I. Participación y democracia
Eleuterio Pérez, La Cosecha,
1976
Es innegable que la revolución
bolivariana ha descubierto una serie de potencialidades y
capacidades del pueblo venezolano para el ejercicio
democrático. Visto desde la oposición o desde el proceso
bolivariano, el pueblo decidió participar. Son parte de
nuestra cotidianidad hechos formidables y excepcionales como
marchas de miles de miles de personas, cerca de la mitad de la
población de Venezuela está incorporada dentro del sistema
educativo (vía educación formal y/o misiones), existe una
voluntad de participación masiva en procesos refrendarios y
elecciones, (hay casi dos millones de nuevos electores
inscritos), se incrementa exponencialmente la participación en
cooperativas, círculos bolivarianos, mesas técnicas de agua,
medios comunitarios, consejos locales de planificación,
comités de tierras urbanas y rurales, movimiento de las
misiones sociales, ruedas de negocios, Organizaciones no
gubernamentales (ONG) e incluso Organizaciones Contra
Gubernamentales (OCG) [1], entre otras formas organizativas de
participación. Para algunos se trata de "participación
popular" (término más usado por el chavismo) para otros de
"participación de la gente [2]" (más usado por la oposición).
Cualquiera sea el signo ideológico
de esta participación, sabemos que Venezuela ha dejado de ser
el país apático y represor de la IV República, con su de
lenguaje político críptico y excluyente. Esta participación
masiva instituye necesariamente el germen de más y mejores
prácticas democráticas.
Los contenidos antidemocráticos
-violencia, intolerancia, paramilitarismo, racismo, golpismo,
fraude- que han traumatizado a no pocos venezolanos están
siendo decantados, repudiados, desechados lentamente por la
misma sociedad. De manera silenciosa se ha venido afirmando la
vocación democrática de la mayoría de los ciudadanos y
ciudadanas. Desafortunadamente la violencia mediática, la
falta de balance de casi todos los medios y la corrupción
parecieran ser los males antidemocráticos más difíciles de
erradicar.
II. Democracia participativa y protagónica
En la República Bolivariana de
Venezuela el pueblo insurgió para dejar de ser espectador,
conciente de que no basta con delegar su poder soberano, se
dio a sí mismo una Constitución que consagra el derecho de los
ciudadanos y ciudadanas a participar en los asuntos públicos
-no sólo a través de representantes elegidos- sino
directamente. Me refiero a la democracia participativa y
protagónica en la que las comunidades, conjuntamente con las
autoridades locales, tienen el derecho- y el deber- de
formular, ejecutar, controlar y efectuar seguimiento a las
políticas públicas.
Este cambio representa un salto
cualitativo para la vida social y política del país. La
Democracia participativa (artículo 62 de la Constitución de la
República Bolivariana de Venezuela) plantea un nuevo paradigma
para el ejercicio de la democracia. Ya no se trata de un
momento (el sufragio), sino de una actividad permanente de
construcción social que exige proactividad, formación,
planificación, capacidad de negociación, consulta del pueblo o
de la gente, y participación y seguimiento por parte de todos
los ciudadanos. La democracia participativa implica un cambio
de cultura en la conciencia del pueblo, su ejercicio exige
centrar la acción en una ética de continuo crecimiento
individual y colectivo.
Por supuesto no se trata de darle
vida a un simple cambio operacional sino de instaurar en la
práctica una nueva visión del poder popular en los niveles
local, regional, nacional e, incluso, internacional.
III. Los Consejos Locales de Planificación
Pública
Para desarrollar este paradigma
revolucionario de la democracia participativa y protagónica,
la Asamblea Nacional aprobó en el 2002 una ley bastante
avanzada (aunque ciertamente perfectible en cuanto la visión
de una planificación participativa integral del pueblo para la
nación), me refiero a la ley de los Consejos Locales de
Planificación Pública.
Esta ley plantea la instauración
de una nueva institucionalidad o consejos locales que
desmitifica la planificación como actividad de expertos,
estableciendo que es el pueblo organizado el que debe decidir
y direccionar, conjuntamente con los representantes elegidos y
funcionarios públicos, en qué se invertirán los recursos, así
como el cómo, el dónde, el cuándo y el cuánto debe
hacerse.
Los Consejos de Planificación
deben ser la columna vertebral del gobierno del pueblo. Los
Consejos de Planificación (Consejos Locales de Planificación
Pública, los Consejos Parroquiales y los Consejos
Comunales) [3] son instancias todas creadas para la
planificación integral de los gobiernos locales, coordinados
regionalmente por los Consejos Estadales y nacionalmente por
el Consejo Federal de Gobierno [4].
El plan de gobierno local debe
responder a las necesidades reales de las poblaciones locales;
si el pueblo se organiza, los alcaldes ya no pueden decidir
invertir unilateralmente los dineros públicos en aceras,
brocales y cloacas cuando la comunidad organizada exige salud
y escuelas. El presupuesto debe ser el plan de gobierno local
en números y no un ejercicio de los técnicos y expertos
financieros que guarda insuficiente relación con las demandas
de las comunidades o lo que se tiene planificado hacer.
Así, en la actualidad el
movimiento de los CLPP debe luchar por fortalecerse
integralmente. Fortalecerse en lo técnico-político para
planificar y formular políticas públicas (mapa de necesidades
del municipio, banco de proyectos y de recursos humanos y
técnicos del pueblo organizado) en torno a necesidades
prioritarias en los ámbitos de salud, educación, empleo,
vivienda seguridad, etc. Pero, principalmente, fortalecerse en
lo político para enfrentar una cultura del ejercicio
representativo del poder, de la ineficacia, de la
ineficiencia, que niega los poderes creadores del pueblo para
asegurar intereses personales, o de grupos de poder y la
continuidad del supra-partido de la corrupción.
Paralelamente, el pueblo
organizado no debe olvidar que existe el riesgo de que el
ultrademocratismo paralice la acción, que el arte de gobernar
implica generar sinergias, aprender a ordenar las prioridades,
diagnosticar, consultar, sistematizar proyectos y ejecutar. De
manera análoga los representantes elegidos (alcaldes y
gobernadores) deben desaprender la cultura de la democracia
representativa y facilitar este ejercicio de soberanía,
promover realmente la corresponsabilidad en el proceso de toma
de decisiones. Joseph Stiglitz, el ex-asesor del Banco
Mundial, señala que la principal causa del fracaso de los
proyectos de desarrollo multilateral en los llamados países
del tercer mundo fue la falta de consulta a las comunidades
locales. Ello evidencia que el pueblo posee un conocimiento de
la realidad indispensable e insustituible, y que el
conocimiento técnico debe ser puesto a su servicio.
IV. Poder Popular Local, o la única solución al
problema de la corrupción
La corrupción en Venezuela es un
monstruo de mil cabezas, uno de los principales retos de todos
los poderes públicos. La participación del pueblo, en su
función planificadora, contralora y veedora puede ayudar a
eliminar -o disminuir en gran medida- este otro mal
antidemocrático. En especial si el pueblo decide,
conjuntamente con las autoridades locales, cuáles son los
proyectos en los que se deberá invertir los dineros públicos.
Si el pueblo, organizado en cooperativas y microempresas,
ofrece bienes y servicios de calidad al gobierno local, y
supervisa la transparencia de los procesos de licitación, el
gobernante elegido no puede invertir en lo que le venga en
gana, ni con quien le venga en gana.
Parte importante del fenómeno de
la corrupción en Venezuela tiene que ver con la malversación.
Hemos sido menos vigilantes del destino de los dineros
públicos porque hemos tenido un permanente ingreso petrolero.
No obstante esta falta de transparencia en el manejo de los
presupuestos está llamado a cambiar. Si los Consejos del
Pueblo definen un presupuesto participativamente, y exigen el
cumplimiento de los proyectos planificados, las posibilidades
de cambiar los destinos de los dineros públicos se reduce
significativamente.
El empoderamiento del pueblo exige
estar vigilantes,, implica armarse de herramientas para forjar
una cultura anticorrupción. El sistema de justicia debe
responder a las exigencias de la nueva democracia
participativa y protagónica y castigar con contundencia al que
se apropie fondos públicos, y con ello perjudique los
proyectos, y la posibilidad de bienestar del pueblo. Ante un
mal tan enraizado hay que actuar con firmeza, con voluntad
política, sin complicidades, e imponer penas ejemplarizantes y
proporcionales al daño causado al colectivo.
La participación del pueblo en los
asuntos públicos, me refiero a una participación cooperativa,
empoderada de herramientas técnicas, conocimiento del
presupuesto y ejercicio permanente del control social, donde
los alcaldes y gobernadores sean líderes-facilitadores del
ejercicio soberano del poder popular en la concepción de los
planes, en la ejecución con participación de las instituciones
del poder organizado (cooperativas, microempresas, etc.) es la
única garantía de superación del problema de la
corrupción.
Durante los últimos tiempos el
pueblo venezolano ha demostrado una gran madurez y visión
política ante golpes de estado, guerra mediática y otras
difíciles pruebas. Por ahora el mayor reto de pueblo
venezolano radica en la organización. Estos tiempos de
revolución no son para agotarse en marchas y contramarchas,
firmas y contra-firmas: la plataforma de los Consejos Locales
de Planificación Pública nos ofrece la oportunidad de avanzar
hacia formas superiores de organización social.
La revolución bolivariana corre el
riesgo de no ser sostenible en el tiempo si depende tanto de
una sola persona, porque más que un SÍ o un NO la revolución
exige transformar y crear la institucionalidad a fin de
resolver con eficacia y eficiencia los problemas de las
comunidades mediante la participación directa de la gente, del
pueblo. Hay que dar más poder al pueblo si queremos marchar
hacia una sociedad de nuevo tipo, hacia un nuevo y mejor
modelo de democracia. Por ello, desde la plataforma
organizativa Conexión Social enfatizamos que hay que avanzar
en lo organizativo hacia un verdadero protagonismo del pueblo
en la toma de decisiones soberanas.