Roberto Bola�oTexto publicado en Lateral. Revista de cultura n�mero 40,
      abril de 1998
      Entrevista a Roberto Bola�o

      "Al final no tuvimos ninguna pared donde apoyarnos" Ha sido la revelaci�n
      literaria del pasado a�o. Es chileno, naci� en 1953 y desde 1977 vive en
      Espa�a. Para entonces ya hab�a recorrido un buen camino. A los quince a�os
      se traslad� a M�xico, donde se hizo poeta, viv�a del periodismo y se
      convirti� en troskista. En 1973 volvi� a Chile, justo para presenciar el
      golpe militar. Cay� preso, pero tuvo suerte y lo soltaron. Estuvo tambi�n
      en El Salvador, donde conoci� a los futuros asesinos de uno de los mayores
      poetas latinoamericanos. Son cosas de las que habla en esta entrevista. En
      Espa�a ejerci� todos los oficios posibles. Ya hab�a cumplido los 43 cuando
      public� su primer libro de narrativa, La literatura nazi en Am�rica (Seix
      Barral, 1996), que fue aclamado por la cr�tica espa�ola. Luego vinieron
      Estrella distante (Anagrama, 1996), novela que consolid� su reci�n ganada
      reputaci�n, y los cuentos de Llamadas telef�nicas (Anagrama, 1997), que le
      consagr� como uno de los mejores escritores contempor�neos en castellano.
      Desde hace algunos a�os vive en un peque�o pueblo de la Costa Brava.
      �C�mo cae un chileno en Blanes?
      Por azar. En Blanes me fui a montar un negocio; era una �poca en que ten�a
      tiendas. Era una tienda de bisuter�a, ropa, para turistas, y as� me qued�
      a vivir all�.
      �Y todav�a vive de la tienda?
      No, desde el a�o 93 vivo exclusivamente de la literatura. Ese a�o gan�
      tres o cuatro premios que me dieron mucho m�s dinero que los libros que
      publiqu� luego. Ten�a cuarenta a�os.
      Debi� de ser un giro milagroso... No lo veo ni como un giro ni como algo
      milagroso. Yo escribo desde los 18 a�os y a los 22 viv�a de la literatura
      en M�xico. Todo el dinero que llegaba a mis manos era producto de
      escribir: periodismo, art�culos... Recuerdo que el billete de avi�n para
      venirme a Europa lo gan� con dos art�culos en una revista mexicana.
      �Y por qu� vino a Espa�a?
      Vine a Espa�a en el a�o 77. En realidad iba a Suecia, donde m�s o menos
      ten�a arreglado un trabajo, pero mi madre viv�a en Espa�a desde hac�a dos
      a�os y estaba muy enferma cuando yo llegu�. Entonces, me qued� a esperar
      que se pusiera bien, a ayudarla, en fin. Barcelona, en el a�o 77, era una
      verdadera belleza, una ciudad en movimiento con una atm�sfera de j�bilo y
      de que todo era posible. Se confund�a la pol�tica con la fiesta, con una
      gran liberaci�n sexual, un gran estallido sexual, un deseo de hacer cosas
      constantemente, que probablemente era artificial, no me hago muchas
      ilusiones al respecto, pero, artificial o verdadero, era tremendamente
      seductor. Para m� fue un descubrimiento, y me enamor� de la ciudad. En
      Barcelona aprend� cosas que yo cre�a que sab�a pero en realidad no sab�a.
      �C�mo cu�les, por ejemplo?
      El vivir fuera de la literatura. Yo en M�xico viv�a muy en relaci�n con la
      literatura. Viv�a entre escritores y me mov�a en un mundo en donde quienes
      no eran escritores eran artistas. Y en Barcelona comenc� a moverme en un
      mundo en donde no hab�a escritores. Ten�a amigos escritores, pero poco a
      poco empec� a tener amigos de otro tipo. Hice de todo, evidentemente:
      lavaplatos, camarero, vigilante nocturno, basurero, descargador de barcos,
      vendimiador, en Barcelona, en Francia, en un mont�n de sitios. Y me
      pareci� magn�fico. Adem�s, en aquella �poca no hab�a el paro que hubo
      despu�s y la movilidad laboral era realmente grande; mi cuerpo me lo
      ped�a, saber que trabajaba, conoc�a a gente, ganaba dinero y, cuando me
      aburr�a, lo dejaba y a la semana estaba trabajando en otra cosa. Me
      pareci� fant�stico.
      Entonces �por qu� retirarse al campo?
      Eso ya ocurre despu�s de que pasa la euforia del 77. En Espa�a el
      desencanto lo fechan en el 79-80, pero en m� empez� un poco despu�s. Me
      fui a Girona porque estaba harto de Barcelona, adem�s viv�a en una calle
      muy c�ntrica, Tallers, a espaldas de La Vanguardia. Lo visitaban miles de
      personas. Hab�a tenido miles de historias y necesitaba salir de todas
      ellas, era vivir con gente y con fantasmas. Necesitaba irme a alg�n sitio
      donde no conociera a nadie.
      �Y a M�xico c�mo lleg� a los 15 a�os?
      Por mis padres. Mi madre era profesora y mi padre era transportista.
      Decidieron un d�a irse a M�xico a vivir. Cada uno lleg� con un ideal y
      luego no sali� nada, como pasa siempre.
      En 1973 decide volver a Chile...
      A los veinte a�os vuelvo a Chile s�lo a hacer la Revoluci�n. Yo estaba por
      aquella �poca m�s bien en la extrema izquierda, cercano al MIR, pero mi
      ideolog�a era troskista. En realidad el MIR nunca tuvo buena relaci�n con
      la pol�tica de los pa�ses del Este. Ahora, siempre ha sido una salvedad
      bastante infantil con Cuba porque es una enfermedad de los
      latinoamericanos. Los cubanos pueden ser prosovi�ticos, pero son
      latinoamericanos...
      Caso de Cort�zar, que era cr�tico con la URSS, pero apoyaba al r�gimen
      cubano que censuraba sus libros.
      Yo creo que ah� la cag� Cort�zar y la gran mayor�a, y la cagaron de una
      manera bestial. El hecho de que fueran latinoamericanos de alguna manera
      les perdonabas m�s que a los dem�s. Es dif�cil, porque, por ejemplo, hubo
      muchos troskos que se exiliaron en Cuba, y los cubanos no se portaron mal
      con ellos. Hubo muchas guerrillas de gente que no estaba con el socialismo
      real, claramente, que fueron apoyadas tambi�n por Cuba. Adem�s, la
      atm�sfera de aquellos a�os era apocal�ptica en el sentido de San Juan, en
      el sentido cristiano. Todos esper�bamos o el estallido de la revoluci�n o
      el estallido de la contrarrevoluci�n. El D�a del Juicio era algo que se
      respiraba. El miedo a ese d�a evidentemente te hace buscar, al menos
      mentalmente, una pared donde apoyarte, por puro miedo. Al final no tuvimos
      ninguna pared donde apoyarnos y nos fue como nos fue, evidentemente, pero
      yo creo que s�lo as� se explica lo de Cuba y lo de Cort�zar...
      Dicen que los meses anteriores al golpe de estado de Pinochet fueron
      terribles, lleno de odios y enfrentamientos.
      Los �ltimos meses del gobierno de Allende fueron espantosos. Pero tampoco
      me hac�a muchas ilusiones; era ingenuo, pero no esperaba la revoluci�n
      suprema de los hombres puros ni nada de eso. Yo creo que en el fondo iba a
      la aventura y me gustaba la aventura en s� misma. Encontr� toda la
      aventura que quer�a y much�sima m�s. Sobre todo despu�s del golpe de
      estado.
      �Recuerda todav�a el d�a del golpe?
      Yo viv�a en casa de Jaime Quesada, que ahora es un poeta casi oficial, y
      en aquella �poca era un poeta joven, amigo de mi madre. Me despert�
      temblando y me dijo: "Roberto, han dado un golpe los militares". Lo
      primero que recuerdo es decir: "�d�nde est�n las armas?, que yo me voy a
      luchar". Y Jaime dici�ndome: "no salgas, no vayas, �qu� le voy a decir a
      tu mam� si te pasa algo?".
      Yo no conoc�a el barrio y Jaime estaba dispuesto a quedarse encerrado todo
      el d�a en casa. Fui a casa de un chaval de quince a�os que sab�a que era
      de izquierdas. Y le pregunt�: "�qui�n est� organizando la resistencia en
      el barrio?, porque yo voy de voluntario". Y este chaval me dice "yo
      tambi�n quiero ir de voluntario". Yo ten�a veinte, pero �ste ten�a quince.
      Y fuimos juntos a la c�lula comunista, que eran los �nicos que ten�an
      organizaci�n. Hab�a gente de todos los partidos all�. Era la casa de un
      obrero comunista. Un hombre que estaba muy, muy asustado. Recuerdo,
      adem�s, que ten�a libros de vaqueros de Marcial Lafuente Estefan�a, estos
      peque�os libritos de vaqueros los ten�a en su aparador. Fue muy tierno,
      muy desolador y muy tierno.
      �Pero estaba realmente organizada la resistencia, en caso de un golpe?
      Llegamos all� y decimos, "�qu� hay que hacer?". Somos como veinte o
      treinta personas y nos dan a cada uno una tarea: vigilar calles. En
      realidad nos dan un plan prefabricado con un escenario de guerra civil, no
      de golpe de estado. Yo me encuentro con que aquello que me mandaban hacer
      era una soberana estupidez. Porque era vigilar la casa de un civil, de una
      persona que se sab�a que era de derechas, por si llegaban all� armas, en
      fin, tener controlada esa casa. Algo demencial, porque las calles estaban
      desiertas y cuando pasaban patrullas militares si no te disparaban te
      deten�an. Me dan un pseud�nimo y un santo y se�a para darlo a un compa�ero
      que pasar�a haciendo los controles. Me voy a la calle que tengo que
      vigilar. No hay nadie, estoy yo solo. Empec� a tener miedo, �qu� hago yo
      aqu�? Est�s en una calle solo y lo primero que piensas es que te est�n
      mirando desde todas las ventanas. Hasta que llegaron los que pasaban
      revisi�n y a m� se me hab�a olvidado la contrase�a; habl� con ellos, volv�
      a la c�lula. En aquella �poca hablaba como mexicano y creyeron que era
      extranjero. Y como a todos los extranjeros se les supon�a una gran
      veteran�a en la lucha armada, me piden a m�, que pod�a ser muy bien un
      infiltrado, que vaya a contactar con la c�lula mayor.
      �No funcionaban los tel�fonos?
      Ten�a que ser un contacto de persona a persona. Me dan una bicicleta para
      que vaya a no s� cu�ntos kil�metros de distancia por una ciudad que no
      conozco, porque yo nunca he vivido en Santiago. Ah� me di cuenta: si les
      hago caso me matan seguro. Fue divertid�simo. Como una pel�cula de los
      hermanos Marx. Ordenes, contra�rdenes, nadie se aclaraba.
      �Pero llegaron a hacer algo finalmente?
      A eso de las doce, una de la tarde nos llega la noticia de que el general
      Prats viene con un contingente de tropas leales. Decidimos ir a recibir a
      Prats, pero militarmente, es decir, darle una cobertura de entrada y ver
      qu� armas ten�amos. Y nos vamos a un barrio que estaba all� al lado, como
      de chabolas, que se llamaban en esa �poca el movimiento "los sin casa":
      ocupaban terrenos y constru�an. Una de esas casas estaba llena de bombas
      molotov. Y lo l�gico era destruir una serie de puentes peatonales para
      impedir el paso de las primeras avanzadillas de los pinochetistas hasta
      que llegaran las tropas de Prats. Luego result� que Prats a esa hora
      estaba preso ya. No hab�a tropas, no hab�a nada, el general estaba
      detenido. Adem�s, �c�mo vas a tirar puentes peatonales con bombas molotov?
      Era una locura absoluta. Porque no hab�a nada, ni armas cortas..., s�lo
      bombas molotov. Era impresionante. Y as� fue el d�a.
      Y luego, �qu� pas� al d�a siguiente del golpe militar?
      Luego la suprema resaca. Un barrio aguant� el golpe, estaban mejor
      preparados, atacaron una comisar�a, redujeron a los carabineros y aislaron
      el barrio. Pero era meterse en la boca del lobo. Lo bombardearon desde el
      aire.
      Se escuchaban balazos todo el santo d�a. Cuando bombardearon La Moneda,
      desde el barrio donde yo estaba, lo o�as y de vez en cuando ve�as a los
      aviones.
      Bueno, pero �c�mo logr� salir de una situaci�n semejante?
      Cuando me detienen en la carretera y el teniente del puesto de ret�n se
      comunica con Concepci�n para dar el parte de lo que ha pasado, me asust�:
      "estoy frito, me matan". Me puso como uno de los diez m�s buscados de
      Chile, por lo menos. El hombre estaba inflando su captura, claro. Me
      vinieron a buscar en un veh�culo especial con dos armarios, dos t�os
      gigantescos; en mi vida hab�a visto carabineros m�s grandes. Luego me
      llevaron a la comisar�a y en ella hab�a otro teniente que era todo lo
      contrario al que me hab�a detenido, razonable, y se dio cuenta de que yo
      de terrorista no ten�a nada, que tampoco era extranjero y que no hab�a
      hecho nada. Pero ya no me pod�a soltar, al menos no me dej� all�.
      En un mismo d�a pas� por carabineros, pas� por otro sitio, no recuerdo
      bajo qu� �rdenes estaba y, al final, termin� en la polic�a de
      investigaci�n, los polic�as que van de civil, que en Chile se llaman as�.
      Y tuve mucha suerte.
      �Qu� es lo que ocurri� en realidad? �C�mo logr� salir?
      A m� me sacaron de la c�rcel dos polic�as, que hab�an sido compa�eros m�os
      a los quince a�os. Yo sal� a los ocho d�as porque estaban estos dos all�;
      si no me hubiera podido pasar un mes o dos. Pero un d�a voy y me encuentro
      a un detective que dice: "�no te acuerdas de m�? Soy tu compa�ero". Yo no
      me acordaba de nada. Fue impresionante.
      �Pero si en Llamadas telef�nicas hay un cuento que narra exactamente esto!
      Yo pensaba que era puro invento, un juego literario. Incluso me record� un
      poema de Nicanor Parra, donde unos personajes populares chilenos,
      "compadres", si no me acuerdo mal, establecen el mismo di�logo absurdo que
      mantienen los detectives del cuento.
      No, en gran parte es autobiograf�a. Yo realemente me encontr� con esos dos
      ex compa�eros de colegio en la c�rcel, y ellos me sacaron de all�. Pero lo
      de Nicanor Parra tambi�n es cierto. Todos mis textos me los planteo como
      un escrito donde prima el argumento, pero tiene sus reversos, su
      contraire. Y en este caso el contraire era el poema "Saranguaco" de
      Nicanor Parra, su esquema, el di�logo imposible, una especie de di�logo
      loco. Y es parte del folclore chileno, adem�s.
      �Y por qu� esa necesidad de un reverso, de una sombra literaria?
      Por una cuesti�n de econom�a. Cada cuento tiene su reverso, pero ce�ido
      con una disciplina de hierro. Porque de lo contrario no hubiera podido
      escribir los catorce cuentos de este libro, hubiera escrito catorce
      novelas. Y, probablemente, catorce novelas infinitas. Por ejemplo, "Vida
      de Anne Moore", el �ltimo cuento de Llamadas telef�nicas es, en su
      reflejo, una novela-r�o de aproximadamente seiscientas p�ginas. Suceden
      cosas que se pueden contar en seiscientas p�ginas, pero con tranquilidad
      perfecta.
      Esas sombras o gu�as literarias resultan m�s visibles en los relatos de La
      literatura nazi en Am�rica. Tal vez porque all� hubo la necesidad de
      ilustrar con obras la biograf�a de los imaginarios autores presentados...
      Yo creo que La literatura nazi es una novela, con exposici�n, desarrollo,
      desenlace. La novela m�s t�pica...
      Ya, pero en definitiva es un conjunto de biograf�as unidas tem�ticamente,
      pero independientes.
      Ah� hay otra cosa: es una novela, pero no para ser le�da como novela. Se
      puede abrir por donde t� quieras, pese a tener los tres estadios cl�sicos
      de la novela. Por ejemplo, creo que se puede empezar por el ep�logo. Lo
      m�s probable es que haya fracasado, pero la idea era �sa y creo no era
      mala del todo. Ahora, me morir� diciendo que es una novela.
      �Por qu� le obsesion� la cultura de la extrema derecha en Am�rica Latina?
      El mundo de la ultraderecha es un mundo desmesurado y es interesante de
      por s�. Lo que pasa es que yo cojo el mundo de la ultraderecha, pero
      muchas veces, en realidad, de lo que estoy hablando es de la izquierda.
      Cojo la imagen m�s f�cil de ser caricaturizada para hablar de otra cosa.
      Cuando hablo de los escritores nazis de Am�rica, en realidad estoy
      hablando del mundo a veces heroico, y muchas m�s veces canalla, de la
      literatura en general.
      Ciertamente, no s�lo los fachas cometieron horrores en Am�rica Latina. Ah�
      est� el caso de aquel poeta salvadore�o que asesinaron sus camaradas.
      Roque Dalton. Yo conoc� a varios de los que mataron a Roque Dalton. Viv�
      en El Salvador antes de que comenzara la Guerra Civil, y de los diez
      comandantes principales cuatro eran escritores. Y a dos de ellos los
      conoc�. A uno que se llamaba Cienfuegos y a otro que no s� c�mo demonios
      se llamaba. Y conoc�a a muchos escritores y...
      Gente encantadora, seguramente...
      Hombre, s�, encantadores. Algunos no tanto. Adem�s, yo recorr� toda la
      costa del Pac�fico de Am�rica Latina en mi camino hacia Chile en el a�o
      73, y �stos ten�an mi edad: veinte a�os, veintid�s, veintitr�s... O algo
      m�s. Quien me present� a esta gente fue Manuel Sorto, que era el cienasta
      oficial de la guerrilla, el que filmaba las pel�culas, a riesgo de su
      vida, que luego se exhib�an en todo el mundo. Fue una persona muy �tica.
      Pero, por ejemplo, Cienfuegos, que es uno de los que dieron la orden de
      matar a Roque Dalton, yo me pregunto si, incluso, no hay all� una
      enemistad literaria.
      �Por qu�? �Era un poeta malo?
      No, Cienfuegos no era un poeta malo, pero no ten�a nada que hacer al lado
      de Roque Dalton. Creo que a Dalton lo mataron, b�sicamente, por lo de los
      hijos haciendo el ritual de la matanza del padre.
      Pero en vez de literaria, esa vez la matanza fue literal.
      S�, s�, literal. Adem�s lo mataron mientras dorm�a. No, no lo despertaron;
      �l nunca supo que lo iban a matar. Discutieron durante todo el d�a, porque
      Roque Dalton se opon�a al levantamiento armado y los comandantes dec�an
      que ya era la hora y que hab�a que empezar la revoluci�n. No llegaron a
      ning�n acuerdo; Roque Dalton se fue a dormir, los comandantes siguieron
      discutiendo y dijeron: hay que matarlo. Como si fuera una banda de
      g�ngsters. Y dijeron, mat�moslo ahora que est� durmiendo, porque es poeta,
      para que no sufra. Palabras literales.
      El pr�ximo libro deber�a ser La literatura bolchevique en Am�rica
      Latina... S�, pero tal vez no accedo de una manera directa a ello porque
      me duele mucho.
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