Vivir empujando las paredes
en espera de vencer los adoquines.
Aceitar con ello el mundo.
O disuadir al almirante de su avance
para darle un siglo más al paraíso
Samuelovich
¿Se puede renacer
de nuestro aroma crapulario de palabras en desbandada?
¿Es suficiente un diario?
o habremos de coronarnos
del seco laurel servido en el vagón de los ególatras.
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