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Onírica 7
El auditor volvió a menear la cabeza. El Doctor Von Heuber no
lograba hacerle entender la esencia del experimento; su ayudante, Radek,
sentía que sus nervios iban en aumento. Radek, adjunto de Von Heuber,
llevaba dos años trabajando en este proyecto; comenzó precisamente cuando
el Doctor abandonó la anterior línea de investigación para tomar la
actual, como impulsado repentinamente por una inspiración divina. Y ahora
el programa podía irse al traste por una cuestión de contabilidad. Radek
intuía que esta investigación era su vida, y aunque su jefe siempre
parecía ignorarle, su interrupción sería algo irreparable para él. Von
Heuber continuaba explicando la índole del trabajo que llevaba a cabo,
aunque por su expresión, el auditor no parecía muy convencido. - La ciencia de base tal vez no parezca útil para la
compañía - hablaba el doctor, haciendo un gesto vago con las manos - pero
sus aplicaciones pueden ser una mina de oro. Imagine que la gente pudiera
ir de vacaciones a donde se le ocurriera sin moverse de un asiento, como
en aquella película... ¿Cómo se llamaba? Da igual. Y piense que su
compañía fuera la que suministrase esas vacaciones en
exclusiva... Pero volvamos al experimento - le apremiaba el
auditor, que mantenía su rictus escéptico - No acabo de entender de un
modo concreto en qué consiste; si no puedo plasmarlo en el informe,
difícilmente podré aconsejar que la dirección continúe
subvencionándoles. - Creo que ya se lo he
explicado varias veces, pero se lo resumiré de un modo sencillo: Este
ordenador sueña. El auditor miró con aire de incredulidad a la caja
metálica que encendía y apagaba lucecitas verdes y rojas sin un sentido
aparente. - ¿Me está diciendo que esta... esta
máquina está soñando ahora? - Exactamente - Dijo
el científico mientras palmeaba suavemente la CPU - Le hemos introducido
un programa especial que hemos llamado Onírica 7; perdone por la licencia
poética. Al ejecutarse el programa revierte la información en la memoria,
de modo que (esto sería largo de explicar) el sistema lo interpreta como
un sueño "personal". Ahora, por ejemplo, cree que se encuentra en una
selva, en pleno periodo carbonífero, paseando entre helechos gigantes e
insectos fabulosos - Eso es imposible - protestó
el auditor - el ordenador solo está ejecutando un programa, no tiene
pensamientos ni sentimientos propios... - Ahí se
equivoca - respondió Von Heuber con aire de triunfo - Este es un modelo de
última generación que hemos evolucionado en estos dos años. Tiene un
sistema de autoaprendizaje que se perfecciona con la información que le
vamos introduciendo; con el tiempo se ha convertido en un "colaborador"
más. Por otra parte, su disco duro descifra los códigos que le
introducimos igual que nuestro cerebro descifra códigos de colores,
sonidos y demás informaciones que necesitamos para vivir; en ese sentido,
no hay apenas diferencia entre él y nosotros. -
Hay una pequeña diferencia: la conciencia. Si esta maravilla sueña es por
que duerme, y cuando no duerma estará despierto y consciente... - Es posible - el científico lanzó una mirada pensativa a
la máquina - aunque todavía desconocemos la naturaleza de esa conciencia.
Quizá "crea" que unas veces está consciente y otras durmiendo. - Y esa idea de las vacaciones... El ayudante Radek tuvo
un mareo repentino. Trató de rechazar las imágenes que se cruzaban en la
oscuridad, tan parecidas a algunos sueños que había tenido en ocasiones...
ese insecto enorme, de más de un metro tal vez , que le perseguía entre
árboles gigantescos y desconocidos. Recuperó la conciencia y miró a su
alrededor, todo en orden. El exceso de trabajo de los últimos días le
estaba pasando factura, por si fuera poco, el profesor le estaba
contagiando su nerviosismo. Volvió a escuchar la voz de este,
deshaciéndose en explicaciones. - El "turista"
estará conectado mediante un cable de conexión neuronal, la tecnología no
es problema, la tenemos desde hace tiempo. El ordenador le transmitirá los
impulsos, y esos bytes, bien controlados serán las vacaciones. - ¿Y para cuando...? - Bueno, - el
doctor Heuber carraspeó antes de continuar - aun hay que revisar ciertos
detalles, eliminar interferencias... - Claro,
claro... ¿qué tipo de interferencias? - Verá, a
veces los monitores muestran el programa, es decir, el "sueño" y en cambio
otras... - Heuber señaló perplejo a una pantalla - otras pasa esto; se
supone que está soñando, pero... Todavía no he logrado comprenderlo. En
el monitor solo se veía reproducido el laboratorio con sus utensilios y a
Heuber y el auditor de espaldas, inclinados sobre la pantalla. El auditor
se pasó una mano por el rostro, lanzó al científico una mirada de
interrogación. - Desconozco si se trata de algún
virus - Heuber, sin perder la expresión de perplejidad continuó - A veces
tengo la impresión de que el ordenador despierta del sueño y me observa...
es como si me siguiese con la mirada. - Es una
locura - rió el auditor- un aparato que sueña, que se
despierta... Radek no pudo seguir escuchando; volvió a sentir que la
cabeza se le iba, que volvía la oscuridad, esta vez el mareo era más
fuerte, como si una fuerza centrífuga le arrancase de su eje. Regresaron
las visiones, de una nitidez perfecta, tan perfecta que él estaba dentro
de las imágenes, que le rodeaban por entero. Las libélulas gigantes se
acercaban peligrosamente, le perseguían batiendo con vigor sus alas
irisadas a través de un bosque de árboles desconocidos, helechos gigantes
quizá; veía seres reptantes de pesadilla, plantas de colores inauditos...
Sabía que era (o todavía era) el profesor adjunto Radek, que solo tenía un
mareo, una pesadilla. Pero una pesadilla tan definida en su realidad
horrorosa como no había tenido nunca otra. Solo un sueño, como el de la
máquina, Onírica 7... Las libélulas estaban cada vez más cerca, pero, ¿y
si...? ¿y si...? Radek corría por el bosque prehistórico sin atreverse a
terminar la pregunta. - Ya está - exclamó Von
Heuber con aire de triunfo - se ha corregido solo. De todas formas tendré
que revisar estas anomalías, no se puede dejar nada al azar. Aquí tiene el
sueño del ayudante Radek, que es como yo llamo a mi querido cacharro en la
intimidad...
Paco Espada |