El m�vil. Ese artefacto que se ha convertido en la estrella indiscutible de estos tiempos tan posmodernos, posindustriales y posloquesean. Es omnipresente; �qui�n no tiene un tel�fono m�vil a fecha de los corrientes? Basta con salir a la calle para encontrarse con riadas de humanos que, sin distinci�n de edad, condici�n o sexo, caminan �caminamos- con el aparatejo pegado a la oreja como hablando solos, repartiendo con la mano que les �nos- queda libre manotazos, bendiciones y todo tipo de aspavientos, como en un trance de posesi�n. Y es que quiz� estemos pose�dos. Primero fue la tele, despu�s el ordenata con su secuela, Internet, y ahora el m�vil. No se puede negar su utilidad; si te quedas, por ejemplo, aislado en medio del desierto ya no es necesario que recurras a hacer se�ales de humo, como los indios; haces una llamada con el m�vil y a esperar a que vengan a rescatarte � siempre que tengas cobertura, claro - . Con este instrumento de alta tecnolog�a siempre estar�s comunicado. Ya no te servir� como excusa para un plant�n que no hab�a forma de avisar a la v�ctima de tu escaqueo; aunque siempre se puede recurrir al socorrido �me qued� sin bater�a� o �me dej� el m�vil en un caj�n� etc. Las parejas se regalan m�viles entre s� - �ser� para tenerse mutuamente controlados? � y las empresas entregan m�viles a sus empleados -�ser� por lo mismo? � en fin, la octava maravilla de las comunicaciones. Lo que ya no me parece tan maravilloso es lo que cuesta mantener el dichoso aparatito. Si se utiliza la tarjeta prepago, el dinero fluye armoniosamente del bolsillo del usuario a las arcas de la compa��a operadora; armoniosa y abundantemente, todo hay que decirlo. Existen, desde luego, infinidad de tarifas y modalidades de pago, todo son facilidades que al final siempre confluyen en lo mismo: te has gastado la pasta que hab�a en tu tarjeta y no sabes c�mo. Recuerdo la entra�able an�cdota de una buena amiga m�a, que se le estrope� el cargador de su tel�fono y estuvo una semana sin bater�a y, por tanto sin poder hacer llamadas, cuando por fin pudo cargarlo consult� su saldo descubriendo, con la l�gica alegr�a que esto supone, que en esa semana se hab�a gastado m�s de mil pesetas por arte de birlibirloque. Yo no digo que exista mala fe en la conducta de las compa��as telef�nicas, todo lo contrario, ya que su fin �ltimo es el de maximizar beneficios; pero si creo que deber�an actuar de una forma m�s elegante con los consumidores, y sobre todo m�s transparente. Si no me equivoco, dos de cada tres espa�oles disponemos del artefacto en cuesti�n, del cual nos tendremos que deshacer dentro de poco para comprar otro m�s moderno, debido a la pr�xima aparici�n en el mercado de aparatos de �ltima generaci�n �suena bien, �verdad? � Es el tributo que hay que pagar para estar a la �ltima, y que forma parte de las llamadas �estrategias de obsolescencia planificada� que se han acentuado con el cambio tecnol�gico, pero de esto ya hablar� en otra ocasi�n. Lo que yo me pregunto es qu� va a pasar con esas decenas de millones de m�viles que van a ir a la basura, �quedar�n por ah� tirados, con sus bater�as y otros elementos contaminando el entorno? �o los reciclar�n los propios fabricantes, d�ndose entonces la paradoja de que acabar� recomprando parte del aparato que acabo de tirar? Son misterios que esconde el futuro; misterios que s�lo conocen los dioses, es decir, las grandes compa��as tecnol�gicas. |
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