ENTREVISTA A EXCLUSIVA A DANIEL ONEGA
El fantasma del gol
Ideas claras (su opini�n
de Ram�n, Aimar y Saviola)
Junto con su hermano Ermindo, marc� una �poca en River a pesar de haber vivido como jugador los tediosos e interminables 18 a�os sin t�tulos.

Sebasti�n Torok

      �Mi debut oficial fue en un encuentro de Copa Libertadores contra Boca cuando ten�a 18 a�os, en 1963. Yo no sab�a que iba a ser titular, estaba concentrado pero no me lo esperaba. Hasta que en la tarde previa al partido, el t�cnico Renato Cesarini comienza a dar la alineaci�n y dice �Cubilla, Sarnari, el Tito (como me dec�a cari�osamente)�, yo no s� la cara que debo haber puesto porque me mir� y me dijo:��Qu� pasa! �Est�s cagado? Porque sino no te pongo�... �No! �No! Renato...Le dije�. Esas palabras no me las voy a olvidar jam�s�.
   A Daniel Germ�n Onega sus ojos le resaltan con mayor brillo y se emociona llen�ndose de respeto y admiraci�n cuando habla de �su padre futbol�stico�, �el Tano� Cesarini, quien lo hizo debutar en la Primera del equipo que hab�a sido hincha en su infancia y que escuchaba sus partidos desde una precaria radio en su pueblo santafesino de Las Parejas.
    �El Fantasma�, seud�nimo que le puso el c�lebre relator Jos� Mar�a Mu��z por sus sorpresivas apariciones en el �rea, se autodefine como �un delantero simple y muy oportunista, que se desmarcaba bien pero que no ten�a gran habilidad�. Comenz� jugando en la novena divisi�n de River en 1959 donde fue escalando categor�as hasta consolidarse en la Primera, posicion que estuvo hasta 1972 cuando se fue a pr�stamo a Racing. Pero a la temporada siguiente retorn� a su primer amor, para luego pasar por el C�rdoba espa�ol y culminar su carrera como campe�n en Millonarios de Colombia en el �78. Hoy, a los 55 a�os, Onega sigue a River en los partidos que �ste juega de local, aunque manifiesta que el f�tbol actual no le gusta: �Est� atravesando uno de sus peores momentos�. Reposado sobre un sill�n de la inmobiliaria que posee en la esquina de Forest y Giribone, a escasas cuadras del cementerio de la Chacarita, el ex delantero Millonario comenz� una amena charla, colmada de an�cdotas y recuerdos, que se prolong� durante casi tres horas...
   �Nac� en una familia futbolera, porque tanto mi padre como Ermindo eran jugadores y de chico siempre tuve la ilusi�n de llegar a ser profesional. Como consecuencia de que Ermindo ya hacia dos temporadas que estaba en River, mi padre decidi� vender todo y venir a Buenos Aires para estar cerca de �l. El cambio me cost� much�simo. Tal es as�, que en los primeros tiempos me iba a pasar las vacaciones a Las Parejas porque all� ten�a a todos mis amigos, y ellos me preguntaban si conoc�a a Amadeo Carrizo, si hablaba con Angel Labruna, o c�mo era Norberto Men�ndez�.

- �Qu� significado tiene River para usted?
- Es lo m�ximo, me dio la oportunidad de hacerme hombre, me dio un prestigio y a pesar de algunos momentos malos, sin dudas es mi segunda casa. Cuando llego al Monumental me siento c�modo. No poder salir campe�n fue mi gran deuda. Siempre nos faltaba cinco para el peso, si no era la mano que Guillermo Nimo no nos cobr� en la final del Nacional �68, eran las diferencias por un gol con el campe�n. Era tan fan�tico que en el �72 cuando jugaba en Racing, llegaba al vestuario y preguntaba: ��C�mo sali� River?�.
- �C�mo se preparaba para los cl�sicos?
- Era especial. El River-Boca es lo previo, lo durante, lo posterior, las cargadas. Yo jugu� el otro gran cl�sico del pa�s (Racing-Independiente) y no tiene comparaci�n. La expectativa es inigualable. En las inferiores ya lo mentalizan a uno que el rival a vencer es Boca.
- �Cu�l era el defensor que m�s le costaba pasar?
- �Hab�a varios nenes bravos! (risas) Normalmente, los que mejor me marcaban eran los que jugaban bien, como Roberto Perfumo -que fue un jugador b�rbaro y muy fuerte- y Julio Mel�ndez �un peruano de Boca que ten�a gran velocidad y mucha t�cnica-. En esa �poca, el juego era fuerte, pero muy dif�cilmente se ve�an zancadillas o patadas con mala intenci�n.
- �Con qu� compa�ero se entend�a m�s dentro de la cancha?
- �Con Pinino! (Oscar M�s). Jug�bamos de memoria y ya nos conoc�amos desde las inferiores. Adem�s, como yo era derecho me resultaba m�s f�cil tirarle un pelotazo a su posici�n (punta izquierda) que al otro lado. Si me pregunt�s por un equipo ideal, Oscar no puede faltar, al igual que Carrizo, Luis Artime, Perfumo, Antonio Ratt�n, Mario Kempes y Ermindo.
- �Su apellido le produjo un peso extra?
- En algunos momentos me favoreci� y en otros no. Yo siempre expres� que las comparaciones son odiosas y ped�a que me juzgaran por mis propias virtudes. Ermindo fue uno de los jugadores m�s talentosos, por algo siempre que hay una encuesta aparece entre los mejores. A pesar de que en su momento fue resistido porque dec�an que era lagunero y pecho fr�o. Recuerdo que Ratt�n mencionaba: �dicen que el Ronco era fr�o pero cuando jugaba en la selecci�n argentina se entibiaba y con eso era suficiente para ser el mejor�. Me proteg�a mucho dentro de la cancha, me sent�a seguro. Yo era m�s temperamental y �l me frenaba, me cagaba a pedos. Eramos muy unidos, ten�a un respeto distinto hacia su palabra.
- �C�mo lo trat� la fama?
- Tuve la fortuna de tener los consejos de mi hermano, que no me dieron la posibilidad de cre�rmela. Procur� ser una buena persona y manejarme con los c�digos que me ense�aron mis padres. Hoy me enorgullezco de conservar los amigos que ten�a cuando no era nadie, adem�s, eso quiere decir que yo tampoco me agrand�.
- �Le cost� tomar la decisi�n del retiro?
- No fue f�cil, pero por suerte yo dej� el f�tbol y no el f�tbol a m�. Nunca me agarr� la l�gica depresi�n que suele aterrar a ciertos futbolistas, porque enseguida me puse a trabajar con mi padre y estuve ocupado en algo. A 22 a�os de mi retiro extra�o la pelota. Cuando estuve en la fiesta del Campe�n del Siglo y volv� a pisar el c�sped del Monumental con la camiseta puesta fue muy lindo porque, primero, mis hijas no me hab�an visto jugar y segundo, fue emocionante encontrarme con compa�eros que -por distintos motivos- no ve�a desde hac�a bastante tiempo. Te puedo asegurar que a m�s de uno se nos cay� un lagrim�n, como dice el tango...

   Las casi tres horas de una nost�lgica conversaci�n iban llegando a su fin, en las cuales Daniel Onega fue saltando de un tema a otro con tanta pasi�n y rapidez como lo hac�a cuando provocaba descalabros en el �rea sin compasi�n alguna.

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