Inmenso mar de locura es el razonar del hombre
donde cada uno encalla sin saber por que
si no hay nada que nos ate si no hay nada que desflore
el languideciente espíritu del solitario ser.
En turbas indomables donde piel a piel se embiste
en el solaz que entregan los libros al leer
cada glosa es un ultraje cada elogio es oro hueco
y el repostar a glosas o a halagos solo sirve
para ver mas claro lo imposible del amar.
Quijote soy, Quijote he sido y le seguiré siendo
por que entre molinos me debato esperando conquistar
y los molinos que los vientos mueven
y los cueros de vino de embriagador aroma
indiferentes siguen a mi gesta de falaz.
De un lejano oriente sobre la capital del mundo
donde hoy reposa el milenario Kim
suenan las trompetas de los altos cielos
en voces imperfectas que quieren sanar.
Igual que tú yo digo cual dijera Sartre
el infierno son los otros
y todos se quejan
con razón cuando el otro
como uno mismo actúa
pues mendigos somos sin saber.
Desde Córdoba vienen voces hermanas
en el inútil gesto de querer castillos derribar
cuando de estos castillos no mana leche para criarnos
sino su rudeza de muralla con su afán de otros
buscando lo que afana al verdadero amor.
Lo he dicho muchas veces y en versos repito
si tengo amistad
por el tiempo de un rayo
es suficiente
por que la amistad no llega de inmensos continentes
sino de esas pequeñas islas que somos cada uno
aquejadas por el correoso salitre buscando
una gota del dulce mar de la amistad.
Yo en letras busco el molde que se perdiera un día
y cual padre enfermo les tiro en donde voy
igual que todos sigo buscando consuelo a mi destino
mas confundido estoy cuando calidez del mundo quiero
esta solo suele darla quien te ama de verdad.
Vuelve el Quijote a morir entre su sangre
al olvido sus gestas entregará por fin
y como un sabio haiku nos dice en su cortedad de océano
si el infinito
fuere vivir de nuevo
no es el salvación.
Por tanto yo regreso a partir de este momento
a mi castillo amado donde vermes no me atacan
a ese pequeño refugio de diez y siete sílabas ungido
donde
Vivo liviano.
Reposo sobre letras.
Oro sin oro.
y para ustedes les dejo la gruta y todo el mundo
desde el volveré al gusto de escribir
y otros al allí verme con gusto me odiaran.