Llegó ahora
el turno al ángel.
Aquel oculto entre pliegues
que olvida
la piel expuesta al sol y las arrugas
y quien gusta
de poner en duda su existencia.
Una pierna en el recuerdo
y la otra a punto de perderse
mas hay que dar la lucha
buscar por los rincones
poner trampas al ángel.
Un mar celeste
tendiendo a ser un cielo verde
es una buena enredadera
y es que el alma si es infinita
no puede limitarse en un espacio
estas son dimensiones circundantes
donde su misterio se oscurece.
Unas migas de pan
unos granos de arena
una cobija
también son trampas para el ángel
cuatros gramos de sol y la piel se torna roja
entonces esta bien
comerse un caramelo de langosta
dejar quietos los meollos del alma
dejarla a ella
caminar sola sus pasos infinitos.
La academia es trampa para tontos
la cual yo merodeo
allí alguien dijo haber visto el alma en el Quijote
agitando quimeras a los vientos
y mi sed de vientos de intentar verla queda inconclusa.
Como toda empresa caballeresca
mi bosquejo del alma quedará para otra tarde
que se agita en la insensatez de una doncella
o en el humano confinado en su imprecisión.