Cuando en las horas de la noche negra,
Me sentí triste, sin saber por qué,
Doblegué mi rodilla, y fervoroso
La oración a los cielos elevé.
Cuando en tristes momentos de la vida,
El pesar mi existencia congojó,
Y abrió en mi corazón honda herida,
Vino a aliviarme la dulce oración.
Y cuando, cual después de la tormenta,
Sintiera yo la calma renacer,
Alcé mí vista al Dios que nos sustenta,
Y una oración de gracia elevé.
¡Oh! Salvador del mundo, ¡oh! Padre mío,
Guiad siempre mis pasos, oh Señor,
No dejéis que un instante de desvió
Aleje de mis labios la oración.