por decisión y
orden personal de HITLER, estos voluntarios
germánicos son reagrupados ya junto con el
regimiento de alemanes «Germania» y un
batallón de voluntarios finlandeses, en el seno
de una nueva (siendo la quinta) división de
«Waffen-SS», que tomará por nombre propio el
de «SS Division Wiking» y queda bajo mando de
un alemán el «Brigadeführer» Felix STEINER.
Este conjunto tan diverso, será una de las
primeras unidades en entrar en Rusia, en junio de
1941 y llegará combatiendo al Comunismo, hasta
el Cáucaso.
Entre
tanto, con la declaración de guerra del
«Reich» alemán a la Unión Soviética, se ha
estimulado, enormemente, al Occidente y provocado
el aflujo de nuevos voluntarios germánicos, que
ahora se organizan en "legiones
nacionales": Así el «Frikorps Danmark»,
es creado por el gobierno real danés, y la
«Norske Legion» lo era por el noruego, la
«Legion Nederland» es holandesa, y la «Legion
Vlanderen» es flamenca. Todas combatirán
valerosamente en Rusia, bajo sus respectivas
banderas de origen y con mandos nacionales, pero
en el marco de la «Waffen-SS», hasta la
primavera de 1943. El «SS-Hauptamt» decidirá
entonces incorporar total y plenamente las
legiones germánicas en la «Waffen-SS».
Holandeses y flamencos forman brigadas de asalto
-«Nederland» y «Langemarck»- que pronto se
podrán convertir en divisiones, por afluencias
de voluntarios, mientras que el numeroso
regimiento escandinavo «Nordland» deberá
separarse de la división «Wiking» para
constituir una nueva, pero que conservará el
nombre de la unidad primitiva. Y, por su parte,
aquella primitiva «Wiking» absorberá al
batallón estonio «Narwa», y la brigada de
asalto «Wallonie». Por cierto, estos dos
cuerpos no son de gentes racialmente germánicas
-los estonios se expresan en un idioma propio
uroaltáico y los valones, en francés-, aunque
sí son gentes racialmente nórdicas, si
generalizamos el concepto. Además y por aquel
entonces, ya existe otro gran grupo, integrado
por franceses, la «Brigada de Asalto Francia».
En
el marco de la «Waffen-SS» nórdica, los
bálticos merecen una mención aparte. Las tres
naciones que constituyen los Países Bálticos
(Estonia, Lituania y Letonia), habían sido
conquistadas y convertidas al Catolicismo por los
Caballeros Teutónicos. Tras ello y a partir de
la Edad Media, sus principales ciudades -Riga,
Memel, Reval-, comerciaban activamente con los
puertos de la Liga Hanseática. Cuando fueron
anexionadas al Imperio Zarista quedaron sometidas
a un esfuerzo de influencia ortodoxa y rusa. La
nobleza local siguió siendo fiel a su vieja
cultura alemana, pero tampoco vaciló en
acoplarse al Imperio Ruso, y así suministrar
gran parte de sus cuadros civiles y militares.
Por el contrario, una mayoría de las poblaciones
autóctonas, resistirían con éxito esa
política de rusificación, conservando sus
idiomas nacionales y costumbres alemanas, así
como sus antiguas convicciones religiosas
católicas e incluso luteranas, pero siempre
ajenas a las ortodoxas de Rusia En 1919, después
de mantener duros combates con los bolcheviques,
constituyeron tres Estados soberanos, ajenos a la
Unión Soviética Las conquistas soviéticas de
1940 los eliminaron. Así, la entrada en la zona,
un año más tarde, de las tropas alemanas
(siempre muy cordiales con las poblaciones
autóctonas), tomó el aspecto de una auténtica
liberación, aun cuando Berlín, lejos de
restituir a los países bálticos su soberanía e
independencia anteriores, formaría con ellos el
territorio «Ostland», sin disimular en absoluto
como tenía el propósito de regermanizar y
desrusificar aquella región. Muchos voluntarios
bálticos afluyeron entusiasmados. Al batallón
estonio, ya preexistente, se agregaron
rápidamente dos divisiones letonas y una
estonia, con propios mandos nacionales. Su
conducta en el combate fue tan fiel y brillante
que los letones recibieron ocho "cruces de
caballero" (es la más alta condecoración
alemana) y los estonios cuatro, mientras los
demás voluntarios no alemanes totalizaban trece,
los holandeses cinco, los franceses tres, los
daneses dos, los valones dos y los flamencos una.
No
podemos, en estas breves páginas, contar las
campañas de las unidades germánicas de la
«Waffen-SS». Diremos solamente que todas dieron
pruebas de un heroísmo y una eficacia que, a
menudo, dejaban a los alemanes estupefactos. Del
Mar Báltico al Cáucaso, pasando por los
durísimos frentes de Leningrado y de Ucrania,
los voluntarios daneses, noruegos, holandeses y
flamencos, junto con sus camaradas de las
nacionalidades menos representadas, siempre
estuvieron en "la punta de lanza" del
combate... Y tampoco faltó quien juzgara que la
División «Nordland», en especial, resultaba
haber combatido con un fanatismo sin par.
LAS «WAFFEN-SS» ARIAS
Aquel
marco culturalista del Pangermanismo primitivo,
había sido ampliado, más que superado, con la
masiva incorporación del voluntariado germánico
en la «Waffen-SS». Ya que en realidad ¿no
procedían aquellas tribus germanas de un
territorio que abarcaba Dinamarca, el Sur de
Noruega y de Suecia y unas tierras alemanas
situadas inmediatamente al mediodía de
Escandinavia?. Además ¿no encontraba la
mitología germánica su máxima expresión en
«Eddas» islandesas?. Como diría el historiados
francés Jean MABIRE, este paso desde una
"Gran Alemania" a la "Gran
Germania", en el fondo constituía, más que
una concesión, un retorno a las fuentes. Los
científicos del «Ahnenerbe», el instituto de
la SS que, conforme con su nombre, se dedicaba a
realizar el estudio de la "herencia de los
antepasados" no iban a tardar mucho en hacer
excavaciones arqueológicas en la antigua ciudad
vikinga de Haithabu y tampoco a mandar a Francia
un equipo encargado de encontrar el auténtico
Grial precristiano. Los "nordicistas"
del Nacionalsocialismo, en primer lugar Alfredo
ROSEMBERG, veían colmadas sus aspiraciones. ¿Se
llegaría, por este camino, a coincidir con el
extremismo del explorador sueco Sven HEDIN que
quería excluir el territorio Sur de Alemania de
un futuro "Imperio Nórdico"?. Antes al
contrario: los valones pasaban a integrar la
«SS-Division Wiking».
Bélgica
es tan sólo un país artificial, para cuya
formación política incidió fundamentalmente,
la preocupación de Inglaterra para impedir que
Francia controlara el estuario del río Escalda.
Recortada en el mapa de Europa, artificialmente,
sólo en función de factores circunstanciales,
comprende las provincias flamencas (pero no a
todas, dado que parte de Flandes pertenece a
Francia), cuya población comparte con los
Países Bajos (que ahora llamamos impropiamente
Holanda), un idioma común y semejantes
tradiciones, y otras provincias valonas, de habla
y cultura francesas. De tal dualidad debían,
inevitablemente, nacer muchos conflictos. Tanto
más cuanto qué, hasta los años 20, el Estado
belga, y a pesar de tener una dinastía de origen
alemán, imponía ahí el francés como el idioma
administrativo y militar, hasta el punto que
Bruselas, ciudad históricamente flamenca se
afrancesó tan rápidamente que, hoy en día, y a
pesar de tener bilingüismo oficial, su
población se expresa exclusivamente en el idioma
de sus vecinos del Sur.
¿Como
superar una situación semejante?. ¿Separando
Flandes de Valonia?. Esa era la posición del
"V.N.V.", que pregonaba la unión con
Holanda tras realizar la separación, y del
Movimiento "De Vlag" que, tras ello,
buscaba la incorporación lisa y llana en el
«Reich». Por su parte, también, algunos
valones, y es una tendencia que existe aún, se
consideraban franceses y defendían tesis
Pangalistas, mientras que otros, expresándose
mediante el poderoso diario «Nation Belge», se
esforzaban desesperadamente, por mantener el
«statu quo». En ese marco político muy
confuso, había surgido el Movimiento
"REX", hacia 1925 y que iba a tomar
rápidamente, una extraordinaria importancia:
Estaba formado por estudiantes del tipo
"maurrasiano" y de Acción Católica.
Pronto se independizaría de la Iglesia y, con un
neto estilo fascista, se lanzaría a la acción,
llegándose incluso, a conseguir muchos escaños
en el parlamento. Su jefe, León DEGRELLE, no
pensaba en destruir Bélgica, sino en
federalizarla, en el mutuo respeto de los dos
pueblos que la componían. Luego, durante la
guerra, esa moderación dejó el lugar a un
sueño, cuyas raíces se perdían en un pasado
muy lejano: Una reconstitución del ducado de
Borgoña, con sus diecisiete provincias, que
abarcaban Flandes, Valonia y otros diversos
territorios del Norte de Francia. Algunos de los
colaboradores de DEGRELLE, y en especial algunos
franceses -los había-, irían aún más lejos:
Crear una gran Francia federativa, bajo la
conducción del jefe de "Rex". El mismo
DEGRELLE estando en París, proclamaría:
"Francia es una patria y demasiado vieja
para que hoy se la pueda despedazar. Borgoña no
pasa de un mito necesario".
Desencadenada
la "Operación Barbarroja" contra el
Comunismo el hasta entonces inactivo
"Rex", se adhiere a aquella
"Cruzada" y crea la «Legión
Wallonie»: es una unidad nacional, como tantas
otras y cuyos voluntarios llevan, en la manga, un
escudo con los colores de la bandera belga.
DEGRELLE se alista, como un soldado raso más, y
rehusando las estrellas de teniente que le ofrece
la «Wehrmacht». Ganará sus grados por méritos
de campaña y recibirá varias heridas en
innumerables combates cuerpo a cuerpo; los que
siempre buscan entablar los valones, en los
campos de batalla.
Aquella
"legión" tiene apenas los efectivos de
un batallón. Sin embargo, ya en el famoso primer
invierno de 1941, se destaca conservando durante
diez horas en su poder la indefendible aldea de
Gromowaja-Balka, y donde sólo debía permanecer
veinte minutos. Siendo adscrita, en 1942, a la 97
División de Montaña, participa en la gran
ofensiva que la lleva hasta el Cáucaso. La
derrota de Stalingrado determina su repliegue; le
quedan 300 supervivientes cuando sus restos
llegan al campo de Meseritz... Pero, ahora que
todo parece perdido, afluyen en gran cantidad
nuevos voluntarios y será Regimiento a fines de
1942. Después la "legión" pasa a la
«Waffen-SS» como brigada de asalto, en 1943.
Pronto se convierte en la «28 División de
Granaderos Blindados Wallonie» con la Cruz de
Borgoña como distintivo.
Todavía
constituye una brigada más de la «División
Wiking», en febrero de 1944, cuando se
destacará en un combate cuyos ecos sacuden
Alemania y toda Europa. Estando encargada de
proteger el repliegue del Grupo de Ejércitos de
Ucrania, esa división, junto con algunas
unidades alemanas, se encuentra rodeada por
enemigos en la Bolsa de Cherkasy. Mientras unos
pocos blindados restantes de la «Wiking» se
sacrifican para intentar bloquear -uno contra
diez-, el avance irresistible de los blindados
soviéticos, toda la infantería alemana trata
vanamente, en asaltos sucesivos, de abrir alguna
brecha en el cerco de fuego. Es en vano, hasta
que les toque el turno a los valones. En aquel
entonces es DEGRELLE con el grado de
"Sturmbannführer" (comandante mayor),
es el que dirige la brigada. Como siempre, en
combate, delega el mando en un oficial de menor
formación militar que la suya propia y toma un
fusil, cargando a la bayoneta, a la cabeza de sus
hombres... Los soviéticos, que no aguantan este
asalto valón, han de abrir sus filas, y por
aquella brecha que es ampliada, 50.000 hombres
consiguen así escapar de una trampa mortal.
Ya
titular de la Cruz de Hierro de primera clase,
DEGRELLE es llamado al cuartel general del
«Führer». HITLER, en persona, le condecora con
la Cruz de Caballero, con unas nobles palabras
consagratorias: "Si tuviera un hijo, me
gustaría que fuese como usted".
La
«SS-Division Wallonie» participaría en la
ofensiva de VON RUNSTEDT en las Ardenas; ya
luego, estará en los últimos combates de
Estonia y Pomerania. Separado de sus hombres, en
la desbandada final, DEGRELLE se repliega sobre
Dinamarca el 2 de mayo de 1945. Tras firmarse la
capitulación de Flensburg, logra conseguir salir
de Oslo, en el pequeño avión del ministro SPEER
y tras sobrevolar una Europa ocupada, logra
aterrizar en una playa de San Sebastian ya sin
gasolina. En un libro, aún inédito, el escritor
SAINT-LOUP relata algunas palabras pronunciadas
por HIMMLER "con una emoción insólita en
este hombre reservado y frío". En un
encuentro casual con el comandante de la
«División Wallonie», muy pocos días antes del
final de la guerra, le dijo: "DEGRELLE, Vd.,
va a sobrevivir ¡Lo sé!. El nacionalsocialismo
jamás capitulará, porque no es un movimiento
político sino una gran religión. Vd. quedará
para dar testimonio de ello. Pues, aunque ya con
nuestra derrota, la raza blanca estará amenazada
por todas partes; quedando los escogidos como
Vd., que permanece entre nosotros, y los demás
profetas que saldrán supervivientes de entre
nosotros, jamás estará perdida".
Si
hemos insistido en la epopeya de los voluntarios
valones, no ha sido simplemente por destacar esta
excepcional personalidad de su jefe (el que, en
una Europa nacionalsocialista, y sin duda,
habría desempeñado un papel fundamental), sino
también ante todo, porque en ella se evidencia
una etapa especial de esta evolución de la
«Waffen-SS». Ante su heroísmo, los
pangermanistas tuvieron que refrenar su mal humor
y reconocerlo. Es más, no faltaron los que
buscaron un cierto consuelo en lejanos recuerdos
históricos: "¡Claro, los valones habían
pertenecido antes al Sacro Imperio!" Pero,
no pudieron decir lo mismo de los franceses, por
ejemplo.
Por
cierto, burgundios, francos y godos eran germanos
y aún los galos, de cultura celta, eran tan
arios nórdicos como ellos. Pero la población
francesa actual también comprende a abundantes
alpinos -pero aún menos que la alemana, por lo
demás- y, como la población noruega, por
ejemplo, también a mediterráneos... Había sido
un francés, el conde GOBINEAU, quien había
puesto las bases históricas del arianismo y otro
francés, VACHER DE LAPOURGE, sus bases
antropológicas. Aunque sin embargo, muchos
dirigentes, por lo demás, intachables
nacionalsocialistas, tenían de sus vecinos
occidentales una visión deformada por el
resentimiento. Respecto del tema que nos
interesa, resultaban particularmente llamativas
las palabras del «Brigadeführer» alemán
KRUKENBERG, inspector de la División
«Charlemagne», tales como las recogió Jean
MABIRE.
HIMMLER
no conocía nada de Francia. Había viajado muy
poco. Creía que todos los franceses eran más o
menos unos mestizos. Un día, durante la
ocupación, fue a París. Circulaba en su
vehículo muy cerca de la acera y muy lentamente
para poder examinar a los parisienses de cerca...
Se mostraba sorprendido y hasta un tanto
escandalizado y repetía con asombro: "No es
posible... Muchos de aquí, podrían lo mismo
pasar por ser perfectos alemanes".
Pronto,
también, quedaría impresionado el
«SS-Reichsführer» ante tantas hazañas de la
"Legión de los Voluntarios Franceses",
constituida, como ya lo hemos dicho, apenas
declarada la guerra a la Unión Soviética, y
cuyos dos mil hombres llegarían durante el
famoso primer invierno, a estar a menos de 60 Km
de Moscú. La primitiva "L.V.F.", sin
embargo, había heredado muchas taras del
ejército francés de 1939/40. Su indisciplina
notable y su estilo "granuja",
indisponía a los alemanes, e incluso a muchos
jóvenes franceses que sinceramente buscaban
"una cosa diferente". De ahí que
HIMMLER, a principios de 1943, diera su
beneplácito para que se crease la
«SS-Sturmbrigade Frankreich». Realmente, dos
suizos del «SS-Hauptamt», el Dr. CONTI y el Dr.
RIEDWEG -este último es? nada menos que jefe de
la «Germanische Leitstelle» (Departamento
Germánico)-, habían sido los responsables de
tal apertura. El Dr. RIEDWEG no vacilaba en
proclamar: "¡Aquí, estamos a favor de una
Europa federal, no de la Gran Alemania. Dios
quiera que no se me entienda mal ni demasiado
tarde!".
Recién
en julio de 1944, después de un año de
entrenamiento feroz ("el sudor ahorra la
sangre") que incluía además clases de
«Weltanchauung» (Cosmovisión; Concepción del
Mundo), incorporado? operativamente, en la
«SS-División Horst Wessel», queda asignado el
primer batallón -de hecho, era más que un
batallón, por tener cuatro compañías-, de esta
brigada francesa de asalto, al frente de
Galitzia. Allí, después de ocho días de
combates desesperados sólo quedaban válidos 140
combatientes de sus 1.200 hombres. Sus oficiales
habían muerto en combate o estaban gravemente
heridos.
Replegados
en el campo de Wildflecken, en Franconia, donde
el segundo batallón de la brigada aún estaba en
instrucción, los sobrevivientes se encuentran
con un gran cambio. En efecto, será a fines de
julio, cuando el «SS-Hauptamt» decidió
reagrupar todo aquel voluntariado francés en una
gran unidad operativa, que muy pronto recibió el
nombre franco-alemán de: «330 Waffen-Grenadier
División des SS Charlemagne». De modo que esta
encuadraría todos los voluntarios franceses que
servían, hasta entonces, separados en la
"L.V.F.", en la brigada de asalto, en la
"S.K.", integrada en la
"Organización Todt" (unidades
militares de ingenieros), en la
"N.S.K.K." (transporte), la
«Kriegsmarine» (Marina de guerra), y en la
"FLAK" (artillería antiaérea), etc.
Además, a los dichos voluntarios, se agregarían
otros 2.000 franceses de las unidades permanentes
(«Franc-Garde») de la "Milicia
Francesa" y numerosos prisioneros de guerra
y trabajadores; los que por supuesto antes lo
habían solicitado voluntariamente, por supuesto,
y que serán examinados antes de seleccionarse.
El general PUAUD un brillante oficial de carrera
procedente de la Legión Extranjera, que antes
había sido comandante de la "L.V.F.",
se vio confiar por HIMMLER el mando de la nueva
división, que contaba ahora con un total de unos
10.000 hombres.
El
reclutamiento de aquella unidad es demasiado
heterogéneo en la procedencia de sus hombres,
para que su formación militar, e instrucción
política, resultase una tarea fácil. Y por
ejemplo los miembros veteranos de la
"L.V.F.", miraban a con un paternal
desdén a los "bisoños" de la Brigada,
a quienes, esos milicianos, un tanto patrioteros
al antiguo estilo, consideraban, con alguna
hostilidad, como "franco-boches".
También, los marineros estaban furiosos de haber
sido arrancados de sus navíos, y transformados
en infantes. Para colmo, existía una mutua
antipatía que reinaba entre DORIOT, jefe del
"Partido Popular Francés", el grupo a
que pertenecían muchos hombres de la
"L.V.F.", y DARLAND, jefe de la
"Milicia Francesa"..., y éso sin
hablarse de los demás "partidos
únicos" cuya proliferación se había
fomentado muy cuidadosamente desde la embajada
alemana, en París. Todo ello, repercutía en la
moral de los voluntarios. Asqueados de todo ello,
los auténticos SS de la Brigada de Asalto
desertaban por decenas para incluirse de
"contrabando" en la «SS División
Wallonie», y en los comandos de SKORZENY o en
otras unidades de la «Waffen-SS»: Una
deserción muy extraña, justo para incorporarse
directamente al frente...
Mal
instruida, insuficientemente encuadrada, y
desprovista de un buen material pesado
(artillería, cañones de asalto sobre orugas,
morteros blindados), que nunca llegará, la
«SS-División Charlemagne» resultaría enviada
a los duros combates del frente de Pomerania en
febrero de 1945. No nos corresponde aquí contar
sus muy heroicos combates. Limitémosnos a
mencionar sólo y como hecho de cierta
importancia simbólica que en Kolberg, a orillas
del Mar Báltico, un regimiento francés ha de
defender la ciudad contra un regimiento alemán
rojo y reclutado por los soviéticos entre los
prisioneros de Stalingrado. En la llanura de
Belgrado y a lo largo de un mes de combates sin
el mínimo descanso, toda la «SS Division
Charlemagne» fue prácticamente aniquilada.
Sólo unos centenares de sus hombres lograron
forzar el cerco tendido por los soviéticos y
cruzar el río Oder. Los 800 sobrevivientes
fueron reagrupados ya con legionarios españoles
en Neustrelitz,? desde donde 250 de ellos iban a
participar en la última defensa de Berlín. Pero
de eso hablaremos más adelante.
LA «WAFFEN-SS» PANEUROPEA
Alemanes,
franceses, escandinavos, españoles, holandeses,
italianos, etc., todos ellos, por encima de
tantas diferencias secundarias y de antagonismos
circunstanciales, participan aún de una misma
civilización y durante siglos integraron la
misma Cristiandad europea, sin hablar del Imperio
de Occidente. Así, aquel emperador alemán
Federico II "el Pajarero", se expresaba
casi exclusivamente en francés y usaba la
terminología militar alemana, que hasta hoy, es
casi enteramente española medieval. Y
regimientos alemanes servían en el ejército
francés, incluso hasta 1789. En la
«Waffen-SS», esos voluntarios de la
"Brigada de Asalto Francia" no
desentonarían prácticamente. La apertura del
"Cuerpo Negro" a musulmanes resultó
más sorprendente.
Hay
aún hoy, en los Balcanes, además de reducidos
núcleos de origen turco, algunas poblaciones
compactas, que practican, con indudable
fanatismo, desde tiempos de la ocupación otomana
la religión islámica, a la que quedaron
convertidas... Después de pertenecer durante
siglos al Imperio Austrohúngaro, aún con un
estatuto especial que respetaba su autonomía,
los bosniacos o bosnios habían resultado
absorbidos, en 1919, en el marco de una
Yugoslavia, tan artificial como sumamente
heterogénea, por los servios que eran sus
enemigos hereditarios. Cuando en 1941, Croacia,
que se encontraba en una idéntica situación,
recuperó su independencia, incluyó en sus
fronteras aquellas provincias musulmanas de
Bosnia y Herzegovina, sin consultar, por cierto,
a su población que no tenía por aquellos duros
católicos mucha más simpatía que por los
ortodoxos. El «Poglavnik» de Croacia, Ante
PAVELIC, que conocía muy bien el espíritu
díscolo de esos nuevos ciudadanos bosnios de
Croacia, se cuidó de evitarles la incorporación
a las filas del ejército regular croata, y desde
luego tampoco en la "Milicia Ustacha",
en la que, además, sólo podía ingresarse como
voluntario. La situación era la misma en
Albania, de población predominantemente
musulmana sincera; por lo que, su lealtad para
con Italia estaba sujeta a precaución.
Pero,
a principios de 1943, HIMMLER decidió aprovechar
el real estado de cosas para constituir las
divisiones musulmanas de la «Waffen-SS». La
medida respondía a una triple finalidad: contar
con intachables fuerzas fieles, propias de los
Balcanes y alrededores, y donde los aliados de
Alemania, salvo Croacia, ya mostraban algunas
claras señales de vacilación; el disponer en la
lucha antiguerrillera, de tropas muy fieles y
aguerridas que conocieran perfectamente el
terreno; y sobre todo, influir políticamente en
los países musulmanes, del Asia y del Africa.
Desde este último punto de vista, HIMMLER
contaría también con la poderosa ayuda del Gran
«Mufti» de Jerusalén, sabio y santo de gran?
influencia entre todos los fieles musulmanes: EL
HADJ AMIN EL HUSSEINI, que además fue figura
destacada y legendaria del Panislamismo (por
tanto, enemigo del Sionismo, Comunismo y
Capitalismo), y que había buscado refugio en el
«Reich».
Así
se constituyó, con encuadramiento como
«Volkdeutsche» musulmanes, de Croacia, y
procedentes de la «SS-Division Prinz Eugen», la
División de Montaña «Handschar»
("Cimitarra"). Esos hombres llevaban,
en el cuello de la guerrera, en lugar de las
runas nórdicas, una rueda solar y una cimitarra
y, en la manga, un escudo con la bandera croata.
En lugar de la gorra, emplean el fez musulmán,
de color rojo con el uniforme de paseo y gris con
el de campaña; pero tocados del águila
nacionalsocialista, y del símbolo de la calavera
SS, de modo que realmente no eran en su
heterodoxia formal nada heterodoxos
ideológicamente. Una pequeña división de
albaneses musulmanes, se constituyó luego, en
1944: la «Skanderbeg». También en 1944, y ante
la creciente afluencia de voluntarios musulmanes
a la «Handschar», se haría preciso crear otra
nueva división: la «SS Division Kama».
Después
de largos meses de instrucción en Auvernia,
donde la población apreciaba muy poco la
vecindad de esos "salvajes" cuyo
comportamiento chocaba mucho y hasta dejaba, a
veces algo que desear, los musulmanes volvieron a
su país, donde hasta el final, combatieron
heroica y eficazmente a los guerrilleros de TITO,
en una inenarrable lucha heroica, sin cuartel ni
piedad. Replegados en Austria, junto con
milicianos «ustaschi» y otros «Volkdeutsche»
de la División «Prinz Eugen», fueron
asesinados al fin cobardemente por los partisanos
comunistas, en Maribor, a orillas del Drave;
donde 50.000 cadáveres de esos musulmanes arios
y europeos yacen abandonados aún en una antigua
cantera.
No
por ser musulmanes, estos bosníacos dejan de ser
arios como tampoco otros por ser cristianos
tienen parentesco judío. Ambos no se diferencian
en absoluto, entre si y desde el punto de vista
estrictamente racial. Por tanto -o menos aún-,
de los de los católicos croatas que pertenecen,
en su inmensa mayoría a la subraza dinárica.
Hoy se ve como un tanto extraña aquella
incorporación en la «Waffen-SS». Pero, sin
duda, no carecía de cierta lógica; aunque, por
cierto, no se podía esperar de ellos una total
asimilación de la «Weltanschanung» del Cuerpo
Negro. Más delicado aún resultaría aquel
especial problema, planteado por los ciento
sesenta pueblos de la Unión Soviética.
Al
adelantarse el 22 de junio de 1941, por muy poco
tiempo, al ataque que preparaba desencadenar el
Ejército Rojo contra el «Reich», HITLER ya
había fijado su política futura con respecto al
gigantesco Imperio Ruso: sería desmembrado como
tal, rodeando el antiguo Gran Ducado de Moscú
con la multiplicidad de naciones independientes,
lógicas racialmente y más fáciles de
controlar. El Nacionalsocialismo se iba a oponer
al Comunismo; pero también el pangermanismo, al
paneslavismo de los zares y de STALIN.
Buena
parte de los prisioneros rusos se habían
entregado sin combatir, manifestaban un muy
sincero anticomunismo y en especial un
antisemitismo rabioso y por ésto, se ofrecían
como voluntarios para combatir a los
judeomarxistas. Muchos otros adoptarían justo la
misma actitud en los años venideros del
conflicto, y así hasta en los durísimos
últimos meses de guerra. A pesar de las reservas
de HITLER, la «Wehrmacht» empezó a incorporar
a algunos de ellos, como «Hilfswilliger»
("voluntario de ayuda"), y que, poco a
poco, pasaron de unos servicios auxiliares a las
unidades combatientes. Reagrupados en
"batallones nacionales", se legalizó
su existencia ya a finales de 1941, con el nombre
de "Östtruppen" ("Tropas del
Este"). Más de 500.000 hombres servirían
en esas unidades; y ésto sin hablar de los
300.000 voluntarios que reclutó la
«Luftwaffe», para sus instalaciones terrestres.
En
julio de 1942, un joven general del Ejército
Rojo, Andrei VLASOW, a quien el mismo José
"STALIN" había calificado
"Salvador de Moscú", cayó prisionero
y ofrece sus servicios a los alemanes. HITLER no
se fía apenas de él; e incluso menos aún
confía HIMMLER que nunca ha querido aceptar
rusos en la «Waffen-SS». VLASOW era,
indiscutiblemente, un gran anticomunista, pero no
por ello dejaba de ser un convencido
paneslavista; e incluso, hasta imperialista.
Eficaz aliado en la guerra, sería para Alemania,
un temible rival en la paz posterior a la
victoria. VLASOW consigue, sin embargo, que las
«Osttruppen» tomen el nombre de «Ruskaia
Osvoboditelnaia Armiia» ("Ejército Ruso de
Liberación"), y que en el uniforme sus
combatientes llevasen un escudo blanco bordeado
de rojo, con una cruz de San Andrés azul: los
colores de la Rusia Imperial. Llega a constituir,
en Datendorf, cerca de Berlín, un embrión de
Estado Mayor, con siete generales y sesenta
coroneles, todos rusos, pero sin un mando
efectivo sobre tropas que permanecen repartidas,
por batallones, en las unidades de la
«Wehrmacht». A finales de 1944, HIMMLER
autoriza a VLASOW, un tanto a regañadientes, a
formar dos divisiones bajo mando ruso,
exclusivamente, y que aun dependiendo de la
«Wehrmacht», estarían bajo control de la
«Waffen-SS». Estas unidades no llegarían a
combatir; contra los soviéticos al menos.
Incluso, en Praga, ya a principios de Mayo de
1945, el comandante de la segunda división,
general BUSCHARENKO, traiciona y se daría la
vuelta contra el sufrido regimiento SS que
defiende la ciudad. Pero también, como les pasó
a todos los voluntarios del "R.O.A.",
después sus hombres les serán entregados a los
soviéticos por los anglonorteamericanos; y
fusilados. El vive todavía en los Estados Unidos
donde goza de una pensión... HITLER e HIMMLER
tenían razón en desconfiar del Estado Mayor
panruso de VLASOW.
El
caso de los ucranianos era muy diferente. Los de
Galitzia nunca habían pertenecido al imperio
ruso; sino que, se integraban el imperio
austrohúngaro -y luego, tras Versalles, se les
integra dentro de las fronteras la nueva
Polonia-. Profesaban la religión católica de
rito eslabón. Los del Este, que más o menos
conformes en tiempos de los zares, habían
proclamado su total independencia en 1917, con
ayuda del ejército alemán; ya después los
soviéticos les habían hecho pagar sumamente
caro aquella secesión sin éxito. Además son
muy diferentes de los rusos. Con predomino del
biotipo alpino y un cierto aporte de sangre
mongol, son de raza diferente a la población
mayoritariamente eslava de Rusia; poseen un
idioma propio, con una literatura apreciable;
tienen una cultura propia, más antigua que la de
sus vecinos del Norte. No es extraño, pues, que
ambos grupos de ucranianos, cuando llegaron allí
los soldados alemanes, evidenciaran acogerlos
como a viejos amigos, que venían a librarlos no
ya sólo de la opresión comunista, por cierto,
sino? también del yugo eslavo, fuese polaco o
ruso. De aquí que HIMMLER no vacilase, ya en
1943, en crear la «SS-Division Galizien» y que
es nutrida por ucranianos, descendientes de los
del viejo entorno imperial austriaco. Resultó
destruida, a lo largo de tres semanas de
durísimos combates, en 1944, defendiendo su
propio suelo. Otra leva masiva de voluntarios,
permitirá su inmediata reconstrucción Pero
mientras los voluntarios sobraban ya faltaban los
armamentos para dotarles y, por ello, no pudo
volver al frente de combate.
En
cuanto a los ucranianos orientales y obligados
habitantes de la Unión Soviética, desde poco
después de la llegada de tropas alemanas y hasta
los finales de 1944, constituyeron el «Ukrainske
Vysvolve Viysko» ("Ejército Ucraniano de
Liberación") siempre con voluntarios, que
en número de 200.000 combatientes, utilizan como
distintivo propio el tridente de San Vladimir, y
se estructuraban formando batallones autónomos,
incorporados en distintas unidades alemanas;
aunque después, durante los últimos meses de la
guerra, todas estas unidades dispersas fueron
reagrupadas en el "Ejército Nacional
Ucraniano"; una de cuyas divisiones
combatirá en Austria y otra, en Bohemia-Moravia.
Muy
semejante a la de los ucranianos, aunque en menor
escala numérica, era la situación de los
naturales bielorusos o rutenos; una población
que estaba, otrora, dividida entre Rusia y
Austria. Ya en 1942 se reclutarán entre estos
rutenos, sesenta "Batallones de
Seguridad", para combatir a los partisanos y
hasta el Ejército Rojo. Después, en 1944, se
constituirán con los mejores elementos de esas
unidades, la «SS-Division Weissruthenien» y
donde también habrá encuadramiento parcial de
los «Volkdeutsche» de Bielorusia. Además se
les agregan, probablemente porque no se sabía
que hacer con ellos, los sobrevivientes del
"Ejército Popular de Liberación
Ruso", la milicia local constituida en la
región de Kursk y Orel, que por su heroica
conducta contra los partisanos, acababa de ser
convertida en Brigada de Asalto SS, pero con
distintivo especial: Será una Cruz de Malta con
dos sables en lugar de las runas. Esta unidad
había demostrado actuar con un ilógico
salvajismo extremo, durante la represión de la
sublevación de Varsovia y tras haberla abortado;
por salvajismo tal se la había disuelto y que
una corte marcial SS se había condenado a muerte
a su comandante, Bronislav KAMINSKI; fue
ejecutado de inmediato. El honor del "Cuerpo
Negro" no toleraba las atrocidades ni
perdonaba el saqueo jamás. Durante el otoño de
1944, la «Weissruthenien» combate, en Alsacia,
contra los norteamericanos y tiene tantísimas
bajas que se la disuelve.
La
«SS Kosaken Kavalleriekorps» merece una
mención especial, por cierto. Las comunidades
militares cosacas («voskoi») existían
diferenciadas desde el siglo XIII. Estaban
compuestas por siervos rebeldes, y siempre
lucharon contra los mongoles, los turcos, los
rusos y los polacos, según fuesen la época y
genero de agresores. Fueron cosacos los que
emprendieron la conquista de Siberia. Poco a
poco, los zares, respetando mucho los fueros de
esos indomables guerreros, consiguieron
convertirlos tanto en cuerpos de frontera como en
fuerzas de seguridad interior.
Ya
en 1942, numeroso escuadrones cosacos combatían,
pero sin cohesión entre sí y aisladamente, en
el seno de diversas unidades alemanas de la
«Wehrmacht». Helmuth VON PANNWITZ, condecorado
con la "Cruz de Caballero con Hojas de
Roble", al fin logra conseguir? convencer a
HITLER, sobre la conveniencia de que a todos
aquellos muy numerosos voluntarios cosacos se les
reagrupe en una adecuada gran unidad operativa
propia, respetándoseles así sus tradiciones y
sus métodos muy particulares de combate. De modo
que un año más tarde, en 1943, constituida esta
división especial, entra en liza como tal. Sus
voluntarios son todos cosacos, encuadrados bajo
sus propios oficiales cosacos (unos procedían de
los viejos ejércitos blancos, los otros del
ejército soviético); aunque también tenían
algunos oficiales alemanes, a los que VON
PANNWITZ había obligado a conocer bien y
acoplarse a las, para ellos, extrañas costumbres
cosacas. Llevaban un curioso uniforme, que es
medio cosaco, medio alemán. En 1944, esas
unidades intervinieron en Croacia y Servia,
limpiando de partisanos una amplia región.
Pero
en agosto del mismo año, HIMMLER convocó al
general VON PANNWITZ. Le ofreció transferir a la
«Waffen-SS» aquella División Cosaca a sus
ordenes; además ampliar su reclutamiento y crear
así un Cuerpo de Ejército. VON PANNWITZ aceptó
con gran alegría, pero no sin subrayar las
grandes dificultades existentes: los cosacos, por
cierto, son arios puros, pero no se puede ni
soñar imponerles la «Weltanschauung» de la SS;
al tener la suya propia que procede de una larga
tradición militar. Ante ésto, el
«Reichsführer» cree y decide, entonces, que
aquel cuerpo de caballería cosaco pasaría como
tal a integrarse en la «Waffen-SS», pero que
sus voluntarios no deberían pertenecer
individualmente a la Orden Negra. De forma que,
por ejemplo y según una costumbre cosaca, los
soldados deben ser acompañados por toda su
familia, aún en combate; de modo que, se les
destino y reagrupó en una «stanitsa» especial,
en el Norte de Italia.
La
sorprendente traición del almirante HORTHY
había abierto, en septiembre de 1944, una gran
brecha en el frente y por la cual el Ejército
Rojo había logrado penetrar hasta el Drave, sin
tener especiales dificultades, y estableciendo,
en Pitumaca, una cabeza de puente sólida que
debía permitirle conseguir el enlace con los
partisanos de Tito. Entonces fueron los cosacos
los que, atacando en su retaguardia a las felices
fuerzas soviéticas, las obligaron a abandonar
unas posiciones tan avanzadas, para deber cruzar
otra vez el río y regresar a sus bases de
partida. Es paradójicamente, esta acción cosaca
la que le permitirá a Tito consolidarse dentro
de Yugoslavia y luego conservar su independencia
frente a Moscú.
La
lucha proseguiría en Croacia hasta el 13 de mayo
de 1945, cuando los cosacos pasaron a Austria. Su
comandante VON PANNWITZ, que jamás los había
abandonado, además de ser «SS Gruppenführer»,
resultó elegido, por unanimidad de los delegados
de los «voskoi», tan sólo un mes antes, como
«Feldataman» ("Atamán General").
Pero allí y entregándose como prisioneros a los
ingleses, todos fueron entregados a los
soviéticos en un pueblo de nombre muy
simbólico: Judenburg. Unas semanas después, les
tocó el turno a las familias de la «stanitsa»:
más de cien mil mujeres, niños y ancianos
serán previamente trasladadas de Italia a
Austria. Ante su resistencia, sabiendo serían
también entregados a los soviéticos, los
ingleses lanzaron contra aquellas persona a la
Brigada Judía; dado que hay cosas que los
«gentlemen» británicos no hacen
personalmente...
Tan
sólo unos 300 cosacos consiguieron escapar a
duras penas cruzando la frontera del Principado
de Liechtenstein. Pero Suiza, tiene con este
principado un acuerdo de unión militar y
policial, y antes, ya había entregado a los
soviéticos los rusos refugiados en su
territorio. Entonces, quiso hacer lo mismo con
los cosacos. Pero, cuando ya gendarmes suizos se
presentaron en Vaduz buscando prenderlos y
llevárselos, no insistieron ante el nutrido y
fuerte cordón de montañeses, armados con
fusiles, que rodeaba y protegía al campamento de
estos asilados. Estos, gracias a la intervención
del general PERON, se trasladaron unos meses
después, a Argentina y establecieron una
«stanitsa» en Garin, en las puertas de Buenos
Aires, donde algunos de ellos, ya ancianos,
permanecen todavía.
LA «WAFFEN-SS» MULTIRRACIAL
Con la
incorporación en la «Waffen-SS» de tantos
voluntarios con lenguajes eslavos, parecía
terminada una evolución que había llevado a la
Orden Negra del nacionalismo gran alemán e,
incluso, el pangermanismo, a un paneuropeísmo
sin reserva. Evolución esta, que fue totalmente
completada, en el último año de la guerra, por
la formación no sólo de la brigada polaca -en
realidad, era menor que un regimiento-, algo en
verdad inconcebible unos meses antes, sino de las
unidades pertenecientes a los diversos países
aliados de Alemania, cuyos gobiernos habían
traicionado al Eje. Entonces, sus poblaciones,
quedan desconcertadas, y así, Rumania y Bulgaria
sólo pudieron constituir batallones, pues
además el Ejército Rojo ya ocupaba la totalidad
de sus respectivos territorios. Pero, los
italianos y los húngaros leales formaron
verdaderas divisiones.
El
caso de los húngaros revestirá una particular
importancia para nuestro análisis... Se trata,
en efecto, de un pueblo mongol y originalmente
asiático que, tanto durante su avance por
Europa, y sobre todo después de su asentamiento
en Hungría, se mezcló con elementos arios. Sin
renegar de sus orígenes ni tampoco renunciar a
su idioma uroaltáico, pero adoptando convencido
la fe católica, se adoptó rápidamente a su
contexto europeo, del que ya se mostró solidario
antes, al constituir la primera línea de defensa
contra los turcos invasores. Más tarde, ya
quedó integrado en el imperio austrohúngaro. A
pesar de demostrar ciertas propensiones, a veces
sangrientas, a romper su vínculo con aquella
Austria "de la doble monarquía",
luchó siempre fiel al lado de los austriacos en
todos los campos de batalla de la Europa central,
inclusive en la cruel Primera Guerra Mundial.
Siendo otra vez independiente desde 1919, pero
con un territorio seriamente reducido, esta
Hungría mutilada se colocó, casi
automáticamente, al lado del Eje y
"Reich" alemán cuando este emprendió
su cruzada anticomunista. Así, íntegramente y
como tal, su propio ejército nacional combatió
en Rusia. Sin embargo, ya en 1944 ante la
presuponible derrota de Eje, el regente húngaro
HORTHY, trataba de negociar en secreto una paz
separada con los aliados. Una operación de
comandos, dirigida por Skorzeny, permitió
reemplazarlo por el Mayor SZALASI que era jefe
responsable del movimiento nacionalsocialista
húngaro, denominado "Cruces
Flechadas". SZALASI empezó a reorganizar el
Ejército, con bastante eficacia, y de inmediato.
HIMMLER no tuvo que insistirle mucho para acordar
con él, el que permitiera a sus mejores tropas
se alistaran voluntariamente a disposición de la
«Waffen-SS». Así se formaron la «SS
Kavallerie Division Maria Theresia», que quedó
constituida fundamentalmente, por
«Volkdeutsche» de Hungría (pero en la cual se
incorporaron también algunos magiares). Además,
con húngaros, exclusivamente, se forman tres
Divisiones: «SS-Division Hunyadi»,
«SS-Division Gömbos» y una tercera división
sin nombre, ya que fue destruida completamente
defendiendo Budapest aún antes de haber recibido
un nombre. Las tres eran íntegramente húngaras;
o sea de SS húngaros y como las restantes de SS
todas combatieron igual, o sea, encarnizadamente
y fieles hasta el mismo final.
HIMMLER
no tuvo razones, por cierto, por las qué
lamentarse, sino al contrario, de haber aceptado
a tantísimos hombres de raza magiar en la
«Waffen-SS». Más al hacerlo, sin embargo,
había dado un paso más hacia la total
internacionalización del Cuerpo Negro. Muy
asimilados desde el triple punto de vista
religioso, político y en gran parte cultural,
los magiares no dejan por ello de estar
constituyendo, bien dentro de Europa, un conjunto
racial extraño.? Sin embargo al abrirles
francamente sus filas, la SS no renegaba, de su
racismo. Antes al contrario, lo proyectaba sobre
esas razas no arias, o no totalmente arias,
proclamando su plena legitimidad y
honorabilidad.?? Con todo y como, en general, los
húngaros quedan ya tan bien identificados con
misma Europa aria (tanto por su comportamiento,
como por el tipo físico de la mayor parte de
ellos), apenas nadie o muy pocos, aún en la
«Waffen-SS», se dieron cuenta entonces que
significaba y trascendencia quedaba encerrada en
su libre entrada dentro de la Orden Negra. Saltó
a la vista y resultó evidente que se operaban
cambios trascendentales dentro del
«SS-Hauptamt», con el caso de los caucasianos.
Cuando
los voluntarios germánicos y valones de la
«División Wiking» alcanzaron, en 1942 la
cadena montañosa que separa Europa del Asia
Menor, ya sabían todos ellos que se iban a
encontrar con muchas poblaciones heterogéneas,
que sólo tenían en común su afán de
independencia nacional y su odio sincero al
Comunismo; algunas de las cuales, y aún desde
tiempos anteriores a que llegasen allí las
tropas del Eje europeas, ya habían iniciado
hostilidades tipo guerrilla contra tropas
soviéticas. De inmediato, las autoridades
alemanas reconocieron o constituyeron allí, los
gobiernos locales correspondientes y conformaron
unidades nacionales de voluntarios pero que
siendo de diferentes etnias eran unidades
independientes entre sí y sólo se relacionaban
a través de una común dependencia? de la
«Wehrmacht»: Así la «Legión Georgian» de
gentes georgianas, la «Legión Armenien» con
los armenios, otra «Legión Aserbaischan» sólo
con aserbayanos, o una «Legión Nordkaukasien»
con naturales del norte del Cáucaso y la
«Legión Turkistan» con hombres propios del
Turkestán ruso. Después a cada una de ellas se
les agregaron, cuando no las habían precedido,
unidades que agrupaban a diversos prisioneros de
guerra y desertores del Ejército Rojo, que
también pertenecen a dichas poblaciones; e
incluso, a otras minorías como los tártaros de
Crimea, los tártaros del Volga, los Kalmucos,
con otros más. Entre esos voluntarios, los
había del todo arios, como los georgianos y los
circasianos; pero también turanios, como los
armenios; o turcos, como los uzbekos y los
turkmanos; o mongoles, como los tártaros y los
kalmucos. Los había cristianos ortodoxos, como
los georgianos; cristianos monofisistas -como los
armenios-; y musulmanes, como los circasianos,
los turkmanos y los tártaros; e incluso,
budistas, como los kalmucos.
Todas
esas unidades constituían, por cierto, con sus
150.000 voluntarios, un aporte humano en nada
despreciable desde el punto de vista militar, de
apoyo aún después del repliegue alemán. Pero
su importancia política era aún mucho mayor,
pues se testimoniaba la intención del
«Führer» de respetar el particularismo de
tantos pueblos, no arios. Cuando la Orden Negra
tomó el control de todos los voluntarios, no
hizo ninguna excepción con aquellos asiáticos
e, inclusive, constituyó, sólo con los
caucasianos musulmanes una gran unidad, la
«Ostürkishe Waffenverband der SS»
("Unidad armada de las SS de turcos
orientales"). No era ya por abuso de
lenguaje que la revista «Signal»
("Señal"), publicara en varios
idiomas... También la «Berliner Illustrierte
Zeitung», decía de los tártaros del Volga:
"Se han plegado a las ideas racistas de
nuestro tiempo y toman parte, con las armas en la
mano, en esta lucha emprendida por los derechos
de su pueblo".
También
pasaron a la «Waffen-SS» todos los 5.000
voluntarios de la «Legión Hindú». Fueron
reclutados por la «Wehrmacht», todos los
voluntarios entre los prisioneros de guerra
británicos hechos en Francia, durante 1940. Esta
vez se trataba, en su mayor parte, de mestizos
más o menos negroides. La formación de aquella
unidad había respondido, evidentemente, a unas
intenciones, bien claras, del «O.K.W.»
("Estado Mayor del Ejército"):
pretendía utilizarla, no sólo como eficaz
instrumento de propaganda, sino militarmente, en
su adecuado momento... Es decir, en el caso de
que el Ejército Alemán y una vez forzadas ya
las barrerás del Ural y del Cáucaso, hubiera
penetrado en Asia, y alcanzado las fronteras de
la India, esta «Legión Hindú» resultaría ser
la más eficaz "punta de lanza" para
las tropas del Eje. Pero, por otra parte, cuando
ya en 1944, hacía tiempo que tal posibilidad se
había desvanecido, ocurre con la «Legión
Hindú» un fenómeno trascendental. Al
incorporar en sus filas a los voluntarios
asiáticos -los armenios, turcos, mongoles e
incluso, hindúes-, la «Waffen-SS», lejos de
renegar de su sabia doctrina racista, se limitaba
así y por el contrario, a aplicarla hasta sus
últimas -y lógicas-, consecuencias.
EUROPA EN BERLIN
25 de abril de 1945. El
"Ejército de Ucrania", bajo el mando
del mariscal KONIEV, progresa directo hacia
Berlín; sus blindados ya están en Postdam.
Además el "Ejército de Bielorusia",
al mando del mariscal ZHUKOV, alcanza
Oranienburg. La capital del «Reich», que la
artillería pesada de ZIULIKIN bombardea sin
descanso desde hace tres días, está ya rodeada.
En el «Bunker» de la Cancillería bajo las
ruinas, el «Führer» esperaba aún la llegada
del ejército de WENCK; una llegada imposible,
por haber sido ya destruido. Más sobre todo,
esperaba ver los efectos de la caída sobre Nueva
York de las tres bombas atómicas que tres
extraños aparatos especiales portaban. Están
aguardando totalmente dispuestos día y noche,
con los motores calientes y toda la tripulación
dispuesta ya a bordo, en el aeródromo de Oslo, a
recibir una orden concreta de despegue para
partir. Pero esta orden del «Führer» nunca les
llegará allí. De forma que, aquellos aparatos
nunca volaron hasta Nueva York...? El piloto de
uno de aquellos aparatos fue quien condujo,
después, a DEGRELLE hasta España; escapándose
así, con él desde Oslo. Pero después, se
separaron y desde 1948 reside en Argentina.
En
la ciudad medio derruida, la población sigue
desempeñando "normalmente" todas sus
tareas habituales. De repente una pequeña
columna de camiones, precedida por un
"Mercedes" gris convertible da la
vuelta en la «Belle Alliance Platz» y remonta,
en dirección a la Cancillería, la
«Wilhelmstrasse». Los vehículos van colmados
de alegres soldados. Uniformes impecables, armas
relucientes. Los transeúntes se detienen.
¿Serán del Ejército de Wenck?. ¿Pero que
cantarán estos SS?. La música les resulta
familiar; las palabras, incomprensibles:
-
«Nous détruirons le monde ancien a la fuer de
tes yeux, Erika». ("Destruiremos el mundo
antiguo con fuego de tus ojos, Erika".)
¡Son
franceses!. Muchas ventanas se abren y también
la gente sale a la calle. Allí, forman una aún
esperanzada muchedumbre que aclama a los
voluntarios de la «Division Charlemagne», que
llegan para defender Berlín.
En
Neustrelitz, se había reagrupado a los 800
sobrevivientes de la batalla de Pomerania,
gracias al «Brigadeführer» KRUKENBERG que era
el inspector de la división y que, de hecho, era
entonces también su comandante desde la muerte
en combate del gran general PUAUD. Se esperaba a
los 1.000 voluntarios que se encontraban aún en
el campo de instrucción de Wildflecken, en
Franconia; los que, sobrepasados por el avance
norteamericano, hubieron de replegarse sobre
Baviera, luchando muy duramente, hasta el 8 de
mayo, contra el ejército aliado, bajo mando de
EISENHOWER. Nombrado comandante de la
«SS-Division Nordland», KRUKENBERG había
decidido, el mismo 23 de abril, llevarse consigo
también a los 300 hombres franceses con algunos
españoles de la «SS Division Charlemagne». No
dispone de vehículos ni de armamento para más;
constituyendo un "Batallón de choque",
al mando del capitán FERNET. Luego, dos camiones
iban a extraviarse en el camino y sólo 250
hombres, por fin, entrarían en la capital
sitiada.
Berlín
estaba indefensa. De las unidades alemanas que
habían tenido que ceder terreno metro por metro,
ante aquella gigantesca presión soviética, unas
pocas -las menos-, se habían atrincherado en
posiciones estratégicas en sus afueras. Pero
otras muchas -las más-, refluían más o menos
en buen orden dentro de la desbandada, hacia el
Oeste, para no caer en manos de los
soviéticos... O sea, en la ciudad sólo
permanecían los pocos restos de algunas grandes
unidades destruidas, antes, en las sangrientas
batallas del Norte Las «SS-Division Nederland»,
«SS-Division Lettland», «SS-Division 30
Januar» y «SS-Division Nordland»; o sea,
mezclados holandeses, letones, alemanes,
noruegos, daneses, etc. Muy pocos meses antes,
con sus efectivos al completo, estas cuatro
divisiones agruparían a 80.000 voluntarios. Les
quedaban ahora ya, en total, unos 3.000
combatientes, entre los cuales, los escandinavos
constituían allí el grupo más numeroso. Fuera
de esto, algunas baterías, agrupadas en el
Tiergarten y unos pocos blindados... A las tropas
regulares se agregaban oficinistas de la marina y
la aviación con muchachos y muchachas de la
«Hitlerjugend» y auxiliares de la
«Volkssturm», reclutados entre personas
voluntarias que la «Wehrmacht», sea por su edad
o su estado físico no había aceptado en sus
filas. Gentes todas mal armadas y apenas sin
entrenamiento, auténticos inútiles desde el
punto de vista operativo, a pesar de que
demostraban una valentía a veces extraordinaria.
Militarmente
hablando, la defensa de Berlín no tenía sentido
alguno, salvo para aquellos que esperaban
facilitar así, llegasen también los
norteamericanos y evitar prepotencias
soviéticas. Era algo fundamental, por el
contrario; pero, desde el punto de vista
político, puesto que el «Führer» se había
negado a abandonar esta ciudad, debido a creer
que, o bien unas armas secretas obligarían a los
Estados Unidos a detener a sus tropas y a
suspender así sus envíos de material a Rusia (y
entonces el ejército europeo parece no tendría
mayores dificultades en derrotar a los
soviéticos...); o bien aunque todo estaba
perdido en lo inmediato, el combate por Berlín
ya constituiría el punto de partida simbólica
de un futuro renacer. HITLER no sabía aún al
tomar su decisión, que el símbolo
"Berlin" iba a adquirir su plena
dimensión histórica por la lucha encarnizada de
las unidades no alemanas de la «Waffen-SS».
Cuando
llegan aquellos SS, el 25 de abril, ya los
soviéticos ocupaban todos los suburbios y
comenzaban a avanzar rápidos hacia la
Cancillería. Pues realmente, para ellos también
Berlín carecía de importancia militar. Lo que
buscaban era apoderarse del propio «Führer»,
por un lado, y, por otro, proclamar justo el 1º
de mayo la caída de la capital del «Reich». El
«Brigadeführer» KRUKENBERG lo entendía
perfectamente. Y por ésto concentró sus tropas
-menos de 1.000 hombres, restos de la
«Nordland» y de la «Charlemagne»-, frente a
las unidades rusas más cercanas a aquellas
ruinas debajo de las cuales se hallaba el
«Führersbunker».
Cómo
sólo un puñado de voluntarios consiguió
detener durante 8 días a todo un victorioso y
potente ejército soviético, es algo maravilloso
que pertenece a la historia. Combaten calle por
calle y casa por casa; aunque apoyados en un
primer momento por algunos blindados, luego sólo
podrían utilizar a sus «Sturmgewehr» (fusil de
asalto automático) y sus «Panzerfaust» (puño
blindado). Y así, acaba abril y comienza mayo,
superándose unos días cruciales, que impiden la
victoria soviética, en Berlin, aquel
significativo día del 1º de mayo. Aquellos SS,
franceses y escandinavos casi todos, lucharon
como verdaderos demonios hasta desaparecer de la
escena, sumergidos por los rojos, aunque justo
recién pasado el 1 de mayo de 1945.
Algunos
días más tarde la demoplutocracia y el marxismo
iban ya a ganar una segunda guerra mundial, sólo
militarmente. Aunque, en Berlín, la
«Waffen-SS» había echado ya, las bases de su
futura victoria, raíces de una Europa unida y
libre. Pronto, sobre aquel Suelo regado por la
Sangre de sus héroes y sus mártires, volverán
a alzarse, elevadas por las generaciones
venideras, de nuevo esas sus banderas negras con
runas de plata y volverán a proclamar así su
razón de vivir y de morir:
MI HONOR SE LLAMA FIDELIDAD.
A
lo largo de los dos ficheros EURSSEA1 y EURSSEA2
tenemos una visión total del texto
SSEUROPEA.TGG; o sea, de ese escrito que
realizará, mucho después del final de la 2ª
Guerra Mundial, nuestro erudito y documentado por
Erik ARNALD, y titula "LAS SS
EUROPEAS". Se lo debemos agradecer todos, y
será fácil hacerlo; simplemente tras valorar
debidamente los valiosos datos que nos da, frutos
no de recuerdos directos, sino de su meritoria
labor de "revisión histórica" (así,
hemos de denominar hoy al clásico "decir la
verdad"). También y en justicia, todos los
que puedan leer este texto de difusión gratuita,
deben agradecer y valorar el esfuerzo de esa
especie de SS de hoy día, que son tantísimos
camaradas y amigos (CyAs) desinteresados
traductores, picadores y difusores de los
mismos... Que sepamos, nadie nos/les sufraga sus
gastos, abona dinero por el tiempo empleado, ni
les protege ante las posibles consecuencias -si
descuidan mantener una gran discreción en su
labor-, por su "delito" de ejercer su
libertad de opinión (que, tan sólo en teoría,
"sobre el papel", conceden tantas
"democráticas" Cartas Magnas y
Constituciones al uso por el mundo). Son sólo un
puñado de personas con criterio y óptima
voluntad, de toda edad, sexo y condición, a los
que hoy debemos poder llegar a conocer Verdades
que nos ocultan interesadamente los vencedores de
la Guerra Mundial, por basar en ellas poderes que
esclavizan a todos los pueblos del mundo. Un
puñado de esos trabajadores, que permanecerán
anónimos para siempre, son ahora los que impiden
que la Luz se apague y sólo así podrán
vencerse luego a la Tiniebla. Por ello, en otros
tiempos y con armas muy diferentes, pero con el
mismo espíritu heróico, son actuales SS.