"LOS DIGNOS"
El 8 de enero de 1959, cuando Fidel lleg� a La Habana le dijo a sus seguidores m�s cercanos: "Traten a la gente con astucia y con una sonrisa... habr� tiempo suficiente despu�s para aplastar juntas a todas las cucarachas."� Posiblemente le estaba hablando, en parte, a las cucarachas.
De primer ministro, al lado del Presidente Urrutia, Fidel coloc� a Mir� Cardona, un distinguido, inteligente y respetable abogado de clase alta que se hab�a negado a inclinarse ante el dictador Batista. El primer gabinete del Gobierno Revolucionario (como se llam� entonces, o el "gabinete de la dignidad", como se le llam� despu�s) estaba compuesto por hombres de la misma edad y referencias que estos dos, as� como seguidores de Castro, mucho m�s j�venes; dentro del primer grupo estaba Agramonte, el candidato presidencial ortodoxo de 1952, quien pas� a ser ministro de Asuntos Exteriores; Rufo L�pez Fresquet, un economista y experto en impuestos que hab�a sido columnista sobre cuestiones econ�micas del prestigioso peri�dico cubano "Diario de la Marina", consejero t�cnico del ministro de Hacienda de Grau y director de la secci�n industrial del Banco de Desarrollo en la �poca de Pr�o, se convirti� en ministro de Hacienda; Cepero Bonilla, tambi�n economista y periodista, en ministro de Comercio; �ngel Fern�ndez, otro abogado de la clase media, amigo de Urrutia, pas� a ser ministro de Justicia, mientras que su subsecretario, Yabur, era un antiguo colaborador de Manolo Castro --- asesinado de un tiro por la espalda de cuya muerte siempre se culp� a Fidel --- en la universidad y un pol�tico ortodoxo de segunda fila; Luis Orlando Rodr�guez, que hab�a sido secretario general de Movimiento JuvenilAut�ntico y jefe del grupo universitario anticomunista, conocido familiarmente como "El Bonche Universitario", luego hab�a sido ortodoxo, hab�a ingresado en el Movimiento 26 de Julio y se hab�a ido a la Sierra para editar "Cubano Libre", despu�s de que cerraran su peri�dico, "La Calle" (que hab�a patrocinado a Castro en 1955), se convirti� en ministro del Interior y, a partir de entonces, llev� un uniforme muy bien cortado y unas botasrelucientes; y Manuel Fern�ndez, antiguo seguidor de Guiteras en los a�os 30, miembro de "Joven Cuba" y en los a�os 50 del MNR de Garc�a B�rcenas, un revolucionario rom�ntico, pas� a ser ministro de Trabajo; el m�s joven era RiginoBoti, un economista, hijo de un famoso poeta patriarcal de Guant�namo, coautor con Felipe Pazos del �nico plan econ�mico existente de la "Revoluci�n", que volvi� de la ECLA para convertirse en ministro de Econom�a; mientras que Elena Mederos, la �nica mujer del gobierno, era una incansable trabajadora social que pas� a ser ministra de Bienestar Social.� Tambi�n estaban unidos a este grupo otros hombres destacados, como Felipe Pazos -- fallecido recientemente en Venezuela donde fue por muchos a�os asesor del Banco Central de Venezuela -- y Justo Carrillo, que se convirtieron en presidentes del Banco Nacional y del de Desarrollo, respectivamente, puestos que hab�an ocupado en la �poca de Pr�o y de los que hab�an dimitido cuando el golpe de Batista.� Pazos, en compa��a de Ra�l Chib�s, hab�a sostenido una cruda disputa con Castro en Miami: pero, con la euforia de la victoria se olvidaron temporalmente aquellos sucesos.� Emilio Men�ndez, uno de los pocos jueces de la �poca de Batista que ten�a las manos limpias, pas� a ser presidente de un nuevo Tribunal Supremo.� Ernesto Digo, un conocido abogado que hab�a sido ministro de Asuntos Exteriores de Pr�o, se convirti� en embajador en los Estados Unidos.� Manuel Bisb�, jefe, como Agramonte, de una fracci�n de los ortodoxos, fue el embajador en la ONU.� La participaci�n de todos estos hombres hizo que el gobierno pareciera, en cierto modo, el tipo de gobierno que Agramonte podr�a haber nombrado si hubiera sido presidente en 1952: hombres decentes.
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Ninguna de estas eminencias supo interpretar a Castro, quien -- por cierto -- muy pocas veces se reun�a con "su gabinete".� Todos se cre�an que estaban haciendo patria y trabajaban arduamente  -- doce horas diarias -- construyendo una Cuba que solamente exist�a en sus corazones.
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Los nombres que aqu� he mencionado le dicen poco a los venezolanos, sin embargo podr�an cambiarlos por venezolanos como Eduardo Fern�ndez, HermannEscarr�, Alberto Quiroz Corradi, Manuel Caballero, Andr�s Vel�squez, Am�rico Mart�n, Eduardo Lapi, Rafael Alfonzo, Juan Raffalli, El�as Santana y cualquiera que con honestidad est�n en la tarea de construir la Venezuela de sus sue�os.
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El problema se repite.� Ninguno de ellos -- al igual que 40 a�os atr�s sucedi� con sus "hom�logos" cubanos -- ha sabido interpretar al monstruo que tienen delante e intenta combatirlo bajo los par�metros de la pol�tica tradicional, tomando por sentado que con medidas constitucionalistas y legalistas van a ponerlo fuera del juego y eso -- amigos -- es como pretender entrenar a un escorpi�n para que deje de clavar su aguij�n, incluso, a aquel que le salva la vida de morir ahogado.
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Por supuesto que no son TRAIDORES A LA PATRIA, como grit� a modo de alerta en mi alerta anterior.� Son hombres -- pienso yo -- que tienen como norte la construcci�n de una patria mejor, pero que en su empe�o, lo �nico que hacen es servirle tontamente al r�gimen, prolongando la agon�a de este noble pueblo y aportarle, gratuitamente, el tiempo necesario que el r�gimen necesita para mover sus macabras piezas a fin de darnos el zarpazo final que nos llevar� a una vida indigna, a prisi�n, al exilio o a la tumba.
El Hatillo a los 18 d�as del mes de enero del a�o 2003
(pongo la fecha para que despu�s no digan...)
Robert Alonso
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