Entre par�ntesis
  
    Intento de agotar a los mecenas

        
        por Roberto Bola�o

        ... Nunca tuve un mecenas. Nunca nadie me conect� con nadie para hacerme
        beneficiario de una beca. Nunca ning�n gobierno ni ninguna instituci�n
        me ofreci� dinero, ni ning�n caballero elegante se sac� la chequera
        delante m�o, ni ninguna se�ora tr�mula (de pasi�n por la literatura) me
        invit� a tomar el t� y se comprometi� a pagarme una comida diaria. Pero
        con el tiempo he conocido, personalmente o a trav�s de lecturas, a
        muchos mecenas.

        ... El m�s com�n de todos es el cuarent�n homosexual que de pronto
        advierte que su vida est� vac�a y que se dedica, morosamente, a llenarla
        de sentido. Este tipo de mecenas lo que en el fondo quiere es ser
        artista y tener a su vez un mecenas, un mecenas cuarent�n y violento,
        que a su vez tambi�n tiene un mecenas, el cual a su vez es apadrinado
        por otro mecenas, y as� hasta el infinito. Generalmente las obras que
        enloquecen a este tipo de mecenas son los falsos autorretratos.

        ... Tambi�n existe el mecenas con v�nculos sangu�neos. Suele ser hermano
        o hermana del artista o poeta en cuesti�n y la relaci�n que se establece
        entre ambos es como la del p�jaro y el pe�asco. En ese �mbito a la
        necesidad desesperada se la conoce con el nombre de amor. La derrota en
        todos los frentes est� asegurada.

        ... Luego viene el mecenas invisible. Su apadrinado jam�s lo tutear�. De
        hecho, en algunos casos, jam�s lo ver�. El mecenas invisible es capaz de
        violar a un escritor sin que �ste se d� cuenta. El mecenas invisible no
        es, como podr�a pensarse, un ser discreto y prudente. M�s bien al
        contrario: suele ser un pat�n astuto.






        ... Despu�s tenemos a la abuelita melanc�lica. Que no es, por supuesto,
        abuela, ni siquiera t�a abuela, de sus apadrinados, y cuya imagen se
        corresponde en parte a aquellas viejas damas rusas amantes de las letras
        que durante una �poca pulularon por Par�s, Venecia y Ginebra. Las
        abuelitas visten impecablemente bien. Hablan de Proust como si lo
        hubieran conocido. A veces evocan veladas a la luz de las velas en
        palacios de los que uno no ha o�do hablar jam�s. Tienen (por ignorancia)
        en alta estima a los autores que han sido traducidos a m�s de tres
        lenguas y su colecci�n de diccionarios y enciclopedias suele ser
        admirable. Est�n en peligro de extinci�n.

        ... No est�n en peligro de extinci�n, por el contrario, los agregados
        culturales que en las noches de luna llena se creen mecenas. De m�s est�
        decir, puesto que todo el mundo lo sospecha, que los agregados
        culturales tienen mucho m�s de agregados que de culturales. Durante sus
        breves reinados sus amigos medran lo que pueden, que generalmente es
        poco, pero que para ellos es mucho, es todo.

        ... Tampoco est�n en peligro de extinci�n los profesores
        latinoamericanos en universidades norteamericanas. Su concepci�n del
        mecenas se sustenta en la fuerza bruta y en una cobard�a sin fin. La
        mayor�a son de izquierda. Asistir a una cena con ellos y con sus
        favoritos es como ver, en un diorama siniestro, al jefe de un clan
        cavern�cola comi�ndose una pierna mientras sus ac�litos asienten o r�en.
        El mecenas profesor en Illinois o Iowa o Carolina del Sur se parece a
        Stalin y all� radica su m�s curiosa originalidad.

        ... Despu�s viene una masa amorfa de mecenas de distinto pelaje y de
        distinta desgracia. Est�n las v�rgenes neur�ticas, el hombre de las
        gauchadas, el que lo hace por spleen, las casadas insatisfechas, los
        funcionarios suicidas, el poeta que de pronto descubri� que carec�a de
        talento, el que cree que nadie lo entiende, el borracho que recita a
        Salustio, el gordito al que le gustar�a ser flaco, el resentido que
        quiere levantar un nuevo canon, el neoestructuralista que no entiende ni
        la mitad de lo que dice, el sacerdote que pena por el infierno, la
        se�ora que vela por las buenas costumbres, el empresario que escribe
        sonetos.

        ... Detr�s de esta muchedumbre, sin embargo, se esconde el �nico, el
        verdadero mecenas. Si uno tiene la suficiente paciencia como para llegar
        hasta all�, tal vez lo pueda ver. Y si lo ve probablemente acabe
        defraudado. No es el diablo. No es el estado. No es un ni�o m�gico. Es
        el vac�o.
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