Qu� pensamientos aturd�an tu mente mi querido amigo en esta tarde en que el oto�o se hace el remol�n y no quiere entrar. A la vuelta de la playa en donde el mar azul se hac�a desear bajo un sol de justicia y un levante casi desatado que levantaba olas de arena en esta nuestra playa tan cercana?.
Llena de ese salitre, con la sequedad producida por el viento, he subido a casa y preparando la ducha me he dado cuenta que las ventanas del dormitorio estaban tapadas por la cortinas de encajes.. persianas a medias, daban una penumbra a ese lugar de relajo y en la cama tu cuerpo dormitaba quiz�s llevado por el cansancio de horas de trabajo.
Me he acercado despacio, para que mis pasos se volviesen sordos hasta tu lado. Y all� he contemplado el hermoso teatro que es tu cuerpo desnudo llevado por los brazos del sue�o y d�ndote a lucir a estos ojos que no esperaban espect�culo m�s hermoso.
Una dulzura se ha apoderado de mi cuerpo, las manos han dudado en acariciar o quiz�s en comprobar si este sue�o de visi�n es real o me lo estoy imaginando. No he podido resistir el encantamiento de tu cuerpo. Atracci�n de imanes poderosos que en mis manos han hecho efecto. Una suave caricia he dejado sobre tu pelo abandonado en la almohada y quiz�s ese beso casi caricia que te he dado en los labios.
Te has movido remol�n, saboreando el beso y quiz�s el sabor de la sal ha hecho que de tu sue�o hayas vuelto. Y con un mirar de ojos entornados, mi due�o se ha despertado: sabes a sal.... a sal y mar, amada.
Y me he dejado caer a tu lado estudiando cada �ngulo de tu rostro. Esos ojos negros que me miran casi en sue�os y esas manos cruzadas sobre tu pecho.
Eres demasiado bello, mi adorado amor. Y remol�n cierras los ojos de nuevo; quiz�s haci�ndote desear, quiz�s porque el sue�o te viene de nuevo.
Y de lado te has quedado mudo, con los ojos cerrado y luciendo ese cuerpo desnudo... que bello��. Y poni�ndome de rodillas al filo de la cama te comtenplo, esos labios de jugo dulce, cuanto deseo me llega... tu frente despejada, all� donde nacen los sue�os, la nariz en largas respiraciones y un suspiro escapado en un momento. Y esas manos apasionadas y escondidas ahora para m�, que se cruzan en tu pecho.
La llama de la pasi�n me ha quemado por dentro. Y he sentido ese latir especial que se siente cuando se desea el deseo. Y he querido despertarse, pero no lo he hecho porque casi sacrilegio me parece traer al mundo de los despiertos a este sue�o que dormido est�, levitando en mi lecho.
Hasta la ducha he llegado, en los placeres de agua de masajes me he dejado las ansias que me poseyeron mientras te contemplaba all� dormido y yerto. Y esos chorros de agua pura se han mezclado con el gel morado y la crema que resbalaba por mi cuerpo ha jugado al escondite all� donde m�s te deseo. Espuma de grandes bombas que me aprisionaban el pecho y un poff se han desvanecido cuando la respiraci�n ha hecho hueco.
Sigue el agua cayendo y juega con mi cuerpo entero. Cierro los ojos y cada canal se convierte en manos de terciopelo. Templada est� mi ducha, que calma el calor del cuerpo, ansias de pasiones desatadas por la visi�n de tu cuerpo. Te deseo tanto en estos momentos... pero no quieto perturbar el sue�o.
A mi espalda he sentido la mampara abrirse y unas manos de terciopelo me han masajeado la espalda jugando con el agua y el gel morado... son tuyas o es mi sue�o��.
Y dos cuerpos bajo el manantial se mojan de geles y de suaves besos. Tu boca hace de roce entre mi saliva y el agua que est� cayendo. Que delirio es este sue�o��. Besos que me vuelven loca y que poco a poco por mi cuerpo van cayendo y tu espalda sirve de escudo en donde hace de remolino y salpica mi rostro.
El placer llega al punto m�s alto del conocimiento y con las manos tomo tu cabeza marcando ritmo y lugar concreto. Y saciado de tus ganas y de mi placer llegado al extremo, me miras con una dulzura que me llega muy dentro.
Baja la mujer que soy hasta el destino concreto y haciendo miles de cabriolas con el gel y el agua templada cayendo, te da ese masaje que te hace musitar sin entender que est�s diciendo y en uno de esos antojos, levantas los brazos y gritas a los cuatro viento.
Volvemos a estar a la misma altura, tus ojos en mis ojos ciegos, la pasi�n desbordada y los deseos satisfechos.
Vuelvo, vuelvo y secados del agua, nos vamos hasta el lecho donde yacen los amantes hasta que el sol se ha puesto.