“Porque mejor es un día en tus atrios que
mil fuera de ellos. Escogería antes estar a la puerta de la casa de mi Dios,
que habitar en moradas de maldad.” (Salmo 84:19)
En la escuela básica los niños aprenden
que mil es más que uno. Pero en la escuela de Dios nosotros aprendemos que uno
es más que mil. Esa es la aritmética de la fe, que el mundo no conoce. Un día
cerca del Señor es mejor que mil días, en los que El está ausente. Una mirada
amable de sus ojos es mejor que pasar un siglo en el gozo del mundo.
Una gota de la copa de Su plenitud es
más que todas las aguas del mundo. Una gota de Su preciosa sangre es mejor que
mil lágrimas mías. Una migaja de Su misericordia es mejor que toda esa vida
temporal. ¿Te has dado cuenta tú también del vacío de este mundo, y la plenitud
y la gloria que hay en Cristo?
Es preferible el último lugar junto a
Dios que el lugar más eminente en el mundo. El umbral del templo era el lugar mas
bajo, el sitio de los mendigos. Y sin embargo ese era un sitio estupendo,
porque desde allí se podía escuchar los cantores del templo y ver el Cordero
inmolado sobre el altar y también se percibe el olor de las ofrendas, que Dios
ha aceptado. Es preferible estar al borde del umbral, en el rincón mas perdido,
que en la mejor morada donde no se encuentre el Señor, y Sus mandamientos se
quebrantan, su Nombre se blasfema y donde el pecado abunda.
La verdadera vida se cobija en el Señor. Esa elección no es como un rocío mañanero o una neblina que pronto desaparece, sino que es una elección de fe permanente, ¿Dónde esta el amor de tu corazón y la elección de tu vida?