AROMAS


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Un aroma especial, dir�a yo que medularmente familiar, porque su olor se ha quedado en el album de mi vida como una m�sica eterna que suena en muchos rincones de esta casa donde hace a�os viv�a con mis padres. Es quiz�s la ventaja mayor que se tiene cuando se vive en un hogar, los recuerdos se quedan en cada rinc�n y los olores marcan cada lugar donde ocurri� esa escena o donde los paisajes de tu vida se han quedado impresionados en las paredes. Y el olor, ese olor que se hac�a un hueco en la ma�ana sobretodo de los d�as de fiestas, cuando �l, mi padre,se afeitaba a la antigua usanza y remataba la perfecta operaci�n del rasurado con una friega de colonia, esta colonia, su colonia.



Me dir�n que ahora �so es casi una barbaridad. Darse colonia en la piel de la cara acabado de afeitar; sin embargo era costumbre, de esta forma se evitaban infecciones o dem�s monadas que se produc�an con las finas hojas de la navaja de afeitar.



Despu�s de esta explicaci�n comprender�n que este aroma, que esta colonia no sea para m� un simple olor, sino que su aroma se haga presente en cada momento porque va unida a retales de mi vida que no se repetir�n m�s. Es algo as� como la sinfon�a de los latidos del coraz�n Algo que nuestra generaci�n conserva y guarda como "los olores del hogar". Ha quedado perdida en la repisa del cuarto de ba�o, quiz�s mirando con pena como otros poductos son ahora los que m�s se usan. Pienso que incluso puede que forme un s�lo decorado que va desde su botella de pl�stico con las letras cl�sicas que le dan nombre, como si fuese un dibujo de azulejo y deje a los dem�s art�culos para uso personal siempre conservando su reinado en la parte m�s alta.



Las colonias han cambiado totalmente, antes eran un elemento indispensable para despu�s del ba�o, aquel ba�o de ba�era inmensa en la que incluso podr�as nadar un poco, meter la cabeza y quedarte a todo lo largo de ella como un pez lleno de espumas de jab�n que semejaban nieve. M�s tarde el enjuague y por f�n el secado y la colonia.



Y poco a poco el papel de la colonia ha quedado en segundo plano; ya ni siquiera las se�oras muy mayores huelen a maderas o a lavandas. Sus olores se elevan al olimpo particular de los perfumes caros y de tarros de cristal tallado. Ha sido el duelo m�s descarnado que ha tenido un producto de ba�o en toda su vida. Y pienso que su papel ahora es m�s bien de testigo que de protagonista de las vidas que se van desarrollando entre las paredes donde habita o mejor dicho, trata de no dejar su hueco como esperando que alguien en alg�n momento de necesidad lo tome.



Y es precisamente el uso que hago yo de esta colonia, unas veces como perfumador de la ropa guardada en los cajones de la c�moda al igual que los jabones entre las s�banas y la toallas. Dos marcas que se han merecido el honor de formar parte de m� y de mi vida porque van unidas precisamente a las personas que firmaron mi existencia. Y debo confesar que tambi�n hago uso de ella cuando el alcohol brilla por su ausencia en el tarro correspondiente y el agua oxigenada hace idem de idem. De sabidas es que precisamente este elemento atrae m�s la sangre, pero su papel de limpiar las peque�as heridas y dejar las manos libres de cualquier indeseable bichito que nos puede producir un desagradable disgusto, es m�s que conocida.



Y seguimos con el tarro de pl�stico en la repisa para estos caso particulares, aunque su verdadera finalidad ha sido revocada por otros productos. Pero su presencia ya se ha convertido en algo eterno. Como dije antes un elemento m�s del decorado con una finalidad que se utiliza alguna vez,... en pocas ocasiones.



Es precisamente el a�ejo color, la familiaridad de su forma, el marr�n de sus letras, ese desarrollo en vertical, el que ya se ha hecho tanto a nuestra retina que es imposible no darse cuenta de su falta cuando por cualquier motivo cae de la repisa o simplemente lo hemos cambiado de lugar sin darnos cuenta. Y sigue el olor en las s�banas y entre las toallas de la vieja c�moda remozada y convertida en mueble de culto. Un c�ntico al recuerdo y a la riqueza de vivencias que conforman mi vida.

Y mientras miro por el ventanal veo tras la vidriera blanca del cuarto de ba�o, all� arriba, la botella plastificada de esa colonia que di� olor a tantas ma�anas y a tantas experiencias. El aroma de los sentimientos dir�a yo.....
DAMADENEGRO2007


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PLAZA DE SAN ANTONIO EN CADIZ (MI CIUDAD)

Perdida en el centro del casco antiguo fue la testigo principal de un d�a que marc� mi vida y la de mi padre; un z�nit de felicidad, llegamos a la cumbre de nuestro cari�o cuando, vistiendo las primeras galas de mujer baj� del taxi negro ante la puerta del Casino Gaditano situado en la Plaza de San Antonio para mi puesta de largo. Un vestido blanco, hermoso, sencillo y c�ndido vest�a este cuerpo que respiraba alegr�a por cada poro mientras mi padre vestido con su uniforme me llev� desde la acera hasta la entrada del Casino. Una hora despu�s comenz� el Danubio Azul y el primer baile oficial que me dejaba en una sociedad m�s o menos carca, pero hermosa para m� porque lo ve�a todo con los ojos de la ilusi�n, de casi una ni�a a pesar de los 18 a�os que ya ten�a cumplidos. Pero eran otros tiempos, otra forma de ver la vida.

Ahora el Casino se ha visto desbordado por una hamburgueser�a de corte USA y sus cristaleras quedan empa�adas por el paso del tiempo y sin embargo, todav�a veo en ellas la sombra de un padre y de una hija que en un mes de septiembre bailaron su primer vals solos. Y volvamos al ahora: el tr�fico es infame en la plaza y para nada ha servido el aparcamiento subterr�neo que se abri� en sus entra�as, puesto que es demasiado el parque m�vil para unas calles tan estrechas y de tantos cruces. El olor por la calle Buenos Aires (menudo nombre para lo que se ha convertido), hace que tengamos que taparnos lar narices cuando tenemos que pasar por ella bajo signo de necesidad mortal como es la cita con la declaraci�n de la renta en la oficina sita en dicha calle.

La iglesia de San Antonio ocupa su lugar de honor en la plaza pero su fachada llora l�grimas de "palomina" y de aves que para nada respetan las caras irreconocibles de sus santos, pastan a su gusto por los hombros de San Antonio, imagen que se conserva dentro de la iglesia en una capilla especialmente dedicada al santo; donde las solteras dicen los dichos.... que le ense�aban la liga para sacar novio. El en este tiempo no creo que se fije en esas cosas. Ha visto como su plaza se ve invadida de coches y casi se revuelve en su madera de pino para no ver lo que se asoma por sus puertas. Y m�s all� en esa profundidad tranquila y en la soledad de los bancos de la parroquia, podemos observar sentados el paso del tiempo por el altar mayor y sus capillas laterales. La pena se hace presa de nuestros sentimientos puesto que el abandono es bastante notorio. Hace falta un limpiado a fondo de todo.

Desde un lateral de la iglesia encontramos la omnipresente farmacia ya con cara nueva y puerta que se abre autom�ticamente, qu� diferencia entre un paso de acera a acera��. Un poco m�s all� esa tienda que ha cambiado tanto de due�o y de ropa.. infantil, juvenil y creo que ahora se debate entre permanecer abierta o cerrada. Me acuerdo que a�os ha, hab�a una tienda de muebles y es precisamente all� donde mi padre me compr� mi primer dormitorio azul de mozuela....

Un poco m�s a la esquina que se convierte en callej�n desembocando en la calle San Jos�, tenemos la oportunidad de tomarnos un buen caf�, pero no hagamos la tonter�a de sentarnos en sus mesas terraceras porque nos iremos oliendo a gases de dificil nombre. El estanco le hace competencia desleal con sus vicios ya casi prohibidos... M�s all� la tienda de las sopresas como yo la llamo, puesto que ofrece la ocasi�n de comprar la mercancia m�s variopinta para un regalo informal. Haciendo esquina con la calle Ancha tenemos una nueva tienda en la que encontramos todo un arsenal rescatado de los a�os 60�s, que tanta buena acogida tiene en la moda de ahora.

Atravesamos la calle Ancha para pasar a su otra cara. La sede del PSOE se nos muestra a�n con restos del huevazo de alg�n cabreado ciudadano o ciudadana que no est� de acuerdo con la pol�tica pero que siente admiraci�n por el edificio que se muestra orgulloso a pesar de su manoseo pol�tico actual; y siguiendo la misma acera est� esa casa hermosa, de familia de renombre gaditano, que ahora ha vuelto a brillar con el arreglo y la limpieza que le ha hecho el gobierno central para convertirla en la "Inspecci�n M�dica de Trabajadores en Baja no determinada" y donde se determina si una persona puede desempe�ar un trabajo o no. Dejando su finalidad actual, podemos deslumbranos con la edificaci�n tanto por dentro como por fuera de una casa gaditana del siglo XIX. Muchos m�rmoles, muchos azulejos que ahora lucen perfectos al lado de un invento muy posterior a su puesta como ornamento; el ascensor en necesario donde tantas personas con problemas de salud van a ser juzgados.

Atravesamos otro callej�n para dejarnos llevar por la nostalgia puesto que en este lugar hab�a una tienda de material para dibujantes y pintores durante los a�os 70�s y 80�s. Era realmente admirable la profesionalidad que ten�a su due�o y �nico empleado de este singular negocio. Una casa-puerta de las bellas casas de vecinos antiguas que ha recobrado mucho su esplendor gracias al plan de embellecimiento de las calles y casas con sabor t�pico. Y en lo alto est� esa torre que vigila desde una altura de cuatro pisos el mar que rodea la ciudad en previsi�n de que no se acercara ning�n malintencionado antig�amente.

Una tienda que ha cerrado y que creo que ahora es un bar. No estoy segura de �llo, puesto que es una esquina insoportable para pararse junto a ella, debido a que entra todo el tr�fico de la Alameda hasta el aparcamiento que hay debajo de la nueva plaza. Ya estamos en la continuaci�n de la acera que ahora acoge una residencia de ancianos a un precio elevado. "Para gente v�lida" dice sus estatutos. Tambi�n es una edificaci�n del siglo XVIII que ha sido remodelada para el f�n lucrativo de aparcar ancianos con dinero. Un poco m�s all� la UNED donde tantas horas hemos estado entre lecciones, ex�menes y charlas con los profesores. Yo siempre la he llamado "hervidero de genios".... Y la mejor mansi�n de C�diz, esa casa de estilo veneciano que hace esquina con otro callej�n t�pico. El balc�n de su segundo piso es digno de postales, fotos, loas y dem�s cosas que se le pueda dedicar. Sus antiguos due�os venidos de la Venecia antigua quisieron tener en C�diz su especial casa con todo el sabor de su tierra natal, pero sin embargo, �sta conserva mejor el aire que las que mueren poco a poco en la cuna de tan ilustre casa y apellido.

Y una menci�n especial a ese tramo que v� desde la salida de la plaza hasta el Parque Genov�s, porque all� est� la casa donde vivi� Don Jos� Mar�a Pem�n. Una casa donde ha habido de todo y que nos ha brindado la oportunidad de charlar con gente de letras de visita en tan especial inmueble. Hoy tambi�n recuperada de su mugre de a�os.

Y m�s o menos �sto es lo que encierra y se encuentra en la Plaza que adem�s tiene su territorio central dedicado al j�bilo de los m�s peque�os, a la ronda de las palomas, a las mesas y sombrillas puestas por el bar de la esquina y el cotilleo y ese bromeo constante que tienen los taxistas en su parada oficial, una de las pocas que hay en el centro de la antigua ciudad.

Es as� el coraz�n de C�diz y desde donde parten sus arter�as pricipales que desembocan todas en el mar.

DAMADENEGRO2007

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