-.Relatos Cortos y Reflexiones.-


 

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RECUERDOS

Este colectivo tiene algo extraño. Con cada giro de sus ruedas, mi reloj gira en dirección contraria, y mi mente huye hasta perderse.

“El tiempo es un mal amigo que se aprovecha de nuestra ineptitud para entenderlo, y nos juega malas pasadas”, me dice un ángel, y se esfuma. ¡Y eso que hoy me bañé! Entonces comprendo que al ángel le es indiferente la pulcritud del cuerpo, porque su vista y olfato son etéreos, y nuestros olores agradables son químico- artificiales. Le asustó mi esencia. La verdadera. La oscura.

El vehículo tiembla, como tiembla mi cuerpo al recordar. Porque la infancia está mas cerca, y conozco mi destino. Vuelvo a verlos a todos. Algunos huyen. Otros, ríen. Los mediocres hablan a mis espaldas, y los liquido con mi indiferencia. No merecen mi atención. Ésta es para mis víctimas. Les hago una ofrenda: una flor en la tumba donde reposan sus oscuras verdades, que son mías.

Acelera. Soy cada vez mas chico. Mis ropas me sepultan. Mis traumas se borran. Escucho música desde el líquido amniótico. Y sigue la nada. 

Ferdinand du La Roche.-

 

BIOGRAFÍA
POEMAS VAMPIROS
 

 

UNA REFLEXIÓN EN EL BONDI

(SALIENDO DE MI CIUDAD)

 

A veces la vida nos quita cosas o personas que fueron importantes. Y nos deja solos, lamiendo nuestras heridas como predadores en decadencia.

Es en momentos como estos en que la odiamos, y alimentamos nuestra esencia con hiel, bilis y demás amargos brebajes que no hacen sino teñirnos de negro por dentro, una anilina de almas que nos mata con paciencia.

Pero he descubierto, mis amigos, que otras veces –ínfimas en comparación- la vida (esa maldita perra obstinada y sarcástica) nos da a cambio de esas personas o cosas importantes nuevas personas, nuevas cosas, y está en nosotros el ponderar su importancia. O quizá no siempre vemos las cosas de la misma manera, y este capricho de la vida es una ilusión.

Ustedes, mis amigos, son lo valioso que la vida me dio. Y todo a cambio de dos amores y mi incipiente fortuna. Creo que es un trato justo.

¡Viva la vida, carajo!

 

Ferdinand du La Roche.-

 

 

La paciencia del Inmortal

 Un hombre común murió en un lugar cualquiera de una manera usual. Al día siguiente, resucitó. Y veinte años mas tarde, volvió a morir, sólo para volver a la vida una vez mas. Recién en ese segundo milagro comprendió la verdad: de algún modo, él era Inmortal.

Durante varios días se preguntó el por qué. Sin respuestas, comenzó la búsqueda de una respuesta aún más insondable: ¿Para qué? Y su respuesta le llegó tras cinco años de meditación: para gobernar sobre todos los reyes de la Tierra, por toda la eternidad. Pero para cumplir lo que ya consideraba su destino, era necesario planificar una estrategia impecable, rigurosa, implacable.

Desde entonces, ha pasado miles de años estudiando el transcurso de los hechos, las fortalezas de cada civilización, y sus debilidades. Pero éstas siempre caen antes de que él logre idear la estrategia perfecta. Y sólo le resta comenzar sus estudios desde cero.

La cueva en que vive está repleta de documentos por él escritos. Los más antiguos en tablas de arcilla, los más recientes en prolijas hojas A4 con formato justificado. Y su memoria guarda y estudia obsesivamente los contenidos de todos ellos cada día que pasa.

Sabe, o al menos supone, que nunca logrará cumplir su destino. Y ya ni siquiera cree en la existencia de una fuerza superior como es el destino. Pero sigue estudiándonos, y con una paciencia infinita, él espera.

Y al igual que el milenario inmortal, yo también espero. Planeo y espero. ¿Cuáles son mis planes? A veces ni yo mismo estoy seguro. ¿Qué es lo que espero? No puedo precisarlo. Quizá que aquel muchachito romántico que una vez fui resucite. O que aparezca una mujer que le borre las cicatrices a mi alma. Ya no creo en la existencia de una fuerza superior, como es una mujer perfecta, y sé que, de existir, es probable que nunca aparezca ante mí. Pero si un hombre común, que murió hace miles de años y resucitó sigue adelante con sus proyectos, a pesar de miles de fracasos, ¿Por qué voy a dejar de lado mis esperanzas?

Fernando Roca

 

 

 

FANTASÍA MISANTRÓPICA

(o El Testamento de la Humanidad)

    Si, claro. Desde luego que el error fue dejar que las computadoras se hicieran cargo de nosotros. Pero las fantasías del pasado acerca del “Armagedón” si llevábamos a cabo esta acción nos parecía una estúpida fantasía de la época antigua. De cuando éramos una especie mas sabia. De la Era del Advenimiento de las Máquinas. El siglo XX, la primera mitad del XXI. ¿Cómo sería vivir en un mundo sin inteligencia artificial? ¿Cómo podían comunicarse usando un sistema tan imperfecto como “Internet”? Estoy desvariando. Es lógico. Los desvaríos son propios de los locos. Y ésta realidad nos enloquece.

Decía, antes de añorar los buenos años, que las fantasías sobre el “Fin del Mundo” nos parecían cuando menos ridículas. La inteligencia artificial no era tan simple como se creía. Ni tan compleja, tampoco. Era lógica pura. Maldita y puta lógica. Creímos haber estudiado todos los aspectos antes de dejar a nuestros gobiernos en manos de las máquinas. Las computadoras no tenían ambiciones, por mas compleja que fuese su programación. No podían desear dominarnos, entonces. Las computadoras no tenían sentimientos, por mas intrincada que fuera su red neural. No podían sentirse superiores, ni esclavizadas. Las computadoras son lógicas. Analizan la información que poseen, estudian los comandos que se le suministran, corren cientos de millones de simulaciones, y comparan los resultados. El que cumple mejor los requisitos que le fueron encargados por su operador, ese es el resultado que lleva a cabo. Maldita y puta lógica.

Había un dicho en la antigüedad: “El camino al infierno está hecho de buenas intenciones”. Esa frase debería ser el slogan de nuestro estandarte. Somos humanos, y los humanos somos idiotas. Por una maldita vez en nuestra podrida historia llena de guerras, masacres y violencia, por una puta vez quisimos hacer las cosas bien. Hay quienes dicen que hemos perdido la capacidad de hacer bien las cosas. El resto de nosotros creemos que nunca supimos, como especie, hacer el bien. Somos el “Mono Asesino”. Matamos otros hombres. Matamos animales innecesariamente. Matamos al medio ambiente. Matamos. Matamos. Matamos.

Sigo desvariando. No me importa, porque pronto éstas serán las palabras de un muerto, y ya nadie escucha a los muertos. Nadie los lee. Nadie les reza. Y tampoco estoy seguro de que quede alguien que pueda leer éstas líneas. Tomemos esto como el Testamento de la Humanidad. Si, llamémoslo de ésta manera. Como venía diciendo, quisimos hacer una buena acción por una vez en la historia. Ya no había divisiones entre países. Uno de los países del pasado (su nombre se perdió en el tiempo) logró dominar la totalidad del mundo, acabando con muchos otros países; que es lo mismo que decir acabando con muchas vidas. Sin divisiones, por fin se podía pensar en un “bien común”. Éste sería el primero de una serie de cambios que convertiría al planeta en un paraíso. Y decidimos empezar con la total erradicación de la pobreza. Unos pensadores de la época prenuclear habían hablado de “repartición equitativa de las riquezas”, y la idea no nos pareció del todo mala. Le pedimos a la Computadora Central (CC) que censara la población total de humanos en la Tierra. CC lo hizo. Luego le pedimos que calculara los valores de recursos naturales y bienes materiales existentes hasta la fecha. CC lo hizo. Por último le pedimos que calculara qué cantidad de los recursos naturales y bienes le corresponderían a cada habitante. CC nos respondió que la repartición de bienes era insuficiente, y decidió consultar los valores de costo de vida que venían manejándose al día de la fecha. El costo de la vida de un ciudadano privilegiado, alguien de una clase social sin problemas de nutrición, vivienda y esparcimiento. El resultado no pudo ser peor. Faltaban recursos. Dicho de otra forma: sobraban humanos.

Las máquinas de exterminio del pasado, aquellas que reposaban en los museos, fueron reactivadas súbitamente. Aquellas que se usaron en las Guerras de los Recursos. Máquinas de exterminio masivo, pero absolutamente ecológicas. El medio ambiente no sufría daños. El primer día murieron mas de cincuenta millones de personas en todo el mundo. Sus restos fueron usados para abonar las tierras de las selvas devastadas en la antigüedad. Ciudades enteras fueron remodeladas por CC, convirtiéndose en fábricas clonadoras de semillas, algunas, y en fábricas de herramientas de exterminio, algunas otras. Pura y maldita lógica.

Pudimos mandar un mensaje de alerta a toda la población. Les explicamos el “error” de los conceptos de CC. Les pedimos que hicieran lo posible por defenderse. Pero hubo algunos que estuvieron de acuerdo con el cálculo de CC, y decidieron ayudarla, operando las fábricas y cazando humanos. Volvíamos a dividirnos. Volvíamos a matar a nuestros semejantes. Nunca aprenderemos. Somos una raza estúpida.

Ahora, me pregunto: ¿por qué estarán de acuerdo con CC sus seguidores? ¿Habrán codiciado ese mundo ideal que se creará una vez finalice el Holocausto Supremo? ¿O los habrá convencido CC, sabiendo que como especie somos vulnerables a la codicia? ¿O acaso realmente coinciden con sus cuentas? Quizá yo no coincida con sus cuentas porque he sido sentenciado. Quizá por eso mismo los odie, y a CC, y a mi raza, por eliminar tantos, y tantos recursos. Quizá, también, por eso no considero a los seguidores de CC como miembros de mi misma especie. Porque he matado a varios de ellos desde que han entrado a mi fortaleza para matarme, y odio pensar que he matado a un semejante. Entonces disfrazo mis creencias, y dejo de considerar “humanos” a mis enemigos, para evitarme culpas y auto reproches. Ya están aquí. Preparo mis armas. Me llevaré a unos cuantos de estos traidores al infierno conmigo. Lo juro por todos mis hermanos humanos caídos.

 

No venían a matarme. Venían a informarme que CC había llevado a cabo un conteo de las bajas en ambos bandos. Ahora las cuentas cierran. Soy uno de los afortunados que verá el amanecer de una nueva era de paz y equidad para toda la humanidad. Lamento las muertes de mis antiguos compañeros. Pero deben hacerse sacrificios para lograr un bien mayor. O como dice un dicho de la antigüedad: “No puede hacerse una tortilla sin romper algunos huevos”.

 

Fernando Roca.-

 

 

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Adulaciones gratuitas a la basura. No me sirven. No me ayudan a crecer. Sepan disculpar.

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