Por
I.Fleming
“Porque la
aflicción no sale del polvo, ni la molestia brota de la tierra” (Job 5:6).
Así dijo Elifaz el
Temanita. En tiempos de problemas, y éstos vienen sobre todos los hijos de Dios
(para cada “El corazón conoce la amargura de su
alma; Y extraño no se entremeterá en su alegría” Prov. 14:10), es sabio y bueno volverse a nuestro
bondadoso Dios con la pregunta, “¿Por qué me sucede
esto?”
De alguna u otra manera, es inescrutable a nosotros
hoy, Dios nuestro Padre está actuando a nuestro favor, para nuestro esencial
provecho. Él permite que este mal, aparentemente, venga sobre nosotros, pero Él
convierte lo que parece una maldición en una bendición real.
Los viejos alquimistas gastaron tiempo y
fortuna, vidas y posesiones, en el vano esfuerzo para que los metales se
cambiaran oro. Ellos fallaron absolutamente, como nosotros sabemos.
Pero ésta es la manera del Dios del conocimiento. Se
cambian los metales bajo el problema y la tribulación, en Su toda sabiduría
y en el todo poder de Sus manos, al más fino oro para la ganancia
de los creyentes.
El castigo que “parece”
no “ser causa de gozo, sino de tristeza” (Heb. 12:11), produce una cosecha de bendición en
el final. Esto demuestra ser “para nuestra
ganancia, que nosotros podríamos ser participantes de Su santidad.” Ése
es de parte de Dios, en el que nosotros podemos estar de acuerdo con Su mente y
responder a Su pensamiento.
Ha sido puntualizado que uno puede tratar el
castigo en alguna de las tres maneras:
Nosotros podemos despreciarlo.
Nosotros podemos desfallecer bajo él.
Nosotros podemos regocijarnos
mientras dure él.
Esta ilustración ha sido empleada: En una
fuerte lluvia un pato sigue su curso usual; la lluvia no lo afecta. Una gallina
parece entristecerse bajo esta ducha natural y es miserable. Un pequeño
petirrojo gorjea en medio de todo esto.
No obtendremos poco de la prueba. Tendremos
confianza en nuestro Dios en medio de esto, y cantaremos alabanzas a Él quién
no falla en Su misericordia, y en Su bondad hacia nosotros día a día.
“Mi espíritu en Ti tiene aprecio,
Bendito Salvador, yo me reclino;
Tú no me dejarás en la desesperación,
Porque Tú tienes amor divino.”
(Extracto del folleto Songs
for Sorrow and Suffering)
D.V. 08102004
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