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Fría luz
Ahí estás, amor mío, inmóvil,
la luz fría de la habitación se añade al frío
de mis huesos, inútil coraza que descansa junto a ti, perdida en
el inmenso hospital, perdida en el revoloteo de mil batas blancas que
van y vienen de cama en cama indiferentes. Y tú sigues ahí,
sin moverte, durante días, abandonada a no sé qué
pensamientos, ¿Qué pensarás?, ahí están
esos tubos que se prolongan de un cuerpo inerte a unos imprescindibles
objetos muertos cuyos corazones de metal sustentan una vida exigua.
El atropello...ruido de frenos, un golpe, la gente corre, grita, las sirenas...
Ahí estás ahora, amor mío, junto a mí; continuamos
separados por el coma, separados por abismos de recuerdos inalcanzables;
se pierde todo aquello que debimos decirnos por los laberintos de la inconsciencia,
por los largos pasillos con paredes cubiertas de azulejos, sembrados de
cosas que no existen en aquel que fue nuestro mundo.
El cielo se cubre de sombras bajo la luz fría de hospital, fluorescentes
crueles que soportas en silencio mientras absorbes el rancio aroma de
formol y de tristeza.
El atropello, el ruido, la ambulancia...
Quizá volvamos a encontrarnos en ese mundo consciente y absurdo
que compartíamos tú y yo, entonces podré susurrarte
al oído todo lo que quise decirte y que no supe, y tú sonreirás,
con aquella media sonrisilla que me hacía sentir tan tonto y tan
feliz al mismo tiempo.
El atropello, el hospital...
Quiero que acabe pronto esto, quiero que acabe pronto... ha venido una
enfermera y se ha marchado corriendo, y tu estás ahí, amor
mío, tan callada. Ha regresado con un médico y la habitación
ha estallado de alegría, has salido de tu sueño, te levantas
de esa silla incómoda donde dormitabas, te acercas a mí
y me abrazas, me haces cosquillas en la cara con el pelo. Y por fin abro
los ojos a la vida.
Paco Espada
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