Un paseo
      por la literatura


      Roberto Bola�o
      (fragmentos)


      13. So�� que le�a a Stendhal en la Estaci�n Nuclear de Civitavecchia: una
      sombra se deslizaba por la cer�mica de los reactores. Es el fantasma de
      Stendhal, dec�a un joven con botas y desnudo de cintura para arriba. �Y t�
      qui�n eres?, le pregunt�. Soy el yonqui de la cer�mica, el h�sar de la
      cer�mica y de la mierda, dijo.


      14. So�� que estaba so�ando, hab�amos perdido la revoluci�n antes de
      hacerla y decid�a volver a casa. Al intentar meterme en la cama encontraba
      a De Quincey durmiendo. Despierte, don Tom�s, le dec�a, ya va a amanecer,
      tiene que irse. (Como si De Quincey fuera un vampiro.) Pero nadie me
      escuchaba y volv�a a salir a las calles oscuras de M�xico DF.


      15. So�� que ve�a nacer y morir a Aloysius Bertrand el mismo d�a, casi sin
      intervalo de tiempo, como si los dos vivi�ramos dentro de un calendario de
      piedra perdido en el espacio.


      16. So�� que era un detective viejo y enfermo. Tan enfermo que
      literalmente me ca�a a pedazos. Iba tras las huellas de Gui Rosey.
      Caminaba por los barrios de un  puerto que pod�a ser Marsella o no. Un
      viejo chino afable me conduc�a finalmente a un s�tano. Esto es lo que
      queda de Rosey, dec�a. Un peque�o mont�n de cenizas. Tal como est�, podr�a
      ser Li Po, le contestaba.

      17. So�� que era un detective viejo y enfermo y que buscaba a gente
      perdida hace tiempo. A veces me miraba casualmente en un espejo y
      reconoc�a a Roberto Bola�o.

      *****


      21. So�� que ten�a catorce a�os y que era el �ltimo ser humano del
      Hemisferio sur que le�a a los hermanos Goncourt.


      22. So�� que encontraba a Gabriela Mistral en una aldea africana. Hab�a
      adelgazado un poco y adquirido la costumbre de dormir sentada en el suelo
      con la cabeza sobre las rodillas. Hasta los mosquitos parec�an conocerla.

      23. So�� que volv�a de �frica en un autob�s lleno de animales muertos. En
      una frontera cualquiera aparec�a un veterinario sin rostro. Su cara era
      como un gas, pero yo sab�a qui�n era.


      *****

      31. So�� que la Tierra se acababa. Y que el �nico ser humano que
      contemplaba el final era Franz Kafka. En el cielo los Titanes luchaban a
      muerte. Desde un asiento de hierro forjado del parque de Nueva York, Kafka
      ve�a arder el mundo.
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