DE LA PERVERSIÓN

SEAMOS CONSCIENTES: EN NUESTRAS ELECCIONES DOSIFICAMOS EL BIEN COMÚN Y EL PROVECHO PERSONAL

SÍNTESIS

La perversión es decir: el cambio del bien por el mal por consecuencia ontológica (doctrina del ser) solo la observa el hombre como sujeto externo a un acto. Cada uno de nosotros como autor de sus propios actos nunca percibe su propia perversión, pues nosotros como sujetos nunca elegimos el mal. Siempre la elección personal es un acto que implica la elección del bien, por que al actuar, la elección personal determina beneficiar en grado variable: el bien común (lo que es bueno para la sociedad en general) o su propio provecho (bueno para el mismo).

Las elecciones son el resultado de lo que nuestra conciencia (que es nuestro aprendizaje) determine como bueno. La conciencia global es la sumatoria de las individualidades y estas tienden a reforzarse.

Si queremos mejorar nuestras sociedades disminuyendo el grado de perversión en las mismas, debemos conocer claramente el proceso que nos lleva a la toma de nuestras decisiones individuales para poder mejorarlas y proyectar en la sumatoria de nuestras individualidades una conciencia global mas propicia a la elección del bien común. En este proceso juega un papel primordial la educación.

 

REFLEXIÓN

En deseo de humildad y armonía en el espíritu veo como nuestro ser tiende fácilmente a si mismo validarse.

Fácilmente somos víctimas y victimarios de un deseo de convertir, no necesariamente el bien en mal que es la perversión, sino del deseo de convertir la percepción de nuestro entorno en un mórbido placer querido como un bien personal en el cual se goza en la contemplación y/o ejecución del dolor y daño ajeno.

Somos víctimas, por que constantemente somos llamados uno a uno por la sumatoria de empeños sociales perversos que anulan los esfuerzos individuales de quienes quieren alejarse de este mórbido apego. Somos victimarios por que muy fácilmente nos sumamos a estos esfuerzos de encontrar placer en la contemplación y ejecución del daño material o moral causado en otros o aún en nosotros mismos.

Una vez leí a un forista decir estar cansado de vivir en un ambiente cargado de buenas intenciones y acciones diciendo: "Algunos días pienso que esa vida rebozada de bondad, como una croqueta, no es para mí. Sin esforzarme mucho, diariamente, descubro que no estoy más que entre gente "buena" y "Entre tantos buenos no sé vivir, ja, ja, ja". (Yo supongo él algo tenia que ver con la vida clerical) y en su hastió ante tanta buenesura, confesaba: en ocasiones "cuando los convencionales (no hablo de los reales) y fingidos "buenos sentimientos" de mi alrededor amenazan con ahogarme y embotarme la mente..., me gusta salir por ahí a "respirar" ambientes más perversamente naturales y experimentar sentimientos e impresiones no del todo "buenos", sino eficaces para la meditación filosófica y estética".

Yo le recomendé hacer un petitorio al cielo donde los firmantes exigieran a Dios un siglo sabático en el infierno después de haber servido (como termino carcelario de pagar condena) en el cielo N siglos, para evitar de esta forma que los santos y los justos tuvieran que sufrir en el cielo por carencia de perversión, o, tuvieran que practicarla ocultamente, y también para de esta forma pudiera Dios evitar la amenaza de que el cielo se le quedara vacío al preferir cada uno evitar el cielo en su armoniosa y eterna bondad, para ir al infierno, él cual seria como un cielo de eterna y variada perversión. Reconozco que en el cinismo de mi respuesta yo igualmente mostré mi propia perversión.

Y es que en nosotros los humanos la elección del bien común pareciera ser carente de incentivos y contraria al propio espíritu, escalar por la elección de la practica del bien se muestra muchas veces como un esfuerzo inútil. Nadie te paga por ser bueno (o malo) solo por ser útil, y por el contrario cuando eliges transitar el bien común constantemente por bueno te quieren esquilmar y golpear.

Aun para el creyente en la trascendencia espiritual el esfuerzo de ser bueno pareciera no lograr ni en el mundo trascendente ni en el ahora una respuesta justa a su acto, teniendo de este modo en paradoja que el deseo de procurar el bien se convierte en una ciega obstinación sin recompensa aparente como reflexionaba la madre Teresa de Calcuta: "La gente siempre será irrazonable, ilógica y egoísta; sigue amándola de todos modos. La honestidad y la franqueza te harán vulnerable; sigue siendo honesto y franco de todos modos. La gente que te necesita puede atacarte si tratas de ayudarla; sigue ayudándola de todos modos". Con lo cual queda confirmado que aún en personas de elevada espiritualidad el bien común se convierte en apariencia en una dura elección.

Otro camino ante el conflicto (la elección entre el bien y el mal), (equivocado a mi parecer) nos lo ofrece Krishnamurti (siempre errático en sus conceptos) en su libro: la urgencia del cambio, él reflexiona sobre el problema del conflicto así : existiendo de siempre el conflicto la única manera de pasar indemne ante el conflicto es no percibiéndolo, dice: "esto no es un esfuerzo sobrehumano, (dejar de ver el conflicto) deje de hacer algo al respecto,…eso es todo. Sea simple. Este es el milagro de la percepción . Al percibir con un corazón y mente que están totalmente limpios del pasado (con sus juicios valorativos), la negación (del conflicto) es la acción mas positiva". Él aconsejaba no tomar ninguna valoración ante la percepción de los actos (buenos o malos) y esto para él era o es la mejor elección, con lo cual por nuestra aparente propensión a elegir el daño ajeno dejaría al mundo como un camino llano a toda perversión.

Examinado lo duro de elegir el bien y lo errado de ser inconscientes, examinemos ahora el por que de nuestra casi constante satisfacción interna de contemplar y/o ejecutar daño ajeno, que incorrectamente definido llamaríamos inicialmente como nuestra elección del mal (muchos creyentes dirían nuestra elección del pecado).

Casi todos en nuestra vida diaria nos inclinamos por el dolor ajeno cuando tenemos: gusto por contemplación de deportes o actos donde se elimina, se pone en peligro o se macera la vida humana o animal inútilmente, gusto por la contemplación de la violencia real o ficticia en los medios, satisfacción por el daño ajeno en una supuesta justicia divina o humana, gusto por la contemplación del erotismo insinuante o vulgarmente mostrado, y en fin encontramos innumerables formas placer en la contemplación o ejecución de la desventura ajena y el comercio del placer.

Es necesario darnos cuenta que el bien y el mal en nuestra elección personal no son los verdaderos parámetros de nuestra elección. Siempre para el sujeto del acto existe una serie infinita de matices donde juegan su papel en los grados de inclinación en su elección: el amor y el egoísmo.

La elección personal del bien o el mal no existe. No se pueden ver nuestras elecciones personales como un proceso maniqueísta de cara o sello; sino que el individuo valora en su elección en forma consciente o inconsciente una gamma variable de posibilidades; no como en forma errada se define de elegir entre el bien y el mal, sino que nosotros como individuos en nuestras percepción o interacción de un acto, elegimos entre: el bien común y el bien personal o propio provecho de acuerdo al peso especifico que para nosotros tengan del amor y el egoísmo.

Es claro que ningún individuo en el momento de tomar sus decisiones ante la percepción de un acto como espectador o en sus actos propios como autor de los mismos creé estar actuando con intenciones malévolas. Cada uno en cada momento de su presente piensa estar haciendo (reflexiva o inconscientemente) la mejor elección posible para el bien (incluso al asesinar), razón por lo cual para cada uno al momento de su elección no existen objeciones de conciencia (puede que cuando el individuo tenga nuevos parámetros, al ver los resultados de su elección las tenga, mas no en el momento del acto),. por lo cual el individuo no tendrá en este instante nada que objetar a su elección. Con ello podemos concluir que ninguna elección desde el punto de vista del autor resulta perversa por que el siempre actúa para el bien (común o propio) en su elección.

Definida académicamente la perversión como el cambio del bien por mal, esta conducta solo es verificable desde el punto de vista de un observador externo. Desde el punto de vista del autor, el acto de encontrar placer en la contemplación y ejecución del daño material o moral a otros o aún en el propio daño nunca es malo (aún un suicida piensa que actúa para el bien) en el momento del acto (el presente). Para cada uno como autor el cambio de valoración de un acto suyo, de un acto bueno a un acto malo (perverso), solo puede darse cuando entren en su valoración del pasado nuevos elementos que hagan variar su juicio. Por lo tanto: es en, y es por las valoraciones del pasado (nuestro aprendizaje) donde nace el hombre como sujeto de su propia conciencia. El hombre al poner en acción su conciencia (su aprendizaje) se evalúa con ella casi como un sujeto externo de si mismo y pone las valoraciones de su pasado como parámetros para la toma de su elección.

Endilgarle a otro remordimientos de conciencia en base a los parámetros de nuestra propia conciencia es una utopía, cada persona obra según su conciencia y está determinado, es por los parámetros de su pasado. En el sujeto solo se pueden dar remordimientos de conciencia cuando el sujeto modifica en el futuro las valoraciones personales de su pasado y cae en cuenta de un error.

La conciencia global es la sumatoria de las conciencias individuales y como tal ejerce presión sobre las conciencias individuales al convertir las conductas mayormente aceptadas en el entorno del individuo como paradigmas de aprendizaje buenos y deseables (por ej.: el o la adolescente que llega al sexo o a las drogas por que sus amigos lo presionan a ver esta conducta como buena), de este modo los grupos sociales logran modificar las conciencias individuales.

Ahora: esta conciencia global también siempre se ve a si misma como positiva aún siendo negativa (por que da predilección a gustos perversos), por que igualmente solo puede ser juzgada por un sujeto externo a la misma. Es por eso que la perversión tiene cada día mas aceptación, y es por que también el hombre individualmente busca poder personal (para él un bien) y se suma voluntariamente con todo su poder (que en algunos hombres es realmente demasiado) a reforzar el paradigma, para que el paradigma de la conciencia social le valide a si mismo, con lo cual se cierra un circulo vicioso donde el paradigma social apoya al individuo y el individuo apoya el paradigma social.

Para romper este circulo vicioso; debemos buscar como y donde se puede dar el quiebre del crecimiento de que la conciencia individual perversa y la conciencia global perversa que se apoyen mutuamente, buscando lograr una conciencia comunitaria e individual mas justa al bien común.

Nosotros los humanos por nuestro razonamiento no podemos decir que actuamos como los animales por instinto (el animal no percibe el bien o el mal), y dado que el individuo en el momento del acto no percibe que en su elección exista la opción del mal, la elección entre bien común o el provecho individual esta determinada es por la conciencia, la cual es el propio aprendizaje. Entonces modificando el aprendizaje del individuo de forma que no avale el paradigma del propio provecho sino un paradigma del bien común es como el individuo puede mejorar.

Visto el bien en términos generales como: una elevación material o moral; el bien común se da donde esta elevación incluya al conjunto social, lo cual no niega el bien del individuo, y el bien individual o propio provecho se da es donde esta elevación se da para beneficio del implicado del acto, independientemente de que se de o no en los demás. Cabe recordar que la búsqueda del bien (sea común o individual) en su elección compete es al sujeto, y en su evaluación a la comunidad (como sumatoria de individualidades). Por ejemplo: el suicida, el asesino, el ladrón cada uno actúa convencido de estar en sus actos elevándose al buscar el bien (para el caso individual) mas la comunidad en general a ellos los evalúa como perversos, o, un buen samaritano actúa pensando en el bien (para el caso el bien común) y la sociedad en general lo avala como bueno. Mas si los resultados de quien actúa para el propio provecho resultan deseables para cada sujeto como buenos y deseables para si mismo, se tendrá por resultado la elevación del paradigma malo y se elevara la conciencia global perversa. Entonces la sociedad en su conjunto igualmente requiere educación para aprender a avalar los actos de los sujetos que en su actuar buscan el bien común, la sociedad al igual que el individuo requiere poner como paradigmas sociales a sujetos que buscan el bien común y no su propio provecho.

De este modo empezaríamos a modificar la escala de valores tanto del individuo (en su aprendizaje individual) como de la sociedad (aprendizaje colectivo) para inclinarse por los valores positivos y reforzando estos valores tender a mejorar el conjunto social.

Debemos modificar la conciencia global, como la suma de las conciencias individuales para conseguir una conciencia social mas dada a lo positivo. Empecemos por exaltar por todos los medios a los sujetos que las sociedades hayan avalado como buenos, tal como termino exaltando a la madre Teresa de Calcuta, quien en su intuición (que es la inteligencia mas profunda) atravesó incólume el paradigma de la perversión.

Espero si para mi es dado terminar de mostrar mi visión sobre como disminuir la perversión trasformando la conciencia individual y global con apegos positivos y no con procedimientos represivos como sin muchos resultados casi siempre se hecho hasta ahora.

 

Ricardo Muñoz


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