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Profecía
celta
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| - Escuchad, guerreros: >>Veo el mundo que aguarda, y nosotros no tendremos lugar en él. Desaparecerán nuestros castros, y en su lugar se levantarán edificios de granito y pizarra. Estos montes, siempre verdes, serán surcados por caminos hechos de una sola piedra negra que se derrite con el Sol y los hombres correrán por esos caminos de día y de noche en carros que no irán tirados por ningún animal, pero que serán más veloces que todo lo que conocemos. No habrá entonces guerras aquí, pero los hombres se matarán con esos carros. Tendrán extraños rituales que les llevarán a bañarse en el lago y subir a esas montañas más altas en grupos.>> El druída hizo una pausa que aprovecharon sus ayudantes para secarle el sudor que manaba de su frente. Después continuó: - Se me eriza el cabello cuando veo lo que les aguarda: >>No cultivarán estas tierras, pero comerán alimentos que a veces les envenenarán, inhalarán extraños humos que les harán enfermar; buscarán lo que no tienen y despreciarán lo que ya poseen, y así enfermarán más sin darse cuenta. De nuestro recuerdo solo quedará una extraña música realizada con instrumentos que me son desconocidos, a esa música le darán nuestro nombre. Solo os puedo decir para terminar, que cuando esto ocurra tendremos la suerte de estar todos muertos, también los hijos de nuestros hijos y los hijos de sus hijos.>> |
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Dicho esto, el druída sufrió un desmayo. Mientras era atendido por sus acólitos, el resto de los hombres comenzó a abandonar el círculo de piedra. La ceremonia había concluido. De camino hacia el castro, uno de los guerreros comentaba a su amigo: |
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| Paco Espada. | |
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