| La estrella azul
Volví a mirar por la ventana de mi alcoba. La estrella azul titilaba
junto al ángulo superior derecho del marco. Ahora me sentía
mucho mejor, más tranquilo, todo había salido bien.
Recordé a los tipos que había conocido el aquel bar del
centro, eran realmente divertidos; uno de ellos debía de saberse
todos los chistes de este mundo; pero el que me hizo verdadera gracia
fue el otro, creo que se llamaba Pepe, sobre todo cuando comenzó
a toser de aquella forma tan cómica... parece que al resto de los
parroquianos no le hizo tanta gracia, parecían bastante asustados
y yo opté por retirarme. Al fin y al cabo, mi labor había
terminado allí.
Encendí la televisión, estaban poniendo un reportaje sobre
no se qué islas paradisíacas; se veía un crepúsculo
y el rojo intenso de aquel sol me desazonó un poco; un paisaje
muy distinto de aquellos atardeceres de azul intenso que yo había
conocido. Pensé en llamar a mi compañera, pero recordé
que ahora era imposible debido a la distancia que nos separaba; posiblemente
dentro de tres meses se dieran las condiciones necesarias para establecer
la conexión; tenía ya tantas ganas de verla, tan hermosa,
tan distinta de las de aquí... hacía veinticinco años
que estábamos separados, y aunque no era mucho tiempo en realidad,
cada vez sentía más su ausencia, y la ausencia de los míos,
magníficos, superiores...
En la televisión hablaban ahora de la última enfermedad
que se había desencadenado en Asia. Hablaban de mil nuevos casos
en China; esto si que es una epidemia, pensé, y no la tontería
aquella del ántrax que había asustado tanto a esta gente.
Este nuevo virus se extendería por todo el planeta, y posiblemente
llevase a la raza humana a su extinción o, en todo caso a una merma
considerable de sus capacidades.
Las otras epidemias fueron un desastre, experimentos fallidos, el VIH
era demasiado lento y selectivo: dejaba fuera a los supuestos "virtuosos",
además, como efecto social secundario elevó el nivel general
de higiene, amén de provocar una aburrida serie de mojigangas moralistas.
De esta forma era imposible que toda la humanidad sucumbiera, como dejé
reflejado en mi informe. En cuanto al Ebola era demasiado rápido;
en un abrir y cerrar de ojos eliminaba a una población entera,
pero después el virus se quedaba sin nadie a quién atacar
y se moría de hambre.
Esas enfermedades eran un verdadero problema técnico, en cambio
esta... Me reí al ver en la pantalla las imágenes de una
ciudad asiática, toda esa gente con las caras cubiertas por máscaras,
como si fueran a servirles de algo. Unos monos patéticos que se
afanaban mucho en destruir ellos mismos a la civilización y la
especie, claro que tenían ayuda.
La epidemia seguía extendiéndose, de hecho estaba a punto
de darse el primer caso en Madrid. Pepe no sé cuantos se llamaba,
y luego vendrían más, pero este dato solo lo conocía
yo.
Volví a mirar a la estrella azul y me sentí muy satisfecho.
Dentro de poco los míos estarían disfrutando de esas playas
maravillosas. En tres meses podría volver a hablar con mi compañera,
y con un poco de suerte informaría de que ya se podían poner
todos en camino.
Paco Espada
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