EL TAMAÑO DE LA FE
POR QUE NUESTRA FE NO HA DE SER FE SINO VIVENCIA PLENA
SÍNTESIS
Es común en muchos hombres pregonar su fe como un acto irresuelto, esto les convierte en mendigos de esperanza, no, nuestra actitud correcta como creyentes es vivenciar desde el ahora nuestra comunión constante con nuestro Padre por que ella es desde ya una realidad a quien así la concibe.
REFLEXION
La espera, siempre la espera, pareciera que no se recurre en la fe sino a la espera. Como se ansia un prodigio, como se alborota la fe ante una humedad que en cualquier pared puede nuestra imaginación identificar como una forma sacra para al cabo de los días ante velaciones y oraciones irresueltas volver a iniciar nuevamente la espera.
La desilusión, siempre la desilusión, no encuentra nuestra fe mas sino la desilusión constante. Como siempre nuestra fe pareciera navegar en constante desilusión que se enrumba y agiganta ante el más mínimo obstáculo y se opta por olvidar nuestra fe hasta que surge un nuevo obstáculo ante el cual intentar otras oraciones y volver a caer ante la petición irresuelta nuevamente en la desilusión.
Como se llama, como pareciera que siempre se llama por voces de pastores a mantener fría la verdad de nuestro encuentro, que vana formula, que sin sentido, querer mantener nuestro espíritu en lo mas bajo ante el torpe accionar de nuestros actos que no logran el sentido encuentro.
Cuantas llamadas se hacen a no pedir prodigios al Señor, cuantas mas en justicia a evitar caer en ilusos llamados de engañosos prodigios destinados a quedar irresueltos.
Y en este vaivén de desear no querer ver al Señor en el ahora o por querer vanamente ser engañado y falsamente verlo, se mantiene entera la poquedad de nuestra fe, la cual no obstante proclamamos a los vientos queriendo que los vientos lleven en ascuas nuestros vanos gritos al Padre, esperando que Él en su bondad nos escuche entre sus vientos.
La mirrima poquedad de nuestra fe queremos ocultar tras un prodigio, la mínima poquedad de nuestra fe queremos aplacar pensando ver misericordia en que nuestro dolor no es tan cruel como el del otro, la extraña poquedad de nuestra fe nos pone de rodillas esperando ser en gracia elegidos, la escasa poquedad de nuestra fe a perdido la confianza en nuestro Padre y la nula poquedad de nuestra fe nos lleva arrastrados initinerantemente por el mundo agarrándonos de sus ramas por los pelos con la fe entre un bolsillo como un apósito o un remedio presto al momento.
Se perdieron en muchos las llaves y muchos en sus palabras nos han perdido. Ha sido corrupta en muchas ocasiones la sal y esta sal ya no escose, ya no da sabor, ya no preserva. Se ha debilitado en tantas ocasiones la luz que ya en ella no alumbra su virtud unificadora sino un anhelo divisorio en el cual con reglamentos suplimos la ausencia de la luz, en ellos es necesario dar vigor al inexistente espíritu del príncipe mal para hacer que en el corazón el temor sea lo primero.
Este es en muchos el tamaño de la fe, fe arrimada, fe en poquedad, fe esperando por ver producirse ante los ojos un milagro, fe por causa del temor, fe como un apósito, fe nacida pensando en no perder por si acaso la oportunidad de la eternidad o no sufrir el eterno suplicio. Con todos estos atributos se hace de la fe en poquedad un oscuro manto con el que pretendemos cubrir sin lograrlo nuestros momentos.
¿Qué habremos de hacer para salir de esta fe pervertida? , ¿Cómo podremos acallar al limite de lo posible nuestras dudas? , ¿Cómo obtener del Padre completo aprecio?, Son algunas preguntas con que nos fustigamos en desespero.
Algunos se empeñan en hacer del sufrimiento un camino digno y único a ofrecer al Padre para conmover su corazón y hacernos en ello falsamente más justos a su nombre.
No es este el camino, nuestra fe a de tomar el camino de la grandeza señalada por el Padre, nuestra fe no ha de ser fe, sino a de ser creencia plena. Nuestra espera no ha de ser espera, sino a de ser ahora. Nuestra desilusión no ha de ser desilusión, sino alegría. Nuestra esperanza no ha de ser esperanza, sino vivencia.
Nuestro gozo es ahora mismo por que ya mismo somos parte en el Señor. Nuestros temores no han de alcanzar a tomar siguiera por un instante la minimidad de nuestro cuerpo, por que todo dolor circunstancial puede ser vencido sabiendo que nuestro cuerpo no es la parte esencial de nuestro cuerpo.
De siempre dicho: quien se ocupa del Padre, el Padre se ocupa de él. Limpiemos en este acerbo nuestras dudas.
Del mundo la existencia y sus obstáculos, no queramos romper con prodigios y con signos nuestra propia realidad. Nuestra realidad se conjuga en la muerte, nuestra realidad se conjuga en los sentidos materiales como partes de nuestro cuerpo físico y en él es propio nuestra decrepitud o crecimiento. Nuestro cuerpo físico cambia a cada instante su ser, hasta terminar no siendo nada; no unamos entonces nuestra fe en querer romper esta realidad a la cual estamos sujetos y entendamos que en el justo medio del amor hemos de disfrutar de nuestro cuerpo y realidad hasta cuando ellos nos sean dados, y que nuestro cuerpo es el medio para proyectarnos en nuestra propia realidad trascendente donde el cuerpo es solo una circunstancia intrascendente que no equivale a nada, como a nada equivale en el ahora.
Ocuparnos del Padre no significa aislarnos del mundo sino hacernos parte de su energía que constante se renueva para hacernos y hacer del mundo cada día mas propicio al amor. Ocuparnos del Padre no significa rehuir nuestros quehaceres sino poner junto a Él nuestros quehaceres como una constante alabanza. Ocuparnos del Padre significa sentir la alegría de su amor en cada instante.
Al ocuparnos del Padre, Él nos fructifica llenando nuestras necesidades espirituales y materiales en la plenitud de nuestras necesidades, esta es la verdadera fe a la cual no hay que atar dudas, ningún ser nace para ser escoria del mundo sino como parte de un ciclo trascendente a través de miles de ciclos vivenciales para los cuales se ha previsto lo necesario para lograr su cumplimiento.
Somos nosotros los encargados de poner y rotular los obstáculos del mundo los cuales también estamos destinados a vencer como parte en la tarea de cada ciclo. En el dar esta nuestra herramienta, abrámonos generosamente al mundo y a los otros y plenamente recibiremos recompensa a nuestro esfuerzo.
Que sea grande la confianza en Él-Nosotros; no se ha dudar un solo instante que nuestra propia conveniencia es en darnos dentro de nuestra propia realidad, por que por Él-Completo nuestra propia conveniencia será satisfecha.
Es nuestro corazón quien pone limites, y si nuestros limites están fundidos en amor por Él-Señor siempre seremos prodigados. Por que nuestra propia realidad es trascendente, por que nuestra propia realidad se proyecta y escapa de este mundo limitante no tras la muerte sino ya y ahora es así como debemos conocernos y aceptarnos. Esta a de ser nuestra fe que mas que fe debe ser la vivencia plena en el ahora del gozo eterno.
Ricardo Muñoz