LIBRO:
CONTRIBUCION
A UNA ETICA RACISTA
De René
Binet
Libro editado en 1980 por:
Ediciones WOTÁN
Apartado de Correos 14.010 Barcelona
Traducción de Víctor Pizarro
ISBN 84-85156-68-4
Dep. legal M32674- 1980
Impreso en España
INDICE
PROLOGO
DEL TRADUCTOR
PREFACIO
NOTAS
BIOGRAFICAS
CREACION
DEL HOMBRE NUEVO
SOCIALISMO
Y RACISMO
EL
PENSAMIENTO DEL HOMBRE NUEVO
EL
RACISTA Y SU PUEBLO
EL
RACISTA Y SU PARTIDO
EL
RACISTA Y LA LIBERTAD
EL
RACISTA Y LA MORAL
EL
PARTIDO Y SU PROGRAMA
UN
RENACIMIENTO PERSONAL Y EL PARTIDO
UNA
ULTIMA PALABRA
Cuando en julio de 1978, y días después de la
adquisición y lectura de esta brillante obra, me propuse traducirla al
castellano, no pensé que una fatal coincidencia iba a establecerse entre mi
modesto trabajo y la existencia de una persona íntimamente relacionada con la
misma.
Así, cuando el libro empezaba a rebasar los límites
idiomáticos, y mientras era animado por el Profesor Amaudruz para continuar en
el cumplimiento de mi deber de revolucionario y socialistanacional la Señora
Marie Binet, viuda del autor de “CONTRIBUCI0N A UNA ETICA RACISTA”, vivía
sus últimos días en la Francia por la que su marido vivió y luchó para
transformar.
Sea esta versión castellana un postrer homenaje la esposa en vida del ideólogo y militante René Binet, quien, no obstante la desaparición física de su marido, continuó siempre en la propaganda entusiasta de sus: ideales. Hoy, que el destino le aparté de nuestro lado, nos corresponde seguir manteniendo izada la Bandera de nuestra Dignidad y Civilización
Es por ello que las juventudes de habla hispana,
tanto de Europa como de ultramar, deberán leer y estudiar esta obra con ahínco
sincero, único medio de comprender y ampliar el caudal de sus conocimientos, la
grandeza de su ideal y la defensa de su Raza.
PREFACIO
Como resultado de una propuesta del Movimiento Céltico
en Barcelona, en 1,969, la X Asamblea del NOE (Nuevo Orden Europeo) decidió la
creación del Instituto Superior de Ciencias Psicosomáticas, Biológicas y
Raciales. Este Instituto, que ya ha publicado varias obras para la defensa de la
Raza, debía editar una obra póstuma de René Binet, quien en 1951 fue uno de
los cinco miembros fundadores del Nuevo Orden Europeo.
A pesar de haber transcurrido más de 30 años desde
que este libro fue escrito, su contenido no ha sido sobrepasado por la
investigación científica ni por los acontecimientos políticos ocurridos desde
entonces.
“Contribución a una Etica Racista“ puede decirse
que está en la vanguardia del pensamiento racista y que, precisamente, hoy más
que nunca abre nuevos e inmensos horizontes á quienes deseen rescatar a nuestra
Europa (en su significado étnico y no sólo geográfico) de la decadencia y
encaminarla por el camino de la ascensión biológica.
René Binet muestra, en efecto, que el Socialismo auténtico
no es marxista; demuestra, además, que ese socialismo estaría condenado a la
descomposición si se desvincula de sus raíces populares, es decir, de la Raza
que le da justificación y vida. Sólo el Racismo conquistará la unidad deseada
por el Movimiento Socialista, porque el verdadero Socialismo no es más que la
consecuencia lógica de la defensa de la Raza.
En momentos tan dramáticos como los actuales, en los
que el término Socialismo está secuestrado y desnaturalizado por los
manipuladores sionistas ( no en vano, el marxismo y el capitalismo financiero,
aliados, ganaron la guerra 19391945), la presente obra de Binet aporta
soluciones y clarifica las ideas al confundido hombre de hoy; a todo
hombre preocupado. por el porvenir de Europa y de su Civilización.
René Binet nos habla como si en realidad estuviera
todavía expectante ante la realidad angustiosa de este final del siglo XX que
ya vivimos. En realidad, su mensaje es eterno como la Raza. Por eso, este libro
lo leeremos y lo releeremos forzando nuestra reflexión, y nuestra acción.
René Binet murió físicamente; pero el espíritu de
la Raza habla, a través de su obra, sobre todo a los jóvenes que están
dispuestos a dar su vida incluso por algo que vale más: la Raza, el destino
glorioso de Europa.
Esta meta y este camino sólo es posible - según
Binet - mediante la edificación de un partido nuevo, de estilo
Nacional-Revolucionario y, evidentemente,
Racista y Socialista.
El lector juzgará por si mismo y comprenderá quizá,
por qué un entusiasta militante del Partido Comunista, encontró la revelación
del Socialismo nacional, o mejor, del Socialracismo
Aunque la masa está acostumbrada a poner sobre cada
uno la etiqueta precisa que le clasifica dentro de las categorías políticas
existentes parece difícil admitir que un hombre, un grupo de hombres o un
partido, rechace entrar en esta clasificación tan simplista y a la vez se
proclame mandatario y representante de todo un pueblo o de toda una Raza. En
seguida las gente de la chusma se sienten molestos frente a tal
hombre o a tal Movimiento; ensayan vestirlo con una etiqueta de derechas o de
izquierdas, condenándole como de izquierdas o de derechas, alternativamente,
sin saber que él no es ni lo uno ni lo otro porque, sobrepasando a ambos, lucha
por unir a ambos campos en el marco del Pueblo y de la Raza. Esa es nuestra
posición política y del que esto escribe
A veces, el desarrollo inesperado y brutal de la
situación política puede ser el origen de esta superación de puntos de vista,
de esta ampliación. Pero a menudo el estudio perseverante y metódico es el que
obliga a tomar, una posición nueva que, de conclusión en conclusión,
inevitablemente llega a conocer como la más justa y veraz.
Condenado desde l.936 como ”fascista” por
comunistas y socialistas, es decir, por los marxistas, fui, asimismo, condenado,
por “comunista" por los Tribunales, en l939 y perseguido como comunizante
por los Jefes de la Brigada S.S. en 1944/45 Finalmente, perseguido como nazi por
el Gobierno Francés en los años 1946/47. Esto no es sino la consecuencia de
cierta continuidad política que no aceptando a ninguno de los bandos en lucha,
tuvo que alzarse contra su alternativa dominación
No pretendo explicar mi posición a aquellos que jamás
han entendido nada de política. No pretendo justificarme ante los que la
desesperada situación de Occidente no logra hacer salir de su torpeza.
Llegué a las Juventudes Comunistas porque creí, a
mis 17 años, que sólo ellos ofrecían un programa preciso de unión del pueblo
sobre una base de disciplina y de acción social.
Que yo me haya equivocado al confundir marxismo con
socialismo no aporta nada al tema. Yo deseaba una unidad del pueblo francés a
través de mí socialismo centralizador. No obstante, la negativa del Komitern
bajo su sección francesa, el Partido Comunista, Francés, —declaraba que eso
era imposible a pesar de la lucha encabezada por los Doriots, los Barbé, los
Celor, etc. Desde 1928 había una oposición seria entre la línea llamada de
los “rusos” y la tendiente a la unificación de las tres clases, estallando
el primer enfrentamiento entre 1933 y 1934, siguiendo posteriormente por toda
Francia. La controversia terminaría para mi, con la expulsión del Partido el
20 de junio de 1934. También Doriot y Barbé serian expulsados posteriormente.
En. 1936 escribía que lo que nos preocupaba como
socialistas era defender a Francia y no a Rusia, con motivo de la amenaza de
guerra que se veía venir.
En 1939 publiqué un manifiesto en el que declaraba
que la guerra era reaccionaria y que Francia y - Alemania debían oponerse a la
misma, porque no representaba los intereses del Pueblo Francés ni tampoco- del
Alemán.
Vino la “guerra relámpago de 1940. Después el
cautiverio. Completamente separado y desconectado de mis camaradas que la guerra
dispersó, me encontré inmerso en medio de los hombres del pueblo, venidos de
todas las ideas políticas, las discusiones comenzaron pronto. Así, perdido en
el fondo de un Komando de disciplina, entre Peine y Hannover, después de tres
meses de prisión, después de tres evasiones frustradas,
en las horas de ocio que me quedaban tras cavar
durante todo el día, me propuse redactar un “Programa”.
Desde el principio lo enfoqué como socialista
unitario y francés. Después algunos, pasada la guerra y una vez publicado, han
querido encontrar en él la influencia del ambiente en que vivía. Pero aquellos
que han vivido la dureza del Komando de disciplina, el aislamiento de la
cautividad aumentado por el aislamiento de una guardia de refuerzo, sonreirán
conmigo. Durante esos tres años de prisionero en Alemania no había tenido más
de dos horas de conversación con algún alemán, no había leído un solo
diario de ellos y, en definitiva, el contacto con Alemania había sido a través
de la culata de un fusil.
Si algo había influido en mí al redactar el
programa era la presencia de los obreros y campesinos franceses que habían
convivido conmigo durante tantos meses.
Por lo tanto, este programa no ha sido sino la síntesis,
la conclusión de todas las conversaciones, explicaciones y discusiones que he
tenido con las más amplias capas de campesinos y obreros franceses, que me han
seguido a través de los 14 Komandos de disciplina en que permanecí cautivo,
como consecuencia de mi actitud firmemente francesa.
Programa que representa las aspiraciones profundas
del pueblo socialista que considera que el socialismo debe ser para todas las
clases y que su unidad no puede hacerse sino Nación por Nación y Raza por
Raza. No es una posición teórica más, sino la voluntad misma del pueblo.
RENE BINET
El Racismo, tanto como concepción particular del
mundo, como nacimiento de una nueva doctrina política y social, aporta,
indudablemente, un importante mensaje al hombre al hombre europeo; aunque éste
no lo perciba claramente, el fermento de un nuevo mundo ha sido lanzado. El
Racismo puede enfrentarse a una oposición seria, a una incomprensión momentánea
sin embargo, tarde o temprano será entendido.
Sin duda el hombre europeo parece tender más a su
propia degeneración que a su progreso; parece orgulloso de su decrepitud racial
de su decadencia, ante el hecho de que el Racismo está destinado a procurar una
nueva especie de hombre blanco en la medida en que esta Selección pueda
liberarle de un mundo que él rechaza, sin saberlo y afectado por su propia
vanidad intenta alzarse contra Ia curación de su salud y la de su pueblo.
Se trata de galvanizar las “fuerzas que aun
subsisten en nuestra sangre, de volver a traer, hoy; los vestigios de una
antigua nobleza racial que caracterizó a la cultura y al hombre europeo. Es el
intento de apresurar el nacimiento y advenimiento de un individuo más fuerte y
más completo que haga estallar los límites de una sociedad mezquina y de un
mundo sin perspectivas.
Frente al último hombre de la decadencia, procurar
el nacimiento del primer hombre de un mundo nuevo, del Orden Nuevo digno de una
filosofía y de una ética apropiada al nivel de conocimiento de nuestra época.
Ese es el mensaje y el objeto de nuestro Racismo.
El racismo es, al mismo tiempo; la negación más
total y la afirmación más completa. Frente a la desesperación y el
envilecimiento que la mezcla de sangres y la influencia de filosofías asiáticas
o africanas producen en el hombre europeo, el Racismo busca despertar la
confianza y la fe en el hombre que viene.
Debe, para ser él mismo, oponerse desde el principio
a todos aquéllos que vueltos hacia el pasado, hacia sus métodos y valores
caducos, ven la edad de oro detrás
y no delante de sí; debe oponerse a todo desorden, a
todo caos, a la insuficiencia de las sociedades actuales que heredan
conocimientos y técnicas de las que no son dignas y de las que no saben hacer
buen uso.
Nuestro mensaje utiliza aún ciertas palabras del
hombre de ayer, en la medida en que los valores nuevos, aun en gestación, no
han creado todavía su propio lenguaje. Desde ahora, por lo tanto, las antiguas
palabras se llenan para nosotros de una sustancia nueva. Es así como la voz de
la Raza que comienza a balbucear sus primeras palabras debe ser despertada cada
vez mas rotundamente.
Se puede esperar, por otra parte, que el orgullo
inmenso de gestar y de ver nacer al hombre de la nueva era, pueda en muchos,
sofocar el pequeño egoísmo, la estrecha sed de alegrías inmediatas, la voz de
la raza en decadencia que yace y subsiste en cada uno.
La primera selección racial que crea el Partido
Revolucionario, la expresión de su meta la forma de su combate, prefiguran
desde ahora la nueva Raza. Su mensaje no es recibido sino por aquellos que
dentro de su carne y de su espíritu están prestos a recibirlo. Este ha nacido
de su propio movimiento, de su voluntad y de su representación del mundo nuevo.
Nosotros agregaremos que el mensaje no es un dogma
inmutable, sino una figura animada, siempre incompleto, siempre en
devenir, viviente, marchando como y con el hombre combativo y creador que lo
concibe. Es por lo que el Partido, como expresión más completa, como síntesis
del hombre de ayer y de hoy, debe llegar a ser a la vez heredero y juez del
pasado, creador y legislador del porvenir
En cada época los hombres-masa rechazan una perfección
nueva para unirse a aquello que ha sido la perfección en el pasado. Pero, en
cada época, el Partido Revolucionario y la minoritaria élite que expresa su
mensaje, suscitan una serie de combates en el individuo y en la sociedad.
Deseamos que nuestro partido permanezca siempre joven para desencadenar
constantemente esta lucha interna y de sí contra todos; no como lo desearían
las morales y .las religiones negativas para reprimir las aspiraciones
instintivas y profundas del hombre, sino, por el contrario, con objeto de
exaltarla y sublimarlas.
La Ley del hombre completo es el esfuerzo y el
combate. Sólo el hombre del Partido, preparado física e intelectualmente puede
vivir totalmente, en sí mismo esta lucha.
Si el hombre, en efecto, está perpetuamente dividido
entre su deseo de superarse personalmente en favor de una necesidad colectiva
imperiosa de su inercia puramente animal, entonces sólo aquél que está de
antemano preparado, será el único que pueda triunfar.
Corresponde a las minorías tomar total conciencia de
los intereses generales de la especie y entrenar a la masa del pueblo en ese
sentido, que es el de la necesidad colectiva, como heredero y como ascendiente,
como creador y mediador, como juez y legislador, es el Partido quien ha de
superar y hacer superar esta indecisión y conducir al pueblo a su meta.
Esto crea Ia obligación para el hombre del Partido
de interesarse constantemente en las tradiciones, en los hábitos, en las
aspiraciones y en las necesidades de su pueblo, no en la medida en que éste se
expresa espontáneamente, sino en la medida en que él Partido las expresa,
piensa y prefigura.
El Partido debe mantener contacto permanente con
aquello que es positivo para su pueblo, del cuál es guía y responsable y
descubrir todo lo que sea causa de su debilitamiento y decadencia; No se trata
de contacto físico, de una adaptación pura y simple, sino de una crítica
permanente y aguda, de un intercambio activo y creador que dé el fermento del
progreso racial, de la selección, de la crisis permanente dentro del carácter
de todo el pueblo. El hombre del Partido en perpetua inquietud es el precursor
del devenir constante del pueblo y de la Raza; su vida es el rechazo constante
de la norma de vida que es suya y de su pueblo. Debe ver a cada instante más
allá del estado actual, el fin nuevo, la conquista nueva, el tipo nuevo que ha
de realizar. Recibiendo en sí mismo la expresión de su pueblo y de su Raza,
debe superarla para extraer un impulso nuevo y conducir a su pueblo dentro de un
movimiento ininterrumpido de selección dentro de una crisis permanente de parto
racial y de revolución permanente. Una vez el tipo alcanzado ese día debe ser
visto como un tipo ya cumplido para alcanzar un modelo racial más seleccionado,
modelo que su voluntad proyecta y diseña.
No es para el hombre del Partido cuestión de
objetivo fijo, de fin en sí, de idea final y permanente. Ya no hay como en las
religiones del pasado un tipo eterno a imitar perpetuamente; él deja de
concebir que sea posible modelar su vida y su porvenir basándose en tal o cuál
tipo humano ya pasado.
Para él hombre europeo nuevo creador de su raza, el
fin es un fin que marcha, el modelo está delante y no detrás; su ideal racial
cada día recreado no es arbitrario y exterior, sino que está dentro de la
elevación y divinización de la Raza; para él se diviniza - en cierto modo el
tipo ideal y móvil de la Raza. Este modelo viviente, perpetuamente increado y
constantemente recreado, es la proyección de su voluntad dentro del mundo. Pero
el Partido y el hombre del Partido sólo pueden recrear esta meta y este tipo
mediante la sumisión total de su vida y de su Moral al imperativo del
desarrollo y de la elevación de su Raza: herederos y creadores de su Raza.
Nosotros vimos, sin duda un momento en que los
portadores del ideal racial, Ios creadores de la Raza, han dejado por un
instante de ser los conductores de una cultura y de un tipo humano superior; éstos
han sido de momento, debilitados y menoscabados por la mezcla de sangres, por el
caos social, por el contacto continuo con una escala de valores creada por
elementos venidos de Asia o de Africa; su contacto espiritual con los valores
negativos les han hecho soportar, de vez en cuando, que otras razas fuesen
consideradas como iguales al hombre europeo. Estos valores asiáticos y
africanos, adaptados sin duda, al nivel, a las aptitudes y a las necesidades de
las razas que los han recibido, no son ciertamente malos en sí mismos, pero, aún
siendo válidos para esas razas, son, por el contrario, portadores, para las
Razas de Europa de hipnosis y de muerte.
El drama de nuestra época es que los hombres
europeos, por cansancio y debilidad, han abandonado el sentimiento de
superioridad propio y evidente de su Raza, de su Sangre y de su Cultura;
creadores de toda cultura, constructores de toda civilización han aceptado como
iguales a aquéllos que, lejos de crear, han destruido las culturas y
civilizaciones que han encontrado en la ruta de su expansión.
Los hombres europeos, igualmente, han condenado a sus
dioses y su moral para aceptar la fe los pueblos del desierto, sin percatarse
que así han provocado la destrucción de aquello, que creó sus valores
superiores, la altura de sus ideales y la validez de sus metas.
Los europeos han llegado a veces hasta preguntarse,
si los pueblos que durante milenios han estado sumidos en la apatía física y
en la negligencia intelectual, en el estancamiento moral y la degradación
social, no habrían descubierto en sus “contemplaciones” valores iguales o
superiores? Han tenido que soportar los europeos que se desarrolle esta idea
contra natura, que los individuos que han imitado su Cultura y su Civilización
sean considerados al mismo nivel y tengan la misma importancia que la Raza que
creó verdaderamente esta Cultura y esta Civilización. Los europeos han
“descubierto” aquello que las otras razas llaman “humanidad cultural”,
frente a otros continentes han adoptado la postura de un profesor que desea
instruirse sobre la ciencia de sus alumnos, la autoridad del maestro les parece
un privilegio exorbitante; además, si esta autoridad debe llegar a ser
permanente, los maestros, prefieren retirarse antes que tener que aceptar esta
evidencia
En su propio interés los europeos tienen la misión
de conservar los valores de los cuales son depositarios y deben, asimismo,
rechazar la suposición absurda de que se puede sustituir la cultura tradicional
del hombre blanco por la de las razas que en el curse de siglos y siglos han
sido inferiores. De igual forma, deben conservar la pureza de su sangre, para
que sea garantía de permanencia y desarrollo de dicha Cultura tradicional
Debemos vigilar celosamente la pureza, rechazar toda
mezcla, modo de vida, escala de valores y enseñanzas que puedan conducir a la
debilidad de nuestra Raza.
Aceptando discutir la evidencia histórica de la
superioridad de la Raza blanca, su Raza, el europeo abre las puertas a la
desintegración de su personalidad y de su Raza. La apertura del debate no es
otra cosa que la manifestación previa de una duda sobre el valor y la misión
histórica de su Raza.
La potencia de la Raza no procede solamente de
constataciones culturales razonadas, sino que nace de una voluntad evidente y
congénita, es un sentimiento interior de superioridad, una fe en la potencia de
la sangre.
La toma de conciencia total sobre la realidad racial
conduce y debe conducir al sentimiento consciente de participar en el logro de
la forma más perfecta del devenir humano y del mundo mismo.
El mayor insulto que puede lanzarse a la Raza e
indirectamente a su propia personalidad es, indiscutiblemente, la duda o la
sugerencia opuesta a la idea de la superioridad del hombre europeo, tanto, como
creador y legislador, como partícipe de un tipo único, mítico y divino.
Por la herencia del capital racial se desarrolla eI
sentido de la superioridad absoluta de la Raza, al mismo tiempo que el sentido
de la responsabilidad de este aporte hereditario, debe ser transmitido íntegro
a la Raza creada dentro de cada hombre.
Podemos resumir en una sola formula nuestra concepción:
la Raza determina al ser pero el ser inconsciente crea la Raza; la acción es
consustancial al ser. La obediencia al imperativo racial se identifica con el
conocimiento; así, la raza no actúa en ningún caso fuera del hombre, sino que
el hombre puede moverse más allá de la Raza bajo su forma actual. Es solamente
así como se expresa la máxima libertad del hombre: en la creación consciente
y permanente del tipo racial; es esta creación,: es esta libertad hacia lo
alto, lo que determina la solución al problema de las relaciones de la Raza y
del mundo, de la Raza y del individuo y que determina, por consiguiente, la
actitud del hombre europeo frente a otras razas, y a otras sociedades.
El hecho de que las diferentes razas se encuentran en
el momento presente, frente a frente y a menudo cohabitan, hacen imposible
descartar esta cuestión. Más allá de todas las razas el hombre blanco alza y
debe mantener eternamente la llama de una Cultura y de una escala de valores que
le pertenecen en propiedad y, aunque no sea válida para otras razas, son las únicas
que pueden, elevarla, de su eterno estado vegetativo.
Es bueno, por otra parte no dar a esta última
afirmación una interpretación equívoca. Sin duda la cultura del hombre
europeo es la única que pueda contribuir de algún modo a elevar el nivel de
vida de otras razas.
Nosotros no pretendemos que nuestra concepción del
mundo y nuestra escala de valores sea aplicable, o accesible a esas razas.
Sabemos y afirmamos lo contrario. Pensamos que esos elementos son, en ciertos
dominios, capaces de reproducir y. copiar, de modo muy consecuente y para ellos
útil las manifestaciones de nuestra Cultura; no es imposible que para
adaptarlas a sus necesidades las transformen y mejoren. En este caso, como en
los otros, ellos no habrán más que manifestado su falta de empuje para crear a
nuestro nivel e influir en nuestro propio desarrollo.
El sentido verdadero de nuestra Raza, que es la
iniciativa y la creación, se encuentra opuesta a las aptitudes de otras razas
no por odio estrecho o incomprensión de nuestra parte, sino porque nuestras
actitudes son las que generan el desarrollo armonioso de nuestra Raza en los
mismos dominios.
Es de este modo inútil insistir en qué se
diferencia nuestra Raza de las otras y que es lo que la hace un producto único
sin que ninguna analogía exterior o sentimental pueda jamás comparársela.
Se nos objetará que no existe en la actualidad la
actualidad raza pura; no tenemos tiempo para replicar que existe de hecho en
todas las manifestaciones de una cultura absolutamente única y que, es un
hecho, está biológicamente presente en la mayoría de los países europeos;
pero si, sobre esta base biológica, también se nos quisiera refutar y acusar
de hacer una noción puramente subjetiva, diremos que existe sobre todo, dentro
de nuestra voluntad de verla renacer y, replicaremos, además, que es también
la voluntad creadora la que crea y define las condiciones de la existencia de la
Raza.
La identidad de nuestra representación del mundo y
la expresión de nuestra voluntad en la acción constituyen las únicas bases válidas
de un desarrollo individual y colectivo en el seno de los pueblos europeos; la
proyección de esta voluntad y de este pensamiento en la vida corriente de
nuestra época deben recrear, por sí mismas condiciones biológicas de la
unidad social y política de sus pueblos más allá de las nacionalidades
libremente asociadas del continente europeo.
Aquellos que hablan de federación o de unión
europea, de Europa o de unión del continente sin concebir o expresar que esta
unión deberá nacer dentro de las aspiraciones más profundas de los pueblos
del continente y por la aparición progresiva de la Raza europea y no
por la creación de un magma informe de pueblos y razas sin carácter; estos son
los que traicionan la Cultura y la cierran el paso al progreso.
En efecto, aquellos que adoptan la idea de la creación
de una raza europea sin ver claramente que es necesario para conseguirlo
eliminar primero todas las causas de degeneración en el seno de cada comunidad
nacional, son los que impiden la verdadera liberación racial del continente.
Toda actitud confusa e indecisa en esté dominio,
toda solución que no dé preponderancia absoluta a los mejores elementos
producto de una selección de conjunto en toda Europa, no podrá sino atenuar y
hacer estéril toda construcción social y política y no hará más que
contribuir al declive mas rápido de nuestra Civilización de origen.
Nunca insistiremos bastante sobre el abismo
fundamental que debe existir entre la futura Raza europea y las otras razas,
cualquiera que sea su aparente nivel actual . De todos modos no nos oponemos de
forma negativa, simplemente pertenecemos a una Raza y de ella creamos una Raza
mejor y, así, chocamos con otra raza que se interpone en nuestro camino y en
nuestro devenir. Nuestro, Racismo, manifestación de fe, de fuerza, y de
plenitud no es ni puede ser negativo. Es, en nombre de su devenir, que él
aparta aquello que se opone a su futuro.
Hemos admitido y comprendido la unidad de esencia de
la Raza y del individuo dentro de la Raza y por consiguiente, la tendencia a, la
unidad del mundo y del hombre en la medida en que el mundo se extrajo de un
concepto de la voluntad. La meta suprema del racista consecuente es realizar
enteramente en una unidad voluntaria su concepción de la Raza, del hombre y del
mundo. El centro inmutable de nuestra concepción del mundo es la voluntad, el
imperativo de la Raza, tal como se manifiesta fragmentariamente en cada
individuo sano.
Habrá
sin embargo cierta contradicción en el hecho de querer elevar sobre nuestra
concepción de la Raza del mundo y del hombre, una teoría especulativa y
abstracta, en cuanto que solo la raza viviente, el hombre viviente en
devenir constante son las únicas premisas válidas de nuestra concepción. La
voluntad de la Raza se manifiesta en el hombre sano y consciente como un acto
concreto y no como una especulación metafísica. Todo debilitamiento liberal de
esta concepción no puede sino abrir una brecha y minar la base social del
devenir racial; la Raza no puede sobrevivir ni progresar sin la creación
constante en la vida, sin la selección sistemática y la elaboración de teorías
más o menos intelectuales desvinculadas de la realidad, Tales teorías
esterilizantes son simples negaciones sin perspectivas constructivas raciales o
sociales. No negamos que el rechazo en la aceptación de cierta proximidad de
razas y ciertas manifestaciones sociales y políticas procedentes de esas razas
es bien tentador, sobre todo en la medida que ellas requieren menos esfuerzo.
Sin embargo, tales soluciones fáciles no pueden agradarnos; no es la huida la
que protege a la Raza, sino el combate; no es la defensiva estéril lo que
conduce a la victoria sino, solamente, el combate, el ataque permanente.
Cuando observamos la historia de las migraciones, por
ejemplo, y las transformaciones de orden racial, social y político debemos no sólo
captar las particularidades orgánicas y analizar la capacidad de combate y
virulencia de las razas, presente entre las tropas, también debemos expresar de
qué manera y en qué medida el devenir de nuestra Raza las superará
y sobrepasará
Por otra parte no se trata de escoger entre los
valores admitidos por el adversario los que podrían a primera vista parecer
aceptables para nosotros, es decir, no se trata de una elección determinada por
comparación con el enemigo, incluso de un valor que parece aceptable -en ese
caso no puede ser tenido por tal sino como consecuencia de un error de apreciación
momentáneo- por que ello no es la expresión de una realidad. Ningún valor
puede ser patrimonio de dos razas, ni de dos especies. En el caso de que esa
forma sea parecida, su esencia, por definición, no podrá ser más que
contradictoria y, por consiguiente, perjudicial al desarrollo de nuestra Raza.
No se puede, en ningún caso escoger entre valores de
otras razas. Esos valores por ser reales en otras razas, son falsos
dentro de nuestro devenir. Toda adopción, toda aceptación de un valor no
original es un acto contra natura; incluso el valor más próximo a nosotros está
mancillado en el fondo por la tara de origen que lo marca.
La
diferencia esencial entre nuestra escala de valores, nuestra concepción del
mundo y la de otras razas, reside en el hecho de que cada escala de valores se
funda. sobre el influjo de una voluntad racial bien precisa y altamente característica.
Ahora bien la voluntad de la Raza en tanto que es representación del mundo es,
a su vez, la ley, la crisis y el juicio de todo acto humano, de toda historia,
de toda filosofía y es, por lo tanto, inconcebible que sea accesible a otra
raza que no sea ella, si es que esta raza no desea traicionar ni su misión ni
su vocación.
Todos
los hechos Intelectuales, morales, sociales y políticos, nacen de tomas de
posición claras sobre la naturaleza y la voluntad de la Raza, sobre
la naturaleza y la voluntad del individuo, en tanto que él ha escogido en su
campo, ser legislador y creador de la Raza.
No es posible admitir que la colectividad
social, cualquiera que sea, pueda encontrarse siempre protegida de debilidades y
de compromisos, de tendencias al abandono y a la decadencia, porque la formulación
mas rigurosa y la vigilancia más grande son requeridas de cada uno, a medida
que su cargo sea más importante
Una sola forma de sociedad puede garantizar el
retorno automático a la salud racial y a la obediencia al imperativo de la
Raza; es la sociedad en la que la Ley corresponde lo más posible a las
necesidades de la Raza. No se trata para el hombre de aceptar o rechazar esta
Ley, ni tan siquiera obedecerla pasivamente; por el contrario, en Ia medida en
que ella corresponda a su propia necesidad; es como se alzará como paladín de
la misma y se identificará con ella. De su actitud deviene un estado constante
de oposición a todo valor extraño a la Raza; un estado de tensión constante y
de militancia, en tanto qué él es creador de esta Raza y heredero de su
imperativo.
Ahora bien, el hombre nuevo no emerge a un mundo o a
una sociedad donde es el dueño absoluto de un dominio solo a él reservado,
donde la oposición vendría solamente del exterior; no se encuentra en un
espacio virgen que podría poblar de su concepción política, social y
cultural; por él contrario, su propio espacio está cubierto por una vegetación
parasitaria considerable producto de todas las razas que le rodean y además, en
su propio seno, por la mezcla de sangre anterior a él, se le han introducido
aspiraciones que le son extrañas y debilitantes.
Si hablamos de una nueva Raza en devenir permanente
no podemos imaginar que esta se cree espontáneamente. Tal espontaneidad haría
inútil la organización y el Partido. Se trataría de casos individuales y
colectivos de perfección que la Historia humana no ha conocido. Es, en todo
caso, inconcebible, dentro del estado actual del desarrollo humano.
No podemos, por consiguiente, descuidar el estudio
sistemático de la Historia de las Razas superiores de Europa, ni la preparación
metódica individual elaborada colectivamente en el seno del Partido y del
pueblo. Así el Partido actúa como factor subjetivo del pueblo y de la Raza.
La enseñanza racial será así compuesta de nociones
familiares y conocidas, pero deberá también implicar la profundización en los
valores enteramente nuevos y revolucionarios, valores de choque y de crisis.
La religión de la Raza no es ni sumisión ni
obediencia, sino herencia y creación permanente. No es la respuesta a una
consigna o a una disciplina exterior, o a un dogma misteriosamente justificado,
establecido o “revelado”, sino la brusca toma de conciencia de una realidad
reencontrada, de un criterio que fue un imperativo en los tiempos en que dentro
de las sociedades nacientes la jerarquía espontánea de la Raza se estableció.
Es el retorno a la toma de conciencia de un sentimiento que siglos de sumisión
a los dogmas de religiones negativas, de corrupción falsamente igualitaria, de
humanitarismo vacío habrían sofocado y algunas veces casi destruido.
La primera tarea será entonces denunciar la
fragilidad de este barniz, desenmascarar la parodia inmunda que bajo el pretexto
de “amor a la humanidad” aniquila en el hombre lo mejor de sí y le priva de
todo lo que sería su fuerza y su valor; sea necesario denunciar sin cesar la
amenaza que pesa sobre la Raza, que es necesario volver a hacer total y pura de
toda hipocresía falsamente moral. Será necesario denunciar todo aquello que
podría restringir el orgullo victorioso que debe habitar en cada uno, aunque se
sienta poco heredero y continuador de una Raza de conquistadores, de
legisladores y de creadores
Sería necesario, en fin, reunir las energías
esparcidas, los miembros dispersos de un gran cuerpo racial perdido y que se
reencuentra.
Participación voluntaria en la creación del hombre
nuevo en el seno de la Raza nueva; adhesión espontánea al cuerpo popular y
racial; participación constante en el Partido y en el devenir de la Raza dentro
de su voluntad, tales serán los deberes de aquellos que en nuestra época osan
oponerse a la decadencia general, al rebajamiento progresivo de su Pueblo y de
su Raza. La toma de conciencia de esta necesidad es el primer paso dentro de la
senda de lucha del hombre europeo que vuelve a izar la bandera de su dignidad y
de su civilización.
La civilización que hemos convenido en llamar
Occidental, no ha nacido con la aparición de una religión o con el comienzo
del resplandor de una ciudad, sino, verdaderamente, con la aparición de una
Raza superior que desde entonces, a causa de su aspecto externo, es llama da
Raza Blanca.
En el momento histórico en que retrocedían las
primitivas razas amarillas o negroides, que hasta entonces habían ocupado
nuestro continente europeo, el hombre blanco aportó ya su incuestionable
superioridad intelectual y técnica como, asimismo, las formas más
desarrolladas de su arte. La expresión conjugada de su superioridad técnica,
de su inteligencia y de su sentido de las bellas formas son tales que, desde ese
momento, se puede hablar, casi, de una intelectualidad blanca relativa a sus
contemporáneos
Sin duda, ciertas etnias de esta Raza magnífica han
podido sufrir el mestizaje, degenerar y desaparecer; sin embargo, otros grupos
del mismo origen, y que se encontraban preservados, aseguraron siempre el relevo
y la subsistencia de lucha en lucha, de migración en migración. A través de
los siglos se encuentra siempre la presencia activa de una Raza superior que
representa un tipo físico y moral bien definido. Gracias a esta Raza, la
antorcha de una Civilización pasó desde el mundo histórico hasta nosotros,
herederos responsables de sus legados.
Hubo épocas en que la pureza de este tipo
extensamente expandido en todo el continente, sin vecindad inmediata de razas
menos desarrolladas y menos elevadas, no tuvo ningún problema de defensa, ni de
unidad. Hubo por el contrario, otras épocas en que esta Raza superior ya no se
encontraba sola en las vastas superficies europeas, sino que los movimientos de
invasión, aportando la mezcla mas o menos fluida de sangres, trajeron, al mismo
tiempo, la división y la parcelación territorial. No obstante, en los momentos
de descenso como en los de elevación, el genio de la Raza Blanca mantuvo la
superioridad de su nivel sobre todas las otras.
Se tratará de oponernos, como argumento, la vieja
existencia de una civilización amarilla en china, por ejemplo y se nos. indicará
que los chinos habían resuelto ciertos problemas sociales mediante la
nacionalización y el cultivo común de la tierra 600 años a. C., compartiendo
el cultivo personal con el cultivo del “Koljoz”, lo que conduce a ciertas
comparaciones. Sin embargo, un estado de guerra civil constante, hizo de su
historia una serie de largas convulsiones, donde cada movimiento se manifestó
por algunas centenares de millares de cabezas cortadas. Se puede concluir con
cierta razón que su ineptitud para un gobierno y una organización estables, es
la prueba, junto a ciertas capacidades técnicas, de su incapacidad en el
dominio de la organización social.
La similitud de sus reacciones frente a problemas,
como el de la organización agraria permite también, por otra parte, encontrar
razones raciales a ciertas manifestaciones “políticas y sociales” de
nuestra época. Por el contrario, mientras las cabezas chinas —caían por
millares, en los confines de la China, en sus guerras civiles renovadas sin
cese, la Civilización Helénica, la Civilización Romana, por no citar sino las
próximas a nosotros, brillaban con un resplandor particular.
Aquellos pueblos que los griegos y los romanos
llamaban “bárbaros” habían alcanzado un grado de civilización mucho más
elevado que China; esto es tan verdadero, que todavía su organización política
y social es capaz de inspirar nuestra política moderna.
También el comparar las filosofías chinas con las
nuestras, cuando aquellas no son sino la teoría de gimnasias físicas tendentes
a un estado estático, o, más bien, la copia mal asimilada de las filosofías
de la India Aria.
Al mismo tiempo, los filósofos más puros de Grecia,
había aparecido ya - Platón, Aristóteles, Heráclito, Pitágoras, etc.
donando al mundo Blanco las premisas de los sistemas actuales.
Desde entonces, cada retroceso del mundo, de la
Civilización en Occidente, ha coincidido con el avance del mundo oriental o
africano, ha coincidido con una penetración de las razas inferiores y de la
mezcla de sangres, esta mezcla que siempre se tradujo inmediatamente, en un
retroceso social importante en todos los aspectos.
En el apogeo de la cultura griega, el
genio de la Raza Blanca inspiró a Platón la primera de las doctrinas
socialistas la concepción de un Estado unitario y Socialista y una crítica de
los principios de propiedad que aún hoy no están completamente dirimidos.
En los tiempos en que la cultura romana llega a su
cumbre comenzó a caminar por la vía de la decadencia, como consecuencia de los
aportes asiáticos. Julio Cesar, amigo y adherente al complot de Catilina,
vuelve hacerse cargo de las principales leyes y reivindicaciones sociales de su
tiempo e imponiéndolas al Imperio, cimenta las bases del primer Estado social
de forma dictatorial de Occidente.
Por consiguiente, periódicamente el pensamiento
occidental se alzó frente a la anarquía de Oriente, frente a una comunidad de
miseria predicada tanto por los amarillos como por los semitas y bajo formas
ligeramente diferentes, alza también la idea de un Estado poderosamente unido y
responsable, asegurando a todos sus s miembros los derechos a una libertad y a
un nivel de vida material e intelectual, únicos en cada época.
Esta es la historia del desarrollo del pensamiento
socialista que, como manifestación del genio de la Raza Blanca, habría que
escribir. La aptitud de la Raza blanca para unir el orden más riguroso con el
Socialismo más popular, dentro del gobierno del Estado, es una característica
de dicho genio.
Hasta hoy, cada vez que Occidente se ha logrado
unificar alrededor de un pensamiento social venido del fondo de su genio, una
nueva ola de invasiones llegadas de Africa o del Oriente, ha tratado de romperla
por la doble acción de la fuerza y de la mezcla de sangres. Es necesario
destacar, por otra parte, que la mezcla de sangres por la vía pacifica es la
que rompe la cohesión como fue el casó de Roma y Grecia, sin que sea necesaria
la intervención de la fuerza.
Cada vez que por esos medios fue rota la unidad, una
nueva era de anarquía política comenzó; el nivel de vida material y
espiritual de los pueblos retrocedió otro tanto. No es solamente la anarquía,
en sí misma la que rebajó este nivel, ni las consecuencias de guerras civiles
o externas, sino la aparición de teorías sociales extrañas a la concepción
de Europa, y que negaban la importancia de las realizaciones sociales,
concepciones que predicaban el abandono y el desprecio de los bienes que sustituían
a la organización social por una caridad arbitraria e impotente.
Es así como Grecia, se hundirá menos por los golpes
de los Medos o de Alejandro, que por la venida de millares de orientales que,
deslizándose dentro de la falange macedonia, quebraron la unidad racial y
popular e introdujeron sus filosofías y religiones negativas.
De igual forma, Roma no se hundirá por los golpes de
los Germanos, más, bien por los golpes de Spartaco, y sus semejantes -judíos y
esclavos-, que predicaban, la igualdad de las razas y de los hombres, el
desprecio de los bienes de este mundo, del mundo social, en una palabra.
Cuando más tarde la Iglesia toma en sus manos
ciertas realizaciones sociales, fue en la medida en que la invasión e influjo
de los pueblos europeos, la liberó por la fuerza de sus orígenes semíticos.
El “genio latino” del que habla Maurrás, habría
sido letra muerta como ocurre en ciertos lugares del Occidente actual, si la
nueva sangre de los “bárbaros” no la hubiera purificado y animado; dicho
“genio latino” habría muerto si los pueblos aún sanos de Raza no hubieran
introducido su espíritu de empresa, de conquista y de combate.
No es casual que los “grandes Papas” que
tendieron hacia la unidad de Occidente portando su voluntad de conquista y de
combate alertan al pueblo llano a exigir sus derechos. No es casual tampoco que
éstos hayan sido francos o normandos y que uno de los más grandes fue
Hildebrando y saliera de Cluny.
No es tampoco casual que los Emperadores de Occidente
vieran sus imperios desplomarse más por los golpes de las invasiones orientales
y de ideología semítica, que por el peso de sus errores o de revoluciones
internas.
El espíritu de la Raza europea, espíritu de orden,
de jerarquía y unidad al mismo tiempo que espíritu profundamente social, debió,
en toda época del desarrollo de Occidente, oponerse al espíritu de anarquía
comunizante del semita.
Hoy en día, que es posible al fin conocer las
verdaderas causas de decadencia y división entre los pueblos, tenemos el
derecho de descubrir todo lo que el genio de la Raza Blanca puede y debe aportar
aún a la civilización, de orden, de progreso y de desarrollo armonioso para
las realizaciones sociales del pueblo y de la Raza.
Es necesario subrayar que todo pensamiento socialista
ha salido de Occidente, en tanto que el espíritu del semitismo no ha sido más
que un factor de falso igualitarismo, de orden, división, envilecimiento,
social y humano.
Nosotros tendremos que resolver los problemas de la
unidad racial, social y popular de Europa, al mismo tiempo que el problema político
y social, propiamente dicho, de la unidad socialista. Cada vez que hablemos de
la Raza o de la política, cada uno de los problemas se resuelve solamente por
el otro
Remontándonos a los orígenes de nuestra Cultura y
de nuestra Civilización, podremos. expresar cual ha de ser la concepción más
conforme a nuestras tradiciones y necesidades y diremos cómo el Partido debe
ser el portador de esas tradiciones y de esas concepciones adaptándolas a las
necesidades de nuestra época.
Representante de un ideal positivo, unitaria, y
socialista, ligado a una historia y a un desarrollo racial determinados, ¿podrá,
nuestro pueblo liberarse de la hipoteca que siglos de abandono y de
decadencia hacen pesar sobra él? Podrá dicho ideal racista y socialista
imponerse en una nación que desde hace mucho tiempo ha perdido de vista su rol
y su dignidad primordial?, SI, si nosotros estamos prestos a devolver poco a
poco sus características, específicas y a mejorarlas.
¿Marchamos hacia el aislamiento de una minoría
racial que deberá, durante décadas mantener alumbrada la antorcha del progreso
y tenerla fuera del alcance de manos maléficas?.
¿Vamos, por el contrario hacia un renacimiento de
Los pueblos de Occidente, dentro de la comprensión armoniosa del rol de cada
uno y hacia la unidad reconquistada?.
Sólo
nuestra acción incesante nos permitirá responder a estas preguntas.
La solución de estos problemas está ligada a
nuestra propia capacidad de organización de las fuerzas renovadoras y en
nuestra aptitud para recrear la nueva élite que será capaz de transportar
nuestros principios al pueblo y al Estado.
A
nosotros se nos presentarán, a partir de ahora los problemas de la organización
de la vida pública y de la educación de la juventud. Al lado de estos
problemas que son inmediatos, existen otros apenas menores y qué son aquellos
de la civilización y del lugar que daremos a la comunidad étnica que
representamos. Sabemos que nuestros pueblos pueden tener un lugar importante y
ser un factor dirigente de la historia de la raza Blanca y por consiguiente, de
la historia de la humanidad entera.
Porque somos y deseamos ser de nuestra época,
tendremos que ver cuales son los problemas que comportan la “distorsión” de
los movimientos socialistas por los judíos -que le han inculcado teorías
extranjeras- y el problema que comporta la división de Europa en las
circunstancias actuales. En fin, veremos qué tareas nos impone la
pertenencia a una Raza superior, hoy en día.
Es por esto, por lo que tendremos presente en el espíritu
que somos el producto de una larga evolución que nos transmite un patrimonio
bien determinado.
No olvidaremos que como socialistas no podemos estar
desligados de los grandes precursores del pensamiento socialista tales como:
Platón, Tomas Moro, Proudhon, Blanqui, Sorel, y así llegamos a la época del
desarrollo científico, que hace posible reconciliar lo que parecía
irreconciliable: las teorías aristocráticas de Gobineau, Chamberlain, Vacher
Lapouge, Nietzsche, con las teorías de los maestros del socialismo, gracias a
los estudios más recientes de las leyes biológicas.
Nos será posible, entonces, reconciliar al pueblo
con su élite, y decir a este mismo pueblo “hay que actuar”, al mismo tiempo
que los hombres del Partido dirán y tendrán derecho a decir: “quiero”. Será
posible poco a poco que el pueblo se funda y se confunda con el Partido
progresivamente y pueda llegar a decir, a su vez: ”quiero”, sin perjuicio
del imperativo racial que lo determina. porque habrá tomado conciencia de ese
imperativo.
Reconciliando
al pueblo consigo mismo, reuniendo a los trabajadores intelectuales y manuales y
confiando a cada uno la tarea que le reserva su propia valía, tendremos la
oportunidad de crear una nueva unidad basada en una nueva conciencia y podremos
decir a cada uno: ”Es tiempo de reencontrar tu orgullo original, tu fuerza y
tu salud. Tú debes superar la triste humanidad de nuestro tiempo para crear un
hombre nuevo; más
allá y por encima de ella no tengas compasión ni
pena; los viejos dioses están muertos”. Habrá nacido un hombre nuevo, nacido
de nuevas medidas y con la posibilidad de realizar su destino y su obra.
Estos son los orígenes de los movimientos
socialistas que han puesto delante de nosotros, los problemas de la unidad de
una manera imperiosa: la unidad del mundo y su propia unidad como movimiento:
para reformar este mundo reunificado por el Socialismo.
Ahora bien su nacimiento no está ligado a las mismas causas ni ha conocido los mismos métodos ni medios. En cada país su unidad estuvo de este modo amenazada desde su nacimiento. Los diferentes grupos han nacido bajo el impulso de necesidades inmediatas y no ideológicas; variables según él desarrollo social y técnico de cada región; variables según los niveles de los grupos étnicos que los constituían.
Esas necesidades impusieron a los grupos socialistas,
métodos diversos. De la justificación de esos métodos surgieron teorías
diversas. Así en el plano ideológico, incluso en el caso en que representaban
problemas absolutamente idénticos, cada etnia racial expresó sus necesidades y
organizó su propio socialismo, en forma diferente. Más ordenado en los países
nórdicos e Inglaterra; sufriendo más netamente la influencia semítica en
Alemania; enteramente semitizado en Rusia y con formas múltiples, debido a la
inestabilidad y a la mezcla racial, en Francia e Italia.
De este modo, desde el nacimiento de la 1ª
Internacional, la división profunda estalló, y en la 2ª Internacional, la
división se manifestó con agudeza aún mayor y cada grupo fue llamado al
ejercicio del poder en sus diferentes países.
Será, sin embargo, un error el tratar de estudiar el
socialismo solamente a través de las internacionales, las cuales no fueron,
hablando con propiedad, sino fragmentos de socialismo.
Las Internacionales fueron empresas destinadas a
canalizar y a desviar de sus verdaderos objetivos, las tendencias profundas y
socialistas de los pueblos europeos. La voluntad de unidad y disciplina fue lo
que les llevó a desear esas organizaciones; pero el pueblo no deseaba confiar
la dirección de esas organizaciones a elementos extranjeros a la Raza europea.
Al lado de la necesidad para un proletariado naciente
y explotado, de dotarse de organismos de combate y de defensa, el análisis del
desarrollo histórico por los teóricos de la Raza Blanca, condujo a estos últimos
a trazar las bases de una concepción del mundo más acorde al equilibrio
humano, a la naturaleza y al genio de las Razas europeas. Esta ultima
influencia, que hizo concordar cada desarrollo conceptual a cada grupo racial,
fue el origen de diversas teorías en los comienzos, más que las condiciones
económicas dispares de los grupos europeos.
Así pues, al mismo tiempo que Ia organización de
combate, la organización socialista fue, desde sus comienzos, organización de
pensamiento y de educación. Al lado de los movimientos puramente
materialistas-socialistas, nacieron los movimientos socialistas esencialmente
idealistas, entre los cuales, los anarquistas, sin lugar a dudas, son los
representantes auténticos de nuestra época. El hecho de que se hayan apartado
de su meta primitiva y de su verdadero origen no puede en nada
modificar nuestro punto de vista a este respecto.
El hecho de que la Banca Judía internacional y después
el Estado Soviético financien abundantemente las Internacionales (dirigidas por
judíos), no ha servido para nada a la unidad del socialismo, no obstante su rápido
crecimiento, poniendo a su disposición los medios económicos y de todo tipo
que los grupos socialistas no podían reunir a través de sus militantes , es
decir, mediante el fruto de su trabajo. La financiación fue su factor de
crecimiento.
Por otra parte los judíos adinerados han,
igualmente, marchado alineados con la Banca Judía mucho más que sus
compatriotas socialistas lo que motivó el estancamiento de los movimientos, que
permaneciendo nacionales fuera de las internacionales seguían siendo
socialistas.
El
desarrollo de los acontecimientos científicos y notablemente de la antropología
y biología, habrían podido y debido conducir a la atenuación de las
divergencias de origen, permitiendo la unificación de las bases doctrínales de
los diferentes socialismos nacionales. Sin embargo esta unificación no se hizo
realidad y fue solamente la guerra de 1939 lo que hizo tomar conciencia a
numerosos socialistas de la realidad nacional y racial y, a su vez, tomar
conciencia a numerosos nacionales, de la realidad social, lo que permite una
mayor capacidad de maniobra entre los pueblos europeos a nivel de movimientos
políticos y de capas sociales, inclusive. Así se establecen nuevas relaciones
de raza a raza, de gobierno a gobierno y de grupo a grupo. En lo sucesivo
de una cierta unidad de todo Occidente, vuelve a ser
sensible, al mismo tiempo que la idea de una nueva unidad del socialismo
occidental sobre la base de los parentescos raciales, aparece como la idea más
capacitada para preparar un nuevo reagrupamiento de los pueblos de Occidente.
La división continua de los movimientos socialistas
en su forma moderna, parece un problema insuperable, teniendo en cuenta que ha
sido mantenida por los teóricos” —a menudo judíos— y por arribistas de
todas las raleas. De aquí viene la actual situación que no es la ebullición
del ideas en el seno de los socialismos de occidente, sino más bien de su
debilidad ideológica y de la impotencia en que se han encontrado para superar
la falta de un programa conjunto. Este mal vino del hecho de que nadie había
atinado a concretar doctrinalmente las razones profundas y reales de sus
divisiones continuas, ni los motivos, ni la justificación de la unidad desde el
punto de vista de los datos esenciales del programa.
Periódicamente nacen en efecto, dentro del
socialismo occidental, grandes movimientos tanto de tendencia sindicalista como
de tendencia puramente política y que han tenido la pretensión de despertar y
renovar el socialismo europeo. Cada uno de ellos no ha obtenido como resultado más
que el escindir aun más el socialismo, faltos de encontrar un alma y un razón
de ser. La voluntad expresada por los “renovadores” de regresar, unos a
Marx, otros a Proudhon o a Jaurés, no han sido más que las manifestaciones de
su incapacidad para crear por sí mismos la gran corriente socialista que
reincorporándose las tradiciones más puras del socialismo occidental se
adaptasen al nivel de nuestro desarrollo técnico y a las necesidades dominantes
de las razas europea.
Sólo la conmoción causada en el mundo por el
advenimiento del Socialismo Alemán bajo su forma racista, en l933, condujo a un
cierto numero de teóricos a revisar varias de las consignas de base de sus
programas y de sus doctrinas. Sin embargo no fueron lo bastante originales para
digerir la lección y repensarla.
Del mismo modo que, ellos hablan seguido a Marx o a
Rusia o a Jurés, se engancharon al remolque del Nacionalsocialismo, sin
comprender que este no hacia sino lo que correspondía a las necesidades de un
cierto grupo racial y que podía, tal cual aplicarse al Occidente entero; el
sentimiento oscuro de esta insuficiencia y de esta impotencia, carencia sin
embargo habitual, hace posible la multiplicación de programas y de
organizaciones. Varios movimientos y corrientes paralelas a menudo contrarias
entre sí, se reparten una vez más al pueblo francés. El hecho de la
“ocupación”, que incitó al ocupante a dividir o a agudizar las divisiones
que le podían ser útiles, no pudo, evidentemente, facilitar la tarea de
necesaria clarificación ideológica. El resultado más claro de esta
situación fue que el socialismo semita de las Internacionales 2ª y 3ª tomó
la ventaja en todos los dominios de la política occidental, a pesar de las
tendencias espontáneas, completamente contrarias al semitismo, de amplias capas
populares de Occidente, las cuales todavía esperan la orientación y la
doctrina que les falta.
Se podría preguntar por qué los franceses cuyas
tendencias a la unidad han sido siempre profundas fueron el primer pueblo en
encontrar la unidad nacional, hayan aceptado también fácilmente las escisiones
dentro del movimiento socialista. Se trata sin duda de que para los franceses,
ni el principio de la unidad ni eI principio de la autoridad, deben
subordinarse al orden organizativo y les parece posible, siguiendo una consigna
famosa “marchar separadamente para golpear juntos”. Lo que no concebiría,
naturalmente, ni un alemán, ni tampoco un inglés.
Al pueblo francés le parece lógico seguir
aquello que él cree, en lugar de seguir con disciplina a una organización en
la que aunque no aprovechase todas las consignas, pudiese influir eficazmente
desde el interior. Su preocupación de lo absoluto y de la claridad le hace exigir
posiciones tajantes y no medidas previsoras que permitirían, sin embargo,
conseguir resultados tangible más rápidamente.
La
tarea inmediata de todo socialista consecuente es, entonces, responder
inmediatamente y de manera clara, totalmente a los problemas expuestos y
despejar, principalmente las grandes consignar permanentes que, resolviendo de
una vez por. todas las preguntas pendientes, permitirán captar masivamente
corrientes diferentes de un socialismo nacional francés consciente de su
europeidad y ligado a los diferentes movimientos similares de Europa.
Es inexacto e injusto decir que la división es el
resultado de una individualismo excesivo, dentro de los franceses, o el fruto de
principios críticos imprudentemente introducidos en la doctrina socialista.
Nunca, en efecto, las teorías socialistas occidentales han pretendido que es
mejor estar solos, antes que aceptar una divergencia en el seno de la organización.
Solo los semitas han podido erigir esta fórmula que les favorece y apoyándose
sobre el deseo de lo absoluto de los occidentales, han estafado así una de las
tendencias más puras.
Realmente, cuando observamos la historia de las
escisiones múltiples del movimiento socialista bajo su forma no semita,
constatamos que su frecuencia es debida, sobre todo, a la coexistencia, dentro
del. Movimiento de principios que ha recibido del marxismo, junto a otros que le
pertenecían en propiedad. Esta coexistencia antinatural es la que forzó las
escisiones.
Socialismo Nacional, sea sindicalista o político,
sea racista o no, inmediatamente ha aplicado este principio esencial que la
realidad sustancial dei socialismo no es de esencia organizativa, sino
doctrinal, y que se caracteriza no por el aumento del nivel de los salarios del
numero de delegados de la empresa, más bien por una concepción nueva del papel
del hombre en el mundo y en la sociedad. Esta misión, para la creación de un
hombre más sano, más completo, más responsable, entraña según su concepción,
una renovación social. Pero al socialista le ha costado mucho tiempo
comprender; si es que lo ha comprendido que esta concepción doctrinal puede
sufrir ciertas interpretaciones de forma o detalle, a condición de que la línea
fundamental y las grandes normas sean respetadas y mantenidas. Aún no se ha
comprendido que la calidad del militante no puede estar ligada solamente al
cumplimiento de actos exteriores de propaganda política, sino a una militancia
profunda, a una reforma individual, que erige a cada uno de ellos como modelo y
ejemplo.
Muchas escisiones han sido provocadas por el
autoritarismo doctrinal, no en las cuestiones fundamentales, no en las
cuestiones de aplicación de detalles, sin ver que sólo cuenta la unidad de
combate de los militantes, teniendo sobre los grandes problemas una misma
orientación y aceptando en su vida personal las consecuencias de esta orientación
general.
Se trata para nosotros, no de realizar una unidad
formal sobre una consigna inmediata de aplicación, sino la unidad profunda
sobre las formas generales de la orientación personal y doctrinal; las diversas
formas o modalidades de aplicación pueden concurrir hacia él mismo fin si una
disciplina de organización, bien flexible permite las realizaciones prácticas
inmediatas
Destacamos, que después de 1945, una tendencia
precisa a la unión se manifiesta en los movimientos que la guerra y sus
consecuencias han condenado a la desaparición. Es así como los mejores hombres
los más desinteresados de los movimientos nacionales y socialistas, han buscado
dentro de una fe evidente, acercarse y colaborar. De modo que asistimos a un
movimiento exactamente inverso de aquél que ha esparcido a los socialistas de
finales del siglo XIX y principios del XX. Que falta la doctrina definitiva que
le dará cohesión, no hay duda, en Francia al menos; pero el hecho de la unión
de diferentes tendencias, debe permitir una elaboración doctrinal más activa.
Así se cumplirá la tarea que los organismos dispersos no han podido llevar a
cabo, ya que aparentemente los elementos de la doctrina están ya reunidos.
Se puede encontrar una razón a esta tendencia a la
unificación, en el hecho de que las clases han visto esfumarse los antagonismos
que los movimientos socialistas semíticos habían sustentado sistemáticamente.
Los “capitalistas” nacionales parecen, en muchos dominios, tomar un poco más
de conciencia de sus deberes sociales y los militantes socialistas aprecian más
justamente el papel de dirección y de organización del capitalista, cuando éste
último queda ligado a su empresa y trabaja realmente.
Así se llega a una concepción más armónica del
rol de cada uno y en el conjunto doctrinal la idea de la unidad nacional y
racial, fuera de antagonismos y consideraciones de clase, ha hecho progresos
evidentes. Al mismo tiempo, esta idea crea un sentimiento más claro de
solidaridad entre miembros de una misma comunidad popular, desarrolla la
voluntad de las realizaciones sociales y la comprensión reciproca. Esto es lo
que explica la atenuación de las divergencias de clase y la posibilidad
inmediata de un socialismo que sea también nacional.
Si esta situación no es captada, será evidente que
los antagonismos volverán a surgir. Si el Partido Socialista de la Unidad
Nacional y Racial no puede ponerse a realizar un programa de educación y de
construcción socialista y racista, la lucha de clases a pesar de su tendencia a
desaparecer por el hecho del progreso técnico, será prolongada y endurecida
por un tiempo imposible de predecir. Pero la tarea inmediata es la creación de
un cuerpo de doctrinal suficientemente preciso y completo, para que la educación
individual de todos los miembros de la comunidad impida, en lo sucesivo,
escisiones o les haga ineficaces.
Se trata, en lo sucesivo, de reunir los elementos
esparcidos y realizar la síntesis. Estudiando toda la historia del socialismo,
se concluye que es solamente en los momentos de torpeza intelectual individual
en que el estudio y la adhesión personal ceden su lugar al seguidismo de
organización o de una persona, cuando las escisiones se produjeron más fácilmente.
En efecto, si el papel del jefe se cambió tanto que pidió, una obediencia
pasiva pura y simple y en la que el menor error personal no pudo ser discutido,
éste se quedó solo, falto de una adhesión más profunda, basada sobre el
estudio y la educación política, lo que entraña una adhesión y una
obediencia sincera.
No
es verdad que el principio de escisión sea inherente al pueblo francés, o a la
doctrina socialista, si no, sobre todo, al hecho de que cada teórico se ha
abocado a tener una visión fragmentaria del socialismo, en lugar de crear la
doctrina conjunto ya que sólo ella puede permitir la unidad de fondo
diversamente expresada en la forma.
No es la doctrina sino la insuficiencia doctrinaria;
no es la discusión sino la discusión superficial lo que ha entrañado las
escisiones vayamos así al fondo del problema y extraigamos algunas verdades
fundamentales de la doctrina y sus necesidades y en la sucesivo toda escisión
será evitada. El militante mismo estará mejor armado para juzgar la sinceridad
del jefe que le ofrecerá una tendencia “nueva” por la escisión; el
militante estará en estado de evitar una división tal y preferirá romper con
el jefe en cuestión que con la unidad indispensable del movimiento y del
pueblo.
Así, en la medida en que el militante sepa responder
a todas las preguntas, resolver todas los problemas y ser verdaderamente
unitario, el socialismo realizará las condiciones de la fidelidad individual,
única condición de la unidad. En la medida en que sepa afirmar sus propias
principios, sus métodos particulares, el Socialismo Nacional será
verdaderamente nacional y unitario. Es necesario que sea él mismo el encargado
de ubicar su responsabilidad personal y su deber propio en todo militante nuevo,
frente a la necesidad que el Partido se impone de darse por entero a la causa de
su pueblo y de su Raza.
Esta actitud es la que permite combinar la absoluta
libertad de cada uno con la adhesión personal profunda.
En, la medida en que una comunidad espiritual se
establezca entre el militante y su raza, así como entre el militante y su
Partido, expresión de la Raza y del pueblo, la unidad será salvaguardada y
asegurada. La unidad no debe ser buscada en una atenuación de tal o cual posición
doctrinaria o para evitar tal o cual susceptibilidad sino en el examen total y
profundo de todos los problemas, en una acentuación y profundización del
estudio en su aplicación franca y sistemática.
A la luz de los acontecimientos de 1939—1940, el
socialismo parece haber comprendido que la cuestión de la unidad del movimiento
en Francia está ligada íntimamente a la unidad de los movimientos de Europa.
En la medida en que el Socialismo Nacional francés resuelva sus propios
problemas, contribuirá a aclarar los problemas de la unidad de Europa y del
mundo, mediante su prestigio del Imperio.
Los pueblos coloniales soportan, en efecto, con más
y más impaciencia, el peso de una dominación la cual no llegan a comprender el
sentido, puesto que los pueblos blancos no parecen capaces de organizar entre
ellos, ni la paz ni la guerra, ni tampoco realizar la armonía que a ellos les
parecen idénticas en su esencia. Parece que en estas circunstancias los pueblos
bancos no saben dirigirse ni entenderse. Sin embargo se atreven a mostrarse como
modelos y a comportarse como amos. Estos pueblos blancos se muestran más
animados cuando los coloniales les dan derechos excepcionales y les llaman para
constituirse en verdaderos árbitros de sus querella externas e internas.
Es hora ya de reconquistar para el Socialismo, por la
toma de conciencia de las necesidades raciales y nacionales, de una unidad y
autoridad que son las condiciones básicas de nuestra supervivencia y del
mantenimiento de nuestra dirección moral y material. Es evidente que cuando
realicemos el trabajo de unificación de las fuerzas socialistas y nacionales
nosotros chocáremos con las fuerzas internacionales semitas existentes ya que
estas no aceptarán ver sustituida su noción de partido internacional
(declarado explícitamente en la 3ª Internacional y virtualmente en la 2ª) por
la noción de partidos esencialmente nacionales, uniéndose por la vía de la
representación mutua y de negociaciones por afinidades raciales, en una
verdadera Federación de Partidos y Estados Socialistas y Nacionales Será difícil
igualmente, hacer aceptar a dichas organizaciones, dirigidas como están por
semitas, los principios de Nación y de Raza, así como los principios de
selección y jerarquía.
Tendremos que luchar sistemáticamente por la unidad
de las organizaciones que aceptan ya las grandes líneas de nuestra concepción,
y por otro lado, por la unidad con las individualidades de las grandes
internacionales que aceptan estos mismos principios. Es posible así que grupos
enteros de las internacionales vengan a nosotros, pero no creemos, naturalmente,
que estas secciones de la Internacional puedan pasar sin usar la fuerza es
decir, por decisión de organización, hasta el plano teórico en que
nosotros nos ubicamos. Ellos no podrían aceptar una unidad orgánica que sería
la confesión. abierta de su derrota pragmática. La adhesión no será entonces
mas que individual, en su mayor parte.
Por otra parte, el hecho de que pidamos a cada uno
estudiar y que nosotros damos los medios, nos da la seguridad de que las viejas
teorías deben en un plazo no demasiado largo, hundirse y desaparecer. Al
imperativo de la “línea general”, impuesta por el bureau político” de la
U.R.S.S., nosotros oponemos la adhesión profunda de cada uno, no tanto a un
partido, sino a una concepción de la vida y del mundo.
La organización debe ser un Partido fundado en el
contacto personal con el alma de la Raza. A cada uno decimos, siguiendo una
frase célebre ”Llega a ser lo que tú eres” y le pedimos que si su virtud y
su elección llevan el mismo nombre y tienen el mismo sentido profundo que la
virtud y la elección de su vecino, no es la misma virtud ni la misma elección,
sino algo diferente que le pertenece en propiedad y que no es igual a la de los
otros. A cada uno de los miembros del Partido enseñar esta palabra que la
democracia ha proscrito de su vocabulario: ”YO SOY” y “YO QUIERO. A cada
uno, cuando haya conquistado esta posición moral nueva para él de “yo
soy”, esta conciencia de su valía en calidad de miembro de la Raza, le
diremos que todavía este valor no es suficiente porque es sólo la manifestación
de la herencia recibida. Más aIlá de él mismo, más allá del “yo soy”,
cada uno debe conquistar para la Raza un valor nuevo; superándose él mismo,
debe crear para su generación y para los milenios venideros, una emoción
nueva, un valor nuevo.
¿Qué deseará aquél que es el mejor en el seno de
una humanidad degradada disminuida y degenerada? Ese no será más que el más
grande de los degenerados y de los enanos en nuestra sociedad.
El hombre que nosotros deseamos crear no es aquel que
va delante de una humanidad tal cual es ahora; más bien aquél, que más allá,
es el pionero de un hombre nuevo y de una sociedad nueva. Aquél que tiene la
inspiración corta y los músculos relajados, aquél que teme el peligro y el
esfuerzo. Aquél que teme estar solo frente a los abucheos de la multitud, se
aparte de nuestra ruta y deje vía libre al libre desarrollo de la Raza.
Aquél que se crea predestinado por los derechos y
privilegios, apártese de nuestra ruta. Nosotros ofrecemos el esfuerzo y las
penalidades, la certeza de los golpes y la fe en la victoria final. Aquéllos
que encuentran insípido nuestro alimento, que se aparten también; no son de
los nuestros.
Con nosotros están los deberes, no hay salarios y
recompensas materiales. Por el contrario, aquél que está presto a perder y
arriesgarlo todo, que desea trabajar y elevarse a sí mismo que venga a nuestras
filas porque está destinado a vivir en nuestra atmósfera y cualquiera otra le
sería sofocante.
No podemos esquivar los problemas del pensamiento
individual, tal como se presentan a los miembros del nuevo movimiento, desde el
momento mismo de su adhesión. Por eso creemos necesario decir algo antes de ir
más lejos en nuestro estudio.
Los
problemas que se presentan para un nuevo movimiento, tal como nosotros deseamos
verlo nacer, surgen del hecho de que queremos no solamente un movimiento político
y social, sino un movimiento que pueda dar a cada miembro del mismo, una filosofía,
una teoría del conocimiento y una visión del mundo. Deseamos pues que sea un
movimiento que desborde los estrechos límites políticos de las para penetrar
profundamente en la vida de cada uno y en las de su familia.
La política no es como algunos creen erróneamente
un negocio público, sino que debe llegar a ser un trabajo privado, moral y
espiritual.
Esta toma de posición moral y filosófica que
nosotros pediremos que tome cada uno, deberá determinar en cada militante, no
un conjunto sistemático de conclusiones, sino una actitud general intelectual
una manera partícula de enfocar y de analizar los problemas de la vida La
originalidad de nuestro pensamiento y de nuestra concepción se manifestará,
tanto por la base sobre la que plantea los problemas de todos los actos de la
vida, como por la solución que se propone para resolverlos.
El Social Racismo es la afirmación del rol
preponderante de la Raza dentro de la determinación de todos los problemas
relativos a la vida de cada miembro del pueblo y dentro de la solución que hay
que aportar. Se trata de la reivindicación de la predominancia absoluta del
factor racial, en todas las manifestaciones de la vida de los hombres y de los
pueblos. De aquí se define nuestra posición frente a los miembros de la
organización política y del pueblo.
Presentando como primordial la autoridad del factor
racial y rechazando el derecho a corromper la vida de los hombres de nuestro
pueblo a todo individuo, grupo o doctrina negadora de esta realidad, nosotros
nos separamos radicalmente de ellos, pero a su vez, encontramos en nuestro
camino a todos los grupos sanos nuestro pueblo.
Al mismo tiempo que rompemos todos los lazos con las
doctrinas y los grupos negadores del factor racial, restablecemos los contactos
con los hombres de nuestra
Raza de nuestro pueblo que, engañados siguen todavía
dichas doctrinas negativas. Nuestra actitud a su lado será, por consiguiente,
comprensiva, amistosa, acogedora y no hostil.
La
afirmación de este valor unitario de la Raza nos separa, tanto del pensamiento
religioso vulgar, como del pensamiento materialista, tal como fue desarrollado
por el socialismo semita.
Introducimos
en la vida de cada uno, el criterio definitivo absoluto que le dará orientación
moral en el curso de toda su actividad, sea familiar personal, o más
ampliamente política.
Ahora bien, del hecho que este factor, por definitivo
que sea en su esencia, es, igualmente, evolutivo y científico en
cuanto a su destino y opone su devenir y la agilidad de su dialéctica a un
rigor dogmático incompatible con la ciencia y el razonamiento científico. Se
opone tanto al dogmatismo de las religiones oficiales como a la actitud de
infalibilidad igualmente dogmática, de la dialéctica marxista.
Estas teorías dogmáticas, apoyándose cada, una en
una única teoría válida del conocimiento, niegan toda posibilidad de
desarrollo intelectual fuera de ellas, mientras que nuestra afirmación racial
fija solamente un punto de referencia, más allá del cual se halla la
degeneración racial y la decadencia intelectual, dejando la investigación
enteramente libre para lo demás. Por consiguiente, nuestra posición racial,
deja el pensamiento libre de todo dominio excepto en aquel donde el
pensamiento se suicide pura y simplemente.
Nuestro pensamiento no pueda ser un “libre
pensamiento” ya que está limitado por la frontera de la decadencia
y la degeneración de la Raza. No es tampoco un pensamiento y una doctrina de
autoridad absoluta que coarte la acción del pensamiento, puesto que ella se
podrá elevar tan ampliamente como lo desee en todos los dominios positivos. No
es así de ningún modo, una concepción del “justo medio“ sino la doctrina
de hombre que desea elevarse siempre, y ensanchar su dominio. Por eso, ellos se
cuidan bien del único factor que es capaz, de forma decisiva, de conducir a la
degeneración total: la degeneración racial,
Esta tendencia a la conquista de posiciones siempre
nuevas, pero siempre más altas y más sanas, es todavía la única concepción
que puede permitir más unidad y más armonía debido a la jerarquización
rigurosa de las valores individuales y colectivos. Es entonces, en virtud de
estos principios, por lo que cada uno estudiará la historia y la filosofía,
las ciencias y la política por lo que apreciará la literatura y el arte y los
utilizará de la manera más progresiva para él mismo y para su pueblo.
La búsqueda intelectual será así función no de un
partido o de la doctrina particular de ese partido, tomado como partido político,
sino como factor obligado de las necesidades del desarrollo del pueblo y de la
Raza. Esta búsqueda estará exenta de toda traba por parte de las autoridades
políticas consideradas como tales en tanto que estas nvestigaciones no puedan
aparecer como factor de disgregación racial;
No podemos admitir; por supuesto, que en ningún
orden de ciencia, el resultado sea el previamente indicado o sea el impuesto por
una autoridad del Partido, bajo el pretexto de su concepción política
particular. No tiene sentido fijar a una ciencia, cualquiera que sea, otros
limites que los que le fijen sus propios métodos La decisión del partido
estaliniano de prohibir tal o cual investigación con el pretexto de que es
”contraria a la línea general”, o de oponerse a una creación literaria o
filosófica por los mismos motivos, es sencillamente ridícula y al mismo tiempo
anticientífica.
En fin, incluso dentro del dominio filosófico el
Socialismo Racista está bastante seguro de sus métodos como para no temer un
desarrollo que no estuviese conforme a sus conclusiones, sabiendo con certeza
que su refutación doctrinal junto a un pueblo consciente de su devenir racial
tiene más posibilidades de éxito y de obtener resultado que con una condena o
una interdicción pura y simple.
En todo caso, como el pueblo con conciencia racial no
es partidario de ninguna democracia formal que no sería sino demagogia, al
mismo tiempo que acepta la expresión de todo pensamiento sano, reserva la
manifestación de esa expresión a los que están aptos para beneficiarse
eventualmente para refutarla.
Se podrá objetar que esta manera liberal de permitir
la expresión de un pensamiento adverso, en un medio que es capaz de
entenderlo es una fórmula democrática. Por el contrario, encontramos en los
criterios raciales un terreno firme, sabemos que siempre, frente a una tendencia
a la decadencia, el pueblo no se doblegará ante conclusiones establecidas no
científicamente. Dicha tendencia tendrá, por otra parte, que encontrarse con
su limite más allá del cual la libertad no tiene derecho a ir sin perjudicar
el bien común.
Por el hecho de que la Raza es para nosotros el punto
de partida de toda forma de pensamiento y de vida, es la raza por lo tanto la
que se opone a esta forma de pensamiento y de vida que perjudica su desarrollo y
puesto que esta actitud proporciona las bases de una concepción del mundo, esta
última responde totalmente a las clásicas interrogantes sobre origen y fin.
Así el límite está establecido, no por una decisión
de organización política o por las basas de un texto, sino por el sentimiento
de que la Raza ha hecho lo que somos y que somos por eso depositarios de
un bien sagrado cuya presencia sentimos tan imperiosamente que su legado deviene
obligatorio para cualquiera que admita este factor determinante; por
consiguiente toda desviación le está prohibida.
Aparte del razonamiento y de la discusión de la
convicción que nace del pensamiento una especie de instinto nacido de la pureza
racial reconquistada, recrea da, debe hacer sentir a cada uno que tal gesto, tal
acto, tal escrito es contrario al destino y a la permanencia de la Raza. Así,
para el Socialista Racista esta base es dada no por la afirmación precisa de
una ley o de un reglamento, incluso moral, o por un dogma sino por el
sentimiento interno de pertenecer a una línea que no puede degenerar, de ser
responsable de su herencia y en fin, de un contacto espiritual permanente con el
genio, las tradiciones, las aspiraciones y las necesidades del Pueblo y de la
Raza. Este sentimiento se trata solamente de educarlo. Por eso el contacto
permanente con la realidad viviente de la Raza debe hacer que nadie pueda
sustraerse a su imperativo sin. condenarse a sí mismo, sin abocarse a la
degeneración de sí mismo y de su Raza. Sé trata, a partir de ahora, para él,
de la adopción de una escala de valores que le inspire y cuya obediencia
voluntaria sea el único medio de satisfacer su propio destino.
Así, al mismo tiempo que la voluntad de investigación
queda libre de todo obstáculo, para el que sano mantiene en sí y en su Raza un
pensamiento sano, se impone un termino absoluto que no acepta poner en
duda ni sobrepasar. Esta concepción de valor absoluto atribuida a la realidad
racial entraña en la práctica política una doble actitud: considerando que
cada individuo debe alcanzar un estado de salud física e intelectual, al
concebir esta realidad, al tomar conciencia y al orientar su vida en
consecuencia, sé niega a imponer esta manera de ver. No se trata sino de una
adhesión profunda; el formulismo aceptable, sin duda, desde el punto de vista
político, pero insoportable para la conducción de la vida y de la elaboración
de una moral personal, haría rápidamente degenerar la organización, al
militante y con ello al pueblo mismo.
Decidido a salvaguarda la unidad y la salud en todos
los dominios, el militante está dispuesto, a oponerse por todos los medios a
los factores de corrupción y de degeneración física y moral; asimismo, se
opone por todos los medios a las tentativas de corrupción o debilitamiento. que
sean intentadas por los elementos degenerados dentro de la Raza y del Pueblo.
Para resumir en una fórmula breve: es permisible a
cualquiera no ser racista, pero no está permitido a nadie ;ser en enemigo de su
propia Raza. La neutralidad, la indiferencia, la ignorancia, son normales fuera
del Partido; la negación, no lo será jamas.
En efecto cualquiera que se oponga a una posición
moral y teórica debe conocer esta posición y cualquiera que habiendo estudiado
la cuestión insiste aun en combatir aparece como un factor de disgregación
voluntaria, como portador por su propia degeneración del declive de la Raza
No,
hay así ninguna contradicción en esta actitud doble y esta conciliación no
es. posible sino a partir del hecho de la seguridad en que se encuentra el
Socialismo. Racista frente a su propia concepción.
Nosotros
llegamos ahora al dominio práctico de la misma y del criterio que nos permite
reconocer como única válida esta forma de organización.
Si
la convicción del Socialista Racista está estrechamente ligada a Ia concepción
racial, es entonces, evidente que el criterio será la integridad de la Raza y
su unidad.
Este será el único medio de medir lo acertado del
criterio. Es posible que el Partido no corresponda realmente por un cierto
periodo a aquello que él esperaba. Sin embargo, el militante tendrá cuidado de
mantener intacta la unidad de la Raza y de conservar su única arma: el partido.
Se opondrá a toda tentativa de debilitar y menoscabar esta unidad.
cómo podría el militante concebir que la
Raza sea otra vez dividida, siendo su propia voluntad la de unirla? Cómo podría
aceptarlo sabiendo que el Partido, que es un arma poderosa de unión, se le
escapar do las manos y con ello la unión de la Raza? El interés superior de la
Raza pesará sobre toda otra consideración y le hará continuar su acción
unitaria y persistir en su actitud.
Una objeción de valor, un “gran argumento” que
desean oponernos nuestros enemigos es el siguiente: “Puesto que ustedes han
aceptado el estudio de la Historia dándole una base racista, ¿no temerán
ustedes que los nuevos descubrimientos científicos puedan derribar vuestro
sistema y arruinar vuestra propia teoría?
Sería ocioso responder que el tipo racial que
deseamos ver nacer está delante de nosotros y no detrás y que la concepción
que tenemos del hombre tiende más hacia el futuro que hacia el pasado. podríamos
decir que nuestra concepción es tal que pensamos que científicamente no se
puede adoptar otra actitud. Reconocemos, en efecto, que en el momento actual no
existe ninguna raza pura, pero que ciertos tipos de las mezclas actuales
estabilizándose pueden crear tipos de interés particularmente adaptados, para
ayudar al progreso armonioso de la humanidad. Esto es perfectamente posible
desde el punto de vista científico; que trata solamente de escoger los tipos
humanos que históricamente, incluso sin ser puros, han sido dotados de cierto
numero de cualidades específicas.
Finalmente, partiendo de esto podemos decir que si la
Historia ha sido trastornada en su desarrollo pasado por el descubrimiento
sensacional de documentos, contradiciendo todos los hechos, el tipo. ideal de
hombre hacia el cual tendemos y que debemos mantener y seleccionar, también
subsistirá como meta esperada.
Esta posición que moralmente es la nuestra, será la
de los idealistas que tienden a recomenzar el mundo, intentando desligarse de
toda tradición extraña.
Nuestra posición es entonces totalmente diferente.
El hecho de que nosotros animamos y admitimos toda investigación científica
positiva no puede presentar, en nuestra opinión, el menor peligro para la
firmeza de nuestras teorías respecto a los orígenes y fundamentos.
El desarrollo de los conocimientos actuales ha
permitido en el transcurso de un siglo, analizar las bases esenciales de la
evolución humana y el papel que han desempeñado las razas que desde los orígenes
han ocupado el Occidente Europeo.
Estamos así perfectamente tranquilos y seguros en lo
que concierne a los descubrimientos que pueden ser efectuados referentes a esta
materia. Las bases fundamentales de nuestras concepciones no pueden encontrarse
amenazadas. Es por lo que no podemos estar en contra de la tradición de
nuestras razas, ni en contra de la obligación de mantenerlas y perpetuarlas. Si
lo hiciéramos sería una construcción arbitraria e ideal de un tipo humano sin
conexión con los orígenes de nuestras razas y de nuestras civilizaciones.
Afirmamos sin temor a ser desmentidos por la critica histórica, que desde la
mitología aria, hasta nuestros días y a través de los tiempos, siempre se
encuentra un tipo de hombre que lejos de ser el guardián de nómadas semitas,
lejos de estar ansioso de sacrificios humanos a la manera de Abraham, lejos de
estar formado de una voluntad abstracta de dominación barbara sobre los pueblos
extranjeros, pretendiendo encorvarlos sobre “una varilla de hierro”, es la
encarnación del pensamiento alto y sereno que hizo posible el nacimiento de los
conquistadores, civilizadores y constructores de templos y catedrales.
Este tipo que va desde Rhama á Orfeo, de Orfeo a
Plateen y de Platón hasta nuestras civilizaciones modernas, unió la virtud del
guerrero a la del sabio, y esta virtud es la que ha dado al mundo occidental a
Alejandro, César, Carlomagno. por no citar sino a los mas conocidos o a los más
grandes.
La permanencia de este tipo es una segura garantía
de que ninguna falsificación de la historia será lo suficientemente fuerte
como para lograr disminuirlo.
En fin, de la contemplación de este tipo humano.
nosotros extraemos la certeza y la seguridad moral de nuestra verdad y del
destino de nuestra Raza.
Nuestra voluntad es por supuesto, no la de erigir la
apoteosis de un hombre tomado en particular, aunque sea un héroe u otorgándole
un valor personal, divino o absoluto, lo que sería simplista desde un punto de
vista científico, sino extraer del modelo dado por cada uno de los grandes
hombres de nuestra Raza, aquello que fue precisamente la razón esencial de su
grandeza perteneciendo al tipo común de la Raza.
Así conseguimos un tipo permanente, no solamente del
“gran hombre” de nuestra raza, sino del hombre occidental en el estado de
salud física y moral del hombre racialmente sano. Nos esforzamos en ver qué
cualidades particulares repite este tipo en sus diferentes manifestaciones
personales a fin de reencontrar en cada uno de los hombres de nuestra época, de
las razas occidentales y de nuestro pueblo cuales son los individuos, las razas
y los pueblos más cercanos a este tipo a fin de seleccionarlos y fomentar su
descendencia.
legamos así, por el examen y el fomento de este
tipo, a adquirir una idea del mundo en su origen y fin en el que reencontramos,
al mismo tiempo que una base racial permanente, un sistema de creación
intelectual igualmente permanente. Esto es a nuestros ojos el mejor medio de
construir una vía cuya valía parte del hecho de que es heredera de las grandes
figuras de la Raza y que se esfuerza por transmitir enriqueciendo la herencia
tradicional y purificándola.
La nueva regla no es el resultado de una construcción,
abstracta sino la manifestación actual de un destino milenario del cual nadie
puede sustraerse Sin traicionar sus orígenes y su propia existencia. Es el
motivo por el que el Socialista Racista que tiende a elevarse siempre, no puede
de ningún modo hacerse portador de un ideal de nivelación, sino, por el
contrario, de un ideal de jerarquización de los valores, mediante una selección
rigurosa. Al desorden y a la incapacidad actual del pensamiento, debido a la
falta de perspectiva para el futuro y a la carencia de tradiciones, el
Socialista opone un pensamiento claro, consciente de su destino inmemorial y de
su tarea inmediata, alza la imagen de un mundo en el que la grandeza y el valor
no sean excluidos, desacreditados ni disminuidos, sino por el contrario,
elevados y glorificados a fin de que sirva de modelo y guía.
Esta
es la razón por la que este pensamiento es lo bastante y ampliamente abierto
como para admitir todos los desarrollos posibles del conocimiento humano en la
medida en que ellos sean afirmativos y no negativos. Este pensamiento considera
que la civilización occidental no puede sobrevivir ni subsistir sino gracias a
su Partido y a su Pueblo. Asimismo tampoco reencuentra el sentido de su destino
si no resuelve, teniendo en cuenta las necesidades vitales, las interrogantes más
importantes y elevadas que dominan su existencia.
Considera, en fin, que el estrangulamiento de la
investigación y el estudio podría impedir la selección de las grandes
individualidades-guía que hacen falta en nuestra sociedad artificialmente
nivelada.
Por la liberalización de un tipo históricamente
eterno, pero en nuestra sociedad nueva, este pensamiento aportará a nuestro
mundo la base de una escala de valores renovada que permitirá a Occidente
reencontrar su equilibrio y armonía mediante el establecimiento de la jerarquía
más natural como más rigurosa.
Es solo una condición particular del hombre lo que
nos conduce a una toma de posición política, mientras que la mayor parte de
las organizaciones cuando llegan a una concepción del mundo lo hacen a través
de la política.
Este ultimo hecho ha sido causado porque el
desarrollo científico y social del siglo XIX ha sido mil veces más rápido que
el desarrollo y adaptación del hombre a su propio progreso. El hombre actual,
sin quererlo, conserva formas de pensar del siglo XVIII a la vez que se
encuentra en presencia de todo el desarrollo técnico del siglo XX. Es decir, ha
sido precipitado dentro del siglo XX rompiendo con todo un pasado de tradiciones
a las que no puede hoy sustituir. Además, una terrible mezcla racial ha tenido
lugar en nuestra Europa sin que los valores morales de defensa hayan sido
alcanzados.
Esta mezcla no ha hecho sino acentuar el desorden y
el desequilibrio. Se llega así, con una humanidad occidental disminuida por el
mestizaje a gobernar sin principios generales y actuar solamente al día sin
perspectivas de futuro ni orientación alguna.
Sin
duda, los “socialistas” fueron los primeros y, ellos dirán, los únicos en
intentar elaborar una teoría que fuese capaz de resolver las dificultades
materiales de su época, previniendo eficazmente el porvenir. Pero la falta de
premisas generales debida, en gran parte, a la ausencia del estudio suficiente
del desarrollo humano les impidió hacer otra cosa que no fuera
“economismo”. Otro factor más grave, como ya vimos, intervino: el
nacimiento de una teoría semítica del socialismo, válida tal vez para los
semitas, pero no para nuestro grupo de razas europeas.
Así los gobiernos, tambaleándose entre teorías
caducas del conservadurismo social, las teorías necesariamente incompletas del
Socialismo economista y las teorías semíticas, tenían en sus manos las
palancas para ordenar los Estados sin saber utilizarlas. De vez en cuando el
triunfo de una tendencia única permitió por algún tiempo evitar el desorden,
pero la teoría aplicada no correspondiendo con el desarrollo histórico de la
Raza, hizo que al sistema se hundiera rápidamente
El liberalismo, lejos de ser una fórmula de libertad
si fue en realidad la manifestación palpable de la incapacidad para prevenir,
organizar y gobernar la confesión clara de una incertidumbre en los propios métodos
del partido en el poder.
Si el régimen, en efecto, no corresponde a las
necesidades morales, intelectuales y materiales del Pueblo y de la Raza, no
puede sino vegetar y vivir de expedientes y decretos ;hubo necesidad para ellos,
faltos de la adhesión profunda de los pueblos, de dejar subsistirá una
infinidad de partidos, dentro de los cuales, la sucesión periódica, podía, en
el mejor de los casos, detener sucesivamente las incapacidades más peligrosas
de cada uno.
Por
el contrario, cuando un régimen dotado de una visión o programa de conjunto,
resuelve los problemas diarios y prepara la solución de los de mañana, la
adhesión del pueblo deviene rápida, total y profundamente y los partidos
desaparecen faltos de una razón por la cual existir.
Existe
un orden natural basado sobre la Raza y el valor personal; que las cualidades de
cada uno sean puestas a realizarse, que los medios de todos se manifiesten
libremente mediante la organización metódica de las posibilidades latentes. Es
entonces cuando el equilibrio se establece en una justa jerarquía de valores La
función del Estado se convierte en la de árbitro y regulador de las diferentes
funciones sociales, sin más actuación que su tarea tradicional.
En un Estado Racial y socialmente sano no se trata
sino de establecer una especie de “reglamento interior, fijando deberes y
obligaciones, a cada uno, respecto a la comunidad, para que por la vía de la
consecuencia los derechos de cada uno destaquen claramente; no quedan sino
deberes recíprocos y el cumplimiento de estos permite, el nacimiento de los
derechos de cada uno. No podemos dejar de decir que estos deberes son, por
encima de todo, los que incumben a la Raza y que todas las demás obligaciones
se derivan de esta obligación única, sean materiales o morales.
Importa poco, por consiguiente que el título del
Estado sea república o monarquía. Lo importante es que las garantías del
suelo y de la Raza, así como el desarrollo armonioso de cada uno, estén
asumidas en la Ley Fundamental del Estado. Sometiendo al individuo a la obligación
permanente de servir a su Raza, se le confía el criterio permanente desde el
que podrá juzgar si el Estado es bueno o no, conforme al orden natural o no. Así
cada uno deducirá con toda naturalidad la regla de relaciones que unen al
individuo, al Partido y al Estado.
Si el Estado es antirracial o neutral, el Partido
deberá ajustarse a él y oponerse para conquistarlo, modificarlo o abatirlo.
Pero no podrá aceptar transigir con él puesto que no garantiza los valores que
son imperativos para cada raza. Por el contrario, si el Estado es Racial, el
Partido se encontrará fundido dentro del Estado, el Pueblo en el Partido y una
armonía decisiva mediante la jerarquización automática de los valores se
establecerá. Así puede haber inmediatamente identidad entre la Concepción
individual y la del Partido, entre la del Partido y la del Estado, y entre el
Pueblo y el Estado. Desde el día en que la concepción general del hombre y del
mundo, que es lo propio sea aplicada, entonces el Estado será verdaderamente
unitario en su forma y en su manifestación.
Es en este momento en el que se crea la libertad
individual, cuando llega a su estado más elevado y amplio. Es la libertad de
cada miembro del Pueblo mediante la realización colectiva de aquello que es el
destino de cada uno dentro del Pueblo y de la Raza. La cuestión grave, por otra
parte, de la obediencia al Estado, no tendrá que ser resuelta en este caso,
puesto que la obediencia al Estado se confunde con la obediencia para cada uno a
su propia regla moral, con la obediencia a su propio destino. De ahí solamente
puede nacer la disciplina más firme porque es única, libremente consentida y
voluntaria
La actitud unitaria del Estado comporta así una
actitud clara respecto a la educación, si el destino fe uno se confunde con el
destino de la Raza, del Pueblo, del Partido y del Estado que conlleva los
principios de la posibilidad. de realización. El problema de la educación de
los ciudadanos y de la escuela será, entonces el de la formación de ciudadanos
conscientes desde la infancia, de su destino y de la responsabilidad social y
racial que de ello se deriva. Por consiguiente, del mismo modo y con el único
fin de llevar al más alto grado la capacidad del Pueblo y la Raza, de permitir
la selección más rigurosa posible, el acceso a la cultura debe será
ampliamente abierto y gratuito, de modo que cada uno pueda realizar totalmente
todas las facultades que le son propias: una Raza superior tiene más necesidad
de sabios que de armas. Los sabios son siempre aptos para proporcionar las
mejores armas en el instante en que las necesidades así lo requieran. Así,
muchos créditos reservados habitualmente al armamento serán empleados en el
desarrollo general de la Cultura, siempre que sirvan a la elevación del nivel
general y a la jerarquización de todos los valores del Pueblo y de la Raza. En
cuanto al contenido moral de esta educación, el hecho, de que sea una
preocupación tanto moral como política o económica que anima al Socialista
Racista, así como la voluntad de realzar su concepción del mundo dentro de la
organización del Estado, le crearla obligación de aportar a todos los niños
de su Raza todos los medios para adoptar esta concepción del mundo que es la
suya. Casi, en un mundo donde todo es lucha, cada uno será armado para el
combate por su propia existencia. El sabrá qué el lugar que ocupará no lo
obtendrá sino por la lucha elevada, todos los hombres de su Pueblo y de su Raza
habrán tomado la salida al mismo tiempo, que él y con las mismas ventajas que
él. Es tal vez una imagen brutal, una sociedad en la que todos deberán ser
combatientes; pero no es en las sociedades afeminadas ni en las razas que
subestiman donde la humanidad ha encontrado a sus guías. Somos demasiado
Socialistas como para adoptar el grito implacable de Roma: “VAE VICTIS”.
Haremos la sociedad de tal manera que el vencido tenga aún su lugar bajo el sol
pero sabrá que es de gracia no de derecho y que sólo así el vencedor se lo
otorga
Así serán utilizadas las fuerzas al máximo y lo más
armoniosamente posible, salvaguardando los derechos y las posibilidades de cada
uno en las mejores condiciones.
Cuando Paul Valery declaró que el europeo actual había
nacido del aporte griego, romano y cristiano, sobrepasó y se aparto de la
realidad. El cristianismo, no es. por supuesto, desde el punto de vista de la
formación del hombre occidental llamado cristiano, sino un factor aparente y
superficial. El cristianismo nos ha llegado completamente transformado por San
Pablo, a través de la filosofía griega comprendida por un judío y semitizada
y revisada por la catolicidad que habiéndola en gran parte, latinizado y
germanizado, la ha hecho para Occidente un conjunto aceptable, más directamente
heredera de Grecia y de Roma. Con riesgo así de espantar a ciertos espíritus
conformistas diremos que todo Occidente en sus manifestaciones políticas, filosóficas
y morales es heredero de Grecia y de Roma y que su mismo cristianismo ha sido
suficientemente occidentalizado, como para no ser tan semita como ser, sobre
todo, greco-latino y germánico.
Solo una estrecha capa semita y negroide intenta a
partir de ahora infundir a Occidente sus valores propios de anarquía,
disgregación y nomadismo pero el fondo del pensamiento y de la vida occidental
permanece greco-latino y germánico totalmente.
El Racista deberá, dentro de la civilización
occidental, discernir con cuidado los aportes recientes de las razas inferiores,
y descubrir el metal puro de la tradición grecolatina y germánica que es la
nuestra. Solo el reagrupamiento de individualidades capaces de
delimitar estos aportes podrán crear los cuadros dirigentes que faltan a
nuestro Pueblo para reencontrar las vías de su destino racial. Dentro del
trabajo de limpieza, el Pueblo tendera a desprenderse de sus elementos semitas y
negroides, como tambien a señalar la vía de las concepciones sociales
tradicionales de nuestra Raza, según las enseñanzas más características de
los grandes teóricos socialistas de Occidente, desde Platón hasta Sorel y
pasando por Blanqui, ésas son las tareas más urgentes
Pero tendrá que recordar constantemente que la teoría
no es nada en sí misma, si la corrupción racial impide al Pueblo tomarla y
utilizarla.
Por lo tanto, el trabajo del Racista será, al mismo
tiempo, el de recalcar la necesidad de realizaciones sociales y de demostrar de
no son posibles sino dentro un Pueblo racialmente homogéneo y en un Partido
racialmente escogido. No basta tener el poder político y aplicar resueltamente
las grandes medidas sociales si el Pueblo adentrado y sumido dentro del camino
de la degeneración racial no puede ni comprenderlas ni salvaguardarlas. No es
solamente en su aspecto externo en el que la sociedad Occidental llegará a ser
socialista, sino interiormente mediante su actitud para recrear su propio
socialismo dentro de la unidad moral y racial; más aún, si la idea de
solidaridad profunda que desde el principio ha unido a los hombres de la misma
raza no está presente en el espíritu de cada uno toda realización social
llegará a ser imposible.
Durante el largo tiempo que su partido no haya
alcanzado el poder, el militante racista deberá obrar con toda sus fuerzas para
transformar moralmente su medio de antemano y para preparar la Revolución de
los espíritus sin la que la Revolución Social no puede concebirse cuanto su
partido tenga el poder, su tarea no disminuirá, más aún, se ampliará por los
nuevos medios que serán puestos a su disposición. Al mismo tiempo fijará las
bases raciales y por consiguiente morales y políticas de su acción; así deberá
dentro de su vida personal, aplicar severamente las premisas de sus principios
de tal manera que sea un modelo y un ejemplo en su propio ámbito.
El
hombre de nuestro país, incluso cuando se acerca a nuestras concepciones, tiene
una tendencia muy marcada a sufrir la influencia de su medio y hacer su vida en
dos partes: una destinada a la política y otra a sus intereses privados, sin
comprender que sin una unidad total de su vida alrededor de principios firmes no
hay acción política profunda, ni vida privada consecuente; es decir, que a la
vez que condena ciertos métodos actualmente corrientes y heredados de los judíos
se acomoda a ellos en los hechos cuando se encuentra en medio de sus negocios o
de su vida privada.
Es
indispensable que el Racista unifique resueltamente, su vida, la de su familia y
la de su entorno si quiere unificar después la vida de su Pueblo y la de su
Raza. Tomando conciencia de sus deberes permanentes para con los hombres de su
raza, estará más animado y a favor de las realizaciones, que inmediatamente
puedan crear la atmósfera revolucionaria, necesaria a toda revolución, y
predicando con el ejemplo. Estando así comprometido combatirá con más
actividad el sistema actual de gobierno y organización social, en cuyo nombre
millones de nuestro Pueblo son privados de las más elementales libertades bajo
el pretexto de querer liberarles de algunos mínimos. deberes. No podrá aceptar
más alrededor suyo las servidumbres y degeneraciones que una sociedad dominada
por las razas inferiores mantiene y desarrolla sistemáticamente. Se indignará.
no en nombre de no se sabe cual. caridad, ni en el de una falaz solidaridad
social sentimental sino porque él verá millones de vidas de hombres de nuestra
Raza derrochadas, envilecidas y dispersadas sin provecho alguno para la Raza y
el pueblo.
Por
otra parte, no se contentará con las realizaciones sociales fragmentarias, es más,
querrá llegar a la raíz del mal modificar la estructura del Estado y de la
sociedad mediante la toma de conciencia del interés colectivo de la Raza entera
y de la solidaridad estrecha que une a sus miembros, creando la obligación para
unos de ayudar al completo desarrollo y liberalización de los otros.
No será posible, por otra parte, olvidar el problema
colonial, en la medida en que afectó los planteamientos sociales y políticos
del racista.
Aunque nos pongan objeciones , nosotros afirmamos que
sólo los europeos son capaces de concebir ciertas formas de socialismo y
ciertas normas de civilización. ¿Significa esto que las otras razas
no pueden llegar a un nivel de civilización relativo y crear una clase de
socialismo adaptado a su raza?
El
Socialismo para nosotros, entraña la concepción de que éste no se realiza
sino cuando cada individuo ha podido, gracias a la sociedad, llegar a un
desarrollo completo, físico, moral, intelectual y material y ocupa el lugar que
le reserva su valía.
Es así evidente que si cada raza o pueblo, dentro
del dominio que le pertenece en el mundo, establece un régimen donde estás
condiciones son realizadas habrá accedido a su socialismo, como nosotros
habremos realizado el nuestro .Cuando reclamamos para nuestra Raza el derecho de
realizar “nuestro Socialismo”, salvaguardando nuestra salud física y
nuestras tradiciones, no rechazamos el que cualquier otra raza tenga las mismas
posibilidades, sabiendo muy bien que entonces, dentro de un orden mundial
consecuente, una jerarquía de razas se establecerá por la fuerza de las cosas,
así como una jerarquía social en el seno de cada raza. Esta será la única
organización valida del mundo para preparar una paz duradera. Sabemos que así
los nómadas semitas retornarán poco a poco a su nomadismo, y que los mongoles
retornarán a su ‘yourte”. Nada tenemos que tener de esta delimitación neta
de los dominios de cada raza. Será por el contrario, el medio de manifestar más
claramente que nunca la superioridad de Occidente. Este es el motivo por el que
los semitas, mongoles y negroides se oponen con tanta severidad a su implantación,
ayudados como están por la Banca Judía Internacional y el Estado Mongol
estaliniano. Es el por que tambien nosotros luchamos con tanta energía contra
el nivelamiento y la corrupción ocasionada por dicho enemigo. Toda concesión
hecha a la idea de la igualdad de las razas y a la mezcla de sangres no es más
que un nuevo hito dentro del sentido de una guerra inexpiable. Si la degeneración
es bastante grande, si la decadencia y la dimisión del deber se acrecienta
Occidente entero se sumergirá. en la barbarie y la anarquía, como lo fue China
miles de años antes de Cristo, como lo fueron tambien Grecia y Roma en la época
de su decadencia y como ocurre con toda civilización que renuncia a su destino.
Pero cuando el derecho a realizar su destino sea reconquistado por nuestra Raza,
una era de paz se abrirá ante nosotros y ante los descendientes de nuestro
Pueblo.
El socialismo de Occidente ha tenido como primera
preocupación no tanto la de realizar el Socialismo en cada país, sino de
realizarlo al mismo tiempo o casi por doquier. La revolución mundial fue el
mito que vio mover las masas haciéndolas perder su destino, país y raza.
Ha sido normal para un socialista tener una concepción
de la organización general para dar al mundo, pero lo lógico es, antes de
desear liberar el Universo y organizarlo, tratar primero de organizar su propio
país y su propia raza. Lo mismo que antes de aconsejar a otros que realicen el
socialismo, es justo experimentarlo en casa, para erigirlo en ejemplo. Es justo
reconocer que el pensamiento socialista nació en el seno de algunos pueblos que
tenían una composición racial particular. Ha sido inteligente notar que de las
tendencias que existen en el socialismo, cada una de ellas correspondió a la
concepción que cada grupo racial tuvo del socialismo. De este modo antes de
erigirse en el campeón del universo y de la Internacional, modesta y
sencillamente unido a su pueblo y Raza, el militante socialista habrá
comprendido que las internacionales apresuradas y sentimentalmente construidas,
han sido manejadas por judíos y no han hecho sino aportar las teorías raciales
sociales de los judíos y no de los occidentales, y que la última Internacional
no es ni siquiera judía sino mongólica.
De
conclusión en conclusión, el socialista europeo se habrá preguntado que
socialismo conviene a su país ya su raza, y comprenderá que una cierta forma
de socialismo será capaz de realizar la unidad de cada pueblo de Europa. Así,
habrá preservado al Socialismo y a su Pueblo de las infiltraciones semíticas
degradantes y el Socialismo será, sin duda, una realidad en una Europa
pacificada.
La
pertenencia a una raza crea en cada uno cierto numero de aptitudes. Estas son más
o menos desarrolladas, según los individuos, pero es posible extraer las
constantes para cada raza.
Así
la concepción del mundo y de la vida tenderá a ser la misma entre individuos
del mismo origen racial antes que intervenga la educación. El hecho de que
constantes análogas pueden ser notadas entre las diferentes razas (etnias
arias) que pueblan Occidente, nos hace creer que los pueblos pueden elaborar no
un sistema común o exactamente parecido entre sí, pero sí fuertemente
emparentados.
Esto nos permite afirmar que el
origen de, los movimientos políticos, sociales o morales tiene una causa mas
profunda que la educación, la coacción religiosa o gubernamental
La
preocupación de un socialismo científico consecuente será buscar las causas
profundas, que indiscutiblemente son de origen racial, aislarlas y reunirlas,
salvaguardándolas o restableciéndolas dentro de su parentesco de origen.
Se habrá así constatado que las condiciones de
creación de una teoría propia de Europa. residen en la salvaguarda de las
constantes — de las tradiciones raciales de los pueblos europeos. Esta teoría
se dedicará a desarrollar entre los pueblos y los gobernantes la voluntad de
garantizar una estabilidad racial que será su mejor garantía.
Esta
actitud no estará sino en relación con la misión particular de cada uno. Será
necesario proseguir la tarea de defensa racial concienciando a todos de la
importancia del factor racial que fija irremediablemente el destino del
individuo y del pueblo.
Así
está determinada de antemano la actitud política y moral de todo socialista
científico consecuente que tienda a realizar la unidad del Pueblo y de la Raza
en torno a doctrinas que emanen del genio de ese Pueblo y de esa Raza.
Para
caracterizar la actitud del Socialismo Racista, no es suficiente decir que hay
que analizar tal o cual carácter, o precisar tal o cual posición; es necesario
decir que en nuestra época el Socialismo Racista es el promotor de un verdadero
drama, después de haber crecido en un mundo que niega la realidad del hecho
racial, después de haber actuado en un medio político que lo niega, el
Socialismo Racista debe enfrentarse a ambos y conducirlos al camino del pleno
Socialismo popular y racial.
Descubriendo
la importancia de la Raza dentro del desarrollo de las sociedades humanas.
dentro de la evolución del conocimiento y del pensamiento, el Socialismo
Racista debe retornar las teorías socialistas y pesar las con ayuda de este
nuevo patrón.
Así
al relacionarse con el movimiento socialista tradicional y al descubrir el
factor primordial de la Raza, el Socialismo Racista debe revalorar todo y crear
un movimiento nuevo dei pensamiento socialista y darle una determinación
completamente moderna.
La
base sobre la que el socialista racista establece su doctrina es la concepción
de que toda existencia individual está determinada por su herencia no sólo
familiar, sino racial y por consiguiente de buen o mal grado, el hombre
pertenece por su herencia á la raza que le ha dado nacimiento. Si desea
obedecer la ley de su destino no tendrá más que una vía: conformarse a las
necesidades y a los imperativos propios de su Raza.
De ahí se desprende lógicamente, que un pueblo no
podrá realizar plenamente su destino si no se pliega a las leyes de su devenir
racial y al reforzamiento constante de su salud racial.
No es entonces una obligación externa, una imposición
política o social lo que conduce al individuo a escoger tal genero de vida más
que otro, sino, porque ha tomado conciencia de su destino racial. Se trata de
una verdadera elección voluntaria: una vía lleva a la degeneración y. la
muerte, la otra, a la completa realización de sus posibilidades. Ahora bien,
dentro del desarrollo de la sociedad actual, pocos son aquellos que están en
condiciones de proceder a tal elección, puesto que el mundo mismo donde uno
crece se opone a ella o al menos se ignora la necesidad de elegir.
Por Io tanto, todo el problema del devenir humano
pasa por esta pregunta precisa: El hombre. está o no determinado? ¿Es total su
libertad individual o depende de una autoridad superior? Problema de carácter
casi religioso en ciertos casos, pero problema también biológico, físico y
político. En el caso presente, llega a ser mucho más grave que un simple
problema político. Si el individuo es portador de un capital racial dado, si
está determinado por ese capital, tiene derecho a desperdiciarlo o destruirlo?;
y si legalmente está autorizado, ¿puede estarlo moralmente? A falta de una ley
política de preservación ¿una ley moral no se opone a la dispersión de su
herencia? ¡Si! Si generaciones de hombres precediéndole en la existencia se
han comportado y desarrollado de tal manera que él ha podido recibir una suma
de cualidades particulares, éstas no le pertenecen en propiedad, pues es
solamente el depositario provisional de las mismas. Está obligado no sólo a
conservar intacta esta herencia sino a acrecentarla más; antes de transmitirla
a su descendencia tiene la obligación de no romper la cadena generacional por
ser el sostén de la Raza y su continuación. Problema colectivo, luego social,
pero al mismo tiempo imperativo individual, trazando a cada uno la vía de su
devenir personal y político.
Sin
duda, esta inmensa importancia dada a la responsabilidad individual está en
oposición y ruptura total con mucho de lo que la mayoría de la gente tiene por
costumbre admitir. Pero acaso no ha sido esta la actitud de las griegos en su
buena época cuando deseaban sobre todo “ser buenos y bellos” sabiendo
siempre que los dioses castigarían tanto el crimen de desmesura como el
atentado contra la Raza? Está noción está expresada en su totalidad en el
Mito de Edipo y de su descendencia.
Así,
al tiempo que cada uno puede preparar para sí la degeneración y la de su
propia raza, una nueva noción interviene prohibiéndoselo: la toma de
conciencia racial de su Raza.
Por
medio de esta toma de conciencia racial descubre que no pertenece a sí mismo,
sino a cierta cadena de hombres que le han precedido y que debe continuar siendo
él uno de sus eslabones.
Es
en nombre de los derechos de la Raza el motivo por el que se alza el socialista
racista y en nombre de éstos reclama para el Estado una forma que le garantice
a él y a su pueblo una forma de vida, de tal manera que el desarrollo armonioso
de todas las calidades raciales esté asegurado al máximo. Es, finalmente, la
voluntad de garantizar el papel predominante del concepto racial lo que le hace
reivindicar un rol dirigente en la sociedad y en el Estado a fin de ser el
Arbitro y guía de todos los miembros de la “familia popular” a la que
pertenece.
En Francia, más que en ningún otro país, tropezará
con la voluntad que tiene el individuo de conservar su “libre determinación”,
de considerar que “su vida es de él’, que su cuerpo es de él, por decirlo
con la frase de un conocido corruptor. Esta actitud es el resultado de decenas
de años de corrupción intelectual sistemáticamente conducida en Occidente,
por los elementos extraños a Europa. Contra ellos, precisamente, se alza con
vigor el Socialismo. Racista. Quien no es consciente de las necesidades de su
raza en todos los dominios y actúa contra ella, deliberadamente ha escogido el
camino de la enfermedad y decadencia. Es por esto por lo que el socialista
racista trata de conducirle a una concepción sana o resuelve pedir su exclusión
de la comunidad racial.
El
partido Racista es pues, a los ojos del Socialista Racista el medio de regenerar
una sociedad y un pueblo que vuelve la espalda a su verdadero destino y a su
meta más profunda.
El
Partido no es sino una primera selección que intenta restablecer en su
integridad el tipo de hombre que tradicionalmente representa lo mejor de la
Raza. El Socialista Racista se hace propagandista no del Partido sino de la
sociedad renovada que concibe el Partido; no se hace agente de una camarilla que
espera el poder, es el campeón de un mundo nuevo, restablecido sobre su
verdadera base.
La
sociedad cuyas líneas él diseña no es solamente una imagen del porvenir, más
bien una realización personal cotidiana.
El
Partido no es el boceto de la sociedad nueva; el hombre nuevo no es para mañana
o más tarde, sino para hoy, mediante la reforma personal, la actividad y
organización del Partido.
El
Socialista Racista no se realiza de acuerdo a su concepción, en el cabecilla o
vulgar agitador que se mueve encima de un tabladillo; por el contrario, toma uno
a uno a los hombres de su Pueblo para fortalecerlos y restituirles el sentido de
su destino; después de esta reconquista y recogida su adhesión les conducirá
al combate de liberación y purificación.
Lo más importante a nuestros ojos sobre el sendero
de este renacimiento popular no es el método que cada uno escogerá para
conducir a los otros a una concepción sana de la vida y del mundo, sino la
manera de como cada uno se erigirá en ejemplo y modelo.
Poniendo de relieve el tipo humano hacia el que se
tiende, es como el Socialista Racista obtendrá los mejores resultados prácticos.
Nosotros no deseamos decir aquí, se sobreentiende, que debe contentarse con
tender en solitario hacia ese tipo. Dentro de la sociedad degenerada en la que
vivimos en medio de la corrupción generalizada, no podrá acercarse
suficientemente hacia dicho tipo. Deberá, además, rebuscar y restituir para
los hombres de nuestro Pueblo la imagen como en una especie de leyenda dorada de
Occidente. Esta leyenda falta aún por escribir pero es de esperar que nuestra
acción inspirará a alguien el deseo de recrearla sobre tantos documentos que
permiten hacerla.
Desde
el momento en que los rostros de Rhama, Orfeo, Platón, San Luis, Carlomagno,
etc., hayan reencontrado sus rasgos característicos raciales en la memoria de
los pueblos, un gran paso se dará para su propia liberación. El día en que
cada uno de nosotros en el seno de nuestro Pueblo sepa que la lucha que le
pedimos continuar ha comenzado en el linde de los tiempos, el pueblo sentirá su
verdadero sentido, se sentirá heredero de tantas cruzadas conducidas para la
defensa de la Raza Blanca.
Así el Partido de la Raza dará por entendido el
hecho de no presentar al pueblo la teoría de una filosofía muerta y
polvorienta, sino, primero una galería de rostros donde finalmente los gestos y
rasgos constituyen a través de las edades, la imagen única, móvil y viviente
del hombre blanco, el hombre blanco en el combate por la supervivencia de su
Raza.
Esta
realidad convertida en mito es la que hace que la doctrina y la ley se
incorporen de manera viviente a la marcha de cada uno. No se trata de una adhesión
formal a una organización cultural social o política; sino la aceptación para
cada uno del modelo viviente, mediante la orientación hacia el tipo ideal de la
Raza.
Es cierto que una forma de organización particular,
un Partido y una cierta forma de Estado son necesarias para pode conseguir
dentro de la sociedad, la formación de este hombre nuevo, pero es conveniente
saber que la prefiguración del fin siempre le es anterior.
Nietzsche
escribió que cada uno debe hacer su vida de tal modo que merezca ser vivida.
después de él, durante milenios. Esta imagen del gran pensador debe llegar a
ser realidad para el Socialista Racista.
Así
como antes de él, cientos de hombres han construido su vida para verla también
elevada durante milenios, cada uno establece su plan de vida para que durante
milenios, un pensamiento nuevo, una sensación o una emoción nueva se sumen al
capital racial y sean eternamente revividos por todos los continuadores y
herederos de su línea. No es mediante la persistencia de una forma de
organización social o política fija ni mediante el tabú de una “teoría del
conocimiento” como él pretende desarrollar este ideal, sino, solamente, por
la fidelidad a un tipo al que es un deber desarrollar y aumentarle la pureza.
Esta fórmula viviente propuesta por el Socialista Racista es la antítesis de
la fórmula matemática fría y económica del semita marxista.
Lejos de imponer un cuadro estrecho
y definitivo al desarrollo humano, el Socialista Racista aboca por ampliar su
campo de acción y elevarIo negándose a creer que la evolución progresiva de
los milenios pueda jamas llegar a una perfección definitiva o a un callejón
sin salida.
El marxismo se consagra a un cierto
arado de desarrollo, falto de poder concebir otra cosa más vasta fuera de la ‘perfección” de la sociedad comunista que le parece debe
constituir el punto final de toda evolución; como si durante veinte mil años
el hombre no hubiera evolucionado más que para llegar al final comunista. El
Socialista Racista acepta que el progreso humano atraviesa por rupturas,
convulsiones políticas sin, por eso, apartarse de su fidelidad permanente al
tipo racial que él ha reconocido como suyo. La certeza de la solidez y
persistencia de este tipo a través de las edades le da la seguridad de que toda
evolución es posible y deseable, de que toda búsqueda y todo desarrollo son
posibles en todos los sentidos, a condición de que sea garantizada la
existencia de este tipo.
Que la supervivencia de la Raza
implica obligaciones sociales imperiosas y particularmente un nivel de vida
conveniente al desarrollo completo de sus miembros no es más que la
consecuencia inevitable de la posición socialista Racista. Es por lo que,
siendo racista, es socialista. Tendrá una razón más, la fidelidad a la
herencia espiritual de los grandes precursores que jalonaron la vida de la Raza
y ésto le apremiará recordándole que todos fueron reformadores sociales y que
aseguraron siempre, lo más ampliamente posible la vida material y moral de sus
pueblos. Así pues, la fidelidad a la tradición es la misma que se impone al
Socialista Racista obligándole a ser un revolucionario. un reformador, un
socialista, en lugar de un mezquino conservador. Es esta fidelidad a la tradición
lo que le obliga a cortar por lo sano en esto que algunos llaman “tradición’
y que no es más que una manifestación de senilidad y decadencia.
Lo que le pierde a nuestra sociedad
actual, no es la falta de “tradición” o eso que farisaicamente llaman así,
sino el exceso de falsas tradiciones que son las formas vacías de una
organización antirracial y antisocial. No son las formas sociales caducas desde
hace muchos años, ni la conservación de privilegios inicuos, debilitando y
disminuyendo la raza, lo que puede restablecer las tradiciones en su integridad.
La transformación radical del estado de cosas actual sumergirá a cada uno en
las fuentes mismas de las verdaderas tradiciones.
El Socialista Racista se arroga así
el derecho de crear y ésto es lo que le caracteriza y distingue. Unido a la
roca más antigua de nuestra civilización decide, construir sobre la misma una
sociedad que sea digna de sus inspiradores, que derive de la fidelidad a estos,
precursores que él reivindica. ¿No fueron acaso ellos los creadores de
imperios, los fundadores de doctrinas, los legisladores, etc.? Defendiendo esta
tradición se obliga y compromete a continuarla y renovarla. También para su
Pueblo debe ser un fundador de imperio, un conquistador y un legislador; ésto
es para él la forma suprema de fidelidad a la Raza.
Nosotros hemos visto más arriba que
para el Socialista Racista, el Partido representa la primera selección que
tiende a restablecer un tipo de hombre particular en su integridad. Así, el
Partido, dentro de sus miembros, realiza el primer ejemplar de este tipo para la
época actual, que será capaz de renovar en el curso de la evolución ulterior
de la sociedad y de Ia humanidad blanca.
Es entonces, no solamente un grupo de hombres unidos
alrededor de un programa inmediato de realizaciones políticas o sociales, es
mucho más. El Partido representa para el Socialista Racista el vehículo de una
concepción de la vida y del hombre, idea que unida a las tradiciones más
profundas de las razas europeas está, sin embargo, enteramente adaptada al
nivel actual del hombre occidental.
En
la medida en que el Partido tome el carácter de un agrupamiento de hombres que
realizan una concepción del mundo, tanto como una ágil doctrina política, el
éxito está asegurado.
La
doctrina política se deriva, en su caso, solamente de la concepción del mundo;
estando delimitada esta concepción se puede lograr una amplia flexibilidad
dentro de los medios de su realización puesto que la base sobre la que reposan
el Partido y su doctrina está sólidamente asentada. Es este hecho el que
precisa los limites más amplios entre la libertad individual y la disciplina de
organización indispensable en todo combate social, político u otro cualquiera.
No podemos decir que esta
agilidad misma comporta una obligación moral para el que ha reconocido
la justeza de los principios teóricos defendidos por nosotros, de adoptar esta
manera de ver y vivir.
Esta
flexibilidad, obliga a unirse al Partido a cualquiera que desee servir a su Raza
y a su Pueblo y no es posible imaginar una acción en este sentido sin que se
establezca una relación entre ella y el Partido.
La
idea de la unidad dentro de la Raza y del Socialismo entraña, con mayor razón,
la idea de la unión dentro de la organización portadora de los principios y
que es, a su vez, el cuerpo activo.
La
afirmación y determinación del Socialista Racista es sobre todo ideológica,
pero tambien individual. Su actividad, en la medida en que es concebida como
tendente a la unidad, debe agregarse al conjunto unitario del combate. La idea
Socialista Racista puede aparecer y aparece normalmente fuera del Partido y
dentro del espíritu del individuo, pero no puede manifestarse más que en la
unidad del único partido apto para dar vida a está idea. Fuera del Partido no
hay militante posible.
El Partido no es entre los racistas como tiende a ser
entre los marxistas un “partido internacional” si no se desarrolla dentro
del cuadro de una unidad cultural dada. No son los límites geográficos
actuales de un estado los que ponen sus propios límites, sino las fronteras
raciales y culturales de cada grupo europeo. La unidad de lenguaje, de las
tradiciones inmediatas y de la educación, incluso fuera de toda unidad
gubernamental actual, deben establecer las fronteras del desarrollo del Partido.
Así, en lo concerniente a Francia, serán tenidos por franceses todos aquellos
que de pensamiento socialista racista, hablen francés, pertenezcan a las capas
raciales constituyentes del pueblo francés y conserven las tradiciones
esenciales.
El Partido, manifestación nacional de la Raza no
puede aceptar las estrechas fronteras que le impusieron tratados anticuados o
gobiernos extraños al Pueblo y a la Raza. El Partido no es una creación.
artificial debida a los espíritus especulativos sino que responde a la
necesidad de un Pueblo que trata de reencontrar su unidad y participar en la
lucha de su Raza aportándole el concurso más consciente posible.
Históricamente se observa que las razas blancas,
extendiéndose a través del Occidente europeo como consecuencia de necesidades
climatológicas, sociales, políticas, militares y otras, han sido llevados a
crear culturas nacionales diferentes en sus formas, aunque obedeciendo a
constantes generales comunes. Cada partido debe aceptar este echo. Pero allí
donde a pesar de las fronteras artificiales ve un pueblo se declara su
representante.
El
Partido no es solamente el medio de reencontrar la unidad para el Pueblo sino
también para la Raza. Ahora bien, puesto que él se encuentra ante una división
de hecho intentará por lo menos atenuar los efectos de la división, mediante
los contactos personales, permanentes de partido a partido en el marco de la
Raza; se esforzará en ayudar a la realización de una federación de pueblos de
la misma raza, habiendo reencontrado el sentido de su destino y la organización
política que corresponde a su propio genio.
El Partido surge del Pueblo, pero es tambien un brote
de la Raza y no le es posible al Socialista-Racista tener separado su partido de
los demás partidos racialmente emparentados. Aunque no acepta ninguna sujeción
de su Pueblo por otro pueblo,. Incluso si ese pueblo es de su Raza, estará
siempre listo a estudiar los mejores medios de proteger mediante una lucha
coherente los intereses fundamentales de la Raza. Si nosotros quisiéramos
dar una imagen figurada de este desarrollo, diríamos que las razas blancas se
encuentran en Europa como el árbol que ha posado sus ramas en diferentes
sitios. Las ramas no pueden confundirse pero están todas unidas al tronco común;
así los diferentes pueblos y partidos socialistas que los
representan deben sentir la necesidad de tomar su alimento del tronco común,
sin deber, por lo tanto confundirse.
Se
nos objetará sin duda, que no existe ningún partido Socialista Racista. y que
es difícil sostener esta posición de unidad más allá del pueblo mismo;
nosotros responderemos que la Historia del Socialismo está llena de ejemplos de
grupos nacionales que, prohibidos o disueltos, nunca han cesado de mantener los
contactos; el que esos contactos a menudo hayan tendido a crear una
internacional no invalida nuestro ejemplo. A través de estos contactos siempre
se logró restablecer un desarrollo coherente de estas organizaciones
socialistas, como así mismo, su tradicional contenido viviente finalmente se
impuso.
Hemos
definido lo que es el Partido en su conjunto, pero es bueno saber lo que será
el Partido Socialista Racista para el militante, puesto que el fin del Partido
es realizar las condiciones políticas, personales y sociales de salvaguardia
del Pueblo y de la Raza. Este debe aportar y crear los medios necesarios para
alcanzar esta meta y aportar al militante todo aquello que es deseable reunir
dentro de la vida moral y política. El Partido deberá reunir en sí a las
organizaciones sociales, de ayuda mutua, sindicales y juveniles que son
indispensables para su desarrollo y el de sus miembros; al mismo tiempo, deberá
crear los cuadros necesarios para sus diferentes organizaciones y vigilar que
los cursos de formación, verdaderos seminarios den a los futuros cuadros y
militantes los medios para guiarse en su combate y conducción del Pueblo.
Pero
deberá, además, crear luna atmósfera alrededor del militante de tal modo que
jamás se sienta aislado y que en los instantes de fatiga pueda encontrar todavía,
una expansión y un consejo junto a sus jefes.
El
Partido debe crear locales donde se desarrollarán libremente las aspiraciones
de todos sus miembros y donde una atmósfera de combate y unidad racial
prevalezca. La permanencia dentro del Partido deberá constituir un verdadero
hogar de cultura racial y social, al mismo tiempo que debe ser el lugar de
acogida para los miembros del Pueblo. Es necesario que allí cada uno pueda
encontrar el consejo, el apoyo, la protección, que la son necesarias en toda
clase de circunstancias.
Un
grupo del Partido que no se dedicase a estar presente en todos los lugares en
que el pueblo tenga necesidad de su presencia y dirección, traicionaría a la
base misma de su programa que le obliga a estar al servicio del Pueblo y de la
Raza y de ser su alma y su medio.
En este sentido cada Socialista Racista debe sentir y
comprender que todo lo que haga as poca cosa, mientras no haya realizado la
unidad de su Pueblo, ni renovado su sentido racial, incluso entonces, su tarea
no habrá terminado: habrá de seguir profundizando en la conquista de su Pueblo
y Raza.
Sin embargo, más que en la reunión y permanencia,
es en el dominio de la propaganda en su propio medio, en su hogar, en el que el
Socialista Racista debe mantener su adhesión a una concepción particular de la
vida y del mundo. Tal vez, esta exigencia parezca exorbitante o exagerada, pero
¿no es allí, donde se encuentra más a menudo y donde debe defender, y
continuar siendo integrante de un pueblo y de una, raza? No es su rol, entonces,
dar a su propia existencia el sentido racial que es el suyo, el de su Partido y
el de su Pueblo? Podrá fácilmente, dar a todos los miembros de su casa los
elementos de reflexión útiles para una toma de posición sana. No podría, por
ejemplo, al comienzo de una tarde, cuando estén todos reunidos, leer un corto
pasaje de algún teórico de nuestras concepciones, a fin de comentarlo
simplemente? Incluso, sin comentario, una repetición de nuestras ideas debe
hacer .reflexionar a aquellos que le rodean y conducirles a una actitud
positiva.
Lo que el hombre del pueblo pide particularmente al
militante del Partido para poder tomar conciencia de las necesidades de su lucha
es no que sea un jefe, sino un consejero y un guía que le permita comprender
los grandes problemas políticos y sociales. No le pide que sea el hombre
predestinado sino el educador que le ayude a liberarse.
En la historia de las grandes figuras de nuestra
Raza, el militante deberá hacer resaltar claramente los principios y las
inspiraciones que les han cambiado, más que los gestos de su propia existencia.
De este modo, en cada instante, detrás del gesto y más allá del acto, el
hombre del Pueblo sentirá el móvil profundo venido de la Raza. Por
consiguiente, el militante deberá enseñar, no tanto la historia, sino, más
bien, la explicación de la historia a fin de que, habituándose a analizar los
hechos del pasado en razón de ciertos principios, pueda cambiar los hechos del
presente en virtud de los mismos principios. Lo que el Socialista Racista busca
dentro de la historia de las grandes figuras de Occidente, es la historia del
desarrollo de un principio o de un conjunto de principios, no la del hombre
solamente. De que si es útil resucitar esta tradición y mostrar sus
realizaciones sucesivas no nos cabe la menor duda, pero éste no debe ser sino
un medio y no un fin; más allá del hombre y por encima de él está la Raza y
su tipo ideal; todo otro medio conduciría a un romanticismo de la acción,
absolutamente vacío de sentido y demasiado superficial para crear un militante
activo. Nuestra preocupación es la de tender a la calidad antes de desear la
cantidad, tanto en el partido como en el Pueblo.
Seríamos poco consecuentes si deseando una jerarquía
no nos exigiéramos una selección metódica y previa entre nosotros.
Ahora
se trata del problema contrario: si a él le parece que abandonando su actitud
marxista renuncia a una cierta libertad, constata de hecho que la libertad es el
derecho de cada uno de realizar enteramente sus facultades y dones naturales. La
única libertad posible existe cuando cada uno, cumpliendo todos sus deberes
respecto a los demás, recibe a cambio una suma de posibilidades que ningún
otro régimen le puede garantizar. Quedará sorprendido, en definitiva, al
comprobar que la libertad es solamente una suma de deberes y no la afirmación
de una serie de derechos. El cumplimiento de los deberes crea los derechos; la
reivindicación de derechos crea solamente la irresponsabilidad y el desorden.
Naturalmente
las condiciones en las que el Socialismo moderno ha nacido influyen sobre la
actitud individual del socialista haciéndole alguna veces, ser un revoltoso
revolucionario, y otras un revoltoso timorato.
Es
así que la revolución de inspiración judía de 1.789, al mismo tiempo que
permitió a los semitas tomar en sus manos las riendas del poder político,
fijó la prohibición de unirse y de asociarse a todas las categorías
trabajadoras del Pueblo. La revolución burguesa, de inspiración masónica,
tuvo lugar en otros momentos y en otros países, pero casi en las mismas
condiciones de prohibición.
Por consiguiente, las organizaciones socialistas y
sindicalistas fueron desde el principio clandestinas y perseguidas. Esta
herencia de sufrimiento y dificultades sin numero no dio más que una actitud anárquica
al socialista revolucionario. Al mismo tiempo su organización tomó a menudo
las formas apropiadas a este estado de cosas y no del socialismo y de la unión
de todas las capas del pueblo alrededor de un programa social común. Así ha
resultado que el socialista ha estado desde el principio más “contra” todo
el orden existente que con una mentalidad constructiva. Dentro de los países
donde el socialismo no ha estado perseguido ha tomado otra fisonomía distinta
(Inglaterra. Alemania, Estados Unidos) lo que demuestra ampliamente esta
afirmación. Sin embarro, el hecho que nosotros destacamos más arriba, la de su
ignorancia del hecho racial, le hizo incapaz de realizar la unidad del Pueblo e,
incluso, de constituir un programa social y político realizable Esta ignorancia
se debe a que desde el comienzo y muy rápidamente los judíos se
apoderaron del socialismo y reivindicaron su monopolio y dirección. Así se
disfrazó la realidad al Pueblo y la realidad de que el Pueblo estaba dividido
presionado por la Banca, con mayoría judía y por el Estado donde los judíos
retenían los poderes decisivos.
Es
de este modo como se propaga la noción de que “el capital” tomado en bloque
ha sido el único responsable de este estado de cosas, mientras que los modos
judíos o impuestos por los judíos han sido realmente el origen de este estado
de “división de clases” Que el egoísmo inevitable de algunos no judíos ha
permitido un desarrollo más rápido todavía de este error y de su perpetuación,
no impide el hecho de que a menudo los capitalistas no judíos se han esforzado
en paliar las desigualdades flagrantes, confundidos y con una prudencia que sólo
lo explica su posición social, intentaron enunciar algunas teorías sociales
(paternalismo u otra). Así, cualquiera que fuera su posición capitalistas o
proletarios, los no judíos intentaron y propusieron resolver el problema
social, mientras que las “internacionales” judías intentaban oponerse a
toda solución viable que no les llevaba al poder ni les garantizaba su
explotación sobre los pueblos.
Que
el socialista, presionado entre estas tendencias diversas y opuestas tuvo una
posición desordenada, se explica perfectamente.
Fue
dado a los socialistas racistas resolver estas contradicciones y estas
oposiciones indicando cual es el principio de unión y elaboración de una teoría
socialista, subrayando la importancia primordial de la Raza en el destino de los
pueblos y en eI nacimiento de sus teorías sociales, políticas y de gobierno.
La ignorancia de esta ley fundamental de la Raza ha conducido á la revuelta, a
la negación y a la anarquía dentro de las teorías socialistas El
descubrimiento y aceptación de esta ley debe restablecer la unidad. El
verdadero socialista siempre ha hablado de unidad sin descubrir el medio. Su
conciencia fue siempre desgarrada entre la sed de unidad que deseaba para su
organización y su pueblo y las obligaciones antiunitarias de una teoría que le
era ajena. El Socialista Racista ha resuelto de una manera enteramente
responsable y coherente la cuestión de la unidad al mismo tiempo que la de la
aceptación de las normas sociales, no por una “clase” sino por las tres
agrupaciones del Pueblo: obreros, campesinos e intelectuales. El Socialista
Racista restituye todo el valor de las nociones de autoridad y jerarquía que
había llegado a ser ajena al socialismo, a pesar de las protestas contrarias.
Si las tres partes vivientes de un pueblo se encuentran de acuerdo sobre el
principio de una reorganización social unitaria, no podemos decir más que la
jerarquización del mismo se desprende por sí sola. La contradicción mortal
del socialismo semítico que debió, para mantener la “dictadura del
proletariado” apoyarse sobre una camarilla de extranjeros (judíos), se
encuentra frente a esta teoría unitaria racial reducida a la nada El Socialismo
pertenece a todos, cada uno encuentra su lugar y cada uno se encuentra en su
sitio. Si las querellas de familia estallasen algunas veces, el Partido y el
Estado, árbitros del Pueblo, porque son la elite del Pueblo y la Raza, sabrán
resolverlas y apaciguarlas
La
Ley no es para el Socialista Racista, ni el resultado de un sobresalto político
temporal de una camarilla en el poder, ni la manifestación del interés de una
clase, sino la regla legítima y permanente, inspirada por los intereses
superiores del Pueblo y de la Raza para la defensa, protección, y desarrollo de
los mismos. La autoridad que él acepta obedecer como una ley moral y a la que
obedece espontáneamente dentro de la conducta de su vida, la reencuentra en el
espíritu de las Leyes del Estado. Lejos de parecerle una ley que se respeta por
el “miedo al gendarme”, le parece la regla voluntariamente admitida porque
la misma no puede ser mejor para él y su Pueblo, dentro del estado de
desarrollo particular en que se encuentran. Así se dan las condiciones de una
libertad tan completa como es posible dentro de la vida en sociedad, así como
la disciplina más libremente aceptada para el bien común.
El Socialista Racista se alegra al ver esta unidad de
la disciplina y de la libertad reunidas tan fácilmente y de reencontrar su
responsabilidad individual en la alternativa y adhesión.
Por el contrario, el socialismo semítico tiende cada
vez más a imponerle una ortodoxia agobiante, cuya ultima manifestación muestra
sus resultados en la URSS
Así, al mismo tiempo, como un hilo conductor, un
punto de referencia le es dado de forma permanente: la Raza. Ve asegurar a su
desarrollo personal y a la actividad de su espíritu, una independencia que
habla cesado de esperar. En fin, encuentra su espontaneidad propia, sumergiéndose
en las fuentes vivas del genio de su Raza, de las que había estado separado
largo tiempo. Ya no existe para él la oposición entre la actividad de la
colectividad y la suya, puesto que las dos, a partir de ahora, beben de la misma
fuente.
De todas formas, la aplicación de la Ley, sea
personal o colectiva, cesa de ser la observancia impuesta por la autoridad
policial, de reglamentos sin vida.
Llega a ser como un contacto permanente del ciudadano
con su Pueblo y su Raza, sin duda como fue en otro tiempo cuando la Ley y la Fe
podían confundirse. El hombre de la Edad Media no veía ninguna diferencia
esencial entre la Ley del Estado y la de la Iglesia, entre la de la Iglesia y su
propia concepción de la vida. El Cristianismo estuvo en ese tiempo enteramente
adaptado a la Raza. Tuvo y supo reunir a todas las capas del Pueblo alrededor de
un ideal y de un fin común, realizando una unidad popular de la que muchos aún
guardan nostalgia.
Sin embargó, la Iglesia, a falta de comprender la
importancia de la Raza y de su unidad que presintió algunas veces, ha olvidado
esta organización y esta concepción y esta actitud. El tiempo de un relevo
dentro del dominio temporal parece haber llegado. La misión que la Iglesia no
ha podido satisfacer, el Socialista Racista la conducirá a su termino.
Hemos indicado en otra parte de esta obra que no es
momentáneamente, sino, constantemente como el socialista racista permanecerá
fiel a su ideal y a su concepción del mundo. Su vida entera está condicionada
por una actividad asumida respecto del pueblo y de la Raza en razón a su
pertenencia a la, misma
Por consiguiente esta actitud no puede estar
superficialmente limitada a la participación en una reunión, sino que, en la
medida, en que su toma de conciencia de la realidad racial despierta en él un
orgullo, y una fe profunda llega a ser una actividad constante, modela su vida
para siempre.
Cuando viniendo del local del Partido el militante
retorna a la vida cotidiana, cuando va a encontrarse cono una masa, que no ha
tomado conciencia de esta verdad; que a él le transporta y sostiene, no pensará,
como hacen los militantes de otros partidos que su labor ha terminado, no
supondrá que puede “vivir como todo el mundo” y pasar desapercibido. Por el
contrario, su trabajo comienza en ese momento; ha cogido argumentos
nuevos, y, el contacto con el Partido y sus camaradas le han infundido un nuevo
ardor: retornará más decididamente al servicio de su Pueblo.
El
Racista sentirá en su vida personal el orgullo de pertenecer a tal Raza, de
mantener y elevar cada vez más esta dignidad, esta nobleza que es la suya.
Dentro de la vida colectiva hará respetar esta
dignidad, esta nobleza y este honor primero, en sí mismo y, dentro de su Pueblo
después. Empujará a sus compatriotas a tomar conciencia directamente. La
dignidad de la Raza es una realidad permanente y no una afirmación vocinglera
de mítines esporádicos; es por ésto que no puede haber eclipse en las
manifestaciones de esta dignidad, porque ella es la vida misma.
Aquel
que perteneciendo a una raza de civilizadores, conquistadores y legisladores,
actúa como un civilizador y un conquistador no hace sino cumplir el imperativo
racial.
El
Racista excluye absolutamente de su concepción y de su pensamiento toda noción
de un partido con miembros “honorarios” qué se contentan con tener un
carnet en el bolsillo y pagar una cuota, sin que la adhesión les comprometa a
otra cosa que ese esfuerzo simbólico o insulsamente material.
Para él. el obrero que ha dado su adhesión total y
que ha modificado profundamente su forma de vida, tomando conciencia de su
dignidad racial, es más noble y está más cerca de la sana realidad del
Pueblo, que el hijo de una familia aristocrática que se ha contentado con una
adhesión sólo de forma. Un solo criterio: se es o no se es digno de su Raza y
de su Pueblo; el origen social no significa nada.
Hay
un solo camino abierto para poder manifestar la “nobleza” verdadera: el
Pueblo, con todas sus reivindicaciones, sus necesidades y la liberación que
espera. Así, cada uno, donde se encuentre, en la escuela, en la fábrica, en el
campo o en la oficina, sea un director o un simple obrero, no debe conocer sino
un ideal: servir a su Raza y a su Pueblo, y obrar para su elevación y liberación,
para concienciarse de su dignidad y de su destino. No negamos que ciertas
posiciones sociales impiden, por algún tiempo a algunos, dar toda su energía a
la causa pero lo que nosotros deseamos, sobre todo afirmar, es que ninguna
posición puede disculpar la indiferencia o la tibieza. Hay siempre un modo de
contribuir a la liberación del Pueblo y de la Raza, al desarrollo del Partido.
No hay ninguna vía que pueda escapar fácilmente a
la determinación racial y aquel que no conduce su vida teniendo en cuenta la
Ley Racial ha traicionado los intereses de su propio Pueblo y de su propio
destino.
Que nadie piense que es ésta una tarea más baja que
su destino, si esta tarea está al servicio del Pueblo y de la Raza. La
actividad más humilde, hoy día, es tal vez, aquella que será la más rica en
resultados, llevando un militante al Partido; quién sabe si este nuevo
militante no será aquél que liberará al Pueblo y a la Raza?.
Así, esta toma de posición es totalitaria, unitaria
y determina todos los actos de la vida del Racista particularmente sus
obligaciones respecto al Partido, que él ha declarado voluntariamente
ilimitadas.
Pero, puesto que esta adhesión penetra en todos los
dominios, ¿habrá, así, una moral Socialista Racista? Sí, y es lo que
nosotros no cesamos de repetir. La moral, en efecto, no es una creación
artificial de espíritus maníacos, sino que tiene su raíz en la observación
de, todos los primeros hombres que vivieron en sociedad. Ya la familia
primitiva, después la tribu, el clan, tuvieron su moral, que fue siempre
agrupada por una misma raza, alrededor de principios constantes a través de la
historia de esta raza. Lo mismo que el canibalismo o los sacrificios humanos
pertenecen a las razas asiáticas o africanas, el rechazo a los sacrificios
humanos. y el respeto al cuerpo pertenecen a las razas blancas; Rhama mismo, ¿no
fue asesinado, por las sacerdotisas negras a causa de su rechazo a los
sacrificios humanos?.
La preocupación de obedecer al imperativo de la raza
llevará al Socialista Racista a rechazar en todo momento ciertas actitudes,
ciertas maneras de vivir, contrarias a las tradiciones y más aun a la salud de
la Raza. Frente a la depravación y relajamiento que propagan encarnizadamente
las razas extranjeras a Europa y aquellos que han sido podridos por su contacto,
el Racista adopta todos los imperativos de la moral tradicional de nuestra Raza.
Es característico, por otra parte, que las nociones de virtud hayan sido las
mismas entre griegos y romanos, en sus mejores épocas, entre los germanos y en
todas las sociedades occidentales. En consecuencia, las nociones morales
esenciales serán fáciles de reconocer y encontrar y la noción ,de
“pecado” no será desconocida. Peca contra la Raza todo aquello que
intelectual, moral y físicamente puede perjudicar el desarrollo, la salud o la
dignidad de la Raza.
El Socialista Racista obedecerá a esta ley moral
tradicional, no porque ha sido impuesta por un sistema metafísico cualquiera,
sino porque dentro de su espíritu habrá reconocido en cada instante que
conducirse en forma diferente causaría un perjuicio a su Raza y a sí mismo. No
será una disciplina impuesta desde el exterior, sino la toma de conciencia
permanente de una necesidad de la que no puede sustraerse sin mancillar su Raza,
sin atentar contra su dignidad. Rehusará, del mismo modo, toda hipocresía
formal, porque el juicio no vendrá desde el exterior, sino de su propia
apreciación. Nadie le pedirá cuentas o no habrá necesidad de pedírselas,
porque sabe que actuar contra los principios aprobados de la tradición racial
es contrario a su propia dignidad. Su propio juicio le bastará para negarse a
despreciarse a uno mismo, a través de una acción indigna o dañina a su
desarrollo. El juicio del Partido o del Pueblo, intervendrá a continuación.
Solo el contacto intelectual permanente con el espíritu
de su Pueblo y de su Raza, permitirá a cada uno llegar sin esfuerzo a esta
actitud. Es de notar que el socialismo semítico, haciendo del hombre una sola
unidad económica, no ha podido responder como nosotros a estos interrogantes.
Una clase desposeída de soporte popular y racial
negando toda tradición anterior, refutando toda herencia histórica, que no sea
la económica, no podía tener a su disposición ninguna regla moral, al igual
que ningún concepto moral.
Solo
el Racista, viendo en las “relaciones de clases de la actualidad” un
accidente momentáneo que no le puede impedir permanecer ligado al porvenir de
la Raza, ha superado esta contradicción y esta debilidad, que remediará, y él
lo ha hecho, remontándose más allá de los siglos y a través de ellos, a
todas las fuentes espirituales y filosóficas de la Raza.
Es,
ésto lo que hace de la concepción moral del Racista, un carácter popular
accesible a todos, como, así mismo, un carácter unitario, puesto que
cualquiera puede reconocerlo, sea cual sea su grado de religiosidad Es ésto,
también, lo que permite al Racista admitir todas las prácticas religiosas,
dentro de la medida en que las mismas no desborden su cuadro espiritual y moral,
es decir, en la sola medida en que no perjudiquen el desarrollo armonioso del
Pueblo y de la Raza.
Así
el Partido, diferente de otros partidos políticos, rechaza, tanto la
neutralidad moral, como la actitud profesional. Mientras algunos partidos se
declaran ligados al Catolicismo o simplemente “indiferentes” considerando
que la moral es de orden privado, el Partido Socialista Racista, por el
contrario, debido a su concepción unitaria del mundo, no permanece neutral
frente a este problema y lo resuelve, pero sin enfrentarse a ninguna de las
confesiones europeas, puesto que su sola reivindicación es el contacto con el
espíritu de la Raza.
Es
altamente probable, por el contrario, que su concepción moral choque con todas
las religiones asiáticas y semíticas, hechas de resignación, de dimisión, de
fatalismo y de inercia. Nuestra moral es de lucha de conquista, es defensa de la
Raza. No decimos, parodiando la frase de Lenin, "es moral todo aquellos que
sirve a la raza”, aunque esta concepción pueda estar cerca de la nuestra,
nosotros decimos: es moral todo aquello que afirme al hombre, que le ayude a
superarse completamente, que le ayude a realizarse, para permitirle crear
valores y nociones nuevas. Así, el hombre superándose y creando valores nuevos
para sí mismo, los crea también para su Partido y para su Pueblo y Raza. Solo
aquel que no ha creado nada, cela su tesoro, pero aquel que ha creado, entrega
su creación en la plaza publica; aquel que crea se aleja de su creación para
aventajarla y superarla y para crear otra cosa más por encima de su creación.
Desde entonces, su creación puede estar en la plaza publica pues su creador
tiende hacia una nueva obra y hacia una superación. He aquí el hombre que el
Partido necesita y entiende debe ayudar a crear. Que los débiles y partidarios
de pálidas virtudes se aparten de nosotros, también los de pensamiento
igualitario y los modestos, porque nuestra moral no es la de ellos y porque
nuestro orgullo les hará perecer.
Sólo
podrán vencer y merecerán la victoria aquellos que hayan decidido usar todas
sus fuerzas al servicio de su Pueblo.
Por tanto, hay varias maneras de considerar un
programa, y cada partido presentando el suyo ha demostrado que su concepción
era diferente en cuanto a su destino y origen mismo. No obstante todos los
partidos han tenido algo en común: su programa ha estado motivado por los
apetitos inmediatos, los que se imponen satisfacer lo más rápido posible, sea
cual sea, el resultado final de su realización. No han visto el interés
profundo y lejano dentro de un desarrollo ordenado del Pueblo y de los hombres
del Pueblo, menos aun, han tenido en cuenta una realización dentro de los
hechos de una concepción del mundo que crease sucesivamente un hombre
particular y una sociedad adaptada a la vida y desarrollo de este tipo de hombre
particular.
Constatamos que ha existido un tipo de hombre griego,
y más anteriormente un tipo ateniense y uno espartano, un tipo romano, incluso,
un tipo de hombre de la Edad Media. Si se tuviera que representar ahora el tipo
de hombre actual, híbrido e inacabado, se renunciaría enseguida.
Nuestro
programa es en ésto muy diferente: deseamos que sea expresada, fuera del
programa primero y anterior a él, una teoría filosófica, una concepción del
mundo, científicamente basada y que sea capaz de “crear” un tipo de hombre
particular para lo que debemos, apoyándonos en la necesidad de “crear” éste
tipo de hombre, crear un programa que responda a esta necesidad y la satisfaga;
programa político, sin duda, que no decida solamente la inmediata reivindicación,
sino un programa de gobierno que tenga proyectos a largo plazo, precisos,
teniendo en cuenta las constantes de un desarrollo humano realmente sano, que
comprenda desde el principio de las causas históricas, marcando y señalando la
decadencia o la grandeza de los imperios y de los pueblos.
De aquí a analizar la situación presente, de una
forma nueva, no hay más que un paso. Se reduce a cierto numero de necesidades
que se reconocen como vitales para el desarrollo y la supervivencia misma de un
pueblo, de una Raza o del grupo racial al que se pertenezca.
De ahí, la necesidad del rigor, la amplitud y el carácter
lejano y permanente de las reivindicaciones de nuestro programa el cual afirma
que sin una política de proyectos a largo plazo y aplicándose sobre varias
generaciones, la decadencia, en la que hemos entrado se acentuará. Nuestro
programa afirma también que falto de aplicar las medidas que preconizamos,
nuestro Pueblo y el grupo de razas (blancas) a la que pertenecemos, está
condenado a la desaparición más o menos rápida, bajo la invasión de los
hombres de las razas obscuras.
He aquí lo que el programa debe aportar de nuevo. Es
por lo que exige en su aplicación una entrega total a cada uno de aquellos que
lo admiten No se trata ya de una mezquina agitación política o del interés
personal que despiertan los programas habituales; se trata para cada uno de
asegurar la vida futura de la Raza y del Pueblo. Por consiguiente, cada uno debe
sentir cuanto lleva en sí de herencia de toda una línea de hombres de su
sangre; cada uno debe sentir el peso de esta herencia y medir la importancia
permanente de su rol, comprometiéndose con toda la fe, que cada uno tenga en su
Raza y en sí mismo. Cada uno debe medir y sopesar el alcance de su gesto.
Por lo, tanto no nos equivoquemos. Si la base, ideo lógica
de nuestro programa es permanente, no negaremos jamás que el programa político
que se deduce por remotas que sean sus metas, no es sino la expresión de las
necesidades y de los deberes de un momento histórico dado. Si bien el programa
representa los imperativos actuales de una lucha por el Suelo y la Sangre, por
la Raza y el desarrollo armonioso de cada uno de sus miembros, no es más que
transitorio dentro del cuadro de un desarrollo humano completo.
Es posible que los acontecimientos, modificando la
situación histórica, entrañen el reajustamiento de algunos de sus puntos.
Esto no cambia la premisa ideológica del programa. Sabemos que el mundo está
siempre en “devenir” y que, por consiguiente, para estar siempre “al día”
cada programa y cada agrupamiento humano debería también modificarse
constantemente. Pero sabemos que nada será realizable, sin la fijación momentánea
de una ley admitida como válida para un periodo histórico dado. El error sería,
dentro de un programa, ver un valor definitivo o, por el contrario, negar en
nombre de no se sabe cuál “dialéctica histórica” la necesidad de esa
fijación provisoria. Por definición, un programa debe presentar, al mismo
tiempo, la lucha de varias generaciones para su desarrollo y un criterio
permanente para la etapa de duración de este combate.
Es así que tal cual programa perdurará, aun después
de nosotros; es el único que, partiendo de bases ideológicas del porvenir
humano, las aplica a nuestro Pueblo. Es el arma para la supervivencia de nuestro
Pueblo.
Que cada uno sienta este programa y lo sepa. Que cada
uno se dedique a convencer a los hombres de nuestro Pueblo de las necesidades de
su realización práctica. Trabajo obscuro y paciente, en vez de brillante y
coronado por el éxito. Pero el sentimiento de combatir por el destino de su
Raza sostendrá a cada uno de su obra de renovación. Nosotros veremos un hombre
nuevo dentro de un país nuevo y de un mundo nuevo. Ahora bien un programa nuevo
necesita, igualmente, un partido de tipo nuevo y, dentro del Partido, un hombre,
un militante diferente del tipo que tienen por costumbre exigir los actuales
partidos políticos.
El marxismo afirma que el partido político, sea cual
sea, es el medio exterior de acción de una clase social determinada; su estado
mayor. La definición marxista de partido político presupone la existencia de
una clase social la cual da nacimiento al partido porque necesita una organización
particular que dirija y oriente la lucha. Por consiguiente, ni el hombre crea la
idea, ni la idea que viene del hombre son, en opinión de los marxistas el
origen del Partido y del programa, sino los intereses materiales de una clase
son los que suscitan la necesidad de una teoría. Esta teoría aparece como una
secreción natural a esta clase y crea el partido.
El marxismo está, duda, en contradicción con su
propia definición. Hubo necesidad, en efecto, para dar nacimiento a una teoría
proletaria que la clase existiera y puesto que después la clase creará,
mediante sus “teóricos proletarios”, una teoría particular que condicione
su lucha. Los teóricos proletarios serán hombres emanados de la clase
interesada.
Ahora bien, el marxismo declara que el marxismo es
una teoría “burguesa” al servicio del proletariado”. He aquí, pues, una
clase que no tiene teoría propia para su emancipación y, por otra parte, una
clase que crea la teoría destinada a su aniquilamiento, en este caso, la clase
burguesa al decir de Marx. Marx, y los marxistas, han indicado que creándose,
por ejemplo, un proletariado cada vez mas numeroso y centralizado cada vez más,
el capital, la sociedad burguesa organiza “involuntariamente" la lucha de
clases y las condiciones materiales de su caída mediante un desequilibrio económico
y social más profundo. Esto no implica, de ningún modo, que deba al mismo
tiempo aportar los teóricos a sus adversarios.
Yo añado que la teoría marxista parecía en estado
de probar la exactitud de su demostración; ella indica claramente que la
burguesía naciente había creado sus propios teóricos (los enciclopedistas)
para derrocar ‘al feudalismo. ¿Por qué esta verdad no actuó para el
proletariado? Simplemente porque ésta no ha sido sino una verdad aparente. En
todos los casos son los intelectuales los que han aportado las teorías políticas
y no los miembros de una clase particular . A lo sumo, la teoría una vez
expresada, llega a ser un arma en las manos de los jefes (igualmente
intelectuales) de una clase particular.
El
marxismo, en esto, como en otras cosas se ha equivocado o ha equivocado a las
gentes que se han dejado atrapar. En realidad la idea es anterior a la agrupación
y Marx, enredado en su propia contradicción, ha debido eludirlo. Nosotros
afirmamos que hay en el marxismo una teoría particular que preexistió y fue el
origen de una agrupación de hombres. Ocurre que, provisoriamente, esta agrupación
fue reclutada dentro de un medio social que no fue siempre el mismo, según las
épocas y es esto lo que prueba nuestros puntos de vista que no es nuevo tampoco
respecto a ésto.
Nosotros llegamos, pues, sobre el terreno más firme,
al de la creación intelectual e ideológica a secas. El marxismo es una teoría
burguesa como todas las teorías porque vienen solamente de aquellos que tienen
los medios materiales para estudiar y, por consiguiente, la libertad para la
elaboración teórica. Pero el marxismo, decimos nosotros, “teoría
burguesa”, ¡sí!, pero teoría de la “burguesía judía”, ¡que es
diferente!
Si
toda teoría emana, por la fuerza de las cosas, de una capa social, particular,
siempre la misma, es decir, en todas las sociedades, la clase adinerada, por lo
menos la teoría refleja el espíritu y las necesidades de un pueblo crecido
dentro de las normas y siguiendo los criterios raciales de una civilización
particular. Los teóricos judíos no pueden, entonces, y por lógica, sino
aportar una teoría judía, sea cual sea. Los teóricos no judíos aportarán
siempre una teoría diferente, siendo la de unos inasimilable e inaceptable para
los otros. No es pues asombroso que, solo quienes no están bien armados para
defenderse contra los sofismas de una teoría judía, es decir, los obreros, se
hayan dejado embaucar.
Sea como sea ésto es lo que nosotros deseamos decir:
si el Partido llega a ser algunas veces el lugar de reunión de hombres de una
capa social, no es fortuito. El Partido es el lugar de reencuentro de hombres
que tienen una comprensión común o parecida del mundo, una doctrina o una
filosofía. comunes. Para la aplicación de esta idea ellos crean una organización
que es el Partido, el cual es su arma. Solo el contenido ideológico y social
entrañará por consiguiente, a tal o cual capa social alienable en el partido.
He aquí la verdad para nosotros.
Expresión
de concepciones diversas de una Raza, las teorías políticas serán más o
menos adaptadas al desarrollo de esta Raza y algunas serán, incluso,
perjudiciales, siendo factores, de debilitamiento de esta Raza. El Partido que
es para nosotros factor subjetivo dentro de la lucha de razas, es el “
medio” de una ideología y de una teoría que es, más o menos favorable a
esta raza; igualmente, algunos partidos nocivos al desarrollo de la Raza, deben
borrarse o ser borrados de su vida.
Creemos también que el Partido, que es portador de
todos los medios de la Raza, debe ser desarrollado, ya que sólo él debe, a fin
de cuentas, triunfar, so pena de ver al Pueblo y a la Raza periclitar, caer en
decadencia y desaparecer.
Es
por ésto que, tanto como sea posible, el Partido que nosotros definimos debe
ser el representante y portador de una concepción del mundo y de una filosofía
que sean, eminentemente, adaptadas al desarrollo y a la expansión de las
cualidades propias a nuestro Pueblo y al grupo de razas que lo constituyen. Así
como los partidos marxistas son los portadores de una concepción judía del
mundo, adaptada al desarrollo y a la dominación de los judíos sobre el mundo,
nuestro Partido será el representante de las fuerzas de nuestra Raza y de las
concepciones particulares de los pueblos que desde los orígenes ocupan
occidente y han dado, poco a poco, al mundo entero, nociones de Cultura y
Civilización elevadas.
El
Partido, siendo el medio de realización de una teoría viviente del mundo y del
hombre, no es ya él revoltijo de apetitos que se asocian durante un tiempo,
sino la unión de hombres que han trazado para si una imagen del mundo y de la
sociedad, sobre la que desean crear y hacer vivir un hombre de Raza particular,
el cual definen como el tipo que ellos recrean y representan.
Concepción
de forma teocrática, dirán algunos, sin duda; pero nosotros no hacemos sino
retomar para la defensa y el desarrollo de nuestra Raza el método que ha tomado
Marx y los suyos para la defensa y el desarrollo de la suya y por lo
tanto, para el sometimiento de la Raza Blanca.
No
obstante, hay una diferencia fundamental entre su aplicación y la nuestra.
Ellos afirman, pero sin que pueda ser otra cosa que propaganda, que de su
modificación de la estructura económica del mundo, surgirá un hombre. Esto
fue, por otra parte, uno de los tópicos de la propaganda soviética. Ahora
bien, el hecho de que el hombre no sea considerado por los marxistas sino como
una abstracción económica, les impide tratarlo de otra manera y aportarle las
posibilidades de un desarrollo completo. Por el contrario, según nosotros, los
racistas, como consecuencia de la toma de conciencia de los orígenes del
hombre, de su Raza, de sus tradiciones, de las constantes de su desarrollo y
mediante la adopción en un cierto modo de una fe nueva, el hombre modifica su
propia vida, su propio comportamiento y por eso debe modificar la sociedad que
le rodea y transfigurar el mundo. Los marxistas van desde una manipulación
puramente económica a la promesa de una evolución de la naturaleza del hombre.
Nosotros vamos desde una reforma individual, física y moral hasta un modificación
social colectiva.
Hemos
hablado de una nueva. En efecto, nos oponemos absolutamente también a esta
concepción que hace de la preexistencia de un jefe la condición previa a la de
la existencia de todo movimiento y desarrollo político, moral o social. Es
posible, probable y deseable que uno o varios jefes lleguen a ser los campeones
y representantes de la Idea, de la nueva fe, pero no consideramos que la condición
previa para el nacimiento del nuevo movimiento sea la existencia de un jefe.
Cada uno debe sentir y encontrar en sí mismo
primeramente la fuerza de la Idea que nosotros defendemos, el instinto de su
Raza.
El gran error de los movimientos parecidos al nuestro
ha sido querer designar o seguir primero a un jefe y después observar hacia
donde va y por último tratar de reformarse, adaptándose a la Idea.
Por el contrario, la condición de participación en
el movimiento es comprender y admitir su forma y fin y llegar a ser un misionero
del movimiento, una especie de apóstol.
Lo
que vagamente desean hacer los comunistas es “hacer militantes” aptos para
orientarse en la lucha política y social; nosotros reafirmaremos en alto grado
este procedimiento para conseguir nuestros fines que son los de la Raza y el
Pueblo.
Así, cada uno llegará a ser un hombre que vive
siguiendo una fe particular y subordina todo a esta fe. Desde el momento en que
cinco hombres forman una célula desaparece la adhesión desordenada que hay
siempre en el entusiasmo de las muchedumbres, queda el deber y la adhesión
profunda como resultado del estudio.
Poco a poco cada uno aprenderá mejor a saber lo qué
quiere y cómo lo quiere; sentir que la Idea reposa también sobre su persona, y
sintiéndose profundamente responsable del Partido, llegar a ser conscientemente
un representante y un apóstol del mismo.
El
Partido, como una Orden tiene su’ ”iniciación” qué es la adhesión
consciente a su punto de vista. Después de esta “iniciación”, la Idea se
adhiere al hombre tanto como el hombre se adhiere a la Idea. Si, además, un
jefe representa la personificación de la dirección de la Idea, no deja de ser
un factor secundario. Cada uno, individualmente, debe ser el Partido, como cada
fiel cristiano debe ser la Iglesia.
Es cierto que el acceso a tal “Orden” no será
para todos, ni fácil. Igualmente no podrán entrar sino los que racial y
personalmente sean aptos.
¿Cómo un ser extraño a la Raza podría aceptar tal
concepción de la vida y del Partido? Dicho en pocas palabras y simplemente,
dicha concepción le es ajena. Por otra parte, el indiferente, el escéptico, el
frívolo, podrían encontrar aquí su sitio y la satisfacción de sus
necesidades?. ¡Imposible!
La
definición será entonces ésta: el Partido es una Orden al servicio de una
Idea; sus miembros son los servidores de esta Orden y de esta Idea. Cada uno de
sus miembros, incluso solo, debe propagar esta fe por doquier y en todo momento.
Estos miembros no son los que nos siguen ciegamente, sino por el contrario, están
para servir voluntariamente.
No
están solamente para recolectar el fruto del esfuerzo político de algunos
jefes o de algunos militantes, sino que están, además para combatir y
conquistar. No están para conocer el plan dulzón de “Cosechar”;
están para conocer la alegra profunda y el esfuerzo del que labra y siembra. No
les basta ya con sopesar, con aire satisfecho, la espiga inflamada y el grano
que brota, necesitan desgarrar el suelo y arrojar los granos, que tal vez nunca
recogerán. Deben cumplir este acto de fe que consiste en sembrar un grano cuyo
valor se conoce, sin saber si fructificará, pero teniendo en el corazón la
certidumbre gratuita y fehaciente de que traerá una mies. ¡He aquí el hombre
que nosotros deseamos encontrar en el partido .nuevo.
Hemos de decir que no es necesario obtener se nuestro
Pueblo la levadura de un hombre nuevo; afirmarlo y esbozar un programa no basta.
Para un hombre nuevo y un Partido nuevo es necesario
palabras que tengan nuevo significado y que no estén unidas a la idea e imagen
de un partido corriente. Un hombre nuevo, gestos nuevos.
Cada uno de vosotros, camaradas, conocidos y
desconocidos, miembros de nuestro Pueblo y de nuestra Raza, debe tener en el
corazón el amor profundo a su Partido, no por
lo que es, sino por lo que debe ser y por lo que será
en sí, de savia, de sangre
Y de promesa.
El amor al Partido debe ser como el acto de fe en la
Idea de la que el Partido es el portador y no el afecto Superficial a su forma
externa o a sus jefes.
La idea del Partido debe ser para cada uno de sus
miembros como la confianza fehaciente y aún gratuita que el novio tiene a su
novia en lo más profundo de su corazón y en cada uno de sus gestos.
Si estas Palabras nacen nuevas en nuestro espíritu
refiriéndose a un partido político, diremos que el partido debe llevar en sí
la Vida y la Sangre, la fuerza y el porvenir de una Raza y de un Mundo.
Que cada uno de vosotros al levantarse por la mañana
se pregunte, ¿qué voy a hacer hoy por la Idea y por el Partido? Que ello no
sea sino como un nuevo acto de fe en la Raza y en la Sangre, en el Suelo y en el
Partido. Se es miembro del Partido las veinticuatro horas del día, y tambien en
el umbral del sueño.
Algunos han dicho que no se ocupan de la política más
que en las horas de poca actividad, en los ratos libres, en los momentos de
ocio. Por el contrario, es durante las horas de actividad, cuando hay que
ocuparse de la Idea y durante las horas de ocio hay que pensar y prepararse. Se
debe actuar como hombre del Partido, portador de la Idea, y en los instantes
“vacíos” pensar que se podrá hacer por la causa durante las horas de
actividad. ¿Qué te reporta esto?, dirán algunos.
¿Crees tú, que el hecho de pertenecer a cierta
Raza, de tener ciertas afinidades, de vivir en medio de signos evidentes de una
Cultura y una concepción del mundo, no son cosas acaso, que tú tienes y que
has recibido?
No están ahí por azar. Tú las has recibido en depósito,
tienes una deuda. El hecho de luchar en el Partido y por la Idea reporta que tú
las guardes y enriquezcas. Nadie, puede decir “después de mí el diluvio”,
por que el diluvio está aquí antes de que él se vaya si le ha dejado venir.
Aprende que no puedes dejar engañarte por nadie si
sirves no aun hombre sino a una Idea. Sirviendo solamente a una doctrina el que
te quería embaucar se engañará por tu propia fe. En efecto, sin la fe, no
osará hacer lo que tú osas, no cumplirá lo que tú cumples.
El
movimiento y la vida, gracias a tu fe, barrerá. Caerá en una situación tal
que la vergüenza le abatirá; huirá ó se dejará ganar por la misma fe.
Otras personas dicen: trabajo por la causa por el
Partido de vez en cuando; pero el domingo por la tarde cuando estoy con mis
amigos, con mi mujer o con mi novia, entonces no. Muy bien, podrías pensar como
un católico durante diez horas al día y la onceava actuar o razonar como un
protestante o un budista? Si lo haces, entonces ya no puedes durante algunas
horas reclamar una cierta manera, de vivir y después otras horas desmentir y
olvidar tu concepción de la vida y la Idea que la determina. ¿Podrías
demostrar durante cuatro horas los perjuicios del mestizaje y después a la
quinta contribuir a adulterar tu Raza? Esto es imposible o despreciable.
Con tu familia, allí donde vivas, en todo instante
tu vida debe permanecer siempre elevada y tu espíritu debe estar guiado por la
Idea y el Partido.
Es posible que algunas veces, por la fuerza de las
cosas, te encuentres en medio de un ambiente donde tu Idea no puede ser emitida;
mejor es tararse que renegar de aquello que es la razón de tu vida.
Es mejor la descortesía que la capitulación y mejor
la grosería, que la traición.
Por otra parte, si con firmeza, dignidad y calma,
osas defender tu concepción, no hay medio que pueda permanecer completamente
hostil y cerrado. Esto es solamente cuestión de coraje y de fe.
Porque el Partido es portador de la Idea y de la Fe y
porque tu adhesión es meditada y profunda, no vienes al Partido de paso como
cuando vas al sindicato. Siempre tienes necesidad del Partido, vives en él o él
vive en ti, como el fiel vive para su Iglesia y la Iglesia para sus fieles.
Has venido al Partido y te has enrolado en él para
vivir de una manera nueva, pues has aceptado la nueva forma de comprender el
mundo, que es la del Partido.
Has adoptado un nuevo patrón, de medida para valorar
las cosas y los seres. Desde entonces tu vida privada deja de ser la misma que
tu vivías anteriormente. Al alistarte te has enrolado no solamente para cumplir
algunas tareas automáticamente, tales como pegar un cartel o distribuir un
diario, sino tu espíritu y tu corazón se han enrolado, igualmente. Toda tu
vida y tus relaciones con el medio ambiente habitual deben ser modificadas y
transformadas, veías el mundo como todos lo ven, pero ahora tus ojos lo
descubren de nuevo.
Esto es lo que exige de tí el Partido. He aquí lo
qué tú ganas con ayuda del Partido.
Desde el momento en que ingresas en él, tus actos
tienen más resonancia y alcances insospechados. Tus actos ya no te pertenecen,
pertenecen al Partido y a la Idea que él personifica. Si admites que tu
convicción y la opinión del Partido deben reformar la sociedad no solamente en
lo superficial, sino que deben transformarla en su sustancia misma aportándola
valores nuevos; si piensas que los criterios nuevos, la nueva escala de valores
que aportas con el Partido deben transformar no solo el mundo sino el hombre,
entonces sentirás tu responsabilidad.
Desde el día en que llegaste al Partido dejaste de
decir “yo” para decir nosotros; esta élite de hombres que parten no
solamente a la conquista del Poder, no solamente a la lucha política, que será
simple y mínima, sino a la conquista del hombre y su fin mismo. Nosotros, ese
puñado de combatientes y maestros (en el sentido educador) que aportan una
verdad para todo un milenio.
Dejas, evidentemente, de ser libre en el sentido
individual que le han dado los insulsos demócratas burgueses, pero llegas a
fortalecerte con esta adhesión y es esta fuerza la que te hace libre, con una
maravillosa libertad venida del fondo de ti mismo. Sabes que has sido libre de
venir o no venir, de escoger esta vida nueva y cuando la has escogido has
sentido la certeza de estar al fin en la senda que buscabas. Has sentido que las
fuerzas que tenías a tu alrededor se han agregado a la tuya para liberarte un
poco mas.
Ser
libre es tener la posibilidad de realizar dentro de la vida y del mundo, la
concepción que se tiene de esa vida y de ese mundo. Cuando has venido al
Partido tu concepción y la del mundo se han fundido, y has adquirido por ello
la posibilidad, la libertad de realizar tu concepción; el Partido ha agregado
la fuerza para realizarla, ha acrecentado así tu libertad en toda la amplitud
de su fuerza, con toda la voluntad de su número. Es la sola fuerza, la fuerza
de la adhesión y de la participación en la vida del Partido la que te da la
libertad y la fuerza. He aquí lo que recibes del Partido. He aquí lo que hace
tu deber ilimitado, como ilimitado tu esfuerzo y como ilimitado tu poder dentro
del Partido. Tú das todo, pero recíprocamente te aporta todo. Esto no
significa que el Partido te sustente materialmente, sino que intelectual y
moralmente, responderá a todas tus inquietudes, necesidades e interrogantes.
Sabemos qué el pequeño burgués, el hombre vulgar,
aquellos que piensan y pesan la moral con el estómago no podrán soportar tal
concepción, tal adhesión y tal don. Pero el Racismo no hace, no crea un
Partido ni un mundo para que los mezquinos reinen y para que su moral llegue a
ser la ley en todos los débiles, inseguros; aquellos que desean una vida fácil
y mediocre se aparten del Partido; no se sentirá a gusto, no podrá vivir con
nosotros y, sin duda, nos impedirán mantenernos firmes en el Partido.
Por
eso, nosotros que hemos aceptado de antemano obligaciones, estos deberes que
aceptamos vivir peligrosamente, que hemos deseado que esta concepción y esta
moral sea nuestra, decimos a todos aquellos que pesan la moral en una balanza de
tenderos: ¡dejadnos el camino libre, vuestra ruta no es la nuestra!; pero, por
el contrario, a quienes son capaces de darse por entero, a los que son capaces
de concebir esta causa y valorarla, para los que la vida debe ser una lucha, un
combate, una disciplina, a todos decimos: ”Venid a nosotros y juntos
marchemos”.
‘No
deseamos hacer una capilla ni una iglesia nueva; nuestro Partido no es lugar de
acceso de arribistas electoreros. Portamos la Idea al servicio del Pueblo y de
la Raza, actuamos para unir el Pueblo y salvar a nuestra Raza, si puede aún ser
salvada.
No
vamos a ocuparnos de los grupos o partidos existentes. Tal vez ellos deseen
ocuparse de nosotros y oponerse a nuestra obra; peor para ellos porque serán
barridos y vendidos por el ímpetu de un Pueblo o que se libera de una Raza que
vuelve a tomar conciencia. Éstos, (los partidos) retornarán al olvido de
donde, han venido de la nada.
A
partir de ahora, a ti que has venido y has hecho tuya nuestra concepción, te
decimos: que la alegría del combate sea contigo. Es necesario que de ahora en
adelante, cada mañana, tu despertar sea como un grito de guerra y de victoria,
como un himno de vida a la jornada que empieza. Aprenderá a cantar cuando
despiertes a fin de que la fuerza y alegría de tu canto despierte tambien la
fuerza y alegría de tu corazón.
No cantarás esas amaneradas melodías que las
guitarras eléctricas hacen sonar por las discotecas, sino nuestras canciones
del Pueblo y nuestros himnos de combate; esos cánticos que han ido al fin del
mundo al paso rítmico de nuestros ejércitos. Aún menos. cantarás esos cantos
estúpidos de bestias llorando sino los que aseguren unir la lucha Socialista a
la voluntad de combate. Cuando comiences así el día, partirás con un paso más
decidido hacia el trabajo y harás con mayor entusiasmo tu labor propagadora de
nuestra idea; pero no solamente querrás suscitar el impulso que te hará
triunfar cada mañana, en tu diaria labor, sino que guardarás algunos instantes
de silencio y reflexión.
Hemos
dicho que has llegado a ser un hombre nuevo. Esos minutos de silencio te ayudarán
a serlo. Los hombres de nuestro Pueblo han olvidado meditar en silencio y
soledad; en esos minutos medirás tu fuerza y tu meta. Tal vez al principio no
pienses en nada o tu mente vagabundeará, pero bien pronto esos cinco minutos
llegarán a ser por su disciplina, ricos en sustancia y vida.
En
esos momentos llamarás a todas las fuerzas que están esparcidas en tí y
alrededor tuyo, para este combate inmenso que has emprendido y para guiar la
meditación, que es todo el espíritu de tu Raza y de tu Sangre que viene en tu
ayuda.
Espíritu
de nuestra Raza y espíritu de nuestra Sangre.
Sed,
en nosotros mismos y en nuestro Pueblo, penetra
en
nuestros espíritus y en nuestros corazones.
Anima
nuestros pensamientos y nuestros actos en
este
día y los venideros, porque eres tú, espíritu
de
nuestra Raza y de nuestra Sangre
que
has hecho la grandeza y la potencia de nuestro Pueblo.
Tú
que has hecho nacer en nuestro Pueblo a los
combatientes
y a los conquistadores.
Haz
de nosotros también, combatientes y fieles
conquistadores
de un Mundo nuevo.
Tú
que has hecho la Cultura y el resplandor de
Occidente,
danos la fuerza para luchar y vencer.
Haz
de nosotros los Campeones del Suelo y de la
Sangre,
del Partido y de la Libertad.
El
Socialista europeo ha’ asistido’ a la sucesión de innumerables escisiones
que han tenido lugar en el movimiento socialista. Si ha sido un militante de
base ha permanecido en contacto con su Pueblo, ha conservado la nostalgia de una
organización unificada la convicción de que el Socialismo es uno
dentro de su espíritu. Sin cesar ha deseado la unidad, esa unidad que tantos
“bonzos” han roto y que tantos teóricos han dicho que es imposible; esta
unidad, en fin, a la que ellos han impuesto tantas condiciones previas que la
han hecho imposible.
Así después de haber pretendido que el pueblo
estuviera y que debía estar dividido en sociedades antagónicas, obraron de tal
modo que el Socialismo, siendo emanación, según ellos de una clase única, ha
sido condenado a la fragmentación. Asimismo, esta “clase” de la que ellos
se hicieron campeones y a la que ellos consagraronse como representantes, se ha
escindido en fracciones rivales y enemigas cuyos miembros a menudo,
terminaron cómo sucedió en Alemania, Austria, Polonia y tantos otros lugares,
por enfrentarse violentamente entre sí.
Jamás un hombre del Pueblo se ha resignado a esta
división, ni comprendió las razones y difícilmente soportó las
consecuencias.
Hemos dicho cuales fueron los motivos de la división,
también hemos precisado qué es lo que hará posible la unidad, pues ya sabemos
donde se encuentra el principio común del ‘Socialismo que permitirá
restablecer la unidad del movimiento socialista en el seno de una misma Raza.
Desde el instante en que pueda establecerse de modo
consciente y claro un principio que sea admitido por todos y que domine las
otras nociones condicionándolas, la cuestión de la unidad será rápidamente
resuelta. Las tendencias pueden llegar a concurrir todas al mismo fin. El rol
del jefe será coordinarlas y dirigirlas utilizando cada fuerza allí donde sea
más útil. Está claro que los temperamentos diversos hacen a unos reformistas
y a otros violentos, pero lo mismo que dentro de un pueblo se encuentra a
hombres de gabinete y a militares, es posible dentro de un mismo partido
utilizar las tendencias particulares para el interés del Partido. Esto ha sido
imposible durante el largo tiempo que la violencia o no violencia sirvieron de
criterio a una discusión doctrinal; es fácil cuando el criterio viene a ser la
obediencia a las leyes de la Raza o su rechazo.
Hasta
ahora, debido a que el problema se plante al revés, la consecución de la
unidad ha sido una quimera que tropezaba con la discusión bizantina:
violencia o no violencia, tomada como base doctrinal.
Del
hecho de que la lucha por la Raza y por el Socialismo, dentro de la Raza,
necesita la utilización simultánea o sucesiva de las vías pacífica y
violenta, se deduce que la división del movimiento Socialista no tiene razón
de ser: las dos vías son necesarias.
No
hay progreso sin educación, sin propaganda, en una palabra, sin juristas. Pero
si la propaganda no está protegida, si la educación no se conduce firmemente,
si la ley, en una palabra, no se apoya en su “brazo secular“,
ningún progreso es posible. Si politizamos un poco nuestras expresiones diríamos
que sin teóricos, ni parlamentarios ni delegados, el contrato social es
imposible; pero sin manifestación y sin organización de combate la acción de
los teóricos y parlamentarios está condenada al fracaso. ¿Acaso no ocurre que
un simple ruido de sables apresura y facilita la negociación?
Dentro del movimiento Socialista, ¿quién renunciaría
a este método? Quien ignora, también, que este método aislado no lleva sino a
la destrucción y al fracaso?
El Socialista Racista sabe que la Historia se hizo
mediante la utilización de los dos medios combinados en diversa proporción y
acepta, dentro del Partido, toda la gama de tendencias extremas e intermedias.
Pide solamente lo que es fácil; que la disciplina sea respetada; que los jefes
utilicen ambos medios y midan sus efectos y tengan Ia posibilidad total de
maniobra. En una palabra: el Racista exige la unidad de mando dentro del combate
social como el único medio de vencer siendo el criterio único, el interés
superior del Pueblo y de la Raza.
Naturalmente. este jefe, como humano que es, no podrá
ser totalmente imparcial, pero sabrá rodearse de consejeros juiciosos. Si el
jefe comete un error no tendrá importancia grave si la unidad rígida de la
organización permite repararlo. La unidad y disciplina son los dos polos
vivientes de la organización que permiten siempre separar todos los errores y a
menudo usar los errores para el mayor provecho del Partido y del
Pueblo.
Aquellos
que asegurara la unidad y permanencia del movimiento, es decir, del Socialismo
unificado sobre su base racial y popular, será su aptitud para seleccionar a
los jefes que sean capaces de ver lejos y profundamente el interés del Pueblo y
de la Raza; cuyas vidas sean modelo para cada racista; de lo que debe ser y
puede ser el militante. Lo que asegurará la permanencia de la acción es la
aptitud, en cada momento histórico, para resolver cada problema y darle una
respuesta adecuada al destino racial del Pueblo.
Así,
toda la vida del movimiento Socialista todo el porvenir y la
permanencia de la unidad están ligadas a la capacidad de selección constante y
rigurosa de sus mandos y sobre todo de sus mandos superiores.
Ningún sacrificio será demasiado grande para
asegurar está selección, el reclutamiento sistemático y la formación de
estos cuadros.
Se nos objetará que el peligro de confiar a algunos
o a uno solo el cuidado y la responsabilidad de decidir cuales son los intereses
de todo un Pueblo e incluso de toda la Raza, es considerable y enorme en el
sentido de que la autoridad a él conferida es fuerte en el caso de un error.
Una vez más pensamos que esta unidad de mando es la
condición de la unidad y si deseamos ejemplos históricos de organización que
hayan utilizado el mismo proceder de dirección no tendríamos dificultad en
encontrarlos. La unidad absoluta de mando y la disciplina rígida permiten en
todos los casos una permanencia segura y una vitalidad sin desfallecimiento a
toda organización. La condición de aceptación de esta disciplina y de esta
unidad es solamente la sumisión individual a la meta propuesta. Nuestro fin es
tan importante, vasto y elevado como para que cada Racista someta su vida a este
imperativo.
Resumiremos así lo dicho: con el Partido el
militante es reintroducido en la gran realidad de la lucha socialista, tras
haber tomado conciencia de la permanencia racial. Esta toma de conciencia no le
es impuesta por el Partido, sino por el estudio personal de la Historia de su
Raza y de las teorías sociales surgidas del genio de su Raza. El tipo humano
que ha reencontrado y aceptado reproducir no podrá reproducirlo, sino en el
Partido y mediante el Partido, único medio del Pueblo y de la Raza para
realizar su destino. Podrá confiarse al Partido porque sólo el Partido realiza
la selección rigurosa que permitirá orientar al Pueblo en razón de sus
necesidades profundas. He aquí la posición del Socialista Racista.
Concluimos
diciendo que: el militante sólo reconocerá como justas y aceptables las
decisiones del Partido como tome conciencia de que el Partido es el heredero de
milenios de Civilización Blanca que nos han precedido.
La
necesidad de tomar conciencia individual, antes de la adhesión nos lleva
constantemente a no aceptar a la ligera la adhesión del primero que llega. Un
tiempo de prueba debe imponerse a cada simpatizante, tiempo de práctica en el
que conoce el Partido y sus concepciones, en el que demuestre también su
determinación de aceptar el nuevo genero de vida que comporta su adhesión.
La
mayor parte de los hombres de nuestro Pueblo hasta ahora, cuando ha ido a un
partido político le ha acogido con los brazos abiertos y sin explicaciones, ni
obligaciones previas De lo que se trata únicamente es de aceptar algunas
reivindicaciones demagógicas e inconscientes de ese partido, sin que, recíprocamente,
derivara para ellos obligación alguna. Esos partidos no se creen obligados a
realizar su programa; tampoco podría pedir a sus militantes más devoción y
honestidad.
Los
Racistas deberán intentar una renovación total de las nociones de programa, de
doctrina y adhesión. Ellos han presentado como reivindicación no tomar
meramente el Poder, sino recrear un Pueblo unido y una Raza fuerte. El fin
esencial no es el de reemplazar una constitución por otra sino fijar a cada uno
la meta de ‘su vida, sabiendo muy bien que si los hábitos y las costumbres
cambian, la constitución y la ley también.
Se
trata pues de crearle a cada uno una obligación moral y de escoger entre la
salud y la degeneración, y todo hombre del Pueblo deberá hacer esta elección
en un momento dado.
Por
consiguiente a partir de ahora, para cada uno se abre una serie de
interrogantes, en la vida cotidiana. ¿He conducido y construido mi vida
personal en el sentido de la Raza a la que tengo el honor de pertenecer? ¿He
adoptado ese sentido primordial, cumplido toda mi tarea y he realizado
enteramente en mí y al máximo lo que el tipo racial al que pertenezco puede
realizar?
En
fin, habiendo adoptado ese sentido, habiendo hecho en el plano personal todo lo
que de mí dependía para desarrollar en mi persona las cualidades de la Raza.
que se encuentran en potencia, ¿he participado en el combate colectivo de la
Raza. para su defensa y progreso? Hay entonces, tres escalones: la toma de
conciencia personal, el esfuerzo personal y el esfuerzo colectivo. Sólo aquel
que logre franquear estas tres etapa, que satisfaga estas tres necesidades podrá
y tendrá el derecho a decir que es digno de su Pueblo y de que participa en el
destino de su Raza. Sólo aquel tendrá su lugar en el Partido. Según sea la
respuesta, afirmativa a estos tres. Imperativos, así será medido el nuevo
militante. Su valía personal, es decir, el modo en que personalmente pueda
dedicarse al esfuerzo personal y colectivo, le dará la ocasión de elevarse en
el Partido pero habrá de pasar por esta previa selección.
Aquí
llegamos al fondo moral del problema para ser un individuo realmente útil a su
Pueblo y a su Raza, es necesario no sólo no entorpecer el desarrollo de los
mismos, sino también, cumplir con su deber racial durante toda la vida.
Aquel
que cada día cumple su trabajo normal y permanece políticamente “neutral”,
podrá pensarse que del hecho mismo del cumplimiento de su faena, ha ayudado a
la vida de su Pueblo. Desde el punto de vista marxista, desde el estricto punto
de vista de una economía matemática, esto es exacto; pero para nosotros, aquel
que sólo hace ésto no ha, de ningún modo, cumplido su deber. No ha
contribuido de ninguna manera a asegurar la permanencia y elevación de su
Pueblo, y he aquí lo que nosotros le reprochamos: ni en su trabajo, ni en su
familia, ni en la sociedad habrá sido un ejemplo, un conquistador, un
legislador y, por consiguiente, no habrá alcanzado el tipo racial que deseamos
como nuestro.
La
noción puramente legal, jurídica: “yo no he hecho nada contra mi Pueblo y
mi. Raza”, no puede bastar al Racista. La noción misma: “Yo he hecho algo
por mi Raza y mi Pueblo”, le es igualmente extraña. La concepción válida es
la siguiente: ”He hecho, en todos los dominios todo lo humanamente posible por
mi Raza y mi Pueblo”. Es más, haciendo eso, no ha hecho más de lo que debía,
en razón de la herencia inmensa que ha recibido en depósito, de su Raza. Toda
otra actitud es casi negativa. Aquel que no actúa no representa el tipo de Raza
que es esfuerzo, combate, conquista y tendencia a la perfección. Ahora bien
aquel que no ese tipo no ha hecho nada por su Raza, puesto que la
representará y perpetuará incompleta. Será, sin saberlo o desearlo, causa de
degeneración racial. Según el Racismo, por consiguiente, incluso aquel que está
contento de hacer “mucho” por la Raza y el Pueblo, sin hacerlo todo, es un
factor de declinación
Ser
digno de la Raza se confunde con la idea ininterrumpida que viene desde el fondo
de las edades agregándose a su herencia; he aquí el fin. Se podrá preguntar
qué es lo que cada uno debe hacer para cumplir con su destino racial. Nosotros
respondemos simplemente que su deber es integrarse en el Partido, único
organismo capaz de indicarle el mejor medio para orientar su esfuerzo. Se puede,
por otra parte, suponer que el Pueblo y la Raza terminen por confundirse el día
en que todo hombre del Pueblo tome conciencia de esta meta. Es por eso que
nosotros insistimos sobre el hecho de que no sólo debe haber adhesión formal;
no tendrá valor e impedirá al Partido cumplir su verdadera tarea. El mayor
valor que puede aspirar un hombre si el Partido es digno de su misión, que ha
aceptado conducir, es la de ser miembro del Partido, porque el Partido es el
medio que permite realizar completamente su ideal.
Por
lo tanto, la autoridad de la que ya tantos franceses recelan, ¿no será
demasiado dura en un partido que pretende regir todas las actividades de sus
miembros e incluso penetrar en sus vidas privadas? Cada uno debe fijar esa
disciplina que pesará sobre él, y nosotros estamos persuadidos de que será
bien leve para cualquiera que haya venido deliberada y honestamente al Partido
Sería,
sin duda, simplista hablar de política sin disciplina, de lucha política sin
dirección política y de autoridad moral del Partido sin considerar que el
Partido debe estar poderosamente centralizado. Por lo tanto, si la adhesión de
cada uno está bien madurada, si su obediencia a los imperativos de la Tradición
Racial es absoluta, la disciplina del Partido no sólo le será leve, más bien,
le será un apoyo y una fuerza.
Si
se somete a una disciplina, ésta será mayor porque su conciencia se la habrá
impuesto y no el Partido. La disciplina del Partido no será para él sino la
normal de una asociación destinada a realizar al máximo la propia voluntad del
militante convencido.
Es
eI momento en que habrá realizado al máximo su libertad al mismo tiempo que la
unidad total de su propio destino. La autoridad rígida del Partido será tanto
más rígida y justificada en tanto esté basada en la convicción y conciencia
profunda de cada uno de sus militantes. Es así como se respaldan constantemente
la libertad del individuo dentro de su determinación, y la disciplina del
Partido para su realización.
Esta
libertad y disciplina están ligadas a la calidad de los individuos que la
aceptan y no es el individuo al que veinte mestizajes le han bastardeado, el que
podrá acceder a tal opción ni someterse a la autoridad. El mestizo no
comprende ni lo uno ni lo otro.
Esta
determinación individual y colectiva se concibe solamente en razón de la teoría
que la origina. Es casi imposible para el militante de un partido burgués o
marxista resolver un problema personal, político, social o moral, tal como
nosotros le resolvemos; le es difícil dar su confianza total y la integridad de
sus esfuerzos a una causa y partido que le represente, esto innplica un cierto
nivel racial, moral y político que no se da en los partidos políticos
burgueses.
Dado que nuestros principios trazan una imagen del
hombre singularmente poderosa y atractiva, y porque la fuerza de la evocación
de la Raza es ilimitada, la convicción, acción, disciplina, libertad,
determinación personal y vida colectiva pueden alcanzar el espíritu de nuestro
Pueblo. Por ésto, estamos persuadidos del éxito final de nuestras
reivindicaciones y del triunfo de nuestra concepción de la vida y del mundo.
Diciembre
1946