| CAP�TULO XII Era un bonito atardecer del mes de Enero, el sol te��a de p�rpura el cielo al esconderse en el horizonte... los p�jaros cantaban alegres revoloteando entre los cipreses ajenos a la tristeza que se extend�a bajo ellos. Una suave brisa recorr�a el lugar meciendo la hierba que crecida rodeaba aquellas tumbas d�ndoles un poco de vida. Sobre algunas l�pidas descansaban ramos de flores frescas y secas contrastando con los oscuros colores de aquellos m�rmoles. El lugar parec�a solitario... pero junto a una de aquellas tumbas se encontraba un hombre de pie... sintiendo como la brisa mov�a su cabello haci�ndolo ondear ligeramente. Fijamente miraba hacia el suelo sujetando con ambas manos un ramo de rosas frescas... notando como sus enrojecidos ojos ya no pod�an derramar una l�grima m�s del dolor y pena sentidas en los �ltimos dos d�as. Un extenso vac�o llenaba su solitario coraz�n. Manten�a los labios cerrados y apretados como para contener la tremenda aflicci�n que le dominaba. Un nudo de dolor se concentraba en la boca de su est�mago, sin llegar muy bien a comprender que hab�a sucedido. Un extra�o v�rtigo manaba de su interior haci�ndole notar raro, como si aquello que ve�a ante sus ojos no fuera la realidad. Como si su cuerpo, su coraz�n y su mente se negaran a reconocer lo que hab�a pasado. La felicidad que meses antes le hab�a embargado se hab�a convertido en un angustioso dolor del que se sent�a incapaz de salir. Toda su vida se hab�a sentido perdido y cuando al fin hab�a logrado encontrar la luz que le guiara... �sta hab�a desaparecido dej�ndole totalmente abatido. Ni siquiera pudo despedirse de ella sin que se diera cuenta ni lo supiera. El maldito destino no le hab�a brindado la oportunidad. De pronto se agach� lentamente para depositar las flores sobre el fr�o m�rmol donde en letras grandes grabadas rezaba el nombre de su bien amada Roc�o. Acuclillado meti� una mano en el bolsillo interior de su chaqueta de cuero y sac� un papel doblado. Abri�ndolo con las dos manos se despleg� una foto... la que ella le hab�a mandado al hotel el d�a del accidente. Por unos instantes mir� la imagen... recre�ndose en su franca sonrisa y mirada limpia y luminosa. Parec�a como si desde el m�s all� ella quisiera regalarle una vez m�s la luz que �l hab�a encontrado a su lado. Lentamente le dio la vuelta... tras las palabras que ella le hab�a escrito, a continuaci�n, �l le hab�a a�adido la letra de aquel poema inspirado en sus sentimientos. Su vista se nubl� cuando lo fue leyendo, en silencio. Su coraz�n se aceler� dentro de su pecho cuando al finalizar atrajo hacia s� la foto y la bes� con delicadeza en aquellos labios. Retir�ndola la pos� en la l�pida sujet�ndola bajo el ramo. En un �ltimo esfuerzo acarici� la dura superficie sintiendo el relieve de su nombre en la yema de sus dedos, tratando de encontrar el consuelo que no hallaba en su interior, levant�ndose al mismo tiempo que nuevas l�grimas flu�an de sus ojos. Ten�a que marcharse... su vuelo sal�a a �ltima hora. De nuevo ten�a que seguir con su vida sin ella. No hab�a podido cumplir su promesa, no le hab�a dado oportunidad el mismo destino que los hab�a unido. Sent�a que la hab�a traicionado. Ten�a que partir... pero su cuerpo permanec�a clavado al suelo ante aquella tumba, neg�ndose a dejar atr�s a la �nica persona que hab�a cambiado su vida. De pronto una sonrisa se dibuj� en su rostro... la suave brisa le tra�a el inconfundible olor a salitre proveniente del mar, infinidad de recuerdos llenaban su mente. Recuerdos de un pasado reciente lleno de felicidad, de maravillosos atardeceres a la orilla del mar. A sus o�dos pareci� llegar una risa distante... conocida. Confundido gir� sobre s� mismo tratando de encontrar el origen de aquel sonido. Pero excepto �l... no hab�a nadie m�s. Cuando comprendi� que las voces que escuchaba estaban en su interior, fruto de las recientes vivencias compartidas a su lado. Con movimientos lentos parti� hacia la salida no sin antes mandarle un beso con una de sus manos. El sonido de sus pasos se perdi� por aquel camino de gravilla en aquel cementerio junto al mar que tanto ella hab�a amado, escuchando de fondo el canto de los p�jaros que alegres buscaban sus nidos para ocultarse de la noche venidera. En su coraz�n supo que aquel vac�o que lo llenaba ahora, poco a poco, se ir�a haciendo menor con los recuerdos vividos al lado de Roc�o. Supo que nunca la olvidar�a, y que la querr�a eternamente. |
| ETERNALLY |