LOS BARROTES
APARTAD LA PREDICA, ELLA CONLLEVA EXPANDIR LAS PROPIAS LIMITANTES, GOZAD DEL DIALOGO COMO VÍA ÚTIL A CRECER
SÍNTESIS
Cuando cada persona escoge para si un camino espiritual normalmente tiene frente a si espiga y cizaña. Si en su camino no logra apartar de la espiga la cizaña cierra en ello las puertas a cualquier otro camino y pone barrotes a su propia libertad. Quienes ya en su camino se dedican a evangelizar pueden llevar en su predica además de la alegría de su espiga la amargura de su cizaña a aquellos a quienes invita a su camino, con lo cual estará pregonando su propia impotencia que en su soledad quiere ser acompañada.
Yo propongo el camino liberador de aceptar espiritualmente la espiga de todos los caminos apartando de todos la cizaña. Nosotros tenemos el juicio del amor para discernir que es espiga y que es cizaña en cada camino. El amor en su elección de lo positivo de conformidad a las circunstancias de la vida nos libera de toda congoja de impotencia y soledad convirtiendomos al probar la espiga de todo camino en océanos que danzan dentro de otros océanos cerradamente inmiscuidos unos en otros dentro del gran océano del Amor.
REFLEXIÓN
En deseo de humildad y armonía en el espíritu he de decir: ¿Quien lo creyera?.
¿Quién lo creyera? que quien mas cerca nos ha mostrado nuestra propia libertad y dispuso para nosotros sus palabras como alas para volar, por acción de dogmas de eunucos espirituales se logro llevar confusión y aquietamiento a sus palabras, y convertirlas para una gran parte de la confundida humanidad en hiel avinagrada, al ser contaminadas con cizaña y convertidas en barrotes donde esta parte de la confundida humanidad actúa cada uno como su propio carcelero.
Y es que casi todos los cientos de billones de personas que en los últimos dos mil años de historia han conformado esta parte de la humanidad que ante las palabras de Jesús tomaron y toman posiciones, se han ellos encargaron en base a sus propios apegos en convertir las palabras de Jesús en los propios barrotes para encadenar la propia libertad, y gozan en ello con la ilusión retórica de ser en su intuición y visión hombres libres como ningún otro ha sido sobre todo el conjunto humano de los tiempos.
¡Ah humanidad!. Cada uno es por cercanía o aversión a las palabras de Jesús dueño de sus propios barrotes, y cada uno invita a gritos a compartirlos diciendo: ¡venid a mi a compartir mi libertad!, ¡venid a mi que yo tengo la formula para hacer de vosotros realmente hombres nuevos!. Esta gran parte de la humanidad sigue queriendo aprisionar y encadenar la libertad que Jesús no termino de embozar como maestro. Cada uno en esta humanidad por creerse interpretes del sentido de las palabras de Jesús o por rechazar de Él su sentido, quieren llevarnos tras sus propios barrotes para hacer de nosotros hombres nuevos.
Igualmente de esta forma también el resto de la humanidad a lo largo de su historia tras los rostros de otros maestros espirituales nos invitan por cercanía o aversión a compartir sus propias visiones espirituales, donde al no separar en la propia libertad la hiel del mosto, se convierte para ellos el conjunto en mosto avinagrado que una vez mezclado es la materia prima de sus propios barrotes y cadenas, los cuales nos invitan a compartir creyendo hacer con ello hombres nuevos.
He oído decir tras estos muros invisibles que cada uno a construido para si mismo un inimaginable número de cosas: que somos maquinas orgánicas de pensar sin voluntad, que somos hijos de la madre iglesia a quien debemos obediencia, que la iglesia católica con sus cuernos es la prostituta de Babilonia de quien debemos alejarnos en terror Apocalíptico, que Dios a muerto y llego el superhombre a remplazarle, que el libre albedrío es una imposibilidad lógica y por tanto somos esclavos del azar, que la Biblia o cualquier otro libro sacro es la verdad absoluta y revelada, e imitando a Rodrigo yo diría: toda persona se aferra a su ideología y creencia y le abraza y se regocija en ella pensando que es imposible pensar diferente. Al fin y al cabo es cierto; todos necesitan tierra firme, todos necesitan a un ídolo a una divinidad que los proteja y les señale el camino sin querer explorar otros caminos. De esta forma ellos se encargan de construir sus propios barrotes que les hacen ante los demás seres amargados clamando en su soledad a gritos: ¡venid a mi que yo tengo la verdad! y todos en coro cada uno desde sus propios barrotes claman al unísono sus propias verdades en la clara realidad de su propia soledad que en su angustia les carcome y hace ciegos.
Todos van pregonando junto a su espiga los barrotes de su fe. Clases de fe que en toda nuestra historia han sido construidas por cercanía o aversión a las palabras de uno cualquiera de los maestros o falsos redentores espirituales que en el tiempo nos han mostrado sus sendas. Todos, tanto seguidores o refutadores de visiones espirituales son prisioneros de sus propios barrotes y esclavos de sus propias apetencias. Todos son evangelizadores de sus propias culpas y esperanzas, y no se necesita sino asistir a una calle o a un foro cibernético para ver allí miles y miles de llamados destinados a calmar cada uno su propia soledad haciendo para sus barrotes un nuevo adepto.
Son miles y miles de verdades, muchas, tolerantes en la lejanía sin aceptación de otras creencias, algunas, intolerantes en la aversión del fanatismo. Todas claman y claman por la compañía de un nuevo adepto a sus creencias para atemperar la sed de su soledad, de ellos es alegría compartir su soledad para dejar a otro encadenado a sus creencias, y habremos de concluir como todos, (cada uno detrás de sus propios barrotes) son inevitables redentores de hombres nuevos.
Nacen y nacen cada día, y a su vez van muriendo dentro de los creyentes en una realidad trascendente mil nuevos matices en cada religión y a su vez mil nuevas religiones. Nacen y nacen cada día, y a su vez van muriendo dentro de los no creyentes en una realidad trascendente millones y millones de objetivos para sustentar la propia solitaria realidad; y estas pequeñas realidades de creyentes y de no creyentes solo en un número absolutamente ínfimo, diríamos que solo en un número minusculamente ridículo ante el total de la humanidad logran realmente apartar sus barrotes y cadenas para fundirse plenamente en la realidad de su propia libertad que por esquiva pareciera una utopía o un sueño.
Yo he soñado como el gato alimenta al ratón y comparte con él en armonía y como el ratón entrega al gato afecto y alimento conviviendo los dos en armonía en una confraternidad en que cada uno toma y procura conjuntamente con el otro su alimento y su afecto. Yo he soñado para los hombres una nueva evangelización, una nueva etapa misional para toda la humanidad, no se trata de la tarea evangelizadora auto impuesta por cada uno de tirar sus propios gritos y angustiante cizaña al viento. No, por el contrario se trata es de la evangelización del escuchar, escuchemos a cada uno para liberarlo así de la cizaña de sus propios lamentos, escuchemos a cada uno para abatir su soledad, prestemos oídos a todos en sus gritos de soledad, mientras de cada uno recolectamos su espiga. Seamos como el gato y el ratón fraternalmente conviviendo y procurándose mutuamente el alimento. Solo abriendo nuestros oídos podremos ir progresando en desvanecer en la espiga de cada hombre nuestras propias carencias mientras apartamos la hiel de sus palabras y le damos a la vez nuestra espiga como alimento, haciendo de esta forma infinitos océanos de infinitos matices que mutuamente se navegan.
Yo reconozco allí la libertad y ella no se baña en la imposición de la propia limitada visión y puedo decir como la propia libertad individual ha sido por casi todos, casi siempre sometida a los barrotes de nuestra limitada visión. A la libertad se le ha sometido por tanto tiempo a los propios auto impuestos barrotes y cadenas que ya esta libertad para cada uno de nosotros pareciera ser esclava de nuestro apego.
Yo ahora mismo reivindico la plenitud de la libertad en mis creencias desbordadas por que ya no hay para mi cizaña, barrotes o cadenas que yo mismo me haya impuesto. Yo parodiando a Whitman puedo decir: yo soy yo mismo y mucho mas / yo soy mi alma y un océano / yo soy un puerto donde todo puede recabar / y he aquí que las frágiles hojas cuando se reconocen a si mismas son en si inagotables / y en esto que yo soy, soy un escucha vibrando al aire que quiere escuchando a sus amigos ver que todos: hombres, mujeres, animales y elementos se liberen de sus cadenas y tormentos, y sean océanos infinitos que juntos mutuamente se navegan.
Yo he soñado; y mis sueños que yo llamo a mi para aclararme nacen en el infinito y son de construcción divina por ser yo de naturaleza divina y transitar el camino del amor, así igualmente es divina la naturaleza de todo ser y entre ellos de todo hombre o mujer sobre la tierra, y ellos igualmente pueden tomar conciencia de su naturaleza divina transitando el camino del amor. Mis sueños sirven por instantes de asiento para Él-Todo absoluto y me muestran inacabable junto a Él-Nosotros que como infinito inacabable goza siendo todos en uno y uno en todos propio sustento.
Yo como asiento infinito en la inmensidad de Dios navego sin que nadie pueda detenerme. / Entonces, gritad y gritad junto a mi vuestras propias angustias y visiones pobladas de espiga y cizaña y que vosotros consideráis liberadoras pero que no son mas que vuestras prisiones / yo para vuestros gritos tengo prestos mis oídos para que a punta de escucharos y viendo vosotros mi admirado ceño ante vuestras palabras puedan apartar de vuestras visiones la cizaña tomando solo la espiga y así terminen vuestros gritos a punta de escucharos poniendo fuego a vuestra cizaña. Entregad vuestra espiga y tomad de cada uno un trigo nuevo. Así reconoceréis vosotros mismos vuestra libertad carente de barrotes y cadenas y de esta forma os podréis fundir en la inmensidad sin soledad por que ya de la libertad seréis dueños.
Ante vuestra conciencia no hay ningún barrote que haya sido puesto por mano ajena a vuestras manos. Son vuestras propias manos quienes han cerrado para vosotros vuestras puertas y solamente vuestras propias manos pueden liberaros de la auto impuesta tarea de prodigar cizaña y que se sintetiza en el acto de la evangelización de oídos sordos donde habéis puesto vuestros propios limites con invalentes dogmas entregado vuestra razón y vuestro gozo en manos de equivocados traductores y aduladores de maestros.
La soledad individual esta mas cerca y se percibe mas dentro de una multitud que en un templo alaba unida, en esta multitud cada uno es prisionero de su propia soledad abarrotada y pide por su propia salvación o la de otros pero sin entremezclar sus conciencias. Se quiere al poner a otros tras el mismo anhelo ganar peldaños en la propia salvación en el falso anhelo de fundir a la humanidad entera en una iglesia única y universal de soledades individuales en conjunto alabando pero sin estar mutuamente fundidas en un solo aliento.
Vuestro océano ruge dentro vuestro queriendo entremezclarse con todo océano y tenéis en vuestras manos el camino del amor para obtenerlo.
Solo hasta cuando calléis los gritos repartiendo cizaña podréis oír el rugido de vuestro océano interior ya plenamente acompañado. Yo a todos quienes muestran su cizaña podría interrogar sobre su propia y supuesta libertad que se ha fabricado abarrotada, y ver como en el fondo su libertad esta mas erosionada e inconsistente por su mano que las arenas de un desierto, y como clama a gritos su alma por ser acompañada. Por ello queréis imponer vuestra soledad a otras soledades; mas conmigo perdéis vuestro tiempo mientras ganáis vuestro tiempo. Perdéis vuestro tiempo por que mi alma no es propensa a la soledad y a la cizaña. Yo navego en mi mar, yo navego en mi océano y mi océano también comprende vuestros mares y vuestros océanos, yo conozco todas vuestras soledades, por que sois míos así como yo soy vuestro, y por tanto yo a todos os reconozco en el infinito informe. De igual manera conmigo vosotros ganáis vuestro tiempo por que mi océano se conjuga y es parte de cada uno de vuestros océanos y por mi océano podéis inmiscuirós alejados de cizaña en vosotros mismos por que sois también inagotables y eternos.
Id a vosotros mismos por el camino del amor, dejadme escuchar vuestros gritos mientras bebo el dulce vino de vuestra uva y me alimento del pan de vuestra espiga al tiempo que os inquiero por los barrotes de vuestra soledad hasta cuando estos gritos solo sean silencio y caigan de silencio las cadenas con que vosotros mismos os atasteis restringiendo de esta forma vuestra propia libertad. Veréis entonces como en vosotros mismos se conjuga un manantial inagotable y buscareis la forma de tener este manantial inagotable pasando a ser parte de un todo conjugado de océanos que se recorren mutuamente en Él-Todo. Seréis entonces ya en la dicha de Él-Nosotros junto al tiempo y sin el tiempo.
Ricardo Muñoz