| LOS DETECTIVES SALVAJES (Fragmento) ..... 2 de noviembre He sido cordialmente invitado a formar parte del realismo visceral. Por supuesto, he aceptado. No hubo ceremonia de iniciaci�n. Mejor as�. ......3 de noviembre No s� muy bien en qu� consiste el realismo visceral. Tengo diecisiete a�os, me llamo Juan Garc�a Madero, estoy en el primer semestre de la carrera de Derecho. Yo no quer�a estudiar Derecho sino Letras, pero mi t�o insisti� y al final acab� transigiendo. Soy hu�rfano. Ser� abogado. Eso le dije a mi t�o y a mi t�a y luego me encerr� en mi habitaci�n y llor� toda la noche. O al menos una buena parte. Despu�s, con aparente resignaci�n, entr� en la gloriosa Facultad de Derecho, pero al cabo de un mes me inscrib� en el taller de poes�a de Julio C�sar �lamo, en la Facultad de Filosof�a y Letras, y de esa manera conoc� a los real visceralistas o viscerrealistas e incluso vicerrealistas como a veces gustan llamarse. Hasta entonces yo hab�a asistido cuatro veces al taller y nunca hab�a ocurrido nada, lo cual es un decir, porque bien mirado siempre ocurr�an cosas: le�amos poemas y �lamo, seg�n estuviera de humor, los alababa o los pulverizaba; uno le�a, �lamo criticaba, otro le�a, �lamo criticaba, otro m�s volv�a a leer, �lamo criticaba. A veces �lamo se aburr�a y nos ped�a a nosotros (los que en ese momento no le�amos) que critic�ramos tambi�n, y entonces nosotros critic�bamos y �lamo se pon�a a leer el peri�dico. El m�todo era el id�neo para que nadie fuera amigo de nadie o para que las amistades se cimentaran en la enfermedad y el rencor. Por otra parte no puedo decir que �lamo fuera un buen cr�tico, aunque siempre hablaba de la cr�tica. Ahora creo que hablaba por hablar. Sab�a lo que era una per�frasis, no muy bien, pero lo sab�a. No sab�a, sin embargo, lo que era una pentapodia (que, como todo el mundo sabe, en la m�trica cl�sica es un sistema de cinco pies), tampoco sab�a lo que era un nic�rqueo (que es un verso parecido al falecio), ni lo que era un tetr�stico (que es una estrofa de cuatro versos). �Que c�mo s� que no lo sab�a? Porque comet� el error, el primer d�a de taller, de pregunt�rselo. No s� en qu� estar�a pensando. El �nico poeta mexicano que sabe de memoria estas cosas es Octavio Paz (nuestro gran enemigo), el resto no tiene ni idea, al menos eso fue lo que me dijo Ulises Lima minutos despu�s de que yo me sumara y fuera amistosamente aceptado en las filas del realismo visceral. Hacerle esas preguntas a �lamo fue, como no tard� en comprobarlo, una prueba de mi falta de tacto. Al principio pens� que la sonrisa que me dedic� era de admiraci�n. Luego me di cuenta que m�s bien era de desprecio. Los poetas mexicanos (supongo que los poetas en general) detestan que se les recuerde su ignorancia. Pero yo no me arredr� y despu�s de que me destrozara un par de poemas en la segunda sesi�n a la que asist�a, le pregunt� si sab�a qu� era un rispetto. �lamo pens� que yo le exig�a respeto para mis poes�as y se larg� a hablar de la cr�tica objetiva (para variar), que es un campo de minas por donde debe transitar todo joven poeta, etc�tera, pero no lo dej� proseguir y tras aclararle que nunca en mi corta vida hab�a solicitado respeto para mis pobres creaciones volv� a formularle la pregunta, esta vez intentando vocalizar con la mayor claridad posible. -No me vengas con chingaderas, Garc�a Madero -dijo �lamo. -Un rispetto, querido maestro, es un tipo de poes�a l�rica, amorosa para ser m�s exactos, semejante al strambotto, que tiene seis u ocho endecas�labos, los cuatro primeros con forma de serventesio y los siguientes construidos en pareados. Por ejemplo... -y ya me dispon�a a darle uno o dos ejemplos cuando �lamo se levant� de un salto y dio por terminada la discusi�n. Lo que ocurri� despu�s es brumoso (aunque yo tengo buena memoria): recuerdo la risa de �lamo y las risas de los cuatro o cinco compa�eros de taller, posiblemente celebrando un chiste a costa m�a. Otro, en mi lugar, no hubiera vuelto a poner los pies en el taller, pero pese a mis infaustos recuerdos (o a la ausencia de recuerdos, para el caso tan infausta o m�s que la retenci�n mnemot�cnica de �stos) a la semana siguiente estaba all�, puntual como siempre. Creo que fue el destino el que me hizo volver. Era mi quinta sesi�n en el taller de �lamo (pero bien pudo ser la octava o la novena, �ltimamente he notado que el tiempo se pliega o se estira a `~ su arbitrio) y la tensi�n, la corriente alterna de la tragedia se mascaba en el aire sin que nadie acertara a explicar a qu� era debido. Para empezar, est�bamos todos, los siete aprendices de poetas inscritos inicialmente, algo que no hab�a sucedido en las sesiones precedentes. Tambi�n: est�bamos nerviosos. El mismo �lamo, de com�n tan tranquilo, no las ten�a todas consigo. Por un momento pens� que tal vez hab�a ocurrido algo en la universidad, una balacera en el campus de la que yo no me hubiera enterado, una huelga sorpresa, el asesinato del decano de la facultad, el secuestro de alg�n profesor de Filosof�a o algo por el estilo. Pero nada de esto hab�a sucedido y la verdad era que nadie ten�a motivos para estar nervioso. A1 menos, objetivamente nadie ten�a motivos. Pero la poes�a (la verdadera poes�a) es as�: se deja presentir, se anuncia en el aire, como los terremotos que seg�n dicen presienten algunos animales especialmente aptos para tal prop�sito. (Estos animales son las serpientes, los gusanos, las ratas y algunos p�jaros.) Lo que sucedi� a continuaci�n fue atropellado pero dotado de algo que a riesgo de ser cursi me atrever�a a llamar maravilloso. Llegaron dos poetas real visceralistas y �lamo, a rega�adientes, nos los present� aunque s�lo a uno de ellos conoc�a personalmente, al otro lo conoc�a de o�das o le sonaba su nombre o alguien le hab�a hablado de �l, pero igual nos lo present�..... |