Espina de cuervo.
Entraña de sangre.
Madre en su ojo constelar
de santería e intenciones.
Extraño atravesado
en su carne refractaria a la bendición pastoril.
Sartén de sinsabores.
Cuatro son los elementos de la noche concebida
para atribular los recuerdos.
Cuatro corazones
cuatro verrugas apagadas.
Seis cordones que estallaron
en la noche de tormenta.
Y un ripio reculando
al ver perdido el paraíso.
Murió de no volver.
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