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Mortadelo y Filemón
Ahora que han estrenado una película sobre Mortadelo y Filemón,
creo que se debería reconsiderar la historia y vida de estos personajes
creados por ese genio llamado Francisco Ibáñez, no solo
como publicación infantil, también como reflexión
sobre la sociedad española que hemos conocido, y que ha ido cambiando
de aspecto como un proteico Mortadelo.
Yo era muy pequeño cuando los conocí, y ya entonces eran
disparatados y surrealistas; capaces, como buenos españoles, de
lo mejor y de lo peor.
En sus acciones nunca faltó la crítica social. Siempre había
un guardia de la porra con muy mala leche, dispuesto a darles pal pelo,
escaso, eso si, en bien del orden público. También había
un patrón tiránico encarnado por el "Super". En
algunos casos la crítica alcanzó cotas sublimes, por ejemplo,
en una historieta en la que nuestros gerifaltes del deporte organizaban
nuestra participación en una olimpiada, lingotazo de Chivas va,
purito Montecristo viene. Cuando ya habían metido a todos sus familiares,
queridas y amigotes en el séquito oficial, a alguien se le ocurrió
decir:
- Ya que vamos a una olimpiada, ¿No deberíamos llevar algunos
atletas? Se nos han olvidado los atletas...
En fin, cosas de España.
Creo que Mortadelo y Filemón merecen un reconocimiento mayor del
que tienen ya que, en mi opinión, Ibáñez no tiene
nada que envidiar a autores como Moebius, Max u otros creadores de cómic
de campanillas. Quizá si Ibáñez hubiera nacido en
Francia, Mortadelo y compañía serían ahora personajes
de culto, como Tintin o Axterix; seguramente habría para ellos
alguna etiqueta de esas que suelen poner los expertos para que las creaciones
no se les vayan de las manos. ¿Qué tal surrealismo cómico-crítico?
O algo así de estúpido.
Claro que, si hubieran nacido en otro país carecerían de
ese encanto absurdo que les caracteriza y que es tan nuestro. Tal vez
sería como querer plantar naranjos en Finlandia. Lo que no se da,
pues no se da.
Por eso la existencia de estos agentes secretos tiene una cara y una cruz.
En la cara la genialidad, la inverosimilitud hilarante. En la cruz el
escaso reconocimiento que han tenido en comparación con el que
se merecen. Todos hemos leído sus tebeos, pero a la hora de la
verdad pensamos que solo son cuentos para críos, como si los niños
fuesen (o fuésemos, que nosotros también fuimos niños)
tontos.
En fin, más cosas de España.
Tengo ganas de ver esa película. Quizá me decepcione, o
quizá me parezca genial. Lo que importa es que alguien la ha hecho
y que se puede ver. Y de una cosa estoy seguro: se habrá hecho
con el máximo cariño porque Mortadelo Y Filemón forman
parte desde hace muchos años de los recuerdos de los actores, del
director y de la mayoría de de los que intervienen en el film,
como forman parte de los míos y los de muchos otros.
Larga vida a Ibáñez.
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