Otrora las palabras podían tener algún significado.
¡Mas nunca!
¡Ya mas nunca!.
Millones de palabras
entre murmullos y arreboles mesiánicos
caen para partir indiferentes.
Fueseme dado antes de parirme
elegir mi castigo
y elegí hacer un verso perfecto.
Cuan fácil me pareció mi castigo en ese momento.
Será cosa de un corto despabilar
y después hasta luego
--pense en ese instante--
cumplido el castigo me largo a vivir.
No pude errar en peor forma.
Muchos años han pasado desde ese momento
ahora los recuerdo:
los primeros
con una tabla en la mano y un maletín bajo el brazo
-- bueno si he de ser sincero--
también había en esos días lugar a complacerme
entre páginas de revistas y diarios y versos imperfectos
-- nada del otro mundo-
unos pantis y ligeros eran suficientes para cada ocasión.
Después vino la gloria
por supuesto no me refiero ha haber cumplido mi condena
aunque tal vez de otra forma si fue así
y aún hoy sigue siéndolo.
Van ya veinticinco años en ello
claro entre tanto acoso de ganas
hubo algunas escasas ocasiones de probar otras formulas
pero bueno
aún me quedan dedos en la mano
sin ocasión oportuna.
Aunque cuando quise en ello mostrar cumplida mi pena
cuando dije:
--he aquí la tarea
ahora si me largo a vivir-
sentí un impúdico azote en la espalda
oí sus risas que causaron mi llanto
y un ve por lo cierto.
Entonces me puse como loco a escribir.
Al amor / al dolor / a la guerra
en fin a cuanta cosa se me pasara por la cabeza.
Varios libros quedan en el recuerdo del intento
pero no
aún sigo pegado a esta condena que yo mismo me impuse.
He intentado todo camino.
Mis manos con los años
adquirieron la torpeza de un párvulo en el manejo de la pluma.
Ya ni yo mismo me entiendo mis letras
y la metáfora / la métrica y la rima que un día pense dominar
se largaron no se para donde.
Solo persiste en mi la ignorancia ortográfica
la cual en forma inútil intento palear con la ayuda de un corrector.
Los demonios castellanos
con sus fonemas rebuscados e incorregibles
se han puesto en mi contra.
Olas indisolubles en ello martirizan mi espalda.
Mas ahora
algo alcance para palear mi pena
llego para mi una nueva comprensión.
Las risas no eran de burla.
Era el canto de la derrota del opresor vencido.
Pero ya es tarde para mi.
Se como
el triunfo del verso perfecto
alcanzo casi siempre al momento del vértice
mas mi condena me es ya necesaria.
Sigo en la inútil tarea de intentarlo en palabras
con el consuelo
de ver a muchos otros como yo
en el vano intento
de querer en palabras el clímax perfecto.