�Alguien hoy en d�a cree a�n en los esp�ritus?
     Yo en concreto, no demasiado; sin embargo la otra noche, cuando miraba el cuadrito que se encuentra en la mesa del sal�n, a mi izquierda, sent� un escalofr�o.
      En dicho cuadro hay una fotograf�a de los rosales que hay en mi casa, en Vigo; y entre los rosales se ve a mi abuela Maruja � que ya no est� entre nosotros � con mi madre. Digo que sent� un escalofr�o porque, mientras me llevaba a la boca la taza de caf� que hab�a preparado para pasar la noche, mirando distra�do la fotograf�a, tuve la sensaci�n de que alguien me pasaba la mano por la espalda al tiempo que dec�a:
- Anda, que tienes espaldas de  molinero�
    Naturalmente, gir� la cabeza hacia un lado y hacia el otro, pero no hab�a nadie.   L�gico,  c�mo iba a haber alguien si estaba s�lo en casa. Adem�s, la dichosa frase s�lo la podr�a haber pronunciado una persona: la se�ora de la foto, mi abuela.
    Yo, lo confieso, me asust� un poco, y tentado estuve de llamar a alguien para pedir ayuda. Pero, para qu�, si de todas formas todo quedaba en familia. No proced�a meter en esto a los cazafantasmas cuando de lo que se trata es de mantener una relaci�n fluida con aquellos que nos quieren � supongo que  mi abuela me seguir� queriendo a pesar de mis defectos � as� que pregunt� al aire: �abuela, �est�s ah�?�
    Ni se dign� a contestarme. Tampoco me molest� por ello, porque la mujer est� mayor, ahora tendr�a noventa y pico de a�os, y ya no son edades para andarse con bromas. Bastaba con hacerme saber que era ella.
    Todo un misterio, ya que cualquier esp�ritu declinar�a el trago de venir a molestarme sabi�ndome tan racional; pero ella, mi abuela Mar�a Victorina Tomasa Genoveva tiene la suficiente confianza como para presentarse sin avisar. Ni se molest� en hacer una aparici�n triunfal, simplemente me pas� la mano por el lomo record�ndome mi ser material, mi parte animada; todo aquello que es vida, que dura tan poco que lo m�s importante es no desaprovecharla. Mientras nos movemos � en cuerpo o esp�ritu � existimos, para despu�s pasar a la nebulosa extensi�n del recuerdo, y eso es lo que me quiere decir cuando me  mira desde el cuadro y el rosal, mientras mi madre sonr�e detr�s de ella.
    No s� si alguna vez volver� a sorprenderme con su visita, quiz� vino a comprobar si me he civilizado un poco, si he  madurado; lo que si habr� constatado es que mi      caligraf�a sigue siendo obra de los demonios, como ella dir�a.

MI ABUELA
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