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Y Demás/Música

¿El Sex Symbol de la década?

La decadencia, estilo Britney

Lo que ocurre con esta cantante oriunda de Lousiana es sintomático: el brinco de la inocencia a la rebeldía artística sólo puede darse con éxito cuando se tiene talento real. No es el caso, claro, de Britney Spears

JULIO, 2006. La foto que vemos arriba apareció la semana pasada en The Washington Post, aunque fue extraída de una entrevista televisiva que se le hizo a Britney Spears, frecuentemente llamada, con mucho boato verbal, "la reina del pop". ¿Y qué dijo Britney ahí? Pidió a la prensa "que la dejara en paz", a los paparrazzi "que le permitieran disfrutar su segundo embarazo y a su familia" y a sus fans que la comprendieran.

La Spears presenta el lamentable síndrome del cantante de apariencia virginal que súbitamente desea que se le tome en serio, se le comprenda y se le dé la privacidad que necesita. Toda una ironía luego que sus promotores y compañía disquera gastaron millones de dólares en ella para promocionarla por todos los medios concebibles; ambas partes buscaban, ansiaban que el planeta entero la conociera pero ahora necesita --como dice ella-- alejarse del público.

Adicional a todo ello la gráfica es elocuente: ¿se trata de la misma cantante que, de acuerdo a la leyenda, se pasó sentada casi tres horas en una sesión de maquillaje para su primera portada en Rolling Stone y que luego amenazó con demandar a la misma revista porque, gracias al Photo Shop, aseguraba le habían agrandado el busto para otra portada?

Al igual que Justin Timberlake, él mismo con quien la cantante aceptó haber dicho bye bye (como una de sus cancioncitas) a su virginidad, la Spears quiere que el mundo ya no la vea como una artista bubblegum sino como una mujer completa, con un hijo y otro en camino y quien ha puesto su carrera en segundo plató para que, insiste, la dejen en paz. La diferencia es que Timberlake quiso alcanzar ese estatus de no-soy-bien-portado-soy-desmadroso con una controversia preparada que hacía frontera con la estupidez durante el Superbowl del 2004 y que sirvió poco, prácticamente nada, para levantar las ventas de su primer álbum "serio".

Vaya cosas de la música poop, digo pop (chéquense la primera palabra en un diccionario bilingüe y verán que no se trata tanto de un error de dedo) pues los artistas que comienzan a ser conocidos como amenazas de la sociedad, aterran a las buenas conciencias y se ganan sus dosis de agua bendita al final terminan como dóciles individuos que juegan golf o aparecen en reality shows. Alice Cooper, Ozzy Osbourne, Marilyn Manson y, sí, Eminem, pertenecen a este póker. Por el contrario, Britney, su ex Timberlake, Christina Aguilera, Hillary Duff y otras chiquillas más comienzan su carrera como ángeles envueltas en nubes y luego sueltan pestes por sus poros, ya no quieren que se les trate como niñitas adorables y para el efecto acuden a las extravagancias o, en el caso que hoy nos toca, se embaraza dos veces en menos de 24 meses.

Cualquier sicólogo respondería a lo anterior que, bueno, tanto controversiales como serafines iniciaron sus carreras con una fachada que no era la suya y que se encuentra, por tanto, condenada a desaparecer. La explicación se ajustaría, sin duda, a Cooper, quien ha manifestado su profunda fe religiosa, o el caso de Osbourne, quien en una entrevista dijo "todo esto [la brujería] lo usamos porque estaba de moda lo de e Aleister Crowley y porque podíamos conseguir chicas... en realidad no podíamos conjurar ni una flatulencia".

Por lo que toca a Spears y Aguilera, contemporáneas del Mickey Mouse Club, también hay algo de verdad. ¿Pero por qué, tras dar el paso "serio" no tardan en desaparecer? Por un ex miembro de un grupito chiclebomba --Robbie Williams con Take That-- hay decenas que, al buscar "seriedad" su fama terminó por evaporarse. ¿A quién les gustaría incluir en la lista? David Cassidy, Bay City Rollers, Leif Garrett, Gerardo, Martika, Tiffany...

No hace falta tanto rebaneo. Habrán de perdonarme los fans de Britney Spears, pero la muchacha tiene menos talento que una palmera que se menea durante un huracán. Quien canta "a pujiditos" esconde las limitantes de su voz, por ello irrita que incluso se le llame "diva" a una muchacha que llamó la atención más por su divino físico que por su calidad interpretativa. Suena hasta mal chiste --o vergüenza, para un adjetivo más conciso-- que se le compare con voces magníficas y perdurables, trátese de Diana Ross, Aretha Franklin, Gloria Stefan y aun Norah Jones. Una sola canción de ellas llenaría mi día, mucho más que escuchar todos los álbumes, remixes y demás que se han hecho de la señora Spears.

La foto del Washington Post únicamente ha puesto las cosas en su sitio. Britney Spears ahora luce idéntica a como hoy se ven muchas de sus fans originales, aquellas que la adoraban e imitaban su forma de vestir durante la primera brinteymanía, allá por 1998. Pero hoy, ya con un par de hijos, esposos que las atormentan sicológicamente, con estudios inconclusos (igual que la cantante) y quejándose de que las dejen en paz, tenemos un caso, otro más, de personas famosas que mejor hubieran permanecido anónimas.

 

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