La presencia del  Espíritu Santo

 

El Espíritu Santo está en la tierra y mora dentro del creyente y dentro de la Iglesia, según 1 Cor. 6:19 y Efes. 2:22. Este acontecimiento es consecuencia de la gran obra de redención y de la glorificación de Cristo en el cielo. Es una de las verdades fundamentales de esta dispensación y una característica notable del cristianismo. No obstante, muchos son los que ni piensan, ni reconocen, ni cuentan con la presencia en la Iglesia de esta Persona Divina. La presencia del Espíritu Santo en la tierra ha sido ignorada, o más bien, desentendida o menospreciada por la cristiandad. A El, no le ha sido dado su propio lugar como Líder y Director de la Iglesia. En la práctica, Su presencia ha sido negada al habérsele dado a un hombre el lugar de liderazgo y autoridad. Esto, de hecho, rechaza al Espíritu Santo.

 

Cuando el Señor dio a los discípulos la promesa de la venida del Espíritu Santo, dijo que Este les enseñaría todas las cosas y los guiaría a toda la verdad. También habló de El como el Consolador, uno que es llamado a nuestro lado para ayudar y manejar nuestros asuntos (Juan 14:26; 16:13).

 

En 1 Corintios 12 y 14 encontramos que el Espíritu de Dios es autor de varias operaciones, manifestaciones y actividades en la Asamblea.

 

“Todas estas cosas las hace (obra) uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como el quiere” (1 Cor. 12:11). Estas escrituras muestran seguramente que el Espíritu está en la Asamblea para guiar, conducir y enseñar. Además de esto, debe tener soberano derecho a utilizar a quien El quiera para que actúe como Su mensajero, es decir, en lo que se refiere a orar, alabar o ministrar.

 

 

 

La Libertad del Espíritu

 

Consideremos 1 Cor. 14 con más detalle. Este es el capitulo especial sobre el orden en la Iglesia. En el vemos que se da la libertad mas completa para que cualquier hombre sea usado por el Espíritu en las reuniones dentro de la Asamblea. El capitulo habla de orar con el espíritu, cantar con el espíritu (el propio espíritu del hombre guiado por el Espíritu Santo), dando acción de gracias, hablando en una lengua, profetizando, enseñando, presentando algo de un salmo o algo de la doctrina. Nótese que aquí se habla de la participación de varias personas.

 

Las expresiones “si habla alguno”, “podéis profetizar todos” y otras semejantes (vv.5,13, 27,31,etc.), muestran que había libertad para que cualquier hermano, no bajo disciplina, tomase parte en la Asamblea, siempre guiado por el Espíritu Santo. Esta es la manera que los cristianos primitivos se reunían, en la libertad del Espíritu Santo y bajo su dirección soberana. Es verdad que hay posibilidad de un abuso de esta libertad. Esto sucedió en la Iglesia de Corinto, tal y como nos es narrado en el capitulo catorce. ¿Qué ha de hacerse entonces con una congregación en tal estado, donde el abuso de la libertad es evidente? Corregirla con la Palabra de Dios, usando las mismas instrucciones que el Espíritu da en este capitulo 14. Este es el remedio divino y sencillo.

 

Nótese que a pesar del desorden que vino a la Iglesia de Corinto, no se les mandó sin embargo limitar la libertad del Espíritu. No fueron dirigidos a nombrar un hombre como ministro para tomar cargo y ser líder de la Asamblea. El apóstol inspirado les enseña solamente como tomar parte con provecho: “Hágase todo para edificación”, “Podéis profetizar todos uno por uno”, y “hágase todo decentemente y con orden” (versículos 26, 31 y 40).

 

Estas instrucciones no eran exclusivamente para Corinto, sino para toda la Iglesia en cualquier lugar. Esto se ve en la salutación de la epístola a los Corintios: “A la Iglesia de Dios que esta en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro” (1 Cor. 1:2). Así es que estas instrucciones en cuanto a la libertad del Espíritu, son obligatorias para los creyentes en todo lugar tanto hoy como entonces. No obstante las iglesias de la cristiandad profesante siguen con sus arreglos de origen humano y sus programas de adoración. Tales arreglos y programas están opuestos a lo establecido en las Escrituras.

 

¿Esta el lector asociado con tales sistemas humanos en los cuales el Espíritu ha sido colocado en una posición inferior? ¿Esta asociado con aquellos que no le han dado su legitimo lugar como Líder y Gobernador? Si así es, vea lo que dice la Palabra y “apártense de la iniquidad”, saliendo “a el fuera del campamento” (2 Tim. 2:19; Hebreos 13:13), y se reúna donde El está como centro y donde el Espíritu es reconocido como el Líder Divino.

 

En el libro de los Hechos, donde se registra la historia de la Iglesia establecida por Cristo, siempre hallamos al Espíritu como el líder de las congregaciones cristianas en todo lugar. Lo hallamos usando a quien El ha escogido como su mensajero. Nunca en este libro ni en ningún otro de la Palabra hay la más leve mención, ni tampoco otra alusión velada sobre una persona elegida como líder. No se habla de nadie para ser el ministro o el sacerdote a cargo de una congregación de creyentes. Hubo autoridad apostólica en el establecimiento de las Iglesias, y había personas como Timoteo y Tito que estaban activamente asociados con el apóstol Pablo.

 

Nótese, sin embargo, que los tales no obraban independientemente, sino que eran delegados del apóstol. Hoy en día ya no hay los apóstoles, ni nadie con una autoridad heredada directamente de aquellos. Hubo también dones otorgados en las personas de los pastores, maestros y evangelistas, etc., pero en ningún lugar de la Palabra, leemos de un hombre elevado a la posición de director de una Asamblea. Tal elevación hubiera sido una usurpación del lugar y autoridad del Espíritu Santo.

 

 

CONCLUSIÓN: Regocijémonos en la verdad bendita que, el Espíritu Santo, quien también es el mismo Dios, esta en medio de los verdaderos creyentes. Algo aun mas maravilloso: está aun en aquella Asamblea formada por solo dos o tres personas, congregadas, eso si, en Su nombre, el nombre precioso de Cristo.

 

Gocémonos al saber que El, el Espíritu, es el agente y poder activo para obrar en el hombre y en la Iglesia. Alegrémonos de que el mismo Señor Jesús en persona está en medio. ¿Qué más se necesita? Que tengamos la fe sencilla para creerlo, obrar de acuerdo y andar en sumisión de corazón.

 

En vista de lo que se nos dice en las Escrituras, preguntémonos lo siguiente:

 

1.      ¿Puede ser reconocido como verdadera Iglesia un grupo que, en la práctica, no reconoce la dirección del Espíritu Santo?

 

2.      ¿Puede ser reconocido cuando tal grupo no respeta la libertad, que el Espíritu tiene, de usar a cualquiera de Sus miembros?

 

 

 

R.G. Campbell

 


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