El nombre de Jesús
Por dondequiera que miremos, sea en el terreno de la ciencia, de la religión, del liberalismo o en el de la moral social (ética moral) veremos prevalecer el mismo propósito seguido con toda diligencia, en desterrar el nombre de Jesús de todo ello.
Y tal vez lo peor es que no se proclame abiertamente este hecho, pero la realidad es esta: los actuales hombres de ciencias, profesores y catedráticos de las universidades, escriben y enseñan acerca del "poder de la naturaleza" y de los logros de la ciencia de una manera tal que prácticamente excluyen a Dios y a Cristo en todo el amplio campo de la creación, y de cuanto existe.
Todos sabemos bien que las Escrituras nos dicen (y ¡bendito sea Dios por ello!) que por medio del Hijo de Su amor, "fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por el y para El. Y el es antes de todas las cosas, y todas las cosas por el subsisten" (Colosenses 1:16-17). También, los cristianos creemos que todo cuanto existe, el mundo y el hombre ha sido por Dios creado, cual leemos; "Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía" (Hebreos 11:3).
Y en otro lugar, hablando del Hijo, Hebreos nos dice: "El cual siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de si mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas" (Hebreos 1:3).
Estos inspirados y esplendidos pasajes nos llevan a la raíz divina de esta cuestión. Y en ningún momento nos hablan del "poder de la naturaleza o de la sabiduría del hombre", sino de la gloria de Cristo, del poder que hay en Su mano, y de la virtud de Su Palabra. La incredulidad quisiera arrebatarnos a Cristo y darnos en cambio "el poder de la naturaleza". Pero nosotros preferimos mil veces mas quedarnos con nuestro amado Señor. Nuestros corazones se regocijan viendo Su nombre unido indisolublemente en la creación y con todo su amplio y maravilloso campo. Una y mil veces preferimos el testimonio eterno del Espíritu al conjunto de las ultimas teorías presentadas por los incrédulos profesores de la actualidad. Siempre nos gozaremos de ver el nombre de Jesús ligado con las cosas santas de Su testimonio y en toda buena obra que se hace con miras de agradar a Dios. En cambio nos apartamos horrorizados de todo sistema, estructura, o asociación que, sea abierta o encubiertamente ose excluir el glorioso Nombre de Jesús de sus esquemas de religión o formas morales de conducta. Declaramos además, con toda solemnidad que toda religión, obra filantrópica, o reforma moral que no hace del Nombre de Jesús su base, su principio y fin, su objeto y su todo, será una religión, obra filantrópica y una reforma moral dignas del infierno.
Esta declaración puede parecer muy fuerte, severa, extremista y propia de mentes cerradas; sin embargo, esta es nuestra profunda convicción y ésta es nuestra profunda convicción y la proclamamos denodadamente y a los cuatro vientos en presencia de tanta impiedad, superchería, y extralimitaciones de todo genero, las cuales existen en el día de hoy.
Tomado de Palabras de Edificación, Exhortación y Consolación.
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