Temeroso de todo acto
temeroso de vivir
o de morir
mi inclino suavemente
aferrándome a mis yugos
y te niego.
Y tú
apabullante
condenas mis pecados.
Y me aferro a toda perdida solución.
Sé que sólo la locura puede apartarme
e invoco extravíos
que crispan palabras
en espera de la inútil salvación.
Cuán cerca me toca su orfandad
cuán cerca se acicala el reproche,
y me aferro al escape inexistente
de sosegarme en alucinación
para alejarme de la vida.
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