Establezco en mi universo
límites expugnables e invitantes.
Requiero
implacable
correar el vacío que marchita la seducción entre los hombres.
Mi durmiente revienta
mi aleluya se amodorra
sólo el goce puede retenerme.
Añoro mis pecados
como fuentes inagotables de sapiente olvido.
Reposo del ser cierto
verdad inescrutable
cual dios caligoniano
que parte en dos al mundo
para
prístino
hallar la congregación de siglos
donde habré de navegar
resuelto a pernoctar
ésta estadía.
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