Mundial de Alemania

 

¡Verano! ¡Vacaciones! ¡Playa! Un momento… acabo de recordar que a principios del mes pasado estuve en las fiestas de mi pueblo, y como hacía mucho calor para cargar con el pendón en la procesión de la Virgen, decidí que era mejor darme unos baños en el lago de Sanabria, cosa que hice con deleite. Hasta ahí todo bien. El único contratiempo fue Descubrir que una tripa incipiente amenaza con sobresalir de la cintura del bañador. No es que yo haya sido nunca muy flaco, pero esto no puedo consentirlo, por otra parte, no tengo edad para pasar hambre con dietas milagrosas y la palabra régimen se me antoja siniestra. La alternativa va a ser, por tanto, hacer deporte. Me dedicaré a correr todos los días que pueda a fin de ponerme en forma.
Se que va a ser duro con este calor mesetario; pero no sufráis por mi; me he entrenado mentalmente viendo todos los partidos del mundial de fútbol de Alemania. Si esos jovenzuelos de la selección española pueden aguantar, qué no podrá un recio cuarentón como yo, que hizo la mili y todo.
Ahora que menciono el mundial, me gustaría aportar mi granito de arena al análisis del funcionamiento de la selección española, que sin duda hizo un papel inmejorable hasta que pinchó en el momento más inoportuno, como suele pasar siempre.
Comencemos por las partes de su sistema: el portero bien, aunque no le dieron demasiado trabajo, y los goles que le metieron no fueron por su culpa. La defensa muy bien, aunque con errores tácticos; el centro del campo muy bien, de los mejores del mundial, y la delantera otro tanto, de las más goleadoras del campeonato. Por último la línea de apoyo, es decir, el “jugador número 12” o afición, esta parte a mi juicio ha estado mal.
Me voy a centrar en el análisis de la línea de apoyo, que es la que necesita más correcciones y es la que nos toca a todos más de cerca; porque nosotros, la afición estamos eufóricos cuando “ganamos” y cuando “el equipo” pierde lo echamos a los perros, y yo creo que no hay para tanto. En el partido que jugó España contra Túnez después de marcar el primer gol esta última, el público español estaba callado como una tumba, en contraste con el principio del partido y el final victorioso, ¡cómo gritaban entonces! Ni que ya fuéramos campeones… Después, contra Francia éramos los mejores antes del partido y los peores del mundo al finalizarlo… Siempre en la versión de aficionados y periodistas.
Yo que soy seguidor confeso de cierto equipo de Madrid que viste uniforme a rayas (como los condenados) he vivido tardes en el Calderón viendo a mi equipo perder por dos o más goles y el público no paraba de rugir, animando hasta el último segundo aunque no hubiera posibilidad de remontar el partido. Eso es lo que yo entiendo por afición; fé ciega e irracional que llega al corazón. Un dirigente político italiano, Bettino Craxi, vino a decir que la grandeza se demuestra manteniendo la lucha incluso cuando ya no queda esperanza. Creo que esa idea sirve tanto para el fútbol como para muchos otros aspectos de la vida, que un poco de irracionalidad bien entendida puede ser un revulsivo en un mundo que parece ser movido por intereses no del todo claros. Por ello pongo a nuestra afición un suspenso mejorable en los próximos campeonatos y, si en ellos volvemos a perder, que por lo menos nos hayamos divertido gritando y animando (en el campo, que en casa sería escandalera y menoscabo del decoro)
Si nosotros podemos exigir a los jugadores que no bajen los brazos en ningún momento, ellos están en su derecho de pedirnos apoyo incondicional. No seamos como los bancos, que nos ofrecen el crédito cuando no nos hace falta y nos lo niegan cuando estamos con el agua al cuello.
¿A que venía toda esta brasa? Ah, que voy a empezar a correr hoy mismo (como luchar sin esperanza) ¿Qué será mejor? ¿Zapatillas nuevas o viejas? ¿Con cámara de aire o sin ella? ¿En qué te estás metiendo, Paco?

Paco Espada.

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