SEXO INTIMO

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Palabra manoseada millones de veces, desmenbrada y analizada con las m�s potentes lentes para ver hasta sus m�s escondidos secretos, sin embargo qu� lejos est� todav�a de saberse que es realmente. Una palabra, una parte del cuerpo, una acci�n o quiz�s una perdici�n?.

Se escond�a por las calles empedradas de una ciudad medieval, quiz�s porque �l sab�a que podr�a encontrarla all�, precisamente en ese ambiente y porque sab�a t�mbi�n que ella relacionaba SEXO con esa �poca que poco parec�a tener relaci�n con su nombre y como un paciente var�n esper� y esper� a que ella viniese a buscarle.

Unos pasos... m�s de uno... muchos y sali� de su escondite tras el murete de un antiguo convento en ruinas. Los dos se dieron de bruces, casi rozaron los labios en un beso que se evapor� en el aire del deseo. El se puso a la defensiva, porque sab�a que ella era demasiado lista como para ser enga�ada. La mujer mir� y sonri� marcando esa media sonrisa que sol�a lucir cuando no estaba convencida de algo y le agarr� del brazo.

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Juntos uno al otro entraron en una peque�a tarbena mal iluminada donde pidieron dos vasos de vino rojo como la sangre y se apartaron en el rinc�n m�s escondido de ese lugar tan desagradable y tan solitario a la vez. Ella era mujer que sab�a muy bien lo que quer�a as� que lanz� el reto primero para ver si el hombre era capaz de dejar alto su pabell�n.

-Var�n eres por el adjetivo que lleva tu nombre, sin embargo poco calor veo en tu mirada esta tarde.

-Estas cosas sabes muy bien que siempre han sido consideradas propias de los varones sin embargo ahora parece que nos vais a ganar en llegar a la meta.

-Es t�pico en nosotras, muchos a�os disimulando que despu�s cuando se nos da cuerda nos pasamos de listas.

-Te has pasado de lista muchas veces, mujer?.

-Digamos que he tomado la ventaja algunas veces pero cuando ve�a que el contrario no estaba por la labor. Como hoy me ha ocurrido contigo. Escondido tras una esquina esperando darte conmigo de cara para hablar o quiz�s porque quieres algo m�s intimo conmigo.

-Eso sabes que es lo que deseo desde hace mucho; pero eres tan dificil de convencer.

-No soy dif�cil de convencer, soy dif�cil de satisfacer amigo mio y de ah� viene mi selecci�n. Muchas veces digo no y s�lo algunas pocas si.... porque s� de antemano que no me gustar� lo que me ofrecen.

-Y cuales son tus gustos b�sicamente?.

-Digamos que me gusta ser la primera en todo, me entiendes?. La primera en buscar, en encontrar, en seducir, en provocar, en citar, en hacer y en dejar....

-Bueno lo tengo... y que me dejar�as a m�?.

-Tu nombre lo dice todo no?. Tu ser�as el cofre que encierra el tesoro, yo simplemente probar�a una tras otra la llave que abre tu puerta, una vez abierta repartir�amos....

-Cada uno lo suyo o simplemente los dos lo mismo?.

-Cada uno lo suyo, puedes estar seguro de que s� perfectamente que somos diferentes y por lo tanto no vamos a reaccionar igual ante un mismo est�mulo. Una cosa queda clara: no te ir�as con ganas de m�s por alg�n tiempo...

-Bien me lo pones mujer, y que debo hacer para provocar esa reacci�n en t�?.

-S� un hombre nada m�s..... el resto viene adjunto.

Se puso de pi� y dej� que la capa cayera por su peso tras sus espaldas, llevaba m�s de dos a�os tras ella y no le hab�a hecho caso nunca... ahora se dignaba hablarle cara a cara y le lanzaba un desaf�o. Y para que estaba vestido pu�s, si no era para un desaf�o.. Cogi� a la mujer del brazo y ambos se perdieron por las escaleras que daban al piso superior, un largo pasillo les recibi� y sinti� el fr�o dejado en los rincones de dos seres, un hombre y una mujer, que iban hacia una meta cargados con el calor humano m�s inmenso que jam�s se hubiese visto y all� en la habitaci�n del segundo piso, destartalada y oscura, �l con su nombre que llevaba la carga de siglos se uni� a la �nica mujer que hab�a puesto en tela de juicio su existencia. Ten�a que demostrar mucho y las horas pasaban pronto, quiz�s demasiado pronto para ser el deseo m�s deseado... quiz�s porque estaba cansado de dar y no recibir nunca.

La melena negra rompi� el blanco inmaculado de la s�bana.

-Donde deseas?...

-B�scalo.

Segu�a jugando con �l. Y en juego se convirti� para ver un algo en su mirada, algo que le dijese que realmente iba por buen camino. Sin embargo, pasados unos minutos comprob� que su mirada segu�a siendo la de una mujer que no cre�a en nada y la dej� por imposible.

Se sent� en el borde de la cama. Le di� la espalda y al poco not� como ella fue desgranando las preguntas..

-Deseo o pasi�n?. S�lo o con amor?. Desnudez o vestiduras?. Roce o abrazo. Beso blanco o beso negro?. Suavidad o rabia?.

Como un automata fue contestando las preguntas, hasta que herido en su amor propio por la tenacidad de la mujer, el SEXO se volvi� ante ella, se ofreci� tal cual era; un guerrero que desea paz y que las armas que hieren o que duelen queden olvidadas. Entonces ella comprendi� que hab�a tenido �xito. Una vez convencido que no val�a la fuerza, ni las armas, ni las guerras, s�lo en la paz podr�an disfrutar los dos de su compa��a compartida.

La luz del sol parti� la sombra que proteg�a la casa, un deslumbramiento hiz� que ella despertara antes que �l. Se visti�, le di� un beso en la frente y le dijo:

Por una noche has sido m�o, dificil ser� que volvamos a encontrarnos SEXO, amigo....

***Dedicado especialmente a Viggo Mortensen que me hizo suspirar en cada mirada durante su estacia en C�diz rodando Alatriste***

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