Muchas veces le hab�a o�do hablar de Manolete, era un incondicional del "maestro", que se desplazaba hasta cualquier punto de Andaluc�a donde el diestro toreaba y estuvo presente en la corrida que supuso la muerte del matador. Muchas veces me contaba cosas de �l, su seriedad y su arte, su mundo y su familia, su reinado y su ca�da como un mu�eco de trapo bajo los cuernos de Isleros de la ganader�a de Miura.
Pero ha tenido que transcurrir mucho tiempo para que �l descansara en paz y yo, poco a poco he puesto en orden todos aquellos recuerdos escondidos en cajas de cart�n. De esta manera me he dado cuenta de la verdadera devoci�n que mi padre tuvo por Manolete; conservaba todo lo referente al diestro: las entradas de las corridas, fotos y comentarios de viejos peri�dicos que se vuelven amarillos cuando les da la luz del sol; publicidad en tela de muchas corridas y por supuesto aquella que hac�a menci�n a Linares, all� donde cay� el hombre que pudo hacer del toreo un arte y muri� como deben morir los matadores, a los pies de un toro de una ganader�a como Miura.
Grato ha sido por lo tanto para m� encontrarme con esta edici�n firmada por Gonzalo S�nchez Agust�, gran conocedor y aficionado taurino, que ha querido poner claro esa relaci�n que mantuvo el diestro con esa mujer mexicana que revolucionaba todo aquello que tocaba. La verdad es que se hace dif�cil imaginar a un hombre como Manolete, tan fr�o y serio en todas las fotos con una mujer que se sale de sus propias fotograf�as, un verdadero bullicio de risas que conquist� al "divino" como le llamaban los afincionados al mundo taurino.
A lo largo de este interesante libro para aquellos que por un motivo u otro estemos m�s o menos puestos de las cosas de los toros y de sus hombres, nos enteramos de como surgi� la atracci�n entre la mexicana bella, con ojos negros y llenos de pasi�n que puso en tela de juicio precisamente el buen juicio y la frialdad de Manolete. El hombre que se enfrentaba todos los d�as a la muerte, cay� a los pies de esta mujer que dif�cilmente puede saberse como vino a parar hasta el lado del torero y m�s a�n entrar en un mundo tan herm�tico como era el que rodeaba a Manolete.
Jefa de todo lo que ocurr�a, Do�a Agustias madre de Manuel puso en estado de alerta a apoderados y cuadrilla del matador contra la mexicana, de tal forma que no pudo ni siquiera entrar en la enfermer�a donde Manuel muri�. Las puertas permanecieron cerradas para aquella mujer que estaba a punto de casarse con un torero que ya pensaba en retirarse y que se notaba cada vez m�s d�bil.
Todo un mundo que puede resultar raro para quien no haya vivido el aire donde el toreo y las corridas de toros hayan sido una afici�n importante. Yo lo he vivido hasta los catorce a�os tanto en compa��a de mi padre como de mi abuela paterna que sol�a ir a la plaza de Jerez en coche de caballos. Naturalmente los toros eran en aquellos tiempos un pasatiempos m�s para m�. No se ten�a en cuenta la edad ni el sexo; simplemente era algo de la tierra y lo �nico que se iba a ver era el arte de los toreros y la raza de las ganader�as.
Y una vez que he le�do este libro he comprendido como un hombre como Manolete lleg� a levantar tantas pasiones, algunas de ellas enfermizas como la misma enfermedad (desconocida) que le estaba arrebatando las fuerzas y las ganas para seguir con el toro. El hombre quer�a retirarse, casarse con Lupe y dejar ese mundo extra�o capiteneado por su madre Do�a Agust�as, que siempre le rode�. Pero Islero estaba esperando al diestro y le dej� all� a sus pi�s cuando estaba con el estoque clavado. La muerte m�s segura, seg�n dicen los entendidos, cuando un toro coge al torero una vez que ha sido espadeado hasta el final.
Tambi�n me ha resultado grato saber quienes eran esos nombres que tantas veces he o�do en conversaciones taurinas, periodistas, fotogr�fos, aficionados, apoderados, ganaderos y gente que siempre se mov�a en este mundo que parece abierto pero que realmente est� cerrado a todos, dejando a los toreros y a sus gentes dentro. Casi una orden monacal que no permite que ning�n extranjero penetre en sus tierras.
A lo largo de 310 p�ginas el autor nos hace entrar en ese mundo que rode� al torero y a la mexicana alegre que rebozaba salud, todo lo contrario que Manuel que siempre fue enfermizo y que se comentaba en aquellos mentideros, que la coca�na era su �nico soporte para seguir toreando. Un hijo �nico de esta Do�a Agust�as que en todo lo referente a su v�stago era quien mandaba y ordenaba. Pero Lupe entr� y por algunos momentos le di� al matador la alegr�a que todo hombre necesita.
Al final del libro el autor nos da una referencia de todos los nombres que aparecen en el libro, su oficio y su relaci�n con el torero. Es donde quiz�s he encontrado a personas que me sonaban de mis a�os de ni�a; de haberlos o�do a mi abuela y a mi padre. Una manera de acabar la relaci�n de esta mujer con este hombre que en s�lo dos a�os pudieron sentirse como tales. Vivieron juntos sin casarse, incluso �l no tore� durante 1946 para poder estar con Lupe todo el tiempo pero Linares esperaba, e Islero ya estaba preparado para matar a un matador.
***************************
A las 5 horas y 5 minutos del 29 de agosto de 1.947, en el hospital provincial de Los Marqueses de Linares, muri� el "Califa de C�rdoba", al entrar a matar al toro "Islero" de la ganader�a de Miura, que le propin� una cornada en el muslo de la pierna derecha.
******************************
+ En Memoria de mi padre y de mi abuela.