Lapiz |
Lápiz noche soledad. Motores rugen en el aire cosas en mi rededor toman vida la vida se apaga en manos que no escampan. Fui reboté vertiginoso. ¿Quién le teme a los fantasmas? Mas dormido que despierto recuerdo su misterio y su misterio estando se me escapa. Pan vida y esperanza. Ondas pasan. Muestran el fermento en rededor de Jesucristo. Guerra intolerancia muerte. Un triángulo amoroso en el vello púbico de una mujer es capaz de estremecer a las estrellas. Mundo gentes quietud. A cada flor le importa un rábano la suerte de las ramas. Y las ramas sin la flor se sienten solas cuando el jardinero con sus pinzas las reclama. Innoble va la vida cuando la flor se corta y la vida sin la flor en un jarrón no es nada. Desgarre estremeces fibras telúricas. Ni uno solo puede liberarse del pecado de existir o existir sin su pecado de esperanza. Cada uno espera ver en el horizonte aparecer dorado su elefante. La música se mete entre mis gestos quisiera arrullar en sus brazos mis palabras. Los corazones laten al unísono de algo llamado fe la fe se mueve pudorosa con pasos de guirnalda. En el triángulo infinito de un pubis de mujer cada uno en sus pasos resulta en el fondo pudoroso y ansia el timón del mástil de sus sueños y el mástil de sus sueños se derrumba en la pequeñez de su esperanza. Tomo retraigo contraigo arrullo. La vida va cimentando vida mientras el tiempo clava sus raíces en la nada. La muerte se muestra en muchos aterrante. Para los pasos caminantes son una posada mas junto al destino vestida en festones de esperanza. Ella aguarda paciente a la vera del camino para restablecer el contacto original del triángulo en pubis de mujer y del mástil con que suele vestirse lo que aclama. Gentes reposando sobre senos de mujer pacientes dormitan ahora sueñan ahora viven ahora maman. En tanto la calleja de la vida se apiña rapándose las flores. Las flores pecando de belleza llamaron a la muerte. Ojos soñadores atrapan despedidas mientras ven pasar languideciendo la muerte de los vivos y los vivos parecieran desear el arrullo que rechazan. Es pecado intentar tocar el firmamento de otras vidas romper la corteza de un señalado trauma. Yo quiero ampollar larvas de palabras en cada corazón o robar caricias de sus manos mientras les entrego mis caricias mas sus ojos jardineros con sus pinzas me rechazan. |
Ricardo Muñoz - Rimuz |