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La televerdura
Los ecologistas estamos de enhorabuena (si,
no me miréis así, soy ecologista: ya sabéis que ahora
se lleva ser comprometido, solidario y enrrollao. Es lo políticamente
correcto.) y también lo están los vegetarianos (yo no lo
soy, todavía): por fin ha sido sustituída la telebasura;
y ha sido sustituída por algo tan sano y nutritivo como lo es la
televerdura.
Hemos pasado de nutrirnos con caspa, que aunque se trate de tejido epitelial
seborréico de origen animal y que aunque tenga proteínas,
calorías, amén de otros nutrientes, pues no deja de ser
una marranada; hemos pasado, digo, a disfrutar en la pequeña pantalla
de la más diversas manifestaciones que estas entrañables
plantas traen consigo.
No nos ha abandonado, por desgracia, esa interminable sucesión
de programas sobre sucesos que con el afán de informarnos deleitando
nos muestran a todo color el sufrimiento ajeno, ni esos concursos abominables
que la única satisfacción que aportan al televidente -azafatas
aparte- es ver la cara que se les queda a los que pierden (tratan de guardar
la compostura y sonreír, pero se les notan las ganas de estrangular
a los competidores y al presentador) Pero por suerte, ahora podemos disfrutar
en televisión de una serie de personajes relacionados con las hortalizas.
Por ejemplo ciertos individuos que nos adivinan el porvenir estudiando
el aspecto que presentan las lechugas o los apios; nada de indigestas
piedras o conchas, nada de insípidas bolas de cristal o barajas
manoseadas. "El vegetal es lo más natural" - Se pueden
quedar la frase para usarla como lema, si quieren - "Tu vida futura
está en las verduras" -esta es casi mejor- Así que
ahora mismo me voy a por un tomate para ver lo que me depara el destino.
¿Y qué decir de ciertas damas que comentan sus hábitos
alimentarios, que presumen de ser vegetarianas y airean a los cuatro vientos
el número y calidad de los nabos que han engullido? Algún
pepinillo habrán probado también, aunque como son bien criadas
y discretas, eso no lo cuentan. También caballeros hay que dicen
apetecer dichas hortalizas, que ya está bien, declaran, de comerlas
a escondidas dentro de un armario. Y digo yo: qué tontería
meterse en un armario a comer verduras, entre calcetines y corbatas, desde
luego hay gente muy rarita... De todas formas hacen bien en airear sus
costumbres, porque si no lo hacen ellos, ya se encargarán de hacerlo
ciertos profesionales expertos en hurgar en sus cubos de la basura, y
si de paso se ganan unos euros, pues mejor que mejor.
También hay señoras - y caballeros - que parecen dedicarse
a la comercialización de productos hortícolas, y que ya
tienen tan aprehendido el hábito que, a las primeras de cambio
y ante España entera comienzan a insultarse, a mentar a sus respectivas
madres, como si las pobres tuvieran la culpa de que sus hijos hayan salido
así. Todo esto a gritos, como si estuvieran pregonando su mercancía.
En algunos casos acaban a bofetadas, en el caso de los señores,
o tirándose de los pelos, en el de las damas; comportándose
unos y otras como las mejores verduleras del mercado central (esto no
es cierto; las vendedoras del mercado son infinitamente más educadas).
Yo no afirmo que este espectáculo no sea bochornoso pero, como
dijo el Profeta Mediático (que Alá tenga consigo), el medio
es el mensaje. Y ya que esta gente no sale en la tele porque es famosa
sino que es famosa porque sale en la tele, veo bien que por lo menos que
hagan algo para entretenernos.
Yo, aunque siento vergüenza ajena viendo estos programas de televerdura,
al final siempre acabo riendo a carcajadas (será que los ecologistas
somos masocas) Y por esos buenos ratos que me paso riéndome a su
costa - Que por algo cobran, ¿no? - quiero dar las gracias a esos
televerduleros tan divertidos, porque aunque den la impresión de
ser mentalmente vegetales, ellos son, en definitiva, la alegría
de la huerta.
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