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Tambores de guerra
"La guerra es el último recurso de los
incompetentes" Isaac Asimov. La Fundación.
Ya tenemos otra guerra a la vuelta de la
esquina. Al parecer, el señor Bus Jr. ha decidido terminar lo que su padre
comenzó a principios de los noventa; entonces existía justificación, que
era la de liberar Kuwait del ejército iraquí, el cual, dicho sea de paso,
había sido armado y pertrechado previamente por los propios
norteamericanos en el marco de la guerra contra Irán, enemigo número uno
de EE.UU. en aquellas fechas. Entonces hubo una justificación clara, un
amplio consenso internacional, incluido el respaldo de la ONU (Aunque
entonces dijeron las malas lenguas que a Sadam Husein le fue sugerida la
invasión de Kuwait por la propia embajada norteamericana : tú invade, que
no pasa nada). En esta ocasión parece que es más difícil justificar una
intervención armada, ya que hasta ahora los inspectores que ha enviado la
ONU a Irak no han hallado pruebas definitivas de que este país posea armas
de destrucción masiva. Los norteamericanos hablan de indicios, pero claro,
no parece de entrada razonable matar a medio millón de personas, que es el
número de iraquíes que han calculado los expertos que morirán en la
primera acometida, por unos simples indicios. Aun así, parece que Bush
está dispuesto a seguir adelante con pruebas o sin ellas; y es que dá la
impresión de que a este caballero, a juzgar por sus antecedentes, le gusta
apretar el gatillo. Quizá lo que pretende el Presidente sea ocupar un
lugar en la Historia entre los grandes genios militares como Alejandro
Magno, Julio Cesar o Napoleón Bonaparte. En este caso sí se le podrían
encontrar elementos en común con estos personajes históricos, por ejemplo
el nivel intelectual. Como se sabe, Alejandro tenía unos conocimientos
políticos y culturales extraordinarios, en parte debido a su gran
inteligencia y en parte a las enseñanzas de su maestro, ni más ni menos
que Aristóteles; estos conocimientos los llevó a la práctica en los
territorios que conquistó, dotando de una gran uniformidad política y
cultural (helenismo) a pueblos dispares. Cesar tuvo tiempo en medio de una
intensa carrera política y militar de escribir "La Guerra de las Galias" (
Que no "La Guerra de las Galaxias", eso es cosa de Bush), una obra
histórica de capital importancia. Napoleón, desarrolló personalmente su
monumental Código civil, que durante mucho tiempo fue referencia jurídica
en Francia y otros países. En cuanto a Bush, todos sabemos más o menos de
su gran inteligencia y su vasta cultura. También se asemeja a estos
genios porque estuvo a punto como ellos de tener un final dramático:
Alejandro murió en plena juventud de unas fiebres malignas, como su amigo
Hefestión (¿envenenados quizá?) en la propia Babilonia del hoy dictador
Sadam. Cesar fue asesinado por un grupo de conspiradores republicanos (no
eran del partido de Bush, ojo) entre los que se encontraba su propio
ahijado Bruto. Y Napoleón murió solo y confinado en la isla de Elba.
George Bush casi muere al atragantarse con una galleta, algo
verdaderamente sublime en su trágica grandeza. Vidas paralelas al
margen, cuando el señor Bush ganó (es un decir) las elecciones
presidenciales, en esta ocasión más propias de una república bananera que
de un país democrático, yo me imaginé que iniciaría su mandato con alguna
guerrita, incluso aventuré como país candidato a Afganistán; ya que una
guerra contra este país no era muy peligrosa y dada su situación política,
fundamentalismo, mal trato a las mujeres etc, la opinión pública apoyaría
tal ataque. Subyace un motivo estratégico: un alto militar norteamericano
había explicado en los años ochenta que quien dominara el centro de Asia
dominaría al mundo. Después ocurrió el trágico atentado terrorista de
Nueva York y se produjo la invasión de Afganistán en el marco de la lucha
antiterrorista. Ahora le toca a Irak. El dictador Sadam puede empezar a
temblar, ya no solo por los americanos: también Aznar le ha advertido muy
seriamente, y eso ya son palabras mayores. Ahora en serio; puede que el
motivo de esta guerra sea que los norteamericanos codicien el petróleo
iraquí, no debemos olvidar que Bush pertenece a una familia de magnates
petroleros, y que la sangre es más espesa que el agua. Yo le pediría
humildemente al Señor Bush que abandone este proyecto de guerra en mi
opinión impopular y -por el momento- injustificada; que deje en paz a ese
medio millón de personas que pueden morir por su juego, que ya bastante
tienen los pobres con lo que tienen. Si quiere eliminar a Sadam, que lo
rete personalmente a duelo, los dos solos, al salir el sol, en su rancho
de Texas. Y si lo que quiere es petróleo, que coja un pico y se ponga a
hacer agujeros en el jardín de la Casa Blanca. Quizá con un poco de
suerte...
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