¡FELIZ NAVIDAD! CON SUMO GUSTO
Luces de colores, nieve, regalos, villancicos, abetos... ¡Blanca Navidad!
Cada año, llega la Navidad, una fiesta que sin duda nos trae las connotaciones anteriores a todos, pero dudo que todos sepamos su verdadero significado. Eso sí, lo primero es decir que no me considero ejemplo de creyente a seguir y menos de practicante. Aún así, sigo dudando que los cristianos entiendan el signifiado de lo que para pocos es más que una fiesta, para algunos una fiesta más y para muchos unos días de vacaciones, sin más.
En Navidad todo se multiplica: el amor, la bondad, las misas, las sonrisas, la amistad... los recibos del banco... La gente compra y compra; al fin y al cabo, es Navidad.
Pues resulta que el otro día, por estas entrañables fechas, me acerqué a un centro comercial, esos tan amigos de la época y la época tan amiga de ellos. El caso es que había un tío gordo con barba de esos que llaman Papá Noel (Santa para los yanquis) y que curiosamente también se multiplican porque la historia habla de uno, pero ahora hay uno, sí, pero en cada esqueina. Ante el hombre barrigón había una cola de críos entusiasmados y en sus rodillas había un niño con una inmensa carta en las manos. Alcancé a oír su conversación:
- Y tú, ¿qué quieres que te regale, pequeño?
- Un action-nam, una moto de batería, una bicicleta, la Play-Station 2, cinco juegos para la "Play", la Game Boy Color, el Pokemon para la Game Boy...
- ¿No crees que pides demasiado?- lo cortó el Papá Noel.
- ¡No! Pero espera, que todavía no he acabado -replicó el chaval.
- Pues quizás no pueda comprarte todo eso.
- ¿¡Cómo que nó!? Pues me lo compras o mis amigos mayores persiguen tu estúpido trineo y te pegan una paliza que no lo cuentas.
El niño estaba rojo, como poseído, se levantó, le dio una patada en la espilla a Papá Noel y salió corriendo.
¡Menudo espectáculo! El espíritu navideño se respiraba en cada rincón... Seguí paseando por el centro comercial. Había mucha gente, bolsas, que si una oferta por aquí, un 2x1 por allá. Las cajeras no daban abasto para envolver paquetes y más paquetes. Empujones, pisotones, ¡feliz navidad! Me acerqué a la guardería de la superficie, ese sitio donde las madres dejan a sus hijos mientras van a hacer sus encargos para que el día 5 por la noche vengan sus majestades a adquirirlos. Los niños tenían que dibujar lo que era para ellos la Navidad. En un mural vi colgados algunos dibujos: regalos; un Santa Claus con regalos; los reyes, que no iban a ser menos, ¿qué llevaban? Regalos. También había un dibujo de un árbol de navidad, que, claro está, tenía un montón de paquetes. Y así una larga lista de dibujos por el estilo. Esa es la nueva navidad.
Ya me dirigía hacia la salida del centro comercial esquivando a personas con bolsas que más bien eran bolsas con personas. "¡Feliz navidad!" se oía por todas partes. En la puerta de salida, un mendigo entre cartones, tiritando de frío, con la mano extendida. ¡Feliz navidad, ha nacido el Salvador!
Veinticinco de diciembre, Nochebuena. Pavo asado, langostinos, turrón, polvorones, mazapán, sidra... Y mientras, en el resto del mundo mueren niños de inanición. ¡Feliz Navidad!
Sí, esta es la nueva fiesta navideña, construida sobre los pilares del consumismo. Esta es la nueva navidad, de la que gustan los empresarios. Y todo por rememorar un poquito de oro, incienso y mirra... Un gran negocio con la fe de los cristianos.
Quizás la Iglesia debería empezar a actuar, si quiere ser coherente con lo que predica, e intentar por algún medio -que seguro que lo hay- evitar el abuso de riquezas y la opulencia en favor de un reparto más justo. Con el poder que tiene la Iglesia actualmente, no dudo que pudiera cambiar la situación.
¿Pero qué esperamos de las futuras generaciones si dos meses antes de reyes bombardean a los niños con anuncios de juguetes comiéndoles el coco de tal manera que se ven casi obligados a pedir lo que ven? Para ellos eso es la Navidad porque es lo que se le pone delante. Quizás deberíamos empezar por la educación de los más pequeños para que en un futuro no sean carne de cañón de un consumismo desenfrenado.
Mientras la situación no cambie y sigamos haciendo de las fiestas navideñas la época favorita del alto empresario, nosostros, los que vivimos en el bienestar seguiremos consumiendo con sumo gusto.
Patricia B.G.