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Marta parecía un caracol
Marta parecía un caracol, allí, acurrucada sobre la
hierba del jardín inglés, en un día brillante de
primavera en el que el prado resplandecía bajo los rayos del sol
sonriente.
Paco miraba a Marta con ternura; hacía apenas una semana que la
había conocido y ya no podía imaginar como seria el transcurrir
del tiempo sin ella. Recordaba momentos impagables a su lado, hablándole
en susurros de sus sueños, acariciando su piel húmeda y
nacarada. Era algo hermoso, aunque a veces Marta se enfurruñaba,
se retraía y entonces no había forma humana de tratar con
ella.
Marta se desperezaba lentamente, se estiraba con voluptuosidad bajo una
cúpula de trinos y perfumes, se dejaba acariciar por el sol mientras
las rosas estallaban en ríos de colores que fluían hacia
la mirada, cabezas rojas, blancas y amarillas se agitaban con la brisa.
Paco contemplaba a Marta con interés, observaba su cuerpo desnudo
y blanco, brillante de rocío; ella se movía lentamente,
de un modo que él le parecía perfectamente calculado, hacia
la piscina. La siguió con la mirada inquieto. ¿Sabría
nadar? Lo ignoraba, no se lo había preguntado, aunque seguramente
ella no le habría contestado.
Por un momento temió que se ahogara, pero para algo estaba el allí.
Había sido campeón provincial de salto de trampolín
el verano anterior; una zambullida en caso de peligro y asunto resuelto.
Recordo, sintiendo un hormigueo en el estomago la ceremonia de entrega
de trofeos. Todo el mundo le vitoreaba, su familia lo miraba con orgullo,
una ancha sonrisa dibujada en sus rostros. Tampoco le quitaba ojo aquella
chica morena que estaba en la grada de su izquierda; había estado
durante algún tiempo colado por ella y no se había atrevido
a decirle nada. Pero ahora era un gran personaje, podía acercarse
a cualquier chica con su halo de campeón. Quizás cuando
comenzara el curso en la Universidad...
Pero el curso comenzó y ella no volvió a aparecer ¿Dónde
se encontraría ahora?
Un instante después la había olvidado. ¡Se estaba
tan bien en el jardín! El sol primaveral le hacia cosquillas en
la cara y en los brazos, el cielo se veía rojo a través
de los párpados cerrados. Se imagino que así se vería
el cielo en Marte.
Abrió los ojos, un petirrojo le observaba desde la rama de un cerezo,
mas bien miraba hacia el suelo. El pajarillo debía andar de caza.
Paco sintió un ligero temor ¿Qué pretendería
cazar? El ave oteaba los alrededores desde su atalaya con rápidos
movimientos de la cabeza, iba fijando en todas partes sus ojillos negros,
botones diminutos, giraba la cabeza tan deprisa que a Paco no le daba
tiempo a seguirle; ahora miraba aquí, ahora allí, sin transición
visible. De pronto alzó el vuelo y desapareció entre los
brazos de un gran chopo.
Marta tomaba el sol al borde de la piscina, parecía adormilada.
Su aspecto era tan delicado que Paco pensó que seria tan fácil
destruirla... el poder de la destrucción...
"Siempre le cuentan a uno que es más poderoso el que crea
que el que destruye; es extraño que quienes tienen el poder pongan
tanto empeño en deshacer lo que antes crearon otros"
Paco pensó que tanto pensar no podía ser bueno; desde la
casa le llegó una voz, le llamaban para comer.
Se levanto con pereza y se dirigió a la piscina con paso lento,
que a Paco le pareció calculado. Se acerco a Marta procurando no
asustarla, se inclino sobre ella y la acaricio un instante.
Después la cogió con una mano y se la guardo en un bolsillo,
pensaba llevarla a un discreto rincón, donde estaría a salvo
de cualquier peligro. No seria difícil hurtarla un día mas
a la mirada de los depredadores, al fin y al cabo, Marta solo era un caracol.
Paco Espada
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