Fue de estas casualidades que ocurren en la vida; esas que se quedan plasmadas en el coraz�n como si fuesen relicarios vivientes y testigos de que tu coraz�n en un momento dado puede latir por alquien que ha estado miles de veces a tu lado, sin embargo las hadas del destino hacen que unos minutos insignificantes basten para llenar un vac�o en este coraz�n apasionado que late dentro de m�.
Est�bamos de viaje, un viaje de �sos en que te metes en una gran ciudad buscando restos del pasado. Una de esas ciudades en la que no piensas como un destino cultural a nivel de encuentros ancestrales, simplemente que es poseedora de un museo en el que se guardan tesoros milenarios en su mayor�a robados en las campa�as b�licas con otros pa�ses o en las donaciones de ricos empe�ados en poseer en sus s�tanos relicarios milenarios y que llegada la hora de la muerte los dona al museo de su ciudad.
El lugar en realidad poco importa, pero s� es importante el c�mo y el por qu� ocurren ciertas cosas.
Te conoc�a desde hac�a algunos a�os, entonces compart�as tu vida con tu esposa; jam�s me pas� por la cabeza entrar en esa vida tan ordenada y llena de ambiciones. Y sin embargo aquel paso de peatones nos marc� a los dos para siempre.
Un corto paseo en compa��a de una amiga con sus dos amigos canes: Adriano y Trajano (mi amiga tiene debilidad por los c�sares romanos), despu�s de un paseo por la gran ciudad, buscando un reposo en las retinas y quiz�s un poco de charla con esa amiga lejana a la que nunca olvidas y que deseas tener a tu lado. Muchos a�os compartiendo los mismos gustos y ese viaje me colm� de satisfacciones amistosas y de conocimientos nuevos en una civilizaci�n que lucha por ser cada vez m�s r�pida y competitiva. Y en un momento dado, en un cruce de calles, un paso de peatones con sem�foro cambi� tu vida y la m�a.
Sab�a de mi libertad, pero conoc�a tambi�n la falta de la tuya, eras terreno privado y jam�s, te prometo que se pas� por la cabeza meterme en medio de casa ajena. Sin embargo aquella tarde y en aquel paso de peatones me d� cuenta de que algo especial me estaba ocurriendo cuando me top� con tus ojos, esos ojos que hab�a mirado tantas veces, pero ese d�a la mirada fue distinta.
Con perros y la botella de agua en la mano, las dos amigas (entradas ya en la treintena) pararon su paseo a borde del paso de peatones. Una pareja estaba unos metros m�s adelante queriendo parar un taxi, �sos que de amarillo pintan sus carrocer�as. Un gesto y un help me llamaron la atenci�n porque me resultaron conocidos.
Mi amiga con risa alegre coment� en alta voz,"lo llevas claro si piensas que van a parar aqui". Y �l se volvi�. Mis ojos se quedaron clavados en los tuyos. �Qu� hac�as all�?. No sab�a que estabas de vacaciones. Un silencio rode� la escena, pero tus ojos no se apartaron de los m�os. S�lo una voz rompi� el encanto del momento; tu se�ora reclamaba tu atenci�n para que, por favor parases un taxi porque no pod�a m�s con sus pies. Entonces ella se di� cuenta. Tu mirada continu� fija en la m�a. Cual era el motivo, no lo s�...
Quiz�s porque nunca me hab�as visto de esa forma, tan deportiva, con un can de la mano, con mi botella de agua en la otra, llena de vitalidad y distinta. Sin ning�n tipo de adorno, sin el vestuario aunque informal, pero s� de cierta etiqueta que suelo llevar. Fue quiz�s �so.. o quiz�s fue el destino que te lanz� un aviso especial.
Tu se�ora se di� cuenta de lo que pasaba, inquieta te hizo mirarla y pregunt� que pasaba. El sem�foro no cambiaba y all� los cuatro form�bamos un cuadro de lo m�s grotesco que se pueda imaginar.
Sal� al paso con una frase ingeniosa:
"No pod�a pensar que te iba a encontrar aqu�, est�s de vacaciones??.."
Esto te hizo reaccionar y me presentaste como una compa�era de trabajo, aunque en realidad no era tal; simplemente que nuestros trabajos nos hac�a coincidir algunas veces. Mi amiga tambi�n fue presentada como tal amiga. Y tu esposa en cambio reaccion� de una manera extra�a. Se comentaba que era muy celosa, qu� te hac�a la vida un poco dif�cil con sus celos. No lo s�, un fr�o apret�n de manos fue el �nico saludo bajo una mirada de recelo que me hizo sentirme mal.
Y quiz�s porque llegaste a intuir ese recelo y mi sinceridad de sentimientos, trataste de poner un poco de calor donde el hielo estaba reinando en una escena carente de sentido. La mirada de tu esposa me trataba de alcanzar hasta el interior, no s� es como si me tratase de filtrar para saber que hab�a en mi interior hacia t�. Y quiz�s su actuaci�n fue el detonante que hizo que tu relaci�n oficial terminase como termin� y que aquella mirada en un sem�foro de una ciudad lejana y ajena a nuestras vidas, nos uniese un tiempo despu�s de la manera que nos une ahora.
Y curiosamente me enter� meses despu�s de que tu matrimonio hab�a terminado en un divorcio; al menos ten�as la ventaja de no tener hijos y �so hizo que fuese menos traum�tica la separaci�n y el proceso dif�cil por los constantes impedimentos que ella puso a la disoluci�n del v�nculo, por lo menos no afect� a terceros. Aunque s� que pasaste una mala temporada y que tus amigos te ayudaron fielmente, esos amigos que siempre te han dado su apoyo porque eres hombre que se merece todo el respeto del mundo, ya sea como profesional y como persona.
Y a�os despu�s la casualidad nos hizo quedarnos a solas, despu�s de muchos encuentros en nuestro �mbito laboral y precisamente en aquel momento me d� cuenta que en tus ojos hab�a esa misma expresi�n, no s� como definirla, quiz�s de socorro, que v� en aquel sem�foro lejano.
Hemos hablado mucho, hemos paseado juntos, hemos cambiado impresiones muchas veces y nos hemos contado todo lo que acontece en nuestro interior. Y en un momento determinado nos hemos dado cuenta de que algo especial nos ha ligado a los dos para siempre. Y esa mirada especial se ha apoderado de tu ojos ya no s�lo en un momento dado en un paso de peatones; ahora los ilumina siempre. Esa mirada llena de dulzura, de sentimientos, de descubrimientos, de encanto.
No me gusta desear mal a nadie, s� que tu separaci�n fue bien para los dos, y que no tuve nada que ver con ello porque estaba cantado que cada uno ir�a por un lado pronto. Sin embargo me sent� feliz de saber que ahora pod�as disfrutar de tu vida; esa vida entregada a tu trabajo eficaz en donde has alcanzado nombre y fama; has vagueado por el mundo de la poes�a porque siempre tuviste alma de poeta; has participado en cientos de coloquios sobre el ser humano, t� precisamente que has tenido tantas experiencias en tan pocos a�os. Te has convertido en un hombre ejemplar.
Y debo confesarte que primero te admir� por lo que hab�as conseguido, despu�s te d� mi amistad porque eres un hombre de valores, te d� mi confianza porque s� que siempre que te necesite te tendr� a mi lado y por �ltimo te amo, porque re�nes todas las condiciones para que seas digno de amor; qu�z�s has conseguido lo que jam�s pens� que pod�a ocurrir: que el amor me hiciese desear compartir mi vida con alguien. Ahora la comparto contigo, como comparto todas mis cosas, pensamientos y obras y me gusta adaptarme a ti.
Aquella mirada en el paso de peatones entre Adriano y Trajano fue la llave que abri� la puerta de mis sentimientos. La llave est� perdida porque no quiero cerrarla jam�s.