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Marea negra
Fernando pasa la página del periódico,
siempre noticias desagradables; quizá lo mejor sería salir
a dar un paseo, pero con este tiempo tan frío no le apetece sino
seguir encerrado en casa con el diario. Una sombra negra cruza el cuadro
del ventanal, es un cuervo. ¿Qué hará un cuervo aquí,
entre los edificios? Pasa una nueva página. De nuevo la marea negra
en Galicia, y un grito reivindicativo: "Nunca mais".
Exhibe un rictus de dolor al recordar esas playas que ha visitado algún
verano; el mar de olas faraónicas que amenazan con engullirlo todo,
y el horizonte que se destaca en un extraño efecto óptico
por encima de la vista.
Un rictus de dolor... tendré que ir al dentista un día de
estos, si lo dejo para más adelante será peor.
Nunca mais, grita el cuervo mientras picotea el cadáver de la costa
y extiende sus alas negras por las playas. El dentista da miedo, pero
no hay más remedio que ir, so pena que el chapapote se extienda
por todas las piezas y acabe pareciendo un viejecillo desdentado. El periódico
es aburrido, negro sobre blanco, acontecimientos negros. Ya no recuerda
cuando fue la última vez que hizo calor, le gustaría estar
en una playa de arena blanca con Ella. Las palmeras no serían estrictamente
necesarias, pero sí que estuviera Ella, y la arena, y las olas,
y el cielo limpio. Nunca mais gritó el cuervo que pasó por
la ventana... ¿Qué hará aquí un cuervo?
Fernando dobla el periódico cansado de catástrofes y vuelve
a pensar en Ella. ¿Qué estará haciendo ahora? Era
mucho más arrojada que yo; se metía al agua con la marea
alta y yo tenía que seguirla para no parecer un mequetrefe; que
me daba miedo aquel mar montaraz, casi tanto como el dentista.
Se queda dormido, soñando con mares de olas grandes como catedrales,
coronadas de crestas negras en las que chapotean unos niños que
ríen y gritan, vestidos de blanco de pies a cabeza, cubiertos de
manchas oscuras, y despierta con la sensación de haber dormido
durante siglos. El periódico ha caído a sus pies con las
alas extendidas, le da una patada que lo arroja fuera de su vista. Quizá
debería salir a dar una vuelta, pero con este tiempo tan malo...
Paco Espada
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