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El mejor amigo del
hombre
El perro,¡Qué animal tan curioso!
Siempre va por ahí con la lengua fuera, oliendo todo lo que se
encuentra y meneando el rabo. Es sorprendente que un animal semejante
sea el mejor amigo del hombre por definición (suponiendo que el
hombre como especie pueda tener amigos). Por desgracia, hay casos en los
que el hombre no es precisamente el mejor amigo del perro.
Es tan patente la simbiosis entre hombre y perro que todos conocemos el
manido tópico de que todo perro se parece a su amo. Y puede que
sea cierto en muchos casos.
Pero, ¿Por qué y de donde viene esta unión, esta
simbiosis tan arraigada? Yo aventuro la siguiente hipótesis:
La relación hombre-perro puede proceder de una especie de "división
del trabajo" en el ámbito de las tareas de la caza a lo largo
de la evolución de ambas especies. De hecho, ya aparecen restos
de cánidos junto a fósiles humanos en yacimientos arqueológicos
pertenecientes a épocas prehistóricas. Se puede deducir
de este dato que el ser humano aprendió a cazar en épocas
remotas observando las técnicas cinegéticas de otros animales
que, como los leones, los lobos o los perros, cazan en grupo y de forma
coordinada. Quizá a estos últimos fuera más fácil
ahuyentarlos para robarles la caza que hubieran cobrado, lo que pudo motivar
que los perros fueran seguidos más de cerca que otros carnívoros.
Con el paso del tiempo y al evolucionar los homínidos, las tornas
debieron de cambiar; los hombres tuvieron más éxito que
los perros en las tareas de la caza y estos últimos pasaron a seguir
de cerca de sus extraños socios, convirtiéndose en meros
ojeadores. Los hombres entonces seguirían a los perros, que con
su potente olfato detectarían mejor la caza, y luego serían
aquellos los que cobrarían las piezas. Cuando estas fueran demasiado
grandes para transportarlas enteras al campamento las despedazarían
y se llevarían las partes más suculentas, dejando los restos
para los animales.
Así, los perros ya tendrían un buen motivo para estar cerca
de los hombres: podrían darse un festín a bajo precio, es
decir sin gastar energía en cazar. Esta interacción llevaría
a una colaboración cada vez más estrecha, hasta que los
canes llegaron a ser propiedad de los hombres. A este aspecto también
puede contribuir la propia organización social de los perros, que
al constituirse en bandas con una estructura jerárquica piramidal
con un líder en la cúspide tiende - según aquellos
que han estudiado que han estudiado a estos animales - a ver a su dueño
como el líder natural de la manada, de ahí su fidelidad
absoluta.
Quizá esta relación simbiótica pueda apreciarse mejor
en áreas rurales. Recuerdo que una señora de Barcelona que
estaba de vacaciones en mi pueblo me expresaba su perplejidad por el número
de perros "vagabundos" que había en las calles. Su sorpresa
fue mayor cuando le expliqué que todos los perros tenían
sus dueños, pero que hacían su vida social aparte, en la
calle, y que solían estar con sus amos cuando estos les solicitaban
para alguna tarea, como acompañar al ganado.
Como dije antes, algunos humanos no son los mejores amigos de los perros,
y aunque hay personas que los miman (conozco gente que le pone a su perro
abrigos en invierno, y hay que ver las trazas que llevan los chuchos),
otros los abandonan cuando se cansan de jugar con ellos, ya que olvidan
que los demás animales no son juguetes, otros ahorcan a sus perros
de caza cuando ya no les resultan eficaces, y los mas "humanitarios"
los entrenan para pelear con otros perros en combates organizados para
hacer apuestas, práctica que, como es obvio daña terriblemente
al animal, cosa que parece importarles bastante poco a sus dueños.
Por suerte, estos son minoría y, atendiendo al concepto de simbiosis
hombre-perro, los que realizan estas prácticas se alejan bastante
de lo que considero una de las partes de esa simbiosis, es decir, de la
condición humana.
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