El Cordero
“He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.”
Desde el principio de la historia del pecado, Dios había ofrecido el perdón al pecador por medio del sacrificio, sobre un altar, de un cordero cuya sangre inocente era derramada en substitución del penitente. A través de los siglos el valor de un cordero aumentó.
Primeramente era la regla que:
Un Cordero por Cada Persona: Era ofrecido. Véase Génesis 4:4 y 22:13. Más tarde en el tiempo de Moisés, se ordenó:
Un Cordero por Cada Familia: Véase Éxodo 12:3. Ustedes se acordarán de la historia de la pasada del “ángel de muerte” sobre las casas de los israelitas viviendo en Egipto, y de los egipcios, y donde no hallaba la sangre de un cordero sobre el umbral de la puerta, perdían el primogénito de ese hogar. Así que un cordero tenía que ser matado para cada familia.
Cuando se organizó el pueblo hebreo en nación, según Números capítulo 28, valía ya
Un Cordero por la Nación. Los sacrificios antiguos todos señalaban al sacrificio supremo que se efectuaría años adelante, y que ya se efectuó en el Calvario. Cuando, años más tarde, se presentó Cristo, el profeta Juan bautista dijo de El, “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo". Así que, ahora vale Un Cordero por Todo el Mundo. Este último sacrificio fue de infinito valor y no se repetiré otra vez, como los viejos sacrificios. Ya no se necesita más sacrificio pues “Cristo padeció una vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos á Dios” (1 Pedro 3:18). Solo es necesaria la fe, la confianza en la sangre derramada sobre la Cruz del Calvario.
Cristo murió “por los pecados de muchos”
La Cruz fue el altar, el mismo Hijo de Dios fue la víctima, nuestro pecado fue la leña y la justa ira de Dios, el fuego consumidor.
La Palabra de Dios anuncia que “la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (Juan 1:7). Así que, ¡cuán segura es la base de la salvación ofrecida al mundo entero.
Más, para que no seamos engañados, se debe aclarar un punto. Aunque es verdad que Cristo murió por la redención del mundo, por los pecados de todo humano que ha vivido y que ha de vivir aún.
No hay otro medio para justificación delante de Dios, que la sangre de Cristo aplicada a su corazón.
“El Cordero que quita el pecado del mundo”, es el Cordero sacrificado para borrar mis pecados y los suyos, si lo permiten.
Amados lectores, ¿Creen en este Cordero? Acéptenle como el que fue sacrificado para librarles de la justa ira de Dios. Serán más felices, y tendrán una esperanza que nadie te puede quitar.
“LA SANGRE DE JESUCRISTO SU HIJO LIMPIA DE TODO PECADO”
—Lester T. Hershey.
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