EUROPA. DEL ESTADO MON�RQUICO AL REPUBLICANO LIBERAL.
ELEMENTOS DE TRANSFORMACI�N M�S IMPORTANTES EN HOBBES, LOCKE Y ROUSSEAU. Por Alfredo Ortiz Garc�a. Marzo de 2005

(Prohibida su repoducci�n sin el consentimiento el autor. Derechos Reservados)


APROXIMACI�N

La historia del moderno Estado liberal puede concebirse como el resultado de un interesante proceso de transformaci�n de la sociedad, de las formas de gobierno, de la actividad econ�mica y de las teor�as filos�ficas que fueron representadas por los m�s influyentes fil�sofos europeos que vivieron a la par de la aparici�n de un nuevo orden moderno, y cuya importancia fue determinante para el desarrollo de esas nuevas formas de organizaci�n social y una nueva cultura occidental en los siglos XVII y XVIII.
Los or�genes de este Estado moderno pueden ser entendidos desde diferentes perspectivas, ya sea por medio de un estudio de la historia social, o realizando un trabajo de identificaci�n de corrientes de pensamiento que iban apareciendo en la historia de las ideas filos�ficas. Este �ltimo es el caso del presente trabajo. Con el fin de conocer estas transformaciones hist�ricas, se habr� de realizar un ejercicio de rastreo de esas modificaciones m�s importantes, enfocada en detectar las ideas imperantes que se iban desarrollando en los principales pensadores de la �poca: Hobbes, Locke y Rousseau. As� por ejemplo, tenemos el caso de los momentos en que se observan seguidores de corrientes tradicionales como los individualistas mon�rquicos, as� como de partidarios renovadores como los republicanos y luego los liberales revolucionarios. Pero antes de realizar este estudio, y para precisar mejor nuestro tema, que es la identificaci�n de los principales pasos de un momento mon�rquico a uno liberal visto a trav�s de los autores ya mencionados, es necesario realizar esta introducci�n desde una perspectiva hist�rica para ubicarnos en el espacio y en el tiempo, as� como en las circunstancias de lo que entendemos por momentos de transformaci�n que la cultura occidental europea experiment� entre los siglos XVII y XVIII.

Para empezar, con el surgimiento de las nacionalidades europeas entre los siglos XI y XV, se estaban gestando tambi�n las primeras identidades unificadoras de Europa que desembocar�an en el surgimiento de las primeras naciones, y con ellas la figura de una entidad unificadora, el rey. As� entonces, si se entiende que desde el siglo IX al XI comenzaron a aparecer entre el vulgo las primeras nacionalidades diferenciadas entre s�  (por ejemplo los pueblos latinos como Francia, Italia, Espa�a y Portugal que comenzaron a separarse ling��stica e identitariamente), luego del fin del imperio romano de occidente carolingio. Estas diferenciaciones se mantendr�an culturalmente unidas por la iglesia y luego por la aparici�n de los Estados mon�rquicos, unificaci�n que a la postre estar�a directamente relacionada con los sucesos posteriores del renacimiento y el absolutismo. Estas nacionalidades desde el siglo XI comenzar�n a a�adir progresivamente elementos que habr�n de formar luego al Estado moderno, primero una identidad com�n dentro de los pueblos que fuera diferenciando cada vez m�s culturalmente a los pueblos entre s�, luego el asentamiento de esos pueblos en un territorio espec�fico y despu�s los primeros hombres libres que desarrollaran una actividad comercial independiente.
As� entonces tenemos algunos ejemplos de estas transformaciones: por un lado la pen�nsula escandinava y Dinamarca hab�an dejado atr�s la influencia vikinga directa, al comenzar a crear diferenciaciones entre ellos mismos, pueblos que ahora comenzaban a ser vistos como descendientes de los vikingos y que hab�an disuelto los clanes. Se trataba de relaciones que si bien hist�ricamente eran estrechas, a partir del surgimiento de la territorialidad diferenciatoria (es decir el territorio que era de unos vikingos, pero ya no de otros), la nueva situaci�n ya no permiti� el libre tr�nsito como antes s� suced�a con los antiguos vikingos; las nuevas nacionalidades ya mostraban rasgos peculiares ling��stica, territorial y gubernativamente, aun cuando su identidad cultural todav�a era muy estrecha. No hay que olvidar que Dinamarca, Noruega y Suecia en ciertos momentos hist�ricos tendr�n el mismo rey y se habr�n unificado en varias etapas de su historia, incluyendo etapas tan cercanas como el siglo XX.
Por otra parte, Inglaterra se encontraba avanzada en su unificaci�n y organizaci�n pol�tica desde el siglo XIII, permitiendo la coexistencia con ciertas subnacionalidades galesas, escocesas e irlandesas, que fungir�n hasta cierto punto como aliadas entre s�, pero a la vez manteniendo su propia identidad cultural y un sometimiento pol�tico mon�rquico de los ingleses. El desarrollo del Reino Unido era tal, que desde el siglo XIII Inglaterra mostraba ya un incipiente cuerpo legislativo coparticipante de las decisiones mon�rquicas, y que comenz� a ser relativamente aut�nomo a las decisiones del rey. Por otro lado, en Francia, Portugal y Espa�a, las identidades culturales se encontraban ya claramente diferenciadas para el siglo XIII, cuando ya hab�an tomado fuerza las lenguas romances y un rumbo independiente culturalmente hablando, en que el vulgo hab�a dejado de mantenerse unificado �controlado- desde el siglo XI por el lat�n que profesaba la Iglesia y el imperio Carolingio, dejado atr�s ya varios siglos antes. Por su parte, en el norte de Italia, algunas ciudades-estado �Venecia-, se hab�an mantenido relativamente independientes del sistema feudal imperante y adem�s de ayudar a crear un modelo de hombres libres, sirvieron como prototipo para que m�s adelante nuevos renacentistas y estudiosos de la pol�tica cl�sica como Maquiavelo, tomaran elementos griegos y sobre todo de la Roma cl�sica, que al entrar en contacto con la Florencia del siglo XVI, comenzaran a sentar las bases para conformar al Estado nacional que habr�a de ir apareciendo a partir del siglo XIV. Por una parte, la independencia legislativa inglesa, y por otra la republicana del norte de Italia, dar�an dos de las primeras aportaciones directamente relacionadas con nuestro tema de estudio.
Pero este nuevo Estado-naci�n no mostrar�a cambios inmediatos, luego de la conformaci�n de las nacionalidades que dieron salto a la naci�n, antes tendr�a que radicalizarse el control del territorio por parte de los reyes, que solidificar�n la unidad de los estados, para que entonces llegara la implosi�n burguesa que viniera a modificar progresivamente o cambiar de golpe, seg�n el caso, el orden existente despu�s del desmantelamiento de la monarqu�a y el absolutismo. Este paso llev� alrededor de cuatrocientos a�os, arbitrariamente desde 1400 a 1800.
Primero la identidad cultural diferenciada y la nacionalidad entre los siglos XI y XV, luego la decadencia del feudo a partir de los siglos XIV y XV, sustituido por el control central del rey en tercero y apareciendo un nuevo tipo de sociedad en cuarto: los comerciantes libres en el siglo XV, tendr�a que dar paso por una parte al florecimiento de un nuevo pensamiento renacentista basado en la antig�edad cl�sica, que luego diera paso a la modernidad, y por otro al reforzamiento de ese poder unificado en la figura del rey, que despu�s habr� de radicalizarse en el absolutismo del siglo XVIII para mantener su poder y entonces dar paso a la Ilustraci�n revolucionaria que se le contrapusiera.
La figura que en un principio fungi� como representante y unificador de las nacionalidades fue la monarqu�a en varios de estos estados occidentales: Espa�a, Reino Unido y Francia, por ejemplo. Antes del Estado moderno la figura del Estado mon�rquico se encontraba ya perfectamente cimentada desde una larga tradici�n que en varios casos ya llevaba cientos de a�os; era necesario que cierta identidad social reflejada en una naci�n se asentara en un determinado territorio de manera estable y permanente, para que el rey pudiera gobernar sin grandes perturbaciones. Pero adem�s, y sobretodo, era necesario que cierta mentalidad econ�mica se desarrollara y generalizara progresivamente a la par de las monarqu�as y las identidades de naci�n para que se abriera el paso al renacimiento y luego al Estado moderno. As� es como quedaron unificadas Reino Unido, Francia, Italia del norte, Espa�a y Portugal entre otros, los cuales en sentido estricto podr�an ya ser consideradas Estado-naci�n, pero no todav�a en sentido moderno, porque deb�an a�n cargar con el prefijo pre que los caracterizaba como Estados mon�rquicos nacionales sin una influencia social que incidiera directamente en esa monarqu�a. Como veremos en Hobbes, el Estado moderno tuvo su germen en el Estado mon�rquico absolutista, pudi�ndose afirmar que es en estas naciones con rey, un cuerpo legislativo aut�nomo y una identidad nacional fuerte donde ser�a m�s propicia la toma de ventaja en direcci�n al Estado-naci�n occidental que devendr�a m�s adelante. En otros puntos donde el poder no estuviera originalmente centralizado �monarqu�a feudal baja, nacionalidades sin naci�n-, o donde no se desarrollara la burgues�a �hombres libres en acci�n y pensamiento y hombres econ�micos-el moderno estado occidental no podr�a desarrollarse; esas podr�an considerarse las dos condiciones para el desarrollo de la nueva cultura occidental: centralizaci�n del poder y desarrollo de una nueva sociedad burguesa.
Mientras tanto, esta forma de organizaci�n Estado-naci�n mon�rquica aparece justo antes e interrelacionada con la entrada del Estado republicano aproximadamente entre los a�os 1650 y 1790. Es en este punto en que las ideas pol�ticas tendr�an que experimentar ciertos cambios que analizaremos con algunos de sus principales exponentes paradigm�ticos: Hobbes, Locke y Rousseau. Como veremos, tampoco es coincidencia que los principales exponentes del Estado burgu�s y republicano sean igualmente pertenecientes a los Estados que finalmente tomaron la vanguardia: Gran Breta�a y Francia espec�ficamente. La mentalidad economicista del primero y de creaci�n de influencia cultural y pol�tica por parte del segundo, dar�n cuenta de la explicaci�n de porqu� estas naciones se har�an tan importantes.
As� pues, s�lo cuando la figura del rey se radicaliza en su forma absoluta, mueve entonces a la aparici�n de los primeros grandes opositores. Por un lado, desde el interior de la pol�tica, el Estado mon�rquico se mueve hacia el absolutismo del rey, en el cual se depositar�n no s�lo todas las decisiones, sino adem�s la soberan�a del Estado; por otro lado devendr�n entonces derrocamientos mon�rquicos pac�ficos y violentos que terminar�n con el Estado absolutista, adem�s de que permitir�n el ascenso de la vida p�blica burguesa que habr� de dar paso posterior a las primeras sociedades civiles liberales de Reino Unido, Francia y en menor medida Espa�a y Alemania.
Lo �ltimo que diferencia a esta sociedad ascendente de otras tambi�n en ascenso (como por ejemplo los liberales espa�oles de principios del siglo XIX), es que tanto en Gran Breta�a como en Francia, surge una mentalidad liberal democr�tica fuertemente cohesionada y generalizada, una identidad especialmente organizada en sus l�deres y que fueron seguidas por una propensi�n al seguimiento por parte del grueso poblacional hacia el desarrollo econ�mico, pol�tico, social, cultural y militar. Si los mismos emigrantes ingleses de todas las clases que viajaban a las colonias inglesas en Am�rica ten�an mentalidad de progreso demostrado, era porque esa propensi�n se hab�a ya arraigado en la identidad social �incluso religiosa-, y sobre todo en la mentalidad de la nueva burgues�a inglesa y franco-canadiense.
As� pues, con todo este r�pido antecedente estamos en cierta posibilidad de hacer un ensayo de an�lisis con relativa minuciosidad de los puntos donde los autores intervienen en lo anteriormente mencionado, para aportar sost�n te�rico al moderno Estado-naci�n occidental europeo, pudiendo bocetar a partir de la idea de Estado mon�rquico a Estado republicano liberal, algunas caracter�sticas de esta transformaci�n en las transiciones de s�bdito a ciudadano, de estado estamental de derecho a estado de derecho de igualdad legal, de estado de naturaleza a la sociedad pol�tica y civil, o de la unidad p�blico-privado al individualismo particular diferenciado de una vida p�blica civil.  Veremos que estas transformaciones no son del todo contrapuestas o del todo puras, notaremos que muchas veces ellas estar�n interrelacionadas o incluso interdependientes, adem�s de observar a la historia nos inclinaremos sobretodo al analizar a los autores que vivieron en ella, pero de lo que si nos daremos cuenta es que cada una de las posturas mostrar�n no s�lo indicios sino grandes movimientos de transformaci�n para la conformaci�n de ese nuevo orden europeo que ayudar� a la aparici�n de un nuevo orden occidental: el moderno Estado-naci�n de occidente.









I. REPUBLICANISMO FRENTE A MONARQU�A

La primera y m�s importante de las transformaciones que podemos observar en el periodo hist�rico que va desde Maquiavelo hasta Rousseau es el paso de la monarqu�a tradicional al absolutismo y luego al republicanismo. Pero para poder reconocer las diferencias frontales entre el republicanismo y la monarqu�a, es necesario clarificar que el republicanismo muestra cuatro corrientes que podr�an caracterizarlo y que alcanzan cierto consenso entre los te�ricos. En primer lugar el comunitarismo (no en el sentido actual de comunidad supranacional como la UE, sino en el de el reconocimiento de la participaci�n pol�tica desinteresada en la comunidad, no m�s all� del lugar en el que se vive), para algunos m�s cercano a la tradici�n de la Atenas de Arist�teles, para otros la primera forma, aunque limitada, de republicanismo (no hay que perder de vista que la rep�blica comienza con Roma). En segundo lugar el republicanismo a secas, donde Maquiavelo es el representante renacentista en estado m�s puro de esta corriente, quien a su vez se basa en la Roma cl�sica y la tradici�n ciceroniana. En tercer lugar el individualismo como una forma de liberalismo primero instrumental1 y muy observable en Hobbes (que puede estar estrechamente relacionado con el liberalismo pol�tico2, pero que, como veremos, no podr� equipararse a �ste cuando introduzcamos por ejemplo la idea de ciudadan�a basada en el liberalismo pol�tico) y luego en el individualismo pol�tico liberal de Locke. En cuarto lugar el liberalismo como aportaci�n de la modernidad y el desarrollo del liberalismo pol�tico y econ�mico, y que ya puede ser observable en cierta forma en Hobbes pero mucho m�s patente en Locke. Y en quinto lugar el liberalismo comunitarista de Rousseau que basa su postura en una visi�n holista de la sociedad pero que se diferencia del comunitarismo cl�sico porque si bien el suyo parte de �l, busca que su alcance llegue a una amplitud nacional como Francia3.

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1. De acuerdo con Philip Petit, y Will Kymlicka, el �nfasis en una concepci�n instrumental de la participaci�n, se distancia del comunitarismo y se acerca al liberalismo individualista, entendido como enclaustrado en s� mismo y sin necesidad de integrarse a una totalidad superior o identificarse con ella, llevando este �nfasis al �nfasis tambi�n de un republicanismo instrumental. V�ase Renato Cristi, Participaci�n, representaci�n y republicanismo, pp. 55 y ss.
2. El liberalismo pol�tico se funda a su vez en el individualismo pol�tico, el cual se entiende como la libertad del individuo para �decidir su propio futuro en asuntos econ�micos y �ticos�. V�ase Nigel Ashford y Stephen Davis, Diccionario del pensamiento� p. 159.
3. Como veremos tambi�n, el comunitarismo funcionaba en la Suiza de los cantones de su �poca, pero no podr�a aplicarse a toda la Francia que �l estaba pensando, por eso acudir�a magistralmente a la soluci�n de la idea de voluntad general.
De esta manera, como hemos visto en los cursos de filosof�a pol�tica, el com�n que caracteriza a los tres autores es que es observable en ellos su car�cter contractual, basado en una relaci�n legal entre individuos bajo la observancia de un tercero, el Estado, pero mientras que para Hobbes este contrato tiene un car�cter individualista, con un republicanismo de participaci�n cuando mucho instrumental, en Locke tiene un car�cter liberal basado en un individuo participativo de los asuntos p�blicos en la sociedad pol�tica, mientras que en Rousseau este car�cter contractual es un pacto general que pide la obligaci�n a cada miembro de seguir designios tomados libremente por la sociedad en su conjunto.
Con estas bases arribamos a la siguiente pregunta: �c�mo es que se presenta esta corriente de la variable republicana liberal al momento de interrelacionarse con la variable mon�rquica? La respuesta para cada uno de los casos es diferente a pesar de que los tres sean contractualistas. Para empezar, la monarqu�a se encuentra en su momento absolutista, punto en el que el poder soberano est� considerado como de origen divino, deslig�ndose de cualquier instancia de poder temporal. En el Estado absolutista el gobierno, el Estado y el monarca se consideraban como una �nica entidad regulada s�lo por sus mismas leyes, mismas que eran determinadas por el rey y cuando mucho sus cortes; el concepto de derecho divino de los reyes era la justificaci�n que legitimaba la pretensi�n de soberan�a indivisible. Sin dejar de observar que los tres autores son contractualistas, podemos ver que la postura de los te�ricos va desde proabsolutista �Hobbes-, hasta francamente contraria a ella �Locke- o pragm�tica �Rousseau-. Pero mientras que Hobbes es promon�rquico e individualista instrumental, Locke es antimon�rquico e individualista y adem�s liberal representativo y republicano, mientras que Rousseau es liberal radical. La postura de Hobbes se basa en la �nica pero fundamental obligaci�n del soberano para garantizar la seguridad de sus s�bditos,  dejando a �stos como un mero instrumento del rey para mediar entre ellos, mientras que para Locke ya es necesaria cierta forma de participaci�n pol�tica por lo menos representativa (los lores representaban a los individuos en el Commowealth, que era la rep�blica), para pedirle cuentas al soberano y al parlamento ingl�s. Locke, como el te�rico de la revoluci�n inglesa de 1688 que acabo con los Estuardos, dio origen al liberalismo de la democracia constitutiva, primero refutando la doctrina absolutista de Filmer, segundo refutando a Hobbes como te�rico del absolutismo, y tercero otorg�ndole facultades pol�ticas a los individuos para que �stos, al participar activamente en decisiones m�s all� de lo econ�mico, se convirtieran en aut�nticos ciudadanos. Cabe aclarar que Hobbes si tolera la existencia de un legislativo �lores- y un cuerpo judicial para dirimir controversias, pero �stas son dos instituciones que tienen poderes y atribuciones ligadas al monarca, no tienen la autonom�a que conocer�amos m�s adelante.
Por su parte, Rousseau muestra una conexi�n con la corriente liberal de Hobbes y Locke, al punto en que en �l la libertad del hombre es un derecho de cada miembro, en que cada uno nace libre y su libertad en el estado de naturaleza tiene como l�mites las fuerzas del individuo, pero cuando pasa a la libertad civil por medio del contrato gana en alcanzar s�lo los l�mites que le permita la voluntad general, pero adem�s gana una tercera libertad en el estado civil: la moral como due�o de s� mismo, donde la �nica condici�n es obedecer la ley, la cual a su vez tambi�n lo har� libre4. Todo esto podr�a considerarse como el republicanismo m�s liberal de todos, pero adem�s Rousseau va m�s all� al introducir la categor�a de voluntad general que es la voluntad universalmente humana y la cual se contrapone a la voluntad particular que es el deseo de recibir un privilegio. Esta es la diferencia con respecto a los dem�s, el comunitarismo como nueva corriente se mira a desagusto frente al individualismo preconizado por el liberalismo anglosaj�n de su �poca. Para algunos autores como Kymlika �la figura del ciudadano exaltada por el republicanismo se relaciona, por una parte, con la idea liberal de los derechos individuales, y por otra parte, con la concepci�n comunitaria que se�ala la imposibilidad de pensar al ciudadano sin identificarlo con una determinada [comunidad]. [�] Podr�a conciliarse en su interior la disyuntiva que ve en la participaci�n ya sea un bien intr�nseco [o sea el comunitarismo], ya sea un bien instrumental [o sea la participaci�n instrumental, que hoy podr�amos ejemplificarla en el sufragio, en el voto]. Pero el proyecto de Kymlicka no puede prosperar porque escinde al republicanismo de acuerdo a este criterio val�rico en dos variantes, y se decide por una de ellas, el republicanismo instrumental�4 Esta es una afirmaci�n desde mi punto de vista correcta, puesto que si observamos el comunitarismo de Rousseau que se enfoca en otorgar un poder amplio a la voluntad de todos, no podemos ver por qu� Rousseau podr�a haber sido partidario de un republicanismo instrumental, cuando de lo que se trata en �l es de valorar de manera liberal a la voluntad general, m�s all� de usarla como un instrumento; Rousseau quiere para cada miembro de la comunidad una participaci�n activa en los asuntos que ata�en a todos por igual, no una participaci�n eventual de la misma. La voluntad general est� pensada en el fortalecimiento de la sociedad civil, pero adem�s est� pensada en el fortalecimiento de la participaci�n frente a las decisiones de gobierno. Un punto es la creaci�n de un Estado basado en la voluntad general que fortalezca la sociedad civil, y otro punto es la determinaci�n del tipo de gobierno

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4. Renato Cristi, pp. 54, haciendo observaciones sobre la postura de Kymlika en  http://dspace.unav.es/retrieve/154/ECristi.pdf
necesario para que la soberan�a del pueblo se deposite en un gobernante5. Rousseau prefiere fortalecer �de manera comunitaria- a la sociedad civil y mostrarse pragm�tico para decidir el tipo de gobierno de acuerdo con las dimensiones del Estado: democr�tico para los Estados peque�os, arist�crata, entre otras caracter�sticas, �para los pueblos sencillos�6, y mon�rquico para los grandes Estados.
Ahora bien, �cu�l es la posici�n de Rousseau con respecto a la tradici�n mon�rquica de la que estamos hablando? Como se acaba de mencionar, una posici�n pragm�tica basada en la cr�tica no s�lo al mal gobernante, sino en la b�squeda de uno bueno. Rousseau est� conciente de los defectos de las formas de gobierno se�aladas, y est� conciente de que por lo menos la monarqu�a no es la mejor forma de gobierno, pero la soluci�n no es criticarla sino proponer alternativas novedosas como la divisi�n del gobierno o los magistrados intermedios, de modo que las ineficacias del gobierno sean superadas con nuevas alternativas7. En �ltima instancia el soberano que es el pueblo, puede designar al m�s conciente gobernante pero bajo la �nica condici�n de que est� sujeto completamente a la voluntad general. En suma, no encontramos, hasta donde la investigaci�n no hizo llegar, un punto contundente que le otorgara a Rousseau la posibilidad de optar por una posici�n pol�tica hacia un tipo de gobierno. Pero lo que s� podemos concluir parcialmente es que Rousseau opta por una postura m�s prospectiva que retrospectiva en su posici�n pol�tica.

En resumen, podemos entonces entender a los autores por las cualidades que puedan identificarlos en sus variantes precisas: Hobbes puede ser visto como un individualista instrumental y adem�s promon�rquico, es decir, que considera el desarrollo de los individuos m�s en lo econ�mico que en lo pol�tico, por eso no admite una participaci�n pol�tica plena en el Estado, y adem�s por eso apoya el tipo de gobierno absolutista que usar� a los individuos s�lo como s�bditos pertenecientes a la soberan�a del monarca y que s�lo necesitan del rey la seguridad que �ste pueda brindarles. Locke por su parte ya es entendido como liberal individualista pero adem�s liberal pol�tico y republicano instrumental, esto quiere decir que

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5. Clase del 8 de marzo de 2005. Esta es la importancia fundamental que encontramos en Rousseau, porque �l es, junto con Locke, quien convierte al liberalismo en pol�tico, m�s all� del liberalismo econ�mico y apol�tico de Hobbes.
6. Ver El Contrato� p. 67, Libro tercero, cap�tulo V, de la aristocracia. �As�, auque el gobierno pueda reglamentar su pol�tica interior como le plazca, nunca puede hablar al pueblo sino en nombre del soberano, es decir, en nombre del pueblo mismo.
7. Ibid., p. 68
Locke apoya un tipo de liberalismo econ�mico -de ah� el individualismo-, pero adem�s uno pol�tico -de ah� la ciudadan�a-, pero s�lo a nivel instrumental, es decir, que s�lo permita legitimar a las instituciones de gobierno cuando �stas lo necesiten y no en una participaci�n pol�tica masiva de manera directa en la rep�blica -de ah� lo republicano instrumental representativo-. Por �ltimo Rousseau, que puede identificarse como un liberal comunitarista a nivel nacional y adem�s pr�gm�tico a nivel pol�tico, esto quiere decir que el comunitarismo, como un tipo de liberalismo pre-revolucionario, permite la participaci�n democr�tica por igual de parte de todos los miembros de una comunidad, mismo que al alcanzar dimensiones nacionales, se vuelve un tipo de comunitarismo nacional y ya no s�lo a nivel local de la comunidad m�s inmediata, que es la forma cl�sica de comunitarismo democr�tico suizo. La porci�n pragm�tica radica en el ideal de gobierno basado no en quien gobierna, tampoco en preferir una forma determinada de gobierno, sino en c�mo gobernar de la mejor manera.

De esta manera, ya podemos entender que ninguno de los tres autores est� mirando en forma pura hacia la tradici�n proveniente del medioevo, ello parecer�a l�gico por tratarse del tiempo de transformaciones en el que est�n viviendo, pero al observar a Hobbes como el �nico exponente te�rico del promonarquismo en nuestros tres autores, necesitamos entonces recomponer nuestras afirmaciones, entendiendo que Hobbes est� eminentemente a favor de la reinstalaci�n de los Estuardos en el poder, lo cual quer�a decir que s�lo desde los contratos individuales y privados se puede ser libre, pero no ante la condici�n pol�tica de abandonar el poder tradicional del rey para mantenerse permanente e incondicionalmente ligado a �l en calidad de s�bdito al estilo tradicional. Sin embargo a ello hay que agregarle otra precisi�n, ni aun el mismo Hobbes se encuentra mirando a la tradici�n en sentido estricto a pesar de ser promon�rquico, porque el fil�sofo est� mirando ya al componente moderno que significa el individualismo y que no podr�a reivindicar tan f�cilmente si por ejemplo hubiese vivido trescientos a�os atr�s en un caso hipot�tico o, por otro lado, si no hubiera considerado la posibilidad cient�fica de la raz�n, misma que ya no ten�a nada que ver con una postura metaf�sica religiosa; entonces nuestro autor no pod�a ser m�s mon�rquico de lo que en realidad era, la diferencia es el desarrollo del individualismo de su �poca, por tal motivo estaba ya pensando tambi�n en la situaci�n de su �poca, el individualismo en Gran Breta�a estaba generaliz�ndose antes que otros pa�ses de Europa continental y ese desarrollo Hobbes lo estaba mirando al apoyar la legitimidad de dos individuos por medio de un contrato. Por �ltimo, nuevamente es necesario mantener la prudencia al observar el tipo de individualismo que apoyaba Hobbes y que, como veremos, es en cierta forma parecido al de Locke, pero diferente en atenci�n y orden. Mientras que en Hobbes el individualismo se refiere al econ�mico, en Locke adem�s ser� tambi�n pol�tico. El punto �ltimo por ahora, es definir a Hobbes como liberal en el sentido estrecho: �Aunque dif�cilmente cabe calificar de liberales a sus conclusiones, sus postulados fueron un cambio altamente individualistas� (La teor�a pol�tica� p. 15)
Para el caso de Locke tambi�n debemos ser prudentes, porque si bien podr�a considerarse al autor como uno de los fundadores del liberalismo, hay que observar que la tradici�n tambi�n se encuentra en �l desde la forma del derecho natural como ley divina, inmutable y universal. Al partir del estado de naturaleza, para pasar al contrato y arribar al commonwealth (Rep�blica), va intr�nsecamente nombrada la porci�n religiosa tradicional del protestantismo individualista, y este es el parecido con Hobbes. Como hab�amos mencionado, si Hobbes es individualista y promon�rquico, Locke es individualista y liberal tambi�n, la porci�n tradicionalista de Locke se encuentra en el individualismo religioso que tambi�n comparti� con Hobbes, pero,  para arribar al liberalismo se tiene que legitimar el individualismo pol�tico adem�s del religioso y econ�mico, y ese individualismo consiste en la participaci�n del individuo hasta los asuntos del gobierno. Este es el gran salto de Locke hacia la modernidad que dejar�a atr�s el absolutismo que Hobbes no quiso dejar. Locke establece en ese orden los derechos a la vida, la libertad �plena por primera vez-, la igualdad, la posesi�n y la administraci�n de la justicia (tambi�n por primera vez, de ah� el liberalismo constitutivo que hab�amos mencionado). As� pues, la cercan�a con la tradici�n en Locke �si bien no mon�rquica, si religiosa individualista-, contin�a con la consecuencia que puede tener el que trasgreda y se salga del orden humano. El trasgresor que se salga del orden, adem�s trasgredir� las normas de Dios8. 
Para Rousseau la perspectiva tambi�n tiene sus matices. El miembro no puede entenderse completamente como individuo en el sentido ingl�s, sino como miembro perteneciente al pueblo, como un miembro que puede realizar su individualidad, pero primero como un miembro perteneciente al corpus democr�tico: �En el Contrato social, Rousseau trata de mostrar c�mo es posible construir una sociedad que permita a cada uno de sus miembros desarrollar su propia personalidad individual de forma que armonice con las necesidades e intereses de la comunidad� (Teor�a pol�tica� p.56), aunque tambi�n �debe hacer suyo el bien p�blico y estar preparado para sacrificar su propio inter�s en beneficio del bienestar com�n [el autor lo toma de Emile, p. 437]� (Teor�a pol�tica� p. 57).
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8. Clase del 22 de febrero de 2005
Por �ltimo, no s�lo el contractualismo es lo que caracteriza com�nmente a los tres autores, existe una segunda corriente filos�fica que los caracteriza, y ella es el iusnaturalismo. Sin embargo, est� observado que las grandes corrientes de pensamiento contienen en sus matices variantes suficientemente importantes como contraponer incluso a los autores de una misma corriente. Este vuelve a ser el caso de nuestros autores analizados. Como es sabido, en Hobbes y Locke el hombre proviene de un estado de naturaleza, pero una de las diferencias entre ellos es que en Hobbes el estado de naturaleza es un estado de guerra, mientras que en Locke es un estado de paz, adem�s, en Hobbes se deja el estado de naturaleza por medio de un contrato para arribar a la seguridad mediadora del Leviat�n (el rey que es el soberano del Estado), mientras que en Locke se parte del estado de naturaleza para arribar con el contrato a una sociedad pol�tica con una ley com�n, un juez indiferente, un poder judicial ejecutivo �coercitivo-, un poder federativo �internacional- y un poder ejecutivo �de cara ya al establecimiento del Primer ministro-, esto es lo novedoso en el autor y superado de la tradici�n mon�rquica. El iusnaturalismo, como seguiremos tocando en algunos momentos, tambi�n significa un paso importante de la tradici�n a la modernidad de la cultura occidental.









II. EL CIUDADANO FRENTE AL S�BDITO

Toda la historia moderna de las naciones de occidente est� basada en un proceso de transformaci�n del estatus social de los integrantes de una naci�n frente a la figura de poder en turno, de modo que en casi todos los casos nos podemos dar cuenta de que si cambia el tipo de gobierno, cambia el estatus social y la personalidad jur�dico-pol�tica de quienes forman parte de una sociedad. Cuando la sociedad posee cierto nivel de libertad, la manera como se configurar� esta sociedad pol�tica moderna ser� la que determine su tipo de gobierno.
As� por ejemplo, la figura de s�bdito es cl�sica de la relaci�n del monarca con los pobladores de sus dominios. Ella surge en el feudalismo de la edad media europea donde las figuras de poder son el rey y la iglesia, el s�bdito lo ser� frente a estas dos figuras que aqu� se encuentran en muchos sentidos fusionadas. El rey como depositario del poder temporal y la iglesia como el poder de la ciudad de dios en la tierra. En la Europa medieval los s�bditos se denominan vasallos y s�lo los nobles, arist�cratas y altos religiosos se diferencian de aquellos, aunque permaneciendo como s�bditos favoritos del rey, en que s�lo la alta nobleza de sangre real queda excluida de esta distinci�n. A pesar de sus grandes transformaciones hist�ricas, esta situaci�n permanece alrededor de unos quinientos a�os �alrededor del a�o 1000 al 1500 de nuestra era-, hasta el comienzo progresivo por una parte del endurecimiento de la figura del rey hacia el absolutismo, por otra de la aparici�n de grupos sociales aut�nomos relacionados con la vida mercantil y que luego ser�n identificados como hombres libres, y por otra parte la partici�n religiosa y eclesi�stica de las reformas surgidas a partir del a�os 1500 por ejemplo en Inglaterra..
En este punto es donde se insertar� m�s adelante la figura de ciudadano. Contrario a lo que se piensa, en la cultura occidental esta figura tambi�n es muy lejana en el tiempo. La ciudadan�a aparece en las etapas democr�tica y republicana de Grecia y Roma respectivamente, entre los siglos V y II a. de C. La libertad es inherente a la ciudadan�a en Grecia, la cual ser� condici�n necesaria pero no suficiente para ser ciudadano, los extranjeros podr�an ser libres, pero no ciudadanos porque s�lo los nacidos libres en la Polis griega pod�an ser ciudadanos. Al igual que los hombres libres los esclavos nacieron en ellas, pero por causa de su misma condici�n de esclavitud tampoco pod�an ser ciudadanos. Las mujeres, aunque libres y nativas de la Polis tampoco pod�an serlo porque su lugar no era el �gora donde se deliberaba sobre lo p�blico, sino el oikos privado de la casa consagrada al cuidado de los


hijos9. Cabe diferenciar que la ciudadan�a de la Polis griega estaba m�s relacionada con la participaci�n comunitaria (era, pues, una democracia primero comunitaria), mientras que Roma conten�a la cualidad de democracia instrumental, representativa y republicana por su extensi�n de dominio e influencia.
De acuerdo con Arist�teles10, s�lo los individuos activamente participantes en las decisiones judiciales y de gobierno pod�an ser ciudadanos de la Polis. Los aut�nticos ciudadanos eran los que practicaban la buena virtud, la de una vida perfecta y en amistad en la comunidad de la Polis en que vivieran. As� pues, si todo esto correspond�a al sentido de ciudadan�a antiguo, �d�nde estaba la figura de s�bdito que se ha mencionado como contraparte? Podr�a afirmarse que en la antig�edad los s�bditos ser�an todos los que no eran ciudadanos, pero entonces es necesario aclarar que en las antiguas Grecia y Roma no se pod�a hablar en sentido estricto de s�bdito en el sentido moderno porque no exist�a una divisi�n social estricta entre ciudadano y un poder superior que lo subordinara; s�lo cuando hist�ricamente apareciera un emperador entonces los mismos ciudadanos adquir�an adem�s un estatus mixto de ciudadano y s�bdito, pero esta modalidad no es de la que nos habla Arist�teles. De hecho, la figura de ciudadano antiguo era la figura de poder principal, misma que s�lo era superada por la del emperador, el dictador en turno o el senado; pero estos �ltimos eran m�s bien considerados como primus inter paris que como un poder supremo por encima de los ciudadanos. Ni aun cuando el senado tomara la direcci�n de la rep�blica pod�a llamar s�bditos a los ciudadanos que gobernaba.
En el feudalismo de la edad media acontece exactamente lo contrario. Aparece la figura del s�bdito entendida como vasallo y desaparece la ciudadan�a, en que la distinci�n  romana de p�blico y privado se ve desdibujada con el tiempo, convirtiendo a la religi�n en la �nica pr�ctica p�blica permanente y permitida, y acotando la esfera privada de la conciencia independiente al m�ximo. Por otra parte, al mismo tiempo en que se observa la transformaci�n del concepto carolingio de rey imperial, al concepto de rey feudal aparece entonces simult�neamente el concepto de s�bdito tal y como nos toca analizar a partir de ahora. Este concepto ser� el que tendr� que ver con Hobbes y del que querr�n separarse Locke y Rousseau m�s adelante.

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9. Ver La Pol�tica, en Arist�teles
10. Arist�teles. La Pol�tica. 1997. p�g. 21-30

Si esto es as�, �c�mo puede detectarse el regreso de la figura de ciudadano de manera concreta en la historia moderna occidental? La respuesta indiscutible por lo menos te�ricamente es Maquiavelo. En �ste, el ciudadano est� basado en la ciudadan�a estable y virtuosa de Roma, pero observando al mismo tiempo la Italia norte�a de su �poca que es la que debe seguir nuevos rumbos de transformaci�n, por lo menos ut�picamente. Es el momento en que la figura de s�bdito y la de ciudadano vuelven a encontrarse y sobretodo a  contraponerse, una figura que viene del pasado feudal anterior, y otra que proviene de la antigua rep�blica romana pero que adem�s comienza a coincidir con la nueva realidad de las ciudades libres como Venecia. Aunque en el momento en que Maquiavelo vive, las dos instituciones m�s fuertes �Rey e Iglesia-, prevalec�an en forma consolidada, la noci�n del Pr�ncipe florentino era la forma de mantener al s�bdito como tal pero de forma que no se viera inconformado por �ste ante su mal actuar en el gobierno. Se trataba de la primera consideraci�n real que un noble pod�a tener frente a sus s�bditos para conservar adecuadamente el poder11.
La clave de la transformaci�n social de la �poca recae por un lado en la aparici�n progresiva de la ciudadan�a y por el otro del endurecimiento de la figura de s�bdito. Habermas tratar� el estudio de la primera en su Historia y cr�tica de la opini�n p�blica. A partir de estos estudios podemos afirmar que la ciudadan�a se desarrolla a la par de la aparici�n de las tertulias entre personas privadas que se reun�an en calidad de p�blico. Habermas observa que lo privado se contrapone a lo com�n y a lo estatal. La oposici�n entre inter�s com�n e inter�s privado o particular �obs�rvese a Hobbes-, le otorga autoridad al Estado absolutista como garante de aquel inter�s com�n. La Publicidad, entendido como lo p�blico, se circunscribe en el �mbito del poder pol�tico y de las personas p�blicas, l�ase aqu�llas que ejercen cargos o empleos p�blicos. Habermas observa ya una publicidad representativa. Es entonces cuando observamos que nuevos factores sociales se insertan en la concepci�n absolutista: la primera y m�s importante es la Reforma protestante, y la siguiente con el progresivo aumento del intercambio de informaci�n mercantilizada en los primeros pasquines que coadyuvar�an para la creaci�n del Publikum alem�n, The public ingl�s o  Le public franc�s como expresi�n de la opini�n de personas privadas, cuyos contenidos implican elementos de car�cter econ�mico y pol�tico. Habermas observa la crisis reformista del cristianismo, la cual supone una ruptura important�sima con la concepci�n p�blico-autoritaria de la iglesia, en la que se identificaba el

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11. Ver. El Pr�ncipe, en Nicol�s Maquiavelo

inter�s de �sta con el inter�s p�blico y el inter�s privado. "La posici�n de la Iglesia se transforma con la Reforma; el v�nculo con la autoridad divina que ella representaba, la religi�n, se convierte en un asunto privado. La llamada libertad religiosa caracteriza hist�ricamente la primera esfera de autonom�a privada; la Iglesia misma prolonga su existencia como una corporaci�n de Derecho p�blico"12. A esto a�adir�amos que mientras la iglesia y su religi�n, antes p�blica, es presionada a convertirse en actividad privada en sus pr�cticas, la opini�n civil de personas privadas se va convirtiendo en actividad p�blica; se verifica pues, una vuelta a la tuerca de 180� en que la religi�n de vuelve privada, y la opini�n p�blica se vuelve pol�ticamente p�blica.
En segundo lugar la vida en las ciudades observa la intensificaci�n del intercambio de mercanc�as, la creaci�n de bancos y negocios requieren cada vez m�s del manejo de informaciones inequ�vocas de lo que acontece en distintos lugares. Seg�n Habermas, hay un tr�fico epistolar que se desarrolla a partir del siglo XIV como sistema profesional de correspondencia. Surgen los correos ordinarios como agencias de noticias, que act�an con discreci�n y privacidad. No es sino hasta fines del siglo XVII cuando aparecer� la actividad period�stica regular que informa al p�blico en general, momento que coincide por lo menos con dos de los tres fil�sofos de nuestro estudio: Locke y Rousseau. Un siglo m�s tarde, la informaci�n p�blica ya habr� logrado romper con la voluntad soberana del Estado absoluto. Finalmente, estos y otros factores llevan a un nuevo concepto de Publicidad. La ventaja nuevamente la toma Inglaterra con el desarrollo de los Cofees donde el intercambio ser� progresivamente intenso, Francia, siguiendo al primero desarrollar� los Saloon y Alemania, con menor desarrollo y amplitud, tambi�n se dirigir� hacia el desarrollo del intercambio de ideas de car�cter p�blico en espacios tambi�n p�blicos.
As� entonces, si todo el orden mon�rquico hab�a prevalecido constante por m�s de setecientos a�os, �en qu� momento se rompe para dar pie a la aparici�n del ciudadano moderno?, �su surgimiento era natural en caso de que la monarqu�a se extremara, decayera, cediera o desapareciera? La respuesta a esta �ltima para Hobbes es negativa (est� claro que �l buscaba la restituci�n de los Estuardos en momentos en que por acciones de Cromwell se ve obligado a exiliarse), para Locke suficientemente positiva (el triunfo del Commonwealth es la demostraci�n de ello) y para Rousseau es positiva sin duda (el pueblo ya es de su mayor

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12. Ver Historia y cr�tica de la opini�n...  en Habermas
atenci�n en �l). Sin embargo es necesario hacer ciertas precisiones, puesto que para los dos primeros ser�a necesario equiparar a la noci�n de ciudadan�a una categor�a mucho m�s importante, el individualismo, mientras que en Rousseau el �nfasis estaba en una relaci�n de contrato radicalmente social, donde ninguno tuviera ventajas por encima del otro. Habermas se�ala la privacidad de personas que se reun�an en calidad de p�blico; esa privacidad correspond�a a la actividad individualista practicada en Gran Breta�a y Francia b�sicamente y relacionada con el factor econ�mico, mientras que en el momento en que una persona privada se re�ne en calidad de p�blico, desea ver reflejados sus intereses particulares en las charlas p�blicas, de modo que el individualismo, al hacerse p�blico y socializarse, va a entrar en contacto con el individualismo de otras personas. El salto realmente p�blico recae en el punto en que interviene la charla pol�tico-social que va m�s all� de un inter�s puramente econ�mico y privado, para intercambiar nuevos valores con un car�cter cada vez m�s liberal y democr�tico; en el momento en que el individualismo se fusiona con los criterios pol�tico-sociales de car�cter p�blico (es decir, que pueden ser intercambiados con car�cter p�blico sin que est�n de por medio los negocios econ�micos privados), entonces es el punto donde puede arribarse a la noci�n de ciudadan�a. Se trata pues del momento en que las personas p�blicas hablan de cuestiones comunes a todas las personas privadas13.
La noci�n institucional de ciudadano moderno no pertenece en sentido estricto a ninguno de los tres autores de nuestro estudio, tendr�a que ser un producto posterior de la revoluci�n francesa y la independencia de las colonias brit�nicas de Norteam�rica el m�rito real. De acuerdo con Alan Ryan �los defensores de la virtud ciudadana [l�ase por ejemplo Maquiavelo, Locke y Rousseau, por lo menos te�ricamente], tardaron todav�a alg�n tiempo para adaptarse a las cualidades positivas de la sociedad comercial e individualista que comenzaba a existir en la Europa occidental� (1987: 80). Te�ricamente Hobbes y Locke ignoraron los ideales del republicanismo cl�sico de Maquiavelo desde el punto de vista de que ellos consideraban al individualismo antes que a la ciudadan�a, mientras que Rousseau, si bien no era fiel partidario del individualismo de su �poca y eran Esparta y Roma sus ideales pol�ticos antiguos, tampoco mostr� inter�s profundo hacia el sentido de ciudadan�a que nos interesa, sino hacia el sentido comunitario que hemos mencionado antes, entre otras razones porque sus referentes te�ricos y de la realidad eran Ginebra y los cantones de democracia directa Suiza. Rousseau se inclinaba m�s hacia el establecimiento de una igualdad
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13. En este sentido Habermas habla de las personas menos ricas que pod�an ya hablar de t� a t� con personas econ�micamente mucho m�s pudientes que ellas.

generalizada y hasta cierto punto radical:

Cada miembro de la comunidad se entrega a ella en el momento en que �sta se forma tal y como se encuentra en la actualidad; se entrega con todas sus fuerzas, de las que forman parte los bienes que posee. No es que mediante este acto la posesi�n cambie la naturaleza al cambiar de manos, y se convierta en propiedad en las del soberano, sino que, como las fuerzas del Estado son incomparablemente mayores que las de un particular, la posesi�n p�blica es tambi�n, de hecho, m�s fuerte y m�s irrevocable, sin ser m�s leg�tima, al menos para los extranjeros, porque el Estado es due�o, con respecto a sus miembros, de todos sus bienes por el contrato social. (El Contrato� 1993: 20).

La noci�n de miembro, con un car�cter que como vimos se podr�a relacionar parcialmente con el equivalente al individuo ingl�s, est� ligada en Rousseau inconmensurablemente a la comunidad.
Por otra parte, debemos seguir rastreando el punto donde la idea de s�bdito se encuentra con las posturas de los tres contractualistas. Est� claro que a ella se refiere Hobbes y en menor medida Locke y Rousseau. En Hobbes la ciudadan�a no existe porque se trata de depositar todo el poder en el Leviat�n, en el rey en turno. Esto quiere decir que cada persona ya es vista como individuo y al mismo tiempo como s�bdito, pero no como ciudadano. Quiere decir tambi�n que si el contrato se hace entre dos particulares, la mediaci�n y sobretodo la vigilancia de ese contrato ser� hecha por el Leviat�n, y adem�s, en Hobbes tambi�n se hace un contrato directo con ese Leviat�n para que �ste los represente despu�s de que ellos hayan cedido tanto sus propios derechos como el derecho a gobernarse a s� mismos. Por lo tanto, si renuncian a ese Leviat�n, tambi�n renuncian a gobernarse a s� mismos y entonces regresan al estado de naturaleza, el cual a su vez tambi�n podr�a ser el estado de guerra14. Pero tambi�n renuncian a toda posibilidad de volverse ciudadanos, al retirarse a lo privado cuando han cedido toda su potestad al Leviat�n. Lo m�s importante para lo que el Leviat�n est� obligado en Hobbes es para responder a los individuos en salvaguarda de su seguridad y cuando mucho a su salud. Por esta raz�n el Leviat�n al que se refiere Hobbes es la figura del absolutismo del rey tradicional como la �nica y leg�tima. Si bien la soberan�a en Reino Unido ya

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14. Hobbes, Thomas. Leviat�n. 1997,  p�g. 21-30.  Tambi�n estudiado en la clase del 17 de febrero de 2005.
era desde el siglo XIII tanto del rey como de los lores y un poder judicial, era la figura del primero la que estaba siendo apoyada por Hobbes, y contra la cual estaban luchando una fracci�n de los lores y nobles de su tiempo, por ejemplo Cromwell.

El caso de Locke es diferente por dos v�as. Por una parte es el primer momento donde se busca fortalecer al Commonwealth, una forma moderna de rep�blica no basada exclusivamente en la monarqu�a absoluta; y por otro lado, la religi�n al pasar al orden particular y fortalecer el bien individual, aunque siga siendo profundamente religiosa, traslada al �mbito de lo privado toda pr�ctica espiritual, desacreditando la figura divina del rey. Por lo tanto la noci�n de s�bdito pr�cticamente se abandona porque comienzan a tomar fuerza valores como el individualismo �incluso religioso- y la fuerza recobrada de los poderes legislativo y judicial. No est� claro, sin embargo, si a�n Locke llamaba a los individuos s�bditos aun cuando comenzaran a tener ese estatus ya no con respecto a un rey, sino en relaci�n con un poder soberano de corte republicano, o a�n mas, si las individuos estaban dejando de ser s�bditos incluso del mismo cuerpo republicano, para apuntar hacia los esbozos de un tipo de ciudadan�a. De acuerdo con los estudios realizados podr�amos inclinarnos por la primera opci�n. Si en Hobbes el paso del estado de naturaleza ca�tico a la seguridad del Leviat�n mantiene a los hombres como s�bditos del rey y s�lo del rey, en Locke el paso del estado de naturaleza a la sociedad pol�tica garantiza mediante el contrato que las leyes naturales -la divina, la inmutable y la universal- y los derechos -propiedad, libertad- se mantengan por encima de cualquier poder, mismos que ya estar�n ahora sostenidos por una ley com�n, un juez imparcial, el poder judicial ejecutivo y el poder federativo mencionados anteriormente, fijando las bases primeras para la distribuci�n o desconcentraci�n del poder y por lo tanto abriendo paso para la divisi�n de poderes. El individualismo en Hobbes y Locke hab�a llegado, pero s�lo en Locke la ciudadan�a como categor�a pol�tica estaba a punto de llegar.
Rousseau  nos muestra un punto de vista diferente. Si en Hobbes el soberano s�lo es el rey y en Locke es un poder ya dividido en cuatro, Rousseau establece la preponderancia de la ley por encima de cualquier gobierno y sobretodo traslada de manera indiscutible la soberan�a a la voluntad general. Si en Maquiavelo se observa por primera vez la menci�n de la palabra Estado para dar inauguraci�n a toda la tradici�n estatal en la filosof�a pol�tica moderna, ser� en Rousseau donde se escuchar� por primera vez la palabra Pueblo como soberano de ese Estado. Cierto tipo de ciudadan�a estaba siendo propuesta pues por Rousseau, una que retomar� fuerza de manera igualitaria y sin preponderancia de unos sobre otros. La palabra miembro en Rousseau con un poco m�s de sustento te�rico, podr�a ser equiparada a la noci�n de ciudadano, y desde nuestro punto de vista se estar�a alejando de la noci�n de individuo por el car�cter social y pol�tico que el autor le confiere a ese miembro.

La siguiente variable que podemos introducir para encontrar sustento a la entrada o no del concepto de ciudadan�a es el Estado de derecho. No debemos confundir estado de derecho con min�sculas, con Estado de derecho con may�sculas, puesto que el primero apareci� antes que el segundo. Los pueblos pudieron haber tenido codificaciones muy avanzadas, respetadas y seguidas al pie de la letra mucho antes de convertirse en Estados, mientras que el Estado de derecho es un estado de derecho dentro del Estado, mismo que s�lo se da, como es obvio, cuando el Estado ya se encuentra hist�ricamente desarrollado. Pero el Estado de derecho es adem�s un Estado liberal de derecho que rinde cuentas, un estado que responde. Como vimos esbozado en las clases al estudiar a Locke, la rendici�n de cuentas por parte del Estado es clave para entender el avance de la noci�n de ciudadan�a, y as� nuevamente observaremos que Hobbes no piensa en la rendici�n de cuentas por parte del Estado, la �nica respuesta obligada es la seguridad, mientras que Locke s� esboza la obligatoriedad del Estado para la rendici�n incipiente de cuentas por medio de los cuerpos de poder que �l propone, y Rousseau lleva al extremo la rendici�n al otorgar una importante atenci�n a la eficacia de cualquier tipo de gobierno que est� en el poder, sea democr�tico, aristocr�tico o mon�rquico.

El �ltimo punto que nos resta por estudiar es la idea de estamento. Exactamente al mismo tiempo en que se presenta la transformaci�n del s�bdito en ciudadano, se observa tambi�n la desaparici�n del estamento en Europa, esto es, de la existencia de diferentes leyes en diferentes niveles y circunstancias para cada actividad y estamento social. M�s a�n, una de las caracter�sticas del paso de s�bdito a ciudadano tiene como otra de sus caracter�sticas principales el paso de la legislaci�n estamental a la igualdad legal. La noci�n de ciudadan�a se puede encontrar cuando aparece la noci�n de igualdad legal, y m�s concretamente de igualdad pol�tica. Lo vemos ya en Hobbes, pero de manera m�s elaborada en Locke y Rousseau. En Hobbes la igualdad se establece como una relaci�n de los potenciales de los hombres, tan guales en las facultades del cuerpo y del esp�ritu, pero que f�cilmente pueden imponerse unos sobre otros si no existe un poder com�n que los atemorice a todos: el Leviat�n. La igualdad aparece en el sentido de que cada contratante tendr� los mismos derechos con respecto a su objeto de contrato, el contrato ser� de igual a igual y ser� vigilado por el poder soberano independiente a ellos pero con capacidad de obligar al cumplimiento de ambos por igual. La igualdad en Hobbes es fundamental pero limitada, se presenta m�s entre particulares que a nivel de una igualdad de obligaciones legales generalizadas al estilo de las que preconizan Locke y Rousseau y m�s all� la Revoluci�n francesa del ciudadano frente a los poderes de gobierno. En Hobbes todos los hombres tienen derecho a todas las cosas y por ende son iguales ante la ley, los hombres son libres para tener la cantidad de posesiones que deseen y son protegidos por la ley, pero la igualdad s�lo se expresa por dos v�as, primero porque esta igualdad s�lo es v�lida para los que ten�an posesiones, no para los que no la ten�an, para quienes la ley se aplicaba de manera diferente �estamental-. El segundo sentido de igualdad era de igualdad para con la figura del soberano, porque los derechos que pose�an en el estado de naturaleza se los deben otorgar a esa instancia de igualdad que representa el soberano y que es rey para todos por igual, el cual a cambio garantizar� el orden y la seguridad de los individuos. Con el contrato se renuncia a la libertad ilimitada y a cualquier derecho que pudiera poner en peligro la paz. Con ello se deduce que la igualdad est� s�lo en funci�n de la figura del rey, para el que todos por igual deben estar sujetos. La ley sin embargo, debe ser igual para todos en sentido educativo y de salud, precisi�n que es necesario hacer para establecer en Hobbes la influencia tradicional del parlamento para con el soberano, que hab�a logrado desde varios siglos atr�s alcanzar derechos de igualdad en estos rubros.
Por otra parte la igualdad de Locke es m�s amplia. Aqu�, la igualdad perfecta se da en el estado de naturaleza pac�fico. ��igualdad, en el que todo poder y jurisdicci�n son rec�procos, y donde nadie los disfruta en mayor medida que los dem�s" (Locke 1998: 36). Todo poder y jurisdicci�n son rec�procos, este es el punto clave:

"El estado de naturaleza tiene una ley de naturaleza que lo gobierna y que obliga a todos; y la raz�n, que es esa ley, ense�a a toda la humanidad que quiera consultarla, que siendo todos los hombres iguales e independientes, ninguno debe da�ar a otro en lo que ata�e a su vida, salud, libertad o posesiones" (Locke 1998, 38).

La ley natural, al igual que Hobbes, es para todos igual, pero la ley natural se lleva a la sociedad pol�tica en la que aquello que �ata�e a su vida, salud, libertad o posesiones", es observado ya por un Estado que rinde cuentas y un gobierno con divisi�n incipiente de poderes, de modo que la igualdad ya es garantizada no solamente por un rey, sino que adem�s por otros cuerpos pol�ticos. Esta igualdad sin embargo, tendr� que seguir circunscrita, como lo hemos visto a todo lo largo de este ensayo, a una igualdad de los valores del individualismo, no a una igualdad general como si lo preconizaba Rousseau, y que iba m�s all� de la propiedad y las posesiones, sino una igualdad de un miembro frente a otro independientemente de su condici�n econ�mico-social. La igualdad en Rousseau va enfocada hacia la igualdad defendida por la Revoluci�n francesa.































CONCLUSIONES

Es importante precisar d�nde y c�mo se pierde la noci�n de s�bdito y c�mo aparece la de ciudadan�a en la realidad hist�rica. Esta noci�n puede hacerse realizando algunas comparaciones �ltimas. Por ejemplo, para el caso espa�ol es f�cil resolver el dilema, puesto que un individualismo doctrinario no se observ� de manera end�gena como s� en el Reino Unido (donde el paso de s�bdito a ciudadano est� mediado por el individualismo), y el paso de s�bdito a ciudadano en Espa�a se dio de manera directa (sin intermediar la idea de individualismo, mucho m�s arraigada en los anglosajones), con la entrada de los diputados liberales espa�oles y americanos de las Cortes de C�diz de 1812, por influencia de la Revoluci�n y la Ilustraci�n francesa. En el Reino Unido, la corriente del individualismo de desarrolla inmediatamente antes que la de ciudadan�a, la cual vendr� cuando la publicidad se desarrolle bien entrado el siglo XVIII (de acuerdo con Habermas alrededor del a�o 1727).
En un principio la ciudadan�a no se desarrolla propiamente, ella tendr� sentido s�lo si se establece primero su equivalente espec�fico: el individualismo; la ciudadan�a aparecer� cuando al individualismo liberal se le agreguen nuevas nociones liberales p�blicas como la libertad de expresi�n y pensamiento; entonces, mientras el individualismo, la libertad y la ciudadan�a se generalizan y toman fuerza, la noci�n de s�bdito prevalecer� porque tampoco desaparecer� la figura del rey en el gobierno y como soberano del Estado, aunque al final dicha figura se convertir� progresivamente en una noci�n nominal con el paso de un largo periodo de tiempo en que ir� perdiendo fuerza, hasta el punto en que actualmente los ciudadanos ingleses s�lo se identificar�n como s�bditos cuando miran a la figura ornamental de la reina en Inglaterra. En este sentido, desde nuestro punto de vista, Hobbes sienta las primeras bases para el individualismo contractualista liberal pero a�n no el liberalismo pol�tico porque para este �ltimo no hay elecci�n libre de los individuos para la definici�n de su gobierno, mientras que �ste por su parte, no le otorga respuesta obligatoria, sistem�tica y formal  a los individuos en sus acciones de gobierno.
Por otra parte, el caso franc�s ser� distinto. Despu�s de innumerable cantidad de disputas antes, durante y despu�s de la Revoluci�n, los liberales burgueses revolucionarios implantar�n la divisi�n de poderes, e inspirados entre otros por Rousseau, el liberalismo llegar� cuando los burgueses se conviertan en ciudadanos y le otorguen a la voluntad general el estatus necesario como para que los gobiernos se encuentren supeditados a esta voluntad. Con la Revoluci�n, los miembros roussonianos adquirir�n la noci�n de ciudadan�a con los Derechos del hombre y del ciudadano, al destronar por completo el absolutismo de Luis XVI y dejar atr�s la figura de s�bdito casi de tajo. Si bien esta figura pretende regresar con Napole�n, el liberalismo revolucionario ya inoculado en �l, habr� avanzado lo suficiente como para que la noci�n de ciudadano ya no se vuelva a perder. A diferencia del Reino Unido, en Francia la ciudadan�a era m�s importante que el individualismo (en Francia el individualismo era mucho m�s considerado que en Espa�a, pero tal vez menos que el Reino Unido), y para este caso no es necesario crear un equivalente individualista antes que la ciudadan�a. La ciudadan�a en Francia es una herencia directa del renacimiento, la tradici�n greco-romana, el individualismo burgu�s liberal y sobretodo de la Ilustraci�n que retoma, fortalece y potencia la noci�n de ciudadan�a. El individualismo en Francia se consolidar� despu�s que la ciudadan�a preconizada por la Revoluci�n, con el ascenso de la burgues�a liberal.
Como vimos, los casos del Reino Unido y Francia son hasta cierto punto diferentes. La ciudadan�a no puede pensarse en Hobbes, pero si lo podemos observar esbozado en Locke y Rousseau. A�n cuando Hobbes muestra los inicios tempranos de un liberalismo incipiente, se muestra contrario a la idea de desaparici�n del s�bdito, mientras que es profundamente promon�rquico. Locke es individualista, pero mucho m�s liberal que Hobbes, Rousseau adem�s de liberal radical es comunitarista por ese car�cter, dejando de lado el individualismo insular ingl�s. La respuesta inmediata de ciudadan�a para Espa�a, Italia y Alemania es negativa, mientras que para E.U., Reino Unido y Francia es afirmativa. Todos los pa�ses muestran sus propias formas y tiempos de cambio de s�bdito a ciudadano, pero en el momento en que aparece un cuerpo de Lores en Inglaterra, o cuando se verifican la independencia de las colonias norteamericanas y la revoluci�n francesa, la idea de s�bdito estar� condenada a quedar atr�s.
En este trabajo nos pudimos percatar c�mo la noci�n de individualismo, muy importante para el liberalismo adquiere forma en un mundo europeo occidental en plena transformaci�n. Hobbes reivindica el individualismo liberal pero a�n sin ciudadan�a, no hay que olvidar que en Gran Breta�a se observa el surgimiento temprano de agricultores libres que experimentan una conversi�n temprana de nobleza a capitalismo agrario, y esa transformaci�n en bien entendida por Hobbes con su visi�n mon�rquica. Locke permite el paso de ese individualismo liberal al fortalecimiento a�n mayor de ese logro temprano de Estado unitario que hab�a conseguido Gran Breta�a, donde el individuo ten�a una relaci�n con ese Estado mucho m�s asociativa que subordinada. La experiencia francesa, por su parte, estaba ya buscando en Rousseau el uso del Estado para liberar al individuo; la aportaci�n principal de nuestro autor radica en la idea de voluntad general heredada a la Revoluci�n, que luego estar� representada de manera omnipotente por ese asambleismo revolucionario que vendr� con toda su fuerza en la Revoluci�n francesa de 1789.

La ciudadan�a s�lo se podr� considerar completa cuando ella est� basada en un liberalismo pol�tico, este liberalismo puede ser individualista econ�mico, pero tendr� que ser tambi�n individualista pol�tico para poder completar la noci�n moderna de ciudadan�a.





























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